Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

jueves, 15 de noviembre de 2012

Ars picturae, pintura mural en la domus romana

Villa San Marcos,  Castellammare di Stabia

La función de la vivienda romana era proporcionar a su propietario el lugar más agradable posible donde relajarse, pero también ofrecerle un entorno figurativo y cultural para celebrar reuniones y encuentros sociales. La distribución de las estancias y de la decoración tiene un papel fundamental en la construcción de estas casas que inspiran una gran sensación de lujo.
Las pinacotecas, las salas de bordar, los estudios de pintura, se orientarán hacia el norte para que los colores mantengan sus propiedades inalterables al trabajar con ello, pues la luz en esta orientación es constante y uniforme. (Vitruvio, De Arquitectura, VI, 4)


Casa de Terencio Neo, Pompeya
Este estilo de vida no era patrimonio exclusivo de los ciudadanos nobles y acomodados, sino que fue adoptado paulatinamente por más clases sociales que destacan la posición y culturas adquiridas con espléndidas creaciones artesanales, entre las que la pintura mural era una de las preferidas.
"Había, en efecto, un mural que representaba un mercado de esclavos con sus respectivas leyendas. También estaba representado el propio Trimalción - con largas melenas de esclavo y con un caduceo en la mano - entrando en Roma de la mano de Minerva.En otro plano se representaba cómo había aprendido a calcular y cómo llegó más tarde a ser administrador. Un pintor detallista había descrito minuciosamente toda su vida en cuidadas leyendas. En el extremos del pórtico se veía como Mercurio levantaba a Trimalción por el mentón subiéndolo hacia un estrado superior. A un lado estaba la Fortuna con el cuerno de la abundancia a rebosar y, al otro, las tres parcas dando vueltas a sus husos de oro. (Petronio, Satiricón, 29)

Los propietarios de las casas elegían los elementos pictóricos con la ayuda de hábiles artesanos entre una enorme variedad de temas de la iconografía griega. los romanos asimilaron la cultura helenística y sus obras de arte, gracias a sus conquistas y a la llegada de artistas griegos a las ciudades de la antigua Italia.
Sobre las paredes se plasmaron paisajes arquitectónicos, exuberantes jardines, animadas escenas de la vida cotidiana y naturalezas muertas, aunque los temas favoritos eran las pinturas que representaban escenas mitológicas. Todo el mundo podía reflexionar sobre las situaciones y emociones experimentadas día a día al observar las leyendas de los dioses y las proezas de los héroes, y extraer de esas lecciones y modelos de conducta enseñanzas necesarias para la vida.

Venus, Casa de Venus en la Concha, Pompeya
En el mundo romano las narraciones mitológicas incorporaban un mensaje, primero adoptado por la élite y posteriormente por grupos más amplios de la sociedad , para manifestar un auténtico sistema de valores, en el que se podían reflejar situaciones y emociones como la devoción por los dioses y la familia, el amor y la fidelidad dentro del matrimonio, el comportamiento virtuoso, el esfuerzo por conseguir lo que se pretende, el interés por el mundo cultural y artístico, pero también la certeza del castigo.
Entre la variedad de temas mitológicos, los preferidos eran el amor entre los dioses (por ejemplo Marte y Venus) o entre los dioses y los mortales. Las imágenes de Venus son muy numerosas en Pompeya por ser la deidad protectora de la ciudad.

Hércules, Casa de Hércules, Celsa
La alusión y al amor evocaban de la mano de Dioniso y sus acompañantes, sátiros y ménades, la orientación hacia un mundo de liberación y diversión. También los amorini o erotes, figuras del dios Eros niño, aludían al sentimiento amoroso y los placeres de la vida.
Las leyendas de los héroes griego fueron adoptadas por los romanos, que comparaban sus gestas con comportamientos que les llevarían a la dignidad y prosperidad. Hércules, como héroe y semi-dios, además de los personajes del ciclo troyano aparecen con frecuencia en las representaciones pictóricas. También los castigos ejemplares por parte de los dioses hacia los humanos por su impiedad hallaron su lugar en las pinturas murales. no faltaban los temas referentes a la producción literaria y teatral. Las máscaras y los retratos de poetas y filósofos, aparte de función decorativa, podían evocar un estilo de vida dedicado a las artes y el interés de los propietarios por demostrar sus conocimientos intelectuales a sus invitados.

Con las pinturas de jardines, los propietarios deseaban trasladar la belleza y la tranquilidad de las zonas verdes hasta las paredes de sus hogares. Este tipo de pinturas empezaron durante la era de augusto. Su esposa Livia mandó decorar varias estancias de la villa que se habían construido a las puertas de Roma. Hizo pintar frescos únicos que representaban un jardín repleto de distintas variedades de plantas con sugerentes flores.


Casa de Livia, Museo Nacional, Roma
Un pictor experto podía reproducir cualquier variedad vegetal, especie animal y todos los elementos de un jardín real, incluyendo enrejados, balaustradas, estatuas y fuentes de agua. Se pintaban jardines en estancias interiores como comedores, en los que se podía así disfrutar de un paisaje "natural", como si estuvieran en un jardín de verdad.

"Studius fue el primero en introducir la atractiva moda de pintar las paredes con villas, pórticos y jardines, bosques, colinas, estanques, canales y ríos - cualquier cosa que uno pudiese desear, y en ellos representaciones de personas paseando, navegando, viajando a sus villas a lomos de un pollino o en carruajes, y además gente pescando, cazando, o vendimiando ... También fue él quien introdujo la práctica de pintar ciudades costeras en terrazas abiertas, produciendo un efecto encantador con mínimo gasto. " (Plinio, NH, XXXV, 116)

En cuanto a la parte técnica del trabajo artístico, según Vitruvio, se empleaban seis capas preparatorias para dejar los muros dispuestos a recibir la pintura. Primero se aplicaba con la llana una capa de yeso que se repasaba con la plomada y la escuadra, para encuadrar las pinturas. Una vez seca, se extendía una segunda y tercera mano con el fin de hacer más sólido y estable el revestimiento. Después se añadía una capa de polvo de mármol, a la que antes de secarse se le aplicaba una nueva mano de polvo de mármol más fino, y por último se volvía a extender una capa de polvo de mármol más fina aún. Sin embargo la mayoría de las pinturas murales se componían de tres capas de preparación.

Cuando la superficie estaba ya preparada para recibir los pigmentos, éstos se aplicaban directamente sobre el enlucido fresco, ya que la cal húmeda se fusionaba con ellos, para mantener vivos los colores. la técnica más común para aplicar los pigmentos era la del fresco, bien disolviendo los colores en agua y extendiéndolos sobre el enlucido fresco, o aplicando los colores disueltos en agua de cal sobre el enlucido seco. Otra técnica, la del temple, consistía en utilizar los colores disueltos en un aglutinante como el huevo, caseína, cola animal o vegetal. Entre los instrumentos utilizados por los artesanos se pueden citar el mortarium, donde se mezclaba la cal y la arena, la llana o trulla, las reglas, plomadas, escalas, compases, pinceles y los andamios. La pulverización de los pigmentos para la preparación de los colores se hacía en un mortero y parecía realizarse in situ, por los restos encontrados.


Los tonos naturales hechos con pigmentos de tierra funcionaban mejor en la técnica al fresco. El negro se conseguía quemando sarmientos mezclados con gluten. Plinio distingue dos categorías de pigmentos. los floridos,  materiales caros y raros, pagados y proporcionados por el patrón, entre los que destacan el cinabrio, el famoso rojo pompeyano, el minium o bermellón, la chrysocolla o malaquita, verde, el azul índigo de la India o el color púrpura de Tiro, extraído del molusco múrex. Entre los austeros, se citan los ocres tierra y el azul egipcio.

La complejidad del proceso de realización de la pintura mural, por no mencionar el número de tareas sin delimitar, hace suponer cierta planificación previa. Probablemente los talleres tendrían un repertorio de motivos en pergamino que luego serían adaptados a las dimensiones de cada pared concreta. Las figuras estarían encomendadas a un especialista, pictor imaginarius, el pintor de los demás motivos sería el pictor parietarius. Los revestimientos parietales serían preparados por un tector, el dealbator se encargaría de blanquear las paredes con cal líquida y el colorator las pintaría de un solo color. Estos talleres podrían haber sido itinerantes y haberse desplazado a cumplir encargos a diferentes partes del Imperio, por lo los temas y estilos se difundirían por todas las regiones, y los artesanos locales bien podrían haberse limitado a reproducir los patrones que copiaban de los artesanos venidos de fuera.
Los más conocidos estilos pictóricos de Roma son los llamados estilos pompeyanos, por haberse descubierto en la ciudad sepultada de Pompeya las pinturas mejor conservadas de la época más floreciente del imperio romano. "Siguiendo un proceso evolutivo, empezaron a representar las formas de los edificios, el relieve de las columnas y el vuelo de los frontones. En espacios abiertos, como son las salas para las tertulias, debido a la amplia superficie de sus paredes representaron los frentes de escenarios decorados para tragedias, comedias o sátiras. Adornaron los paseos cubiertos con paisajes y jardines, que imitaban las características de lugares naturales; se pintaban puertos, promontorios,costas ríos, fuentes estrechos, templos, bosques, montes, rebaños y pastores. Algunos pintaban incluso cuadros de grandes dimensiones con imágenes de dioses o bien escenas de leyenda, como la guerra de Troya o las aventuras de Ulises." (Vitruvio, De Arquitectura, VII, 5)


Villa de Popea, Oplontis
El primer estilo o de incrustaciones (s. IV - I a. C.). Se imitaban bloques de piedra o placas de mármol de finas vetas encontradas en los muros de los palacios helenísticos.

El segundo estilo (80 - 15 a. C.) o arquitectónico. Se emulaban espacios arquitectónicos y se introdujo la perspectiva quizás bajo la influencia de los escenarios teatrales. Los pintores crearon la ilusión de que la vista del espectador se extendía más allá de los muros alrededor, incluyendo los paisajes con jardines. A menudo representaban contraventanas descansando en cornisas, rollos de papiro, o vistas desde las ventanas.

Tercer estilo (15 a. C. - 50 d. C.) u ornamental. Desde Augusto a los primeros años del reinado de Claudio. La decoración se hace extremadamente fina y lineal. Desaparecen los efectos espaciales arquitectónicos, pero la decoración sigue enmarcando cuadros con figuras o paisajes. También se representan escenas bucólicas, inspiradas en Virgilio.


Marte, Casa de Venus en la Concha, Pompeya

Cuarto estilo (50 d. C. - hasta la desaparición de Pompeya) o de ilusionismo. Hay un interés por los espacios y la sensación de profundidad, y se crea una ilusión arquitectónica. se incluyen cortinajes, animales fantásticos, amores infelices. Las figuras ocupan gran extensión e importancia, ocupando el lugar que hasta entonces tenía la escultura, en la necesidad que el romano sentía siempre de imágenes.


Pintura de una domus, Museo Zaragoza

La pintura mural romana siguió en el Alto y Bajo Imperio, tanto en Italia como en las provincias romanas.
En España se han localizado restos en diversas zonas, pertenecientes a distintas épocas y estilos, aunque en algunos casos solo se han hallado fragmentos o restos muy mal conservados. En el museo de Zaragoza se muestra un panel de una pared que corresponde a la época de Adriano,   s. II d.C., con decoración geométrica y vegetal.



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