Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

sábado, 8 de noviembre de 2014

Ornatrix, el arte del peinado femenino en Roma


“Venus estaba sentada en su trono resplandeciente, arreglando su pelo. A su derecha y a su izquierda permanecían las hermanas italianas. Una de ellas derrama rico néctar sobre la cabeza de Venus; otra peina su cabello con un fino peine de marfil. Una tercera, a su espalda, trenza sus mechones y coloca sus rizos, aunque dejando algunos a su aire, porque tal negligencia le sienta bien. No le faltaba a su rostro el veredicto del espejo; su imagen se refleja por todo el palacio y está encantada por donde quiera que mire”. (Claudiano, Ephitalamion)

La forma de peinarse en época romana indicaba un estilo de vida y definía la edad, el género y el estatus marital, social, religioso o económico del individuo.

Retrato de El Fayum, Egipto


La mujer libre mostraba su posición socioeconómica ostentando complejos y elaborados peinados, distinguiéndose así de la esclava que recogía normalmente los cabellos de forma muy simple. La mujer sin recursos económicos suficientes supliría con su habilidad personal la falta de medios para realizar un peinado siguiendo la moda.

Un cabello cuidado era un ornato imprescindible para ejercer la seducción y mostrar coquetería.

“Habladme de un cabellera cuyo color sea tan agradable como perfecto su brillo; cuyos destellos irradien vigorosamente a la luz del sol o lo reflejen con dulzura, presentando variados tonos, según le de la luz.. Unas veces serán cabellos rubios, cuyo dorado, menos deslumbrador en la raíz, tomará el color de un rayo de miel; otras veces serán negros, como el azabache, que asemejaría los matices azulados del cuello del pichón. Perfumados con las esencias de Arabia, delicadamente peinados, recogiéndose en la nuca, ofrecen al amante que viene a verlos, la imagen de su rostro, y sonríe de placer.
Otras veces trenzados en apretado rodete, coronan la cabeza; otras veces sueltos se deslizan por la espalda. Finalmente, el peinado es un adorno tan ventajoso, que, a pesar del oro, los más soberbios trajes, piedras preciosas y demás ornamentos con que se presenta adornada una mujer coqueta, si su cabellera está descuidada no habrá quien alabe su vestir”. (Apuleyo, Met. II, s. II d. C.)

Pintura de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional, Nápoles

Llevar una melena suelta podía significar desaliño o muestra de dolor y desesperación. Las Bacantes en las fiestas de las Bacanales soltaban su pelo como señal de lujuria y desenfreno. El cabello sin sujetar era en la literatura símbolo de seducción y erotismo, por lo que la diosa Venus era representada a menudo con su cabellera descansando sobre sus hombros sin adorno alguno.

"Si suelta sus cabellos, encanta con su melena; si los anuda, hay que adorarla por su pelo recogido" (Elegía de Sulpicia)

Detalle Mosaico Villa romana La Olmeda,
Palencia
Una mujer respetable no solo debía comportarse según la costumbre de los antepasados, cuyo ideal de virtud se concretaba en el pudor y la castidad, sino también adquirir una determinada imagen asociada a esos valores. . En la conducta personal de las damas patricias se destacaba sobre todo el aspecto exterior, de forma que reflejara una actitud altiva y sofisticada. El peinado más que un adorno era un símbolo de gran relevancia social, política y cultural.
La elección del peinado correspondía al seguimiento de esos valores. En los primeros siglos de la República los peinados femeninos eran muy sencillos, y las mujeres casadas salían a la calle cubiertas por un velo.

Retrato romano, Museo de la Ciudad,
Barcelona


Durante la República y en los primeros tiempos del imperio los peinados eran simples de acuerdo al papel de una mujer centrada fundamentalmente en las labores domésticas y educación de sus hijos, pero la forma de arreglarse el cabello se fue volviendo más artificial, elaborada y recargada con el paso del tiempo.

Sin embargo, la moda y los gustos cambiaron en los primeros años del Imperio y los peinados, ya al descubierto, se multiplicaron y se  hicieron más sofisticados y complejos, como explica Ovidio:

“Mil modas hay de disponer el cabello; elija cada una la que más le favorezca, y para ello consulte con el espejo .El rostro ovalado pide una cabellera partida en dos sobre la frente como la llevaba Laodamia. Las caras redonditas pueden muy bien recogerlos en nudo sobre la nuca, dejando las orejas descubiertas. Alguna dejará sus cabellos extendidos sobre su espalda como los del rubio Febo en el momento de pulsar su plectro. Otras los trenzarán sobre los hombros, como Diana cuando persigue por los bosques a las asustadas fieras. A ésta le sienta bien y le favorece extraordinariamente un peinado hueco y estrepitoso; aquélla cree que le cae mejor aplastado contra las sienes; siempre habrá alguna que se complace en sujetarlo con un peinecillo de concha; no faltará la que opta por agitárselo en ondas o rizos.” (Arte de Amar, II)


El estilo tutulus, reflejado en la escultura y pintura,  es descrito por Varrón como un recogido de rizos en lo alto de la cabeza atado con una cinta de lana, fue utilizado durante casi toda la antigua Roma, y era el modelo elegido de las matronas hasta que se impuso la variedad en el Imperio. 

Retrato de matrona con tutulus, Pintura de Pompeya, Museo Arqueológico de Nápoles

El estilo seni crinibus (seis mechones trenzados independientemente que caían cubriendo los senos púdicamente ) era utilizado por las vestales y las novias el día de su boda.

Peinado con trenzas largas, Palacio Massimo, Museo Nacional Romano

Retrato femenino con nodus,
Palacio Massimo,
Museo Nacional Romano
En el Imperio las mujeres del entorno imperial ejercen su influencia sobre las damas de linaje patricio.

El peinado nodus o de Octavia, de estilo propiamente itálico a finales de la república, consistía en dividir el pelo en tres partes, por medio de dos rayas en la zona frontal. La zona central formaba un copete encima de la frente, mientras que por los laterales discurrían dos amplios mechones ahuecados, que tras rebasar las orejas se recogían en la nuca o se trenzaban y anudaban en un moño sobre la parte posterior e la cabeza, quedando el cabello tenso y pegado al cráneo como un casquete. Lo lució Livia en la mayoría de retratos oficiales.Una variante era reducir el tupé frontal y recoger los mechones central y laterales en una coleta retenida por trenzas sobre la nuca. Era típico de Livia en su madurez.

Detalle mosaico, Villa romana La Olmeda,
 Palencia
   
El peinado con raya central podía variar desde el modelo helenístico en el que unos mechones laterales se elevan por encima de la cabeza y se anudan en forma de lazo mientras el resto queda suelto, o bien los mechones ondulados se anudan en un moño sobre la nuca, con las orejas cubiertas o no. En el siglo II d.C. se impone el cabello recogido en gruesas trenzas, que desde la nuca, se enrollan encima de la cabeza en un moño alto a modo de casquete. Otra variación es la sustitución del moño por una coleta gruesa formada por trenzas, mientras que dos tirabuzones laterales descienden por el cuello.


Retrato de Popea, Palacio Massimo,
Museo Nacional Romano
La emperatriz Mesalina llevaba el cabello ondulado sobre la parte superior de la cabeza y ricitos sobre la frente, mientras que el resto se recoge en una cola de bucle según una moda importada de Egipto y el norte de África. En la tercera década del siglo I d.C., apareció el peinado tipo “salus,” así llamado porque este estilo se había impuesto al representar la personificación de la salud. Lucido por Mesalina en sus retratos y símbolo de la elegancia y realeza, se diferenciaba del anterior principalmente en la acumulación de rizos junto a las sienes.

En época de Trajano y Adriano se envuelve la cabeza con una banda de pelo trenzado a modo de turbante.


Peinado tipo turbante, Museo Arqueológico de Tarragona

Otro peinado de origen helenístico es el llamado de melón, en el que el cabello se dividía desde la frente en varios mechones retorcidos, que se recogen en la parte de atrás de la cabeza. En la segunda mitad del siglo I a. C. las ondas se trenzan en un moño en la nuca. 



Durante la época de Trajano y los Antoninos volvió a ponerse de moda y durante la época de los Severos las trenzas cubren totalmente la parte posterior de la cabeza en un moño aplastado que da lugar al modelo denominado de tortuga. Las orejas se cubren o se dejan al descubierto.

Retrato con peinado tipo tortuga, Museos Capitolinos, Roma

Los peinados que se imponen desde el siglo III al V son el tipo yelmo en el que los cabellos ondulados, divididos por una raya central, dejan las orejas descubiertas y se recogen en varias trenzas desde la nuca hasta la bóveda del cráneo como una malla.

Retrato con peinado tipo yelmo, Museo Arqueológico de Nápoles

O bien la masa de pelo se recoge sobre la nuca en un moño trenzado, ancho y aplastado que se lleva hasta la frente en forma de rulo.

En época de Nerón se sustituye la raya central por una banda de cabellos cortos y rizados en forma de caracol (anuli) que dejan al descubierto las orejas. La cabellera se enrosca en espiral en los laterales y se anuda en la nuca en forma de coleta. Una variante es la presentación  de una corona de rizos en forma de un abanico de cabello ondulado.

Retrato de Agripina, Museo Arqueológico de Nápoles

 "Muchos pisos, muchos armazones también en lo alto de su cabeza levanta: de frente verás una Andrómaca; por detrás es más chica, creerías que es otra." (Juvenal, sat. VI)

El gusto por los rizos se fue incrementando durante la segunda mitad del siglo I. d.C. Durante la dinastía Flavia, se impuso el peinado tipo nido de abeja que en la parte delantera estaba formado por abundantes rizos sobre la frente, como un tupé sujeto con una diadema. El resto se recogía hacia atrás en una grueso trenza o en un moño. Después evolucionó hacia un  aumento de los rizos en volumen y altura mediante postizos, hasta conseguir un tupé abultado con bucles dispuestos en corona sobre la frente (orbi). 

Retrato con peinado nido de abeja, Museo de Paestum , Italia

En tiempos de Vibia Sabina y Faustina  se disponen largas trenzas  como una rosca escalonada o un turbante en la coronilla (torus). La orla frontal de rizos se eleva con el empleo de una doble o triple diadema de rizos artificiales. A veces se empleaba una cinta de cuero que, recubierta de cabellos, ocultaba la línea de unión entre la frente y el postizo. 

A finales del s. IV las emperatrices se representan con un tocado más elaborado consistente en una gruesa trenza que se levanta desde la nuca y se dobla hasta descansar sobre una diadema ornamentada de perlas. Modelo estereotipado de influencia oriental.

Moneda con efigie de Gala Placidia

Herennia Etruscilla, esposa de Trajano Decio, aparece retratada en monedas, con el pelo trenzado y subido hasta la diadema y vuelto a dejar caer hasta el cuello. 

Moneda con efigie de Herenia Etruscilla

También en una moneda vemos el peinado de Fausta, esposa de Constantino, siglo IV, también con gruesas ondas, pero el pelo recogido atrás en un moño con adorno, aunque dejando la nuca al aire.

Según la moda el cabello se adornaba con cintas, diademas, coronas y piedras preciosas.

“En sus cabellos, relucientes de perfumes, prende la blanca perla de las conchas marinas y con cadenitas de oro quedan sujetos los bucles de su cabellera.” (Prudencio, Hamartigenia)

Muchos autores han dejado escritas sus críticas a la artificiosidad en los peinados que llevaban a incluir postizos y pelucas y que hacían parecer a las mujeres más altas de lo que eran.

¿Por qué no permitís descansar vuestro cabello, que tan pronto rizáis como los desrizáis; ya los alzáis, ya los rebajáis, hoy los trenzáis, mañana los dejáis sueltos sin simplicidad; aparte de eso, no se qué montones de postizos añadís; a la manera de casco de piel, como si fuera una pirámide y una cubierta para la corona; otra manera es echado hacia atrás mostrando el cuello.” (Tertuliano, De cultu feminarum, s. III-IV)

Retrato con diadema, Museo Arqueológico de Nápoles

Durante la época imperial, las esposas de los soberanos y las princesas de alto rango marcaban el éxito de un peinado; la moda se difundía por las esculturas y monedas que representaban sus rostros y adornos hasta el último rincón del Imperio.

Retrato con peinado tipo Julia Domna, Museos Capitolinos, Roma

Moneda con efigie de Julia Domna

La peluquería se convirtió en un arte y ocupaba una parte considerable del tiempo de una dama elegante. Se empleaban hábiles criadas (ornatrices), quienes, a veces, se convertían en víctimas del enfado de las señoras cuando no estaban de acuerdo con el trabajo realizado. Epigramas y sátiras están llenos de gritos de matronas enfadadas y lamentos de sufridas esclavas:

“Si la señora tiene una cita y desea estar más hermosa de lo habitual, y tiene prisa por encontrarse con alguien que la espera en los jardines, o más probablemente cerca de la capilla de la sensual Isis, la pobre Psecas, con los cabellos desarreglados, desnuda, con la espalda y pecho sin cubrir, le compone el peinado.¿Por qué sobresale este rizo?, pregunta y entonces una correa de piel de toro castiga el crimen del rizo mal puesto. (Juvenal, sat. VI)

Matrona y ornatrices, Museo de Trier

Las esclavas que arreglaban el pelo de sus señoras podían ser unas expertas ornatrices que eran alabadas por su trabajo:

"Cipasis, tan entendida en dar mil formas a una cabellera, que merecías dirigir el tocador de las diosas..."

También podían hacer otras labores como teñir los cabellos, depilar el vello, aplicar perfumes y ungüentos, maquillar y ayudar en la elección de vestidos y joyas.
Bibliografía:


Cosmetics & Perfumes in the Roman World, Susan Stewart
http://www.academicroom.com/article/hair-and-artifice-roman-female-adornment, Hair and the Artifice of Roman Female Adornment, Elizabeth Bartman.
http://www.nature.com/jidsp/journal/v10/n3/pdf/5640231a.pdf%3Forigin%3Dpublication_detail, Hairstyles in the Arts of Greek and Roman Antiquity, Norbert Haas, Francoise Toppe, and Beate M. Henz.
http://www.academia.edu/3777852/La_estetica_capilar_en_la_antigua_Roma_a_traves_de_las_representaciones_numismaticas, La estética capilar en la antigua roma a través de las representaciones numismáticas, Alejandro Fornell Muñoz.
http://www.rhm.uni-koeln.de/150/Watson2.pdf, A matrona makes up, Fantasy and Reality in Juvenal, Sat. 6,457–507, Pat Watson.
El arreglo del cabello femenino en época romana. Evidencias arqueológicas en la Bética occidental. Milagrosa Jiménez Melero.


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