Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

martes, 28 de junio de 2011

Tablinum, recibir y trabajar en la casa romana

Tablinum del la Casa de la Caza Antigua, Pompeya
El tablinum era una estancia que servía como salón de recepción del pater familias desde donde éste podía controlar todo el atrio y recibir el saludo y las visitas. Para ello el suelo podía estar algo elevado sobre el pavimento del atrio.


Por su importante valor representativo se decoraba lujosamente con pinturas y mosaicos que demostraba el poder y la riqueza del propietario.
Su ubicación era habitualmente entre el atrio y el patio posterior o peristilo, aunque no solía tener comunicación directa con éste último. Del atrio se separaba, generalmente, con paneles de madera plegables o cortinas, y, aunque, abierto a éste no era lugar de paso. Como función adicional puede haber servido de despacho  para guardar documentos privados. Precisamente el nombre de "tablinum" podría tener su origen en las "tabulas" con los escritos registrados durante el ejercicio de algún cargo público.


La posición central dentro de la vivienda y la decoración de los tablinos hacen suponer que en ciertas casas pudieron emplearse como comedores, aunque no en casas grandes y de gran prestigio donde el "tablinum" y el "triclinium" serían salas separadas.

La foto de la derecha se tomó desde el atrio y puede verse la puerta que lo separa del tablinum que, a su vez, se abre al jardín.

sábado, 25 de junio de 2011

Culina, la cocina en la domus romana

Cocina villa San Marco, Stabia

La cocina romana o culina tuvo su origen en la necesidad de encontrar una estancia en la que cocinar cuando el atrio dejó ser el lugar donde se conservaba el fuego del hogar. Solía ser una estancia pequeña, oscura y poco ventilada. No tenía un lugar definido dentro de la casa, aunque por lo común se ubicaba en zonas apartadas, lejos de la habitaciones privadas para evitar ruidos, humos y olores desagradables.
El fogón era un banco de obra con una superficie superior plana, cubierta de losas o tejas de barro, para extender las brasas, que se reforzaba con un reborde hecho con imbrices, tejas curvas, para proteger al cocinero de los rescoldos que podían saltar del fuego. 


Fogón, casa en Paestum

Algunas soleras se realizaban de opus signinum, formado con trozos de ladrillo o teja machacados y unidos con cal, al que se añadía aceite, creando una superficie impermeable y fácil de limpiar. Debajo unos huecos en forma de arco servían para almacenar leña y en caso de tener varios, guardar vasijas.La ausencia de fogones en muchas ciudades romanas lleva a pensar en el uso de cocinas móviles u hornillos de hierro o bronce. Ello permitiría su desplazamiento a los triclinios, para mantener los alimentos en perfecto estado hasta el momento de ser servidos. " ¿Por qué no hay en su comedor un montón de cocineros que traen sus propios hornillos con los alimentos? El lujo ha traído la moda de trasladar la cocina a la cena, para que la comida no se enfríe o no resulte lo bastante caliente para un paladar ya endurecido."
(Séneca, Epístola, 78)

Se han encontrado restos de chimeneas adosadas a la pared o de algún focus, sitio para una fogata que se prendía en el suelo de arcilla, cerámica o piedras, y delimitado por guijarros colocados de canto.
Precisamente los rudimentarios métodos empleados al cocinar y la precariedad en el uso del fuego pudo ser el origen de los numerosos incendios que asolaron las ciudades romanas: "Nuestro solícito patrón casi se abrasa mientras asaba en el fuego unos magros tordos, pues, habíendose dispersado Vulcano, las llamas incontroladas amagaron con  lamer el techo. ¡ Podías ver entonces a unos hambrientos comensales y a unos temerosos esclavos poniendo a salvo la cena e intentando extinguir el fuego! (Horacio, sat. 1, 5)

Este peligro ya lo preveía Columela en el libro I de su obra "De Agricultura":
 "Y en la parte rústica, o servil, se pondrá una cocina grande y alta, para que la madera del techo esté libre del peligro de incendiarse y para que los esclavos de la casa puedan acomodarse en ella sin problemas en cualquier época del año.


Parrilla, Museo Segovia
Un pequeño fregadero de obra o un barreño de barro se empleaban para lavar los cacharros.
En la cocina romana los recipientes y utensilios usados eran semejantes a los actuales. En las cocinas de las clases altas se utilizaban frecuentemente las vasijas de bronce, pero las de cerámica, más baratas y variadas, fueron más populares. 



Cocina romana, Exposición DOMUS, 2013

Grandes ollas, cazos, sartenes, morteros, moldes, cuchillos, cucharas, etc, se han encontrado en los restos de las villas y ciudades; además de poyetes, baldas y argollas para colocarlos o colgarlos en la pared.
En algún rincón de la cocina o en un lugar próximo a ella solía disponerse la despensa, en la que se conservaban los alimentos en recipientes de vidrio o barro. Había conservas de frutas, cecinas y ánforas de vino y aceite.


Cocina, villa de Oplontis

 En ocasiones, junto a la cocina, se situaba una letrina con lo que se aprovechaba la distribución del agua y se facilitaba la eliminación de residuos.
Los habitantes de casas sin fogón o, incluso, hornillo recurrían a las thermopolia, tabernas donde podían comer un plato caliente o comprar la comida para llevarla a casa.
"En aquellos días no había cocineros entre los esclavos, pero solían contratarlos para la ocasión en el mercado." (Plinio, 18, 28) 

Hasta que la captura de prisioneros en las guerras proporcionó un mayor número de esclavos, entre ellos, cocineros, éstos debían contratarse en los mercados para cuando había celebraciones con invitados y se traían sus propios enseres para cocinar.

Congrión: Yo quiero saber si nos dejas o no nos dejas que preparemos aquí la cena.
 Euclión: Y yo quiero saber, si van a quedar o no van a quedar a salvo mis cosas en mi casa.
 Congrión: ¡Ojalá me pueda llevar a salvo las cosas mías que traje! A mí no me falta de nada, no creas que voy a querer nada tuyo. (Plauto, Aulularia)

La culina romana además de ser el lugar en que se centra la distribución de los alimentos tuvo un carácter religioso, ya que allí se conservaba el fuego del hogar: y solía haber un altarcillo en el que adoraba a Vesta y los Penates.
A Vesta la diosa del hogar se le rendía culto que consistía en mantener el fuego encendido en su honor y procurar que no se apagase. Se la representaba como una llama o como una matrona sosteniendo una antorcha, una pátera, una victoria o también un venablo y un cuerno de la abundancia.
Los Penates son los espíritus tutelares de la despensa. Durante los ritos se hacían ofrendas y libaciones en el penus (despensa) y en el fuego del hogar para implorar prosperidad y conservación de los bienes. Al inicio de las comidas, el pater familias lanzaba una porción de los alimentos al fuego al tiempo que pedía a los dioses que fuesen propicios. Los Penates, a diferencia de los Lares, no eran concebidos como dioses masculinos, aunque, a menudo, se les representaba en forma de dos jóvenes sentados que sostienen una lanza.

"Que mis penates se impregnen alegres de su grasa y vapor y que mi cocina arda festiva con un montón de leña del monte." (Marcial, VII, 27)

viernes, 10 de junio de 2011

Lucerna, alumbrarse en la antigua Roma

Los métodos más antiguos de iluminación que utilizaban los romanos, antorchas de pino y teas presentaban grandes incomodidades como el humo, el mal olor y el riesgo de incendios. Las velas de cera eran frecuentes entre los etruscos que eran productores de cera. Se han encontrado candelabros etruscos de bronce, fechados entre los siglos VI y IV a. C., con forma de trípode y con cuatro o cinco púas en las cuales se clavaban las velas. Las fuentes clásicas explican que la cera debía estar reservada a las clases más acomodadas y los más humildes deberían conformarse con velas de sebo.


Lucernas, Museo Tarragona
 La escasez de madera por el aumento de la deforestación de los bosques a causa de las guerras y el inicio del cultivo del olivo y producción de aceite puede ser la causa de que en la segunda mitad del s. III a. C. aparezcan y se difundan rápidamente los primeros tipos de lucernas de cerámica para aceite que se pueden definir como etruscas y romanas.
 Los candelabros etruscos se sustituyen por portalucernas de bronce con un platillo en la parte alta.


Museo Arqueológico Nápoles
La lucerna consiste en un depósito de aceite de forma circular o elíptica, la boca, por la que se empujaba la mecha, y el asa. Para su fabricación se utilizaba terracota de colores amarillos, rojo o parduzco, frecuentemente se sacaba brillo con silicato. Podían tener una o varias aberturas para la mecha: "Aunque doy luz a convites enteros con mis llamas y teniendo tantas mechas, me llaman una sola lámpara" 
(Marcial, XIV, 41). 
Las clases pudientes utilizaban lucernas de bronce.
 Para apagar la mecha y sacarla se utilizaban unas pinzas o agujas.
"(Símilo) la cabeza agacha, coge la lámpara, saca con una aguja la mecha reseca y con mil soplidos aviva la ténue llama." ( Virgilio, App. Vir. Moretum)

Algunas lámparas muestran inscripciones sobre sus bases, grabadas  en relieve, indicando el nombre del alfarero, el propietario o el reinado del emperador. A veces se pueden hallar también marcas comerciales.
 Para la iluminación de habitaciones más grande o se colocaban estas lucernas sobre plataformas o se suspendían de portalámparas o del techo por medio de cadenas. Estos candelabra se hacían de madera o de metal corriente entre las clases más pobres: "Estás viendo que soy leña; como no tengas cuidado con mis lumbres, se te convertirá, de candelabro, en una gran lámpara" (Marcial, XIV, 44)

Para adornar el tronco se esculpían con frecuencia figuras de animales.


Lampadarium, Efebo, Museo Tarragona
En un "lampadarium" el tronco se parece a una columna o pilar y a menudo se desarrolla arquitectónicamente; desde la parte superior salen varios brazos de las cuales se suspenden las lámparas por medio de cadenas. En ocasiones se representa en el soporte de bronce una estatua de efebo.


Lampadario, Museo de Cambrils, Tarragona

A partir de los tiempos de Domiciano la producción de lucernas se traslada de los pequeños talleres familiares a establecimientos donde se elaboran en serie, lo que conlleva menos decoración. Desde el siglo II d. C. se expande la importación de lucernas africanas.

 Las linternas (laternas) consisten en fundas cilíndricas protegidas con una tapa y atadas con una cadena. En vez de cristal se utilizaban materiales transparentes como cuerno, lonas impregnadas en aceite o saco: "Linterna soy, guía del camino, brillo como el oro con la llama que resguardo, y segura está la lámpara en mi regazo." (Marcial, XIV, 61)