lunes, 7 de marzo de 2022

Illustres feminae, mujeres benefactoras en la antigua Roma




En la antigua Roma, hasta el Edicto de Caracalla del año 212 d. C, la ciudadanía era un honor reservado a un grupo limitado de personas, y disfrutarla suponía un motivo de orgullo, tanto para los varones como para las mujeres, pero los derechos y deberes no eran los mismos para los primeros y las segundas. Las ciudadanas no podían ejercer los virilia officia, es decir, las ocupaciones relacionadas con la política y la guerra, labores consideradas tradicionalmente masculinas. La educación femenina estaba destinada a la vigilancia de su pudicitia y al cumplimiento de la labor matronalis. El modelo para las ciudadanas era el de la mater familias, o matrona, que consistía en contribuir al beneficio del Estado convirtiéndose en madre de numerosos hijos e hijas a quienes educaría en los valores patrióticos.

“Quédate un momento y detén tu paso, tú que vas caminando, y lee la adversa fortuna de este que se lamenta, para que puedas conocer los versos que salen de mi corazón y que yo, su esposo Trebio Basileo, lleno de dolor, he grabado. Ella estuvo adornada de toda clase de bondades para los suyos, honrada, sencilla, sin dejarse tentar por el engaño; vivió veintiún años y siete meses y engendró conmigo tres hijos, a los que dejó pequeños, y murió con el cuarto en el vientre, en su octavo mes; lee ahora atentamente los comienzos de cada uno de los versos, y te ruego que leas, por favor, el epitafio de quien tanto lo merece: conocerás así el nombre de mi esposa Grata”. (Epitafio de Veturia Grata, CIL VI, 28753 = CLE 108)


Museo del Prado, Madrid

Hacia el final de la República y en los primeros siglos del Imperio se produjeron cambios de naturaleza económica y jurídica que provocaron el enriquecimiento de las mujeres en la sociedad romana.

Gracias al la aplicación del ius liberorum, decretado por Augusto para fomentar la natalidad, las mujeres con tres hijos o cuatro en el caso de las libertas, accedieron a la posesión de bienes y a la capacidad de administrarlos de forma autónoma, estando únicamente sujetas al consentimiento de un tutor para determinadas operaciones, algo que en la mayoría de los casos era un mero formalismo.

De esta forma muchas mujeres se convirtieron en grandes propietarias de tierra, de negocios comerciales y artesanales, de esclavas y esclavos, y ampliaron su capacidad para heredar y hacer testamento. Muchas recibían grandes beneficios a través de la gestión y explotación de sus terrenos, viviendo de la riqueza que les proporcionaban sus tierras o de las rentas obtenidas con sus negocios.

“Le aconsejé que les diera, además, de su propio patrimonio, unos campos muy fértiles, una vasta casa. provista de todo en abundancia, y una gran cantidad de trigo, de cebada, de vino, de aceite de oliva y de los demás productos agrícolas, no menos de cuatrocientos esclavos y, además, numerosos rebaños de no desdeñable precio.” (Apuleyo, Apología, 93, 4)


Estatua de Minia Procula,
Bulla Regia, Túnez

Las mujeres de la época helenística fueron promotoras de obras arquitectónicas, que ponían de manifiesto la riqueza de su patrimonio, así como su capacidad de actuación en los espacios públicos y de negociar y construir su propia memoria.

A finales del siglo V a.C., Jenocratea, ciudadana ateniense, erigió un santuario al dios-río Cefiso, en el que estaba permitido hacer sacrificios a todo el que lo desease “por el cumplimiento de cosas buenas”, que en su propio caso era la crianza y la educación. Jenocratea se identifica a sí misma como hija y madre de un Jeniades, y en el relieve votivo que acompaña la inscripción aparecen representadas, además de varias divinidades, una mujer mortal y un niño –seguramente ella y su hijo–, por lo que la educación aludida podría ser la de éste, aunque es probable que también se refiriera a la que ella recibió de su padre.

“Jenocratea fundó el santuario de Cefiso y dedicó a los dioses que comparten su altar este regalo por la educación.
Hija y madre de Jeniades de Cholleidai; para quien desee sacrificar por el logro de cosas buenas.”
(IG I3 987; IG II2 4548)


Relieve de Jenocratea, Museo Arqueológico Nacional de Atenas

Los actos evergéticos de Arquipa, hija de Diceogenes, fueron considerables, destacando los de carácter arquitectónico. Por un lado, se encargó de la construcción del bouleuterion (sede del Consejo) en el ágora, cuya cubierta restauró años más tarde. También en el ágora, se debe a ella un complejo que incluía un templo y un altar de Homonoia (Concordia), varios monumentos votivos y stoas con tiendas, que marcaban el ágora como corazón económico de la ciudad. Homonoia era una virtud necesaria para la cohesión y la armonía en la comunidad ciudadana, cuyo culto adquirió una gran relevancia en época helenística, unido generalmente a reconciliaciones tras graves crisis políticas.

“Se propuso por el consejo, como recomendaron los generales y los filarcas y los consejeros: dado que Arquipa, hija de Diceogenes tiene intención de reparar el entramado del tejado de la casa consistorial, y reemplazar las tejas, que ella considera que servirá para la seguridad y facilidad de uso, y ella ha informado a los ciudadanos de esto mediante los magistrados; y los arquitectos han hecho una propuesta tras llevar a cabo una encuesta , y como el gasto es bastante grande, lo ha asumido también, siempre considerando lo que es ventajoso para su ciudad natal; y como está dispuesta a realizar el trabajo de construcción, ella ha solicitado que el lugar le sea entregado; por lo tanto el pueblo resuelve alabar a Arquipa por su noble conducta y por el celo que siempre ha demostrado por lo que beneficia a su tierra, porque sus acciones son dignas de la gloria de sus ancestros, y por mantener su virtuosa munificiencia; y se le dará un lugar para la mencionada obra, para que pueda completar cada tarea de acuerdo a su propia fe e inclinación; en cuanto a la recogida de piedras y madera y otros materiales que se necesitan , podrá utilizar una tierra pública sin que moleste a nadie; y se le permitirá a Arquipa, si así lo desea, grabar algunos de los decretos concedidos a ella en las superficies de mármol del edificio del consejo. Este decreto se considerará como beneficio para la ciudad; dado en el año de Sopatros, en el mes de Maimakter.” (IKyme_13, G)


Estatua femenina, Magnesia, Grecia

A mediados del siglo II a.C., las ciudades helenísticas se hallaban en medio del proceso de incorporación al Estado romano y de una grave crisis económica, por lo que los actos evergéticos en estos años fueron quizás más excepcionales. Megaclea, sacerdotisa de Afrodita, construyó el muro perimetral del santuario de la diosa, y además proporcionó un lugar (una hospedería o sala de banquetes) para los invitados públicos. Megaclea se identifica como nieta del célebre general de la Liga Aquea Filopemen (253-184 a.C.). En un epigrama dedicado a ella resume uno de los motivos principales para implicarse en el evergetismo, dejar huella para que la fama perdure, como es un edificio en este caso, igual que había hecho su abuelo a través de sus actos políticos y militares, llegando incluso a alcanzar la categoría inmortal de héroe. Megaclea muestra su orgullo por pertenecer a una estirpe gloriosa y por poder seguir transmitiendo esa fama a sus descendientes. La intervención de las mujeres en el evergetismo podía considerarse como una tarea para favorecer a su familia, generalmente para garantizar el poder político de sus parientes varones, pero, puesto que una mujer tenía menos oportunidades de mostrar poder público, del tipo que fuese, y de alcanzar la gloria a través de actos heroicos, llevar a cabo obras fundamentales para la comunidad podía ser lo más parecido.

"De Megaclea, forastero, la que en tercer lugar obtuvo la sangre del bien armado Filopemen, alaba la hospitalidad, aquella a la que su madre engendró del lecho nupcial de Damócrates, sagrada sacerdotisa de la diosa chipriota protectora de los extranjeros, que hizo construir un recinto bien vallado alrededor del templo en honor de la divinidad y también estancias para los participantes en los banquetes comunitarios. Si esa mujer cambió su riqueza por una buena fama, no es sorprendente: la virtud de los antepasados perdura en los hijos." (IG V 2, 461)


Estatua de la sacerdotisa de Némesis, Aristonoe,
Museo Arqueológico Nacional de Atenas

La época de mayor profusión de obras benéficas y patronazgo por parte de mujeres se produjo en Italia entre el siglo I a.C. y el II d.C. La deificación de mujeres de la casa imperial abrió el camino para que las mujeres contribuyesen a la vida pública como sacerdotisas. Estos sacerdocios oficiales imitaban aspectos de las magistraturas locales en cuanto que se necesitaba una aportación inicial para empezar a ejercer el cargo, había que hacer contribuciones económicas a la comunidad, y, a cambio, se recibía honores públicos, como dedicación de estatuas o funerales públicos.

“Para Laberia Galla, hija de Lucius, sacerdotisa del culto imperial (flaminica) de Ébora y sacerdotisa provincial de Lusitania. Por decreto de los decuriones de Collipo (Leiria, Portugal), le fueron concedidos los costes del funeral, un lugar de enterramiento y una estatua….” (CIL II, 339)

Para las mujeres de las oligarquías locales y provinciales, el ejercicio del sacerdocio significó una posibilidad de participar en la vida política de sus ciudades, y gracias a este cargo fueron reconocidas por las instituciones cívicas. Llegada la hora de elegir a una sacerdotisa se tendría en cuenta la riqueza de la que disponía pues, cuando accedían al cargo, igual que los varones, solían mostrar su generosidad a través de actos evergéticos que beneficiaban a la ciudad. Por tanto, el sacerdocio llegó a ser una forma de participación pública de las mujeres en la vida social de su comunidad que sí estuvo permitida en la antigua Roma.


En Interamnia Praetuttiorum (Teramo, Italia) en la segunda mitad del siglo II d. C., una inscripción en honor de Numisia Secunda Sabina fue grabada en una placa de mármol pegada a la base de su estatua. Según la inscripción, ella fue la primera mujer de su ciudad en recibir una estatua pública, que fue financiada por el pueblo mediante una colecta. Ella los recompensó con 4 sestercios a cada uno en el momento de la dedicación. Sus méritos como sacerdotisa y benefactora quedaron inmortalizados, al igual que la posición de la ciudad como municipio y colonia.

“Para Numisia Secunda Sabina, esposa de Claudius Liberalis, sacerdotisa de la emperatriz, madre del municipio y colonia de Interammia Praetuttiorum. Por su munificencia, la plebe de la ciudad, habiendo hecho una colecta para recaudar el dinero, le erigió una estatua, siendo la primera mujer en ser honrada de tal manera. Con motivo de su dedicación, ella les dio 4 sestercios a cada uno. El lugar para su colocación fue concedido por el consejo local.” (AE 1998, 416)


El evergetismo fue una práctica directamente relacionada con la vida ciudadana, pues gracias a las liberalidades de hombres y mujeres de la élite, se llevaron a cabo importantes obras cívicas en todo el territorio romano. A través de estas acciones las oligarquías urbanas se hacían cargo de unos gastos que el Estado no podía asumir y, al mismo tiempo, asentaban su status social, al convertirse en los principales benefactores de la ciudad.

Las mujeres durante la etapa republicana contribuyeron a la construcción de algunos edificios, pero siempre de carácter religioso. Ansia Rufa financió un vallado para un bosque sagrado en su ciudad natal, que fue autorizado por el consejo local y y formaba parte probablemente de un santuario.

“Ansia Rufa, hija de Tarvus, por decreto del consejo local, construyó un vallado alrededor de un bosque sagrado, un muro y un pórtico con su propio dinero.” (CIL 10, 292)

Ya en época imperial la participación de las mujeres en la promoción de obra pública en las provincias del occidente romano pudo estar relacionado, en gran medida, al auge de la vida urbana y al proceso de renovación urbanística de las ciudades debido a los cambios políticos, religiosos y culturales que se fueron produciendo desde la época de Augusto hasta bien entrado el siglo III d.C.

Estatua femenina, Instituto de Arte de Minneapolis

La renovación urbanística llevada a cabo en la ciudad de Roma en época de Augusto representó un cambio en la visión de las ciudades de las provincias por parte de las élites que entendieron que el hecho de que sus ciudades dispusieran de costosos y bien ornamentados edificios, era señal de que habían asimilado la cultura romana, lo que proporcionaba prestigio a las ciudades y sus habitantes.

Muchas de estas construcciones que formaron parte de los programas urbanísticos que convenían a las ciudades para imitar el modelo de Roma fueron comisionadas por mujeres.

Fue en las ciudades de las provincias donde las mujeres del ordo senatorial pudieron incorporarse a un sistema que les permitía protagonismo y honores cívicos, dado que en la ciudad de Roma, donde pasaban parte de su tiempo, sólo se proyectaba la acción de las mujeres de la casa imperial. Algunos senadores y sus familias se implicaron en embellecer las ciudades de las que procedían o en ayudar a los más necesitados de sus habitantes en busca de un reconocimiento social que confirmase su pertenencia a un grupo privilegiado. Cuanto mayor era su contribución a la comunidad, mayor era también su poder y su reconocimiento.


Museos Capitolinos, Roma. Foto Samuel López

En Paestum, alrededor del 15 a.C., Mineia pagó por la reconstrucción de la basílica, donde mandó situar una serie de estatuas para conmemorar a miembros de su familia: sus hermanos, hijo, nieto y esposo. También una dedicada a ella misma. El proyecto también incluía el traslado del santuario de Mater Matuta.

Lo más sobresaliente es que la ciudad acuñase una moneda de bronce de poco valor (un semis o medio as) para conmemorar su obra. Por un lado se puede leer Mineia, hija de Marcus y ver el retrato de una mujer por el otro un edificio de dos o tres pisos, que podía ser la propia basílica con la leyenda: semis de Paestum, por decreto del senado (de Paestum).

Semis acuñado en Paestum, Italia para honrar a Mineia

En Italia, Eumachia y Mamia dejaron su recuerdo en Pompeya con dos edificios cuya amplitud y ubicación dentro de la ciudad hacen destacar su importante papel cívico, pues los dos se encuentran en el foro de Augusto y, por tanto, requirieron el beneplácito del senado de la ciudad para ser construidos. Ambas matronas, sacerdotisas de Venus (patrona de la ciudad) poseían una gran riqueza y tuvieron una notable influencia en la decisión política de reconstruir Pompeya y se comprometieron firmemente en el programa de arquitectura monumental cívica que se realizó en los primeros tiempos del Imperio, en época de Augusto y Tiberio, siguiendo el ejemplo de la ciudad de Roma y el programa arquitectónico, artístico e ideológico del periodo augusteo.


Eumaquia, Pompeya. 

El edificio de Eumachia fue el mayor complejo del foro y al estar dedicado a la Concordia, pudo ser similar al Pórtico de Livia, construido en la última década del siglo I a.C. La afirmación personal de Eumachia en la inscripción donde se dedica el edificio resalta la importancia de su influencia y poder:

“Eumaquia, hija de Lucio, sacerdotisa pública, en su propio nombre y el de su hijo, Marcus Numistrius Frontón, construyó y dedicó a sus expensas la galería columnada, la cripta y el pórtico en honor de la Concordia y la Piedad augustas.” (CIL X, 810-811)

La lápida señala la naturaleza del edificio con la galería de columnas, la cripta y el pórtico. La parte central de la cripta es probable que estuviese presidida por la estatua de Eumachia, dedicada por los fullones de Pompeia, de los que se considera que fue patrona.

“A Eumaquia, hija de Lucius, sacerdotisa pública, los fullones.” (CIL X, 813)


Edificio de Eumaquia, Pompeya. Foto Peter Kwok

El templo de Mamia era un edificio mucho más pequeño, aunque goza del valor de ser el primer templo dedicado al culto al emperador en Pompeya. La dedicante subraya su nombre y posición económica en la inscripción. A ella le fue concedido un lugar de enterramiento, donde se construyó una tumba en forma de exedra con asientos, que todavía puede verse en la ciudad.

“Mamia, hija de Publio, sacerdotisa pública, mandó construirlo para el Genio de Augusto en su suelo y con su dinero.” (CIL X, 958)


Tumba en exedra de Memia. Drcha, Pintura de Alma-Tadema

En Perge, Turquía, Plaucia Magna es conmemorada por haber embellecido la ciudad al haber mandado reparar las puertas de acceso a la ciudad, de época helenística. Plaucia descendía de ciudadanos romanos que emigraron y se asentaron en Perge, por lo que los actos evergéticos que ella promovió respondían tanto a mantener la herencia y tradición romanas como el arraigo en la ciudad que acogió a su familia, en la que era sacerdotisa de cultos orientales.

“Plancia Magna, hija de Marcus Plancius Varus y de la ciudad, sacerdotisa de Artemis y démiourgos (benefactor cívico), sacerdotisa perpetua de la madre de los dioses (Cibeles), primera y única en piedad y amor por su ciudad.”


Izda, Estatua de Plancia Magna de Perge, Turquía. Drcha, Puertas helenísticas de Perge

Un siglo más tarde Aurelia Paulina, también sacerdotisa de Artemis, puso su dinero para erigir una fuente monumental para abastecer de agua a la ciudad, dedicado a la diosa Artemis Pergaia, patrona de la ciudad, y a la familia imperial. Aurelia, de origen sirio, se trasladó a Perge y allí, una vez viuda, llevó a cabo su acto evergético, manteniendo la tradición de la ciudad al dedicar la fuente a Artemis y manifestando su compromiso con la cultura romana al dedicar también la obra a la familia imperial y erigir sus estatuas que formaban parte de la decoración. La estatua que se conserva de ella la muestra vestida con atuendo sirio, lo que indica el orgullo por su lugar de procedencia.

“Aurelia Paulina, sacerdotisa perpetua de la patrona Artemis Pergaia, hija de Apellas, hijo de Dionisos, y de Aelia Tertulla, anteriormente sacerdotisa del culto imperial en la ciudad de Sillyum junto a su difunto marido Aquilius, hijo de Kidramuas, a quien le ha sido concedida la ciudadanía romana por el emperador Cómodo. Construyó e inauguró el hydreion (fuente monumental) y toda su decoración con su propio dinero.”

Aurelia Paulina, Perge, Turquía

En la ciudad de Thibaris (Henshir Hamamet, Túnez) se erigió una estatua pública en memoria de Seia Potitia Consortiana, una mujer de rango senatorial en África Proconsularis. En gratitud por sus actos benéficos y por su patronazgo, la ciudad le dedicó una estatua póstuma, mencionando su prestigiosa relación con esta noble dama.

“Para Seia Potitia Consortiana, en recuerdo de esta dama senatorial, madre de Roscius Potitius Memmianus, de rango senatorial, patrona por decreto del consejo local, por sus innumerables y extraordinarios actos de generosidad, con los cuales mejoró al consejo local y a su ciudad natal. La ciudad de Thibaris lo erigió con dinero público.” (ILAfr 511 = AE 1913, 13, 190–200 d.C.)



En la antigua Cartima (Cartama, Málaga) una de sus más ilustres ciudadanas, Junia Rustica, hizo una importante donación, quizás con motivo de la concesión de los derechos de ciudadanía a la ciudad, sufragando la reconstrucción de los antiguos pórticos públicos y aportando un terreno propio para la edificación de unas termas, a lo que añadió una estatua de Cupido. También levantó una estatua dedicada a marte en el foro, y pagó por las estatuas dedicadas a ella y a su hijo, propuestas por el Senado de la ciudad, y por una dedicada a su marido por su propia iniciativa. Además asumió el pago de los impuestos que se debía a Roma, los vectigalia publica, lo que es muestra de su extrema riqueza. Para celebrar el acontecimiento, pagó un banquete y espectáculos públicos.

“Junia Rustica, hija de Décimo, sacerdotisa perpetua y primera del municipio cartimitano, reconstruyó los pórticos públicos deteriorados por el tiempo, dio terreno para los baños, reivindicó los vectigales públicos; puso en el foro una estatua de bronce de Marte y donó los pórticos para los baños, un estanque y una imagen de Cupido, dio un banquete y ofreció espectáculos públicos. Pagó una estatua para ella y otra a su hijo, C. Fabio Juniano, que fueron decretadas por el ordo de Cartima, así como otra en honor de su esposo, C. Fabio Fabiano.” (CIL. II 1956)

Museo de la Romanidad, Nimes. Foto Herbert Frank


Hubo mujeres que se ocuparon de que sus conciudadanos disfrutasen de hermosos y amplios teatros y lugares para espectáculos públicos donando cuantiosas sumas para su construcción.

“Ummidia Quadratilla, hija de Cayo, construyó el anfiteatro y el templo para los ciudadanos de Casinum (Cassino) con su dinero.”

“Ummidia Quadratilla, hija de Cayo, con su propio dinero restauró para los ciudadanos de Casinum (Cassino) el teatro, que su padre había embellecido a su costa, y se había derrumbado por el paso del tiempo. Para celebrar la dedicación dio un banquete a los decuriones, el pueblo y las mujeres.” (CIL 10, 5183 = ILS 5628 y AE 1946, 174 = AE 1992, 244 Cassino, Italia, 90–100 d.C.)

Algunos aristócratas romanos tenían vínculos estrechos con el mundo del espectáculo. En el caso de Ummidia, según Plinio el joven, ésta tenía a su servicio una compañía de pantomimos, la cual, además de proporcionarle entretenimiento, podía darle cuantiosos beneficios en caso de que fueran contratados para actuar en otros teatros.

“Cuadratila tenia su propia compañía de pantomimos, a los que favorecía con una indulgencia mayor de la que convenía a una dama de alcurnia.” (Plinio, Epístolas, VII, 24)

Anfiteatro y teatro de Cassino, Italia

La cultura del agua era un elemento primordial en las ciudades romanas. Disponer de ella en abundancia suponía un esfuerzo económico y técnico que sólo podían realizar la propia ciudad y quienes poseían una riqueza notable. Por ello quienes acometieron a su costa la traída de agua y su distribución en la ciudad hicieron ostentación de riqueza y poder, pero también de consideración hacia sus conciudadanos. Muchas fuentes, termas, baños, acueductos y cisternas, imprescindibles para la vida de la ciudad, desde el punto de vista económico, doméstico, de higiene y de relaciones sociales, se debieron a la intervención de otras tantas mujeres.

Si la traída de aguas y su distribución era una necesidad vital de las ciudades, disponer de termas era esencial en cualquier ciudad romana, como representación del grado de asimilación de las formas de vida y la cultura romanas, al igual que los edificios del foro. La mención sobre construcción, restauración, y ornamentación de termas por parte de las mujeres de las élites se da en todas las provincias y épocas, ya sea en ciudades grandes y pequeñas.


Termas de Caracalla, Pintura de Alma-Tadema

Voconia Avita mandó construir unas termas en su ciudad, Tagili, en Almería, y además de sufragarlas, cedió terreno particular para su construcción. Para celebrar este acto de liberalidad, promovió unos juegos circenses y costeó un banquete público, dando muestra de su generosidad con la ciudad; y para exhibir su elevada capacidad económica, donó, a título exclusivamente personal, dos mil quinientos denarios para el cuidado y mantenimiento del edificio.

“Voconia Avita, hija de Quinto, construyó para su república tagilitana unas termas en su terreno, y con su dinero organizó unos juegos circenses, y dio una comida. Para la conservación y uso perpetuo de las termas dio a la república tagilitana dos mil quinientos denarios.” (IRAl 48)

En Bulla Regia, África, existen todavía los Baños de Julia Memmia, construidos en el siglo III con su contribución económica. Esta dama era hija de un hombre de rango consular, patrón y nativo de la ciudad.

“A Julia Memmia Prisca Rufa Emiliana Fidiana, una mujer de rango senatorial, hija de C. Memmius [Fidus] Julius Albius, un hombre de rango consular y patrón y nativo de la ciudad, por la sobresaliente magnificencia de su labor, los baños, con los que ella embelleció su ciudad natal además de cuidar de la salud de sus ciudadanos.” (AE 1921.45= ILAfr 454ª)


Termas de Memmia, Bulla Regia, Túnez. Fotos Noomen9

Puesto que los baños públicos eran utilizados tanto por mujeres como hombres, se puede entrever una consideración singular de algunas mujeres benefactoras hacia sus conciudadanas al construir baños específicos para ellas, para no tener que compartir el edificio a horas diferentes. Así lo hizo Alfia Quarta en Marruvium (Italia) que llegó a especificar los elementos que lo componían, como el baño de bronce.

“Alfia Quarta, hija de Publius, construyó el balneum de mujeres desde los cimientos. También lo decoró con piedras de varios colores y lo equipó con una bañera de bronce con estufa y bancos con su propio dinero.” (CIL 9, 3677 = ILS 5684, Marruvium, L´Aquila, Italia, Siglo I d.C.)

La preeminencia social de las mujeres de las élites, fundamentalmente senatoriales, y sus conexiones familiares y políticas fueron causa importante para su nombramiento como patronas de las ciudades en provincias, lo que les reportaba un prestigio social, y un protagonismo en la vida institucional de las ciudades, que era algo imposible en la ciudad de Roma.

Estatua de mujer con vestimenta siria

El patronazgo era una institución social para la que no existían leyes formales con respecto a las responsabilidades y requisitos para ser nombrado patrón. Estaba sujeto a un reglamento formal de cooptación por los senados locales mediante un decreto de los decuriones. Los patronos debían cuidar de la ciudad cliente económicamente y sirviendo como mediadores con el gobierno de Roma gracias a sus vínculos familiares o políticos.

Un decreto del consejo municipal de la pequeña ciudad de Peltuinum Vestinum (L´Aquila) confirmó la co-optación de Nummia Varia como patrona de la ciudad. Su pertenencia a una familia de rango consular se refleja en la deferencia mostrada en el decreto, que expresa la esperanza de que ella pueda proteger a la ciudad intercediendo ante el gobierno imperial. El decreto también describe la relación patronal con tal afecto, que podría indicar el deseo de agradecer beneficios económicos ya pasados o futuros.

(Tiempo y lugar de la reunión y nombres de los magistrados principales) “Dado que todos estuvieron de acuerdo que Nummia Varia, de rango senatorial, sacerdotisa de Venus Felix, ha actuado con tanto afecto y buena voluntad hacia nosotros de acuerdo a su benevolencia, así como hicieron sus padres, que ella debería ser elegida patrona de nuestra ciudad, en la esperanza de que ofreciendo este honor, que es el más importante en nuestra comunidad, a su ilustre excelencia, podamos ser más y más reconocidos por la distinción de su benignidad y en todos los respectos estar seguros y protegidos. Cuando se les preguntó su opinión sobre este tema decidieron así: todos los miembros del consejo han decidido otorgar a Nummia Varia, una dama de rango senatorial, sacerdotisa de Venus Felix, de acuerdo al esplendor de su dignidad, el patronazgo de nuestra ciudad, y pedir de su excelencia y extraordinaria benignidad, que se digne considerar este honor que ofrecemos de forma favorable y voluntaria y aceptarnos individualmente y a nuestra ciudad bajo el patronazgo de su casa. Y en cualquier caso que se requiera pueda ella intervenir con la autoridad de su dignidad y nos mantenga a salvo y protegidos. Y decidieron que una placa de bronce con el texto del decreto le sea entregada por los magistrados principales Avidiaccus Restitutus y Blaesius Natalis, y por Numisenus Crescens y Flavius Priscus, los hombres más destacados de nuestro orden.” (CIL 9, 3429 = ILS 6110, Peltuinum Vestinum, L´Aquila, Italia, 242 d.C.)


Museo de la Romanidad, Nimes

Las mujeres de las élites provinciales, a través de los actos benéficos, imitaban en sus ciudades la conducta de la familia imperial. Si el emperador se comportaba de forma generosa con el pueblo, las mujeres de su familia hacían lo mismo, aunque ellas tampoco podían participar en la vida política. De este modo, las élites urbanas realizaron la misma función en las ciudades, ocupándose de las poblaciones más cercanas, sobre las que ejercieron un patronazgo comparable al del emperador o las emperatrices, quienes solían actuar en la capital imperial o en comunidades cercanas. La propia emperatriz Livia llevó a cabo prácticas similares, promoviendo la imagen de mujer evergeta y dispensadora de bienes.

“Augusta Julia, hija de Drusus, (viuda) del divino Augustus, proveyó agua para los habitantes de Vicus Matrini con su dinero.” (CIL II, 3322, Sutrium, Italia, 14-29 d.C.)

En época antonina, Matidia la menor, dama de la familia imperial, fue una rica propietaria que dedicó su dinero a la construcción de edificios que embellecieran las ciudades del territorio itálico. En Suessa Aurunca, entre los años 139 y 150 d.C. encargó la reconstrucción del teatro de época Augusta, destruido por un terremoto.

“Matidia, hija de la divina Matidia Augusta, nieta de la divina Marciana Augusta, hermana de la divina Sabina Augusta, tía del emperador Antonino Pio, padre de la Patria, reconstruyó con su dinero el teatro y el pórtico adyacente dañados por un terremoto.”


Matidia la menor. Teatro de Suessa Aurunca

El interés en la renovación del teatro estaba ciertamente motivado por un sentido de deber y piedad cívicos, pero, como los miles de ciudadanos que practicaron la beneficiencia cívica, Matidia se vería animada a mostrar las imágenes públicas de su familia y de ella misma en el entorno competitivo de la sociedad romana. En el frente de la escena del teatro de Suessa se dispuso varios nichos donde situar las estatuas conmemorativas, con un lugar especial reservado para la propia Matidia.

Algunas mujeres aparecen mostrando el mismo interés que los hombres por obtener de los magistrados locales la concesión de un locus statuae donde poder erigir una estatua que las inmortalizase y les permitiese pervivir en la memoria colectiva de sus ciudades. En ocasiones, llegaron a establecer legados testamentarios en los que ofrecían determinadas donaciones a los municipios a cambio de que los decuriones les concediesen un espacio público de la ciudad para erigir una estatua que las representase. En ocasiones, las mujeres, tras recibir por parte de los decuriones un decreto concediendo una estatua, respondieron con rapidez al honor asumiendo los costes generados por su realización, mostrando así su agradecimiento y poniendo de manifiesto el especial interés que tenían por perpetuar su imagen y memoria en un espacio publico de sus respectivas ciudades.

“Para Agusia Priscila, hija de Titus, sacerdotisa de Spes y Salus Augusta. Por decreto de los decuriones, los ciudadanos de Gabii (Lazio) decidieron que su estatua fuese erigida de forma pública dado que, después de haber incurrido en gastos por su sacerdocio siguiendo el ejemplo de ilustres mujeres, ella ha prometido también restaurará con su dinero el pórtico de Spes que se ha deteriorado con el tiempo, y dado que ha contentado a todo el mundo financiando juegos por la salud del emperador Antonino Pio, padre de la Patria, y sus hijos y donando prendas para los ritos religiosos. Satisfecha con el honor de su estatua, ella reembolsó los gastos al pueblo. El lugar de la estatua fue concedido por decreto de los decuriones.” (CIL 14, 2804 = ILS 6218, Gabii, Lacio, Italia, 138–40 d.C.)


Museos Capitolinos, Roma. Foto Egisto Sani

Aunque los méritos personales de las honradas y los beneficios que concedieron a sus ciudades debieron ser tenidos en cuenta por las ciudades en el momento de decretarles honores municipales, la pertenencia a una prestigiosa gens decurional o a familias ecuestres y senatoriales que mantuvieran vínculos con sus comunidades cívicas de origen, debió ser el principal factor tenido en cuenta por los decuriones a la hora de otorgar cualquier honor municipal.

Las mujeres intentaban obtener homenajes estatuarios para ellas, para sus esposos y descendientes, asumiendo de esta forma la tarea de acrecentar su prestigio personal y familiar. El interés por mantener la proyección pública de su gens en su municipium permite comprender el deseo mostrado por algunas damas pertenecientes a las aristocracias locales por dedicar estatuas a sus familiares en espacios públicos de las ciudades, o por obtener honores estatuarios para éstos y para sí mismas. Este interés les pudo llevar también a prometer donaciones a las ciudades, que sólo serían realizadas en caso de que los magistrados locales decretasen los honores solicitados para determinados miembros de su gens.

“A Lucio Cornelio Marulo, puesto que el ordo de los castulonenses, por la liberalidad de su madre, Cornelia Marulina, que había honrado a la ciudad de los castulonenses con estatuas de plata, un banquete y juegos circenses, había decretado que se erigiera una estatua para ella y para su hijo, Cornelia Marulina, aceptando el honor, de su dinero mandó poner este monumento donado, Cayo Cornelio Bélico, su heredero, dando juegos circenses, lo dio y dedicó.” (CILA III, 101, Cástulo, Jaén)


Dedicatoria L.C. Marulo

Las libertas romanas en su afán de promocionarse socialmente y tener visibilidad pública, al no poder acceder a ciertas posiciones que les estaban negadas por su origen, utilizaron el dinero que habían obtenido de sus negocios o por matrimonio para contribuir al embellecimiento y mejora de la ciudad en que vivían.

“Lucceia Auxesis, liberta de Cayo, en su testamento encargó que se construyera un pórtico por valor de 4000 sestercios con su dinero. Por decreto de los decuriones, Gaius Lucceius Moderatus se responsabilizó de que se hiciese.”
(CIL 10, 1136, Abellinum, Italia, Principios de la primera mitad del siglo I d.C.)




Tras la implantación del cristianismo en el Imperio, los actos de evergetismo dedicados a la construcción de obra cívica recayeron principalmente en la casa imperial, ya que el emperador concentraba el máximo poder y fundaba edificios como propaganda política. Se hicieron trabajos de rehabilitación de edificios que habían quedado deteriorados por el tiempo, a los que se daban nuevos nombres relacionados con la casa imperial.

Como las mujeres siguieron estando relegadas al espacio doméstico, en mayor medida, si cabe, que en los siglos precedentes, sus labores benéficas se vieron reducidas a la construcción de edificios relacionados con la religión o cuidado y hospedaje de las personas, como iglesias, monasterios, hospitales…Incluso debido a la influencia de los escritores cristianos, guiados generalmente por una misoginia radical, algunas damas acaudaladas fueron empujadas a dedicar su dinero a las buenas obras y no utilizar su patrimonio en la construcción de suntuosas edificaciones por las que fueran reconocidas y perpetuadas en la memoria.

“Desde el momento en que te has consagrado a la virginidad perpetua, tus bienes ya no son tuyos o, más propiamente, son verdaderamente tuyos, porque han pasado a ser de Cristo; aunque, mientras viva tu abuela o tu madre, deben ser administrados a su voluntad. Pero cuando hayan muerto y duerman con el sueño de los santos, y sé que ellas desean que tú las sobrevivas, cuando tu edad sea más madura, tu voluntad firme y tu parecer más estable, podrás hacer lo que te parezca, o, mejor dicho, lo que mande el Señor, sabiendo que no debes tener nada, fuera de lo que vayas a dedicar a buenas obras. Que otros construyan iglesias, revistan sus paredes con incrustaciones de mármoles, transporten columnas macizas y recubran de oro sus capiteles insensibles a tan precioso ornamento; realcen las puertas con marfil y plata, y los dorados altares con piedras preciosas. No lo censuro, no me opongo a ello.” (Jerónimo, Epístolas, A Demetrias, 130, 14 , Siglos IV/V d.C.)




Con el patronazgo ligado prácticamente a la casa imperial, las emperatrices y damas de la familia reinante emplearon su dinero en la fundación de iglesias con las que querían agradecer a Dios su alta posición, expresando su virtud piadosa, además de donar a la comunidad un obsequio por el que ser conmemoradas. Helena, la madre del emperador Constantino, fue la primera dama imperial en combinar la religiosidad y la política en su patronazgo agradeciendo a Dios con cada una de sus fundaciones su status imperial.

“Inmediatamente hizo consagrar dos templos al Dios ante quien se había prosternado, uno junto a la cueva del Nacimiento, el otro sobre el monte de la Ascensión. Efectivamente, el Dios que está con nosotros, por nosotros sobrellevó el someterse al nacimiento, y el lugar de nacimiento en carne mortal recibía el nombre entre los hebreos de Belén. Por esta razón, la piísima emperatriz embelleció con admirables monumentos el lugar donde dio a luz la madre de Dios, engalanando con todos los medios a su alcance la sagrada cueva que allí había.” (Eusebio, Vida de Constantino, III, 43)

Helena, madre de Constantino. Galería de los Uffizzi, Florencia

La hija del mismo Constantino, Constantina, consagró el templo de Santa Agnes en Roma y dejó constancia en un breve poema allí grabado de su magnificencia y su piedad cristiana.

“Yo, Constantina, venerando a Dios y dedicada a Cristo, habiendo proporcionado los fondos con mente devota, por orden divina y con la gran ayuda de Cristo, consagró este templo de Agnes, virgen victoriosa, porque ella ha prevalecido sobre los templos de todas las obras terrenales, [aquí] donde los techos más altos brillan con el oro.” (Santa Agnes, Siglo IV)


Mausoleo de Santa Constanza, Roma. Foto Samuel López

La refundición de una iglesia ofrecía al patrón la posibilidad de ser asociado al patrón del edificio original, heredando su fama o sobrepasándola, como en el caso de Anicia Juliana, una de las mujeres más ricas de su época, que patrocinó la refundación de la iglesia dedicada al mártir San Polieucto, construida por la emperatriz Eudocia. La lujosa y costosa decoración de la iglesia demostró a sus contemporáneos los recursos que tenía a su disposición que le permitieron costear una remodelación de la iglesia que cambió su apariencia casi en su totalidad.

Esta dama dedicó su patrimonio a la fundación de numerosas iglesias como manifestación de su filantropía y piedad que la acercaba a las virtudes reconocidas como imperiales, en clara referencia a las aspiraciones que ella tenía para que su propia familia accediera a la púrpura imperial.

“¿Qué manuscrito es suficiente para alabar las obras de Juliana, quien después de Constantino, que embelleció su Roma, y después de la sagrada luz dorada de Teodosio, y tras muchos antepasados reales, en unos pocos años logró un trabajo digno de su rango, sí, más que digno? Ella sola domó al tiempo y sobrepasó la sabiduría del renombrado Salomón levantando un templo a Dios, cuyo resplandor y elaborada belleza los tiempos no pueden celebrar. ¡Cómo se eleva desde sus cimientos, desde el suelo hasta las estrellas del cielo, y cómo desde este a oeste se extiende resplandeciente con inexplicable brillo a la luz del sol por ambos lados! A ambos lados de su pasillo de entrada se elevan firmes columnas que sustentan los rayos de la cúpula dorada, mientras que a cada lado las hornacinas de la cúpula reproducen la evolvente luz de la luna. Los muros se visten de innumerables vetas metálicas, como prados floreados que la naturaleza hizo florecer en la roca profunda, y escondieron su gloria, guardándola para la casa de Dios, para ser el regalo de Juliana, para que ella produjese una obra divina, siguiendo en su empeño los dictados de su corazón.” (Antología Griega, I, 10)


Anicia Juliana como donante entre Magnanimidad y Prudencia, Códice de Dioscórides, Viena

La fundación de monasterios se debió fundamentalmente a la acción de mujeres devotas de Cristo, pero que contaban con un rico patrimonio propio, que decidían vivir una vida célibe, tras su viudedad o por renuncia al matrimonio, dedicadas a la adoración de Dios y a veces a ayudar a los más necesitados. Muchas tenían cargos en la jerarquía eclesiástica y se relacionaban con otras mujeres y con hombres, también dedicados al ascetismo, y acogían en sus recintos a viajeros que visitaban lugares sagrados o que se dedicaban a predicar en las comunidades donde vivían.

“Entonces por la voluntad divina fue ordenada diácono de la sagrada y gran iglesia de Dios y construyó un monasterio en su esquina sur. Todas las casas situadas cerca de la santa iglesia y todos los negocios de esa esquina fueron derribados para hacerlo. Construyó un pasadizo desde el monasterio hasta el nártex de la iglesia. En la primera sección alojó a sus doncellas, cincuenta de ellas, para vivir en pureza y celibato.” (Anónimo, Vida de Olimpias, 6)

Imagen de Cerula, Catacumbas de San Genaro, Nápoles


En cuanto a la arquitectura cívica de la época, existen algunos datos sobre mujeres que invirtieron su dinero en reconstruir edificaciones destruidas o deterioradas. En Éfeso, una dama cristiana del siglo IV d.C. restauró los baños destruidos por un terremoto, que se habían inaugurado, probablemente, en la primera mitad del siglo II d.C. por el ciudadano de Éfeso Publius Quintilius Valens Varius y su esposa. Partes de edificios caídos se utilizaron para su restauración. Una estatua de la benefactora, Escolástica, se ubicó en un nicho del apodyterium (vestuario), en la que se grabó una inscripción que elogiaba no solo la piedad y sabiduría de Escolástica, sino también su generosidad al aportar el dinero para la restauración del edificio que había colapsado parcialmente.


Baños y estatua de Escolástica, Éfeso


Bibliografía



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Amantissima civium suorum: Matronazgo cívico en el Occidente romano; Cándida Martínez López
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Agencia femenina y patrimonio propio en la arquitectura cívica. Su expresión epigráfica en Hispania y el África romana; Henar Gallego Franco
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The Gate Complex of Plancia Magna in Perge: a Case Study in Reading Bilingual Space; Andrea F. Gatzke
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Ob Merita :The Epigraphic Rise and Fall of the Civic Patrona in Roman North Africa; Sarah Emily Bond