Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

sábado, 22 de octubre de 2011

Vasa potoria, funcionalidad y lujo para beber en Roma

Mensa vasaria, tumba de Vestorius Priscus, Pompeya
La práctica de exponer la vajilla de plata, especialmente la de beber, en un soporte especial, el abacus (especie de armario con estantes o la mensa vasaria (mesa aparador) fue una forma de ostentación entre los romanos ricos, como muestra del lujo de los propietarios de la casa y símbolo de ostentación de su importancia social. La avaricia por poseer una valiosa vajilla que demostrase su riqueza y status llevó a los antiguos romanos a pagar grandes cantidades de dinero por costosas piezas de plata o cristal.
Al conjunto de vasos utilizados para beber, mezclar y servir las bebidas se le llamaba vasa potoria y debido al importante papel que desempeñaron en la vajilla de mesa romana ofrecen una gran variedad de materiales y formas, decorados con delicados relieves y motivos resaltados que van desde flores a pájaros, animales, escenas mitológicas y dionisíacas. Los ejemplares elaborados en plata, solo estaban al alcance de los ricos; más frecuentes y populares eran los de cerámica, a los que se sumaron los de vidrio a partir del siglo I. d. C.

El vaso más utilizado y parecido al actual era el poculum, normalmente de arcilla. Esta era un material barato, pero algunos ejemplares bellamente decorados costaban igual que otros realizados con piedras preciosas. La vajilla de cerámica de terra sigillata procedente de Arretium en Italia era muy popular.


“Mi cena la sirven tres esclavos y un mármol blanco sostiene un vaso (poculum) dos copas (cyathi), junto a un plato barato, patera y jarra (guttus), de cerámica campananiense.” (Hor. Sat. I. 6)

Poculus de terra sigillata, Museo de Zaragoza

El cantharus tenía dos asas verticales que, a menudo, se elevaban por encima del borde y se decoraba con elegantes relieves mitológicos. Su uso se asociaba al dios del vino Baco. 


Cantharus, Museo Arqueológico Nápoles

El scyphus era una taza honda en forma de cuenco con dos asas horizontales por debajo del borde. Más común en las mesas de los romanos, algunos de estos pagaron grandes sumas por ejemplares de plata elegantemente decorados en relieve. Hércules es a menudo representado con él en las manos.


Skyphos de plata, Tesoro de Berthouville, Biblioteca Nacional de Francia

El cáliz se hacía normalmente de arcilla con ornamentación vegetal en relieve. Los más apreciados procedían de Sorrento, Italia y Sagunto en España. 

"Para que tu camarero las coja y las guarde sin preocuparse, recibe estos cálices hechos de barro saguntino." (Calices saguntini, Marcial, XIV, 108)


 Era la copa utilizada generalmente en los baños públicos y podía llevar asas o no. Los ejemplares caros se hacían en vidrio o murrina. Algunos cálices de plata con asas horizontales decoradas pudieron tener valor religioso para hacer ofrendas.


Cáliz de vidrio con cameo, Museo Getty



Patera,  Museo Arqueológico de  Nápoles
La patera era también un cuenco o platillo hondo que se utilizaba para las ofrendas con vino. En tiempos de Augusto, según Varrón, la utilizaban los magistrados en las ofrendas a los dioses y en los banquetes públicos. Los dioses lares aparecen en algunas representaciones con un rhyton, en una mano y en la otra una patera. El rhyton fue originalmente un cuerno de animal con un orificio en el extremo puntiagudo que permitía la salida de la bebida y que fue utilizado por los pueblos germanos, griegos y etruscos en los banquetes y ceremonias antes que los romanos. 


Rhyton, Corning Museum of Glass, Nueva york

El calathus se fabricaba en arcilla o plata con hermosos relieves sin asa o con una pequeña asa vertical. El de cristal era alto y sin asas. 


Calathus, Tesoro de Berthouville, Biblioteca nacional de Francia

El cyathus designaba tanto una medida de vino y entonces llevaba un largo mango, como una taza pequeña de base redonda que podía sostenerse en la palma de la mano.


Cyathus de plata

Relacionados con el servicio del vino, utilizado en los banquetes romanos, están la crátera, gran recipiente de boca ancha para mezclar el vino con el agua; la sítula, recipiente destinado principalmente a contener y transportar agua y otros líquidos; y el simpulum, un cucharón utilizado para extraer la bebida de una vasija más grande, como las anteriores, para llenar los vasos y copas.





Las jarras y botellas destinadas destinadas a contener líquidos se utilizaban en asociación con pateras y cuencos en las ceremonias para la ablución celebradas en el triclinio. También destinadas al servicio de la vajilla de mesa para servir bebidas, solían tener formas esbeltas y elegantes con sinuosas asas y se fabricaban en metal, cerámica y vidrio.



Jarrón Portland, Museo Británico, foto de Jastrow

 El urceus y urceolus tenían boca ancha; la lagoena, boca estrecha y el oinochoe, trilobulada:

"Se te regala este cántaro rojo de asa arqueada. Con él iba el estoico Frontón a buscar el agua helada." (Urceus fictilis, Marcial, XIV, 106)



Jarra de Daphne, Corning Museum of Glass, Nueva York

La plata se utilizó a partir del siglo II a.C. Tras la conquista de Grecia y Asia los vasos de plata (argentum potorium) aparecían habitualmente en las casa de los ricos. El oro, bien solo o con piedras preciosas fue ampliamente utilizado. 


Vaso de oro, Museo Getty

Los vasos adornados con gemas (gemmata potoria) los enviaban los reyes extranjeros al pueblo romano y con ellos los emperadores recompensaban los servicios de sus generales o de sus jefes de tribus germánicas.

Las piedras semipreciosas como el ónice, amatista, cristal de roca y murrina (fluorita) también se tallaban en forma de copas: 

"Veo vasos de murrina, porque el lujo sería demasiado barato si los hombres no brindasen en gemas talladas con el vino que después vomitarán" (Séneca, De Beneficiis, VII, 9)


Taza Farnese, Museo Arqueológico de Nápoles,  foto de Ana al'ain

 La famosa copa Farnesio, realmente un plato para libaciones, de origen egipcio, de la época tolemaica, está hecha de ágata sardónice.

Vasa murrina es el nombre de las copas y tazas hechas del mineral conocido como espato de flúor, y frotado después con resina de mirra. Eran altamente deseados por su rareza, colorido y el sabor especial que daba al beber el vino, como resultado de esa misma resina utilizada en su producción.

"Si bebes vino caliente, una copa murrina casa con el ardiente Falerno y se consigue con ella mejor sabor para el vino." (Murrina, Marcial, XIV, 113)


Vaso de vidrio, Museo Arqueológico de Jaén


A partir del siglo I a. C. la vajilla de cristal estuvo muy presente en las cenas romanas. En el siglo I d. C. se conoció un auge de la industria del vidrio con la difusión del procedimiento del soplado. Esta nueva técnica hizo de los vasos de vidrio (crystallina) verdaderas obras de arte:

"Veo vasos de cristal (crystallina), cuyo precio se eleva debido a su fragilidad, porque entre los ignorantes el riesgo de perder cosas incrementa su valor en vez de reducirlo, como debiera ser." (Séneca, De Beneficiis, VII, 9)


Pintura con vasa potoria en banquete, Herculano

Los romanos supieron apreciar las cualidades del vidrio para beber el vino ya que mantiene inalterados su sabor y su olor. A ello hay que añadir su ligereza, sus cualidades estéticas y, principalmente, esa transparencia que permite apreciar la calidad de los vinos: 
"Nosotros bebemos en vidrio, tú Póntico en murrina. ¿Por qué? Para que la copa no permita ver la distinta calidad del vino." (Marcial, VIII, 33)



Vaso de cristal con esmalte, Museo Guimet

Aunque se utilizaron diferentes agentes colorantes el vidrio más apreciado era el más parecido al cristal de roca. Por su fragilidad parece ser que no se servían líquidos calientes en cristal, aunque se mencionan ejemplos de vidrios que podían resistir el calor: 

"Nosotras somos copas plebeyas de vidrio atrevido y nuestro cristal no salta con el agua hirviendo." (Calices audaces, Marcial, XIV, 94).


Plinio cita que en su época el vidrio había reemplazado al oro y la plata, y que para evitar su rotura, había que echar primero el vino frío y luego el agua caliente.


“Sin embargo, el valor más alto es para el cristal que es enteramente incoloro y transparente, lo más parecido al cristal. Para los vasos, el vidrio ha sustituido al oro y la plata; pero es incapaz de soportar el calor a menos que un líquido frío se vierta antes.” (Plinio, XXXVI, 67)


Vaso de cristal con gladiadores, Museo Metropolitan, Nueva York

Los vasos de vidrio, tallados en las formas más diversas y que producían la descomposición de la luz cuando ésta incidía en ellos, habían adquirido un precio tan desorbitado que incluso se les sacrificaban vidas humanas.


“Cenaba el divino Augusto en casa de Vedio Polión. Rompió un esclavo un vaso de cristal; Vedio mandó que lo cogiesen y le diesen una muerte poco común en verdad; quería que lo arrojasen a las enormes lampreas que llenaban su vivero. ¿Quién no hubiese creído que las alimentaba por lujo? Era por crueldad. El esclavo se escapó y refugió a los piés del César y pidió por otra gracia morir de otra muerte y no convertirse en pasto de peces. Se Conmovió el César ante aquella cruel novedad, y mandó dar libertad al esclavo, romper ante sus ojos toda la cristalería y rellenar el vivero.” (Séneca, De Ir. III, 40)


Skyphos de cristal, Museo del Louvre

Aunque los vasos fabricados en Italia eran espléndidos, el lugar que monopolizó la técnica más refinada de elaboración fue Alejandría, desde donde se importaban vasos cristalinos a Roma, con anterioridad al siglo I del Imperio.



Vaso de Licurgo



Los artesanos crearon una forma más intricada y delicada en el corte en los conocidos vasos diatreta, de forma acampanada en el que una pieza de vidrio se rodea de una envoltura calada con una delgada filigrana de un vidrio de distinto color,  tallada en forma de red, unida en una sola pieza, como el vaso de Licurgo. En la famosa copa de Trivulzio hay una inscripción: BIBE VIVA MULTUS ANNIS, que sugiere su uso para beber y el supuesto de que fuera un regalo.


Copa Trivulzio, Museo Arqueológico de Milán

Los bronces de Corinto eran ávidamente coleccionados por los romanos ricos, incluso en el siglo I d. C. Séneca escribió que sus contemporáneos pagaban no solo por el material, sino también por su elaboración en los talleres de la ciudad griega del istmo, que eran los más afamados. Aunque importantes fábricas de bronce estaban establecidas en Italia, especialmente en Capua, los caprichosos exigían que sus bronces vinieran de Grecia al objeto de no tener competidores como coleccionistas. Como la decoración de los objetos de bronce era más austera que la de los de plata, solo se consideraban de prestigio los que procedían de lugares míticos, y los destinados a la mesa que estaban exquisitamente decorados
Jarra de bronce, Museo 
Arqueológico de Nápoles

 "La técnica de fabricar preciosos objetos de bronce ha degenerado hasta el punto de que durante mucho tiempo ni siquiera la Fortuna ha tenido el privilegio de producir tal clase de arte. Pero, entre las viejas glorias de ese arte. el bronce corintio es el más apreciado." (Historia Natural, Plinio)


Con la llegada del cristianismo la posesión de vajillas de lujo en oro, plata y cristal fue severamente criticada por algunos autores cristianos, defensores de la austeridad.

 "Las tazas de plata y de oro, u otros utensilios con incrustraciones de piedras carecen de toda utilidad; no son más que un engaño para la vista. En efecto, si uno vierte en ellos líquido caliente, resulta doloroso cogerlos cuando están ardiendo; por el contrario, si se vierte líquido frío, la materia de la copa se altera y estropea el líquido. 
La «opulenta» bebida resulta, sin lugar a dudas, dañina.
¡Váyanse enhoramala las copas de Tericles o de Antigono, los cántaros, las copas grandes y anchas, las copas en forma de concha, y demás innumerables objetos de este tipo, vasos para refrigerar y verter vino! «En una palabra, el oro y la plata, tanto privados como públicos, constituyen una riqueza objeto de envidia». Y por ser superfluos, son de adquisición cara, de difícil conservación y de nula utilidad práctica.

En verdad, el refinamiento de los cinceladores sobre los vasos, fáciles de romperse por la afiligranada fragilidad, es una vanidad que por invitar a temblar a la vez que a beber debemos proscribirlas de nuestra conducta." (Clemente de Alejandría, Ped. III)


Vaso de Rubens. Hecho de una sola pieza de ágata, de origen bizantino.
Comprado por el pintor Rubens y actualmente en el Walters Art Museum de Baltimore

Bibliografía;

http://www.penn.museum/sites/expedition/scutella-patella-paterna-patina/; Scutella, Patella, Paterna, Patina. A Study of Roman Dinnerware; Kenneth D. Matthews
http://www.man.es/man/dms/man/actividades/pieza-del-mes/historico/2005-ajuar-de-cocina-y-ajuar-de-mesa-la-alimentacion/7-Octubre/MAN-Pieza-mes-2005-10-Taza-romana.pdf; Taza romana, Mª Ángeles Sánchez
Pompeii, The History, Life and Art of the Buried City, MarisaRanieri Panetta (ed.)
Los Romanos, Su Vida y Costumbres, E. Ghul, W. Koner, Edimat libros.





domingo, 4 de septiembre de 2011

Balneum, el baño de la domus romana

Maximiano en el baño, Piazza Armerina
"Viene luego una estancia amplia y espaciosa destinada a los baños de agua fría, y que contiene dos piscinas de forma circular, enfrente la una de la otra, que parecen haber surgido de forma natural y que son bastante grandes si se tiene en cuenta la proximidad del mar. Allí encontramos también la sala para las friegas de aceite, el horno que calienta el agua y los baños templados, seguidos de dos habitaciones muy agradables, pero sin llegar a ser suntuosas. Contigua a ellas se halla una maravillosa piscina de agua caliente desde la que los bañistas ven el amar. no lejos de allí hay una sala para jugar a la pelota, la cual durante las últimas horas del día recibe un sol muy cálido." (Plinio, Epis. II,17)

Desde principios del siglo III a.C., y por influencia griega y con la aparición de las termas públicas los romanos más adinerados empezaron a introducir baños privados en sus casas.
Con la construcción de los acueductos y a la mejora de las obras públicas se hizo accesible el uso de agua para todos y su calentamiento para el baño. Los propietarios de las grandes villas ubicaban éstas cerca de los cauces de los ríos.




Atrio de los baños, Villa San Marcos, Stabia
El baño privado o balneum pudo en un principio haber consistido en una bañera aislada, hecha de distintos materiales, o  una  de obra encajada en una habitación. Cuando estos baños se hicieron más amplios y suntuosos se incorporaron más salas. En las postrimerías del imperio cuando se produjo la extensión de los latifundios y las grandes villas, los ricos propietarios instalaron baños impresionantes en sus mansiones, puesto que el acceso a las termas públicas ya no era posible, debido a que su residencia permanente estaba ya en el campo.

En las villas rurales podía encontrarse el atrio con un impluvium central que daría paso al apodyterium, sala donde el bañista se desnudaba y colocaba sus ropas en hornacinas o estanterías en la pared. Adosados a la pared podía haber bancos para sentarse. 
"Viene, a continuación, el vestidor de los baños, una habitación grande y alegre, y sigue a ésta la estancia destinada a los baños de agua fría, en la que hay una piscina amplia y umbría. Si deseas tener mayor espacio para nadar o hacerlo en un agua más templada, dispones para ello de otra piscina en un patio adyacente, y junto a ella tienes un pozo en el que puedes refrescarte luego, si no te agrada la tibieza del agua." (Plinio, Epis. V, 6)


La siguiente sala normalmente era el frigidarium, donde se tomaba baños de agua fría tras haber realizado ejercicios físicos o después de haber pasado por las salas de baños calientes. En las casa donde el espacio era más reducido se pudieron unificar el apodyterium y el frigidarium.


Piscina, Villa de Minori, Italia
Los propietarios de las grandes villas romanas solían construir piscinas donde relajarse tras la práctica de algún ejercicio físico o deporte, y compartir horas de ocio con sus invitados. En la Historia Augusta encontramos una cita sobre el emperador Alejandro Severo: 
"Después de leer se dedicaba al ejercicio, juego de pelota, correr o algo de lucha suave. Entonces, tras untarse el mismo con aceite, se bañaba, pero raramente en un baño caliente, porque siempre usaba una piscina, permaneciendo en ella alrededor de una hora".

La presencia de una piscina (natatio) en las que podía tomarse un baño hace suponer que no siempre se incluiría una sala específica para tomar baños de agua fría.

El tepidarium era una sala intermedia entre el frigidarium y el caldarium que servía para adaptarse a la diferencia de temperatura de estas salas.En algunos casos sería posible tomar un baño de agua templada, aunque mayormente esta sala carece de lugar para el baño. El tepidarium pudo haber aprovechado su cercanía a salas calefactadas para recoger calor.



Piscina trilobulada, Casa de Hippolitus, Alcalá de Henares

"A la estancia de los baños de agua fría está adosada la de los baños de temperatura intermedia, sobre la que la luz del sol cae con mucha generosidad, si bien ésta cae con mayor generosidad aún sobre la habitación de los baños de agua caliente, dado que ésta sobresale respecto al resto de la villa. En ella hay tres piscinas: dos expuestas al sol, y la tercera un poco más retirada, lejos de la influencia directa del sol, pero no lejos de la luz." (Plinio, Epis. V, 6)

La última sala en la que se tomaba un baño caliente era el caldarium. Esta estancia se calentaba con un horno (praefurnium) o dos, sobre los que se disponía el alveum (gran bañera) para mantener la temperatura del agua elevada. El bañista accedía a su interior  por unos peldaños que, a su vez, podían servir de asiento.

"En este paraje se alza el cuarto del baño caliente, al que está anexa la cámara de los perfumes, de idénticas dimensiones, descontada la amplia bañera semicircular, donde el agua hirviendo cae a borbotones tras haber circulado por el dédalo de alambicadas cañerías de plomo empotradas en los muros. En este salón calefacto parece siempre mediodía, y es tal la abundancia de luz en su interior, que obliga a las personas púdicas a recordar que son algo más que hombres desnudos." (Sidonio Apolinar, Ep. 2.2)



Mosaico con unctores, Piazza Armerina, Sicilia
Un labrum, especie de lavabo grande, que podía estar en el centro de la estancia, permitiría a los bañistas refrescarse para aliviar el calor de la sala. Desde aquí volvería el bañista al frigidarium antes de vestirse y abandonar el balneum.
Los romanos solían practicar algún ejercicio gimnástico antes de entrar en los baños. Asimismo se untaban con aceite que retiraban con un strigilus y también gustaban de recibir masajes. Estas actividades podrían realizarse en el apodyterium o en el tepidarium, aunque en caso de baños amplios había una sala específica para tal uso, el destrictarium, donde había esclavos dedicados a realizar esta labor.

El balneum doméstico fue un espacio público dentro de la domus que se convirtió en símbolo del poder y la riqueza del propietario que manifestaba su status ante sus invitados con la ostentosa decoración de sus baños, que solían decorarse con pinturas murales, ricos mosaicos y variedad de materiales, como el mármol.


Caldarium, Villa Poppea, Oplontis
 "Qué diré de los baños de los libertos? ¡Qué cantidad de estatuas, de columnas que no sujetan nada, solo construidas para decorar y gastar dinero! ¡Y qué masas de agua cayendo de nivel a nivel! Nos hemos hecho tan ostentosos que no tendremos más que piedras preciosas sobre las que caminar! (Séneca, Ep. 86)








martes, 28 de junio de 2011

Tablinum, recibir y trabajar en la casa romana

Tablinum del la Casa de la Caza Antigua, Pompeya
El tablinum era una estancia que servía como salón de recepción del pater familias desde donde éste podía controlar todo el atrio y recibir el saludo y las visitas. Para ello el suelo podía estar algo elevado sobre el pavimento del atrio.


Por su importante valor representativo se decoraba lujosamente con pinturas y mosaicos que demostraba el poder y la riqueza del propietario.
Su ubicación era habitualmente entre el atrio y el patio posterior o peristilo, aunque no solía tener comunicación directa con éste último. Del atrio se separaba, generalmente, con paneles de madera plegables o cortinas, y, aunque, abierto a éste no era lugar de paso. Como función adicional puede haber servido de despacho  para guardar documentos privados. Precisamente el nombre de "tablinum" podría tener su origen en las "tabulas" con los escritos registrados durante el ejercicio de algún cargo público.


La posición central dentro de la vivienda y la decoración de los tablinos hacen suponer que en ciertas casas pudieron emplearse como comedores, aunque no en casas grandes y de gran prestigio donde el "tablinum" y el "triclinium" serían salas separadas.

La foto de la derecha se tomó desde el atrio y puede verse la puerta que lo separa del tablinum que, a su vez, se abre al jardín.

sábado, 25 de junio de 2011

Culina, la cocina en la domus romana

Cocina villa San Marco, Stabia

La cocina romana o culina tuvo su origen en la necesidad de encontrar una estancia en la que cocinar cuando el atrio dejó ser el lugar donde se conservaba el fuego del hogar. Solía ser una estancia pequeña, oscura y poco ventilada. No tenía un lugar definido dentro de la casa, aunque por lo común se ubicaba en zonas apartadas, lejos de la habitaciones privadas para evitar ruidos, humos y olores desagradables.
El fogón era un banco de obra con una superficie superior plana, cubierta de losas o tejas de barro, para extender las brasas, que se reforzaba con un reborde hecho con imbrices, tejas curvas, para proteger al cocinero de los rescoldos que podían saltar del fuego. 


Fogón, casa en Paestum

Algunas soleras se realizaban de opus signinum, formado con trozos de ladrillo o teja machacados y unidos con cal, al que se añadía aceite, creando una superficie impermeable y fácil de limpiar. Debajo unos huecos en forma de arco servían para almacenar leña y en caso de tener varios, guardar vasijas.La ausencia de fogones en muchas ciudades romanas lleva a pensar en el uso de cocinas móviles u hornillos de hierro o bronce. Ello permitiría su desplazamiento a los triclinios, para mantener los alimentos en perfecto estado hasta el momento de ser servidos. " ¿Por qué no hay en su comedor un montón de cocineros que traen sus propios hornillos con los alimentos? El lujo ha traído la moda de trasladar la cocina a la cena, para que la comida no se enfríe o no resulte lo bastante caliente para un paladar ya endurecido."
(Séneca, Epístola, 78)

Se han encontrado restos de chimeneas adosadas a la pared o de algún focus, sitio para una fogata que se prendía en el suelo de arcilla, cerámica o piedras, y delimitado por guijarros colocados de canto.
Precisamente los rudimentarios métodos empleados al cocinar y la precariedad en el uso del fuego pudo ser el origen de los numerosos incendios que asolaron las ciudades romanas: "Nuestro solícito patrón casi se abrasa mientras asaba en el fuego unos magros tordos, pues, habíendose dispersado Vulcano, las llamas incontroladas amagaron con  lamer el techo. ¡ Podías ver entonces a unos hambrientos comensales y a unos temerosos esclavos poniendo a salvo la cena e intentando extinguir el fuego! (Horacio, sat. 1, 5)

Este peligro ya lo preveía Columela en el libro I de su obra "De Agricultura":
 "Y en la parte rústica, o servil, se pondrá una cocina grande y alta, para que la madera del techo esté libre del peligro de incendiarse y para que los esclavos de la casa puedan acomodarse en ella sin problemas en cualquier época del año.


Parrilla, Museo Segovia
Un pequeño fregadero de obra o un barreño de barro se empleaban para lavar los cacharros.
En la cocina romana los recipientes y utensilios usados eran semejantes a los actuales. En las cocinas de las clases altas se utilizaban frecuentemente las vasijas de bronce, pero las de cerámica, más baratas y variadas, fueron más populares. 



Cocina romana, Exposición DOMUS, 2013

Grandes ollas, cazos, sartenes, morteros, moldes, cuchillos, cucharas, etc, se han encontrado en los restos de las villas y ciudades; además de poyetes, baldas y argollas para colocarlos o colgarlos en la pared.
En algún rincón de la cocina o en un lugar próximo a ella solía disponerse la despensa, en la que se conservaban los alimentos en recipientes de vidrio o barro. Había conservas de frutas, cecinas y ánforas de vino y aceite.


Cocina, villa de Oplontis

 En ocasiones, junto a la cocina, se situaba una letrina con lo que se aprovechaba la distribución del agua y se facilitaba la eliminación de residuos.
Los habitantes de casas sin fogón o, incluso, hornillo recurrían a las thermopolia, tabernas donde podían comer un plato caliente o comprar la comida para llevarla a casa.
"En aquellos días no había cocineros entre los esclavos, pero solían contratarlos para la ocasión en el mercado." (Plinio, 18, 28) 

Hasta que la captura de prisioneros en las guerras proporcionó un mayor número de esclavos, entre ellos, cocineros, éstos debían contratarse en los mercados para cuando había celebraciones con invitados y se traían sus propios enseres para cocinar.

Congrión: Yo quiero saber si nos dejas o no nos dejas que preparemos aquí la cena.
 Euclión: Y yo quiero saber, si van a quedar o no van a quedar a salvo mis cosas en mi casa.
 Congrión: ¡Ojalá me pueda llevar a salvo las cosas mías que traje! A mí no me falta de nada, no creas que voy a querer nada tuyo. (Plauto, Aulularia)

La culina romana además de ser el lugar en que se centra la distribución de los alimentos tuvo un carácter religioso, ya que allí se conservaba el fuego del hogar: y solía haber un altarcillo en el que adoraba a Vesta y los Penates.
A Vesta la diosa del hogar se le rendía culto que consistía en mantener el fuego encendido en su honor y procurar que no se apagase. Se la representaba como una llama o como una matrona sosteniendo una antorcha, una pátera, una victoria o también un venablo y un cuerno de la abundancia.
Los Penates son los espíritus tutelares de la despensa. Durante los ritos se hacían ofrendas y libaciones en el penus (despensa) y en el fuego del hogar para implorar prosperidad y conservación de los bienes. Al inicio de las comidas, el pater familias lanzaba una porción de los alimentos al fuego al tiempo que pedía a los dioses que fuesen propicios. Los Penates, a diferencia de los Lares, no eran concebidos como dioses masculinos, aunque, a menudo, se les representaba en forma de dos jóvenes sentados que sostienen una lanza.

"Que mis penates se impregnen alegres de su grasa y vapor y que mi cocina arda festiva con un montón de leña del monte." (Marcial, VII, 27)

viernes, 10 de junio de 2011

Lucerna, alumbrarse en la antigua Roma

Los métodos más antiguos de iluminación que utilizaban los romanos, antorchas de pino y teas presentaban grandes incomodidades como el humo, el mal olor y el riesgo de incendios. Las velas de cera eran frecuentes entre los etruscos que eran productores de cera. Se han encontrado candelabros etruscos de bronce, fechados entre los siglos VI y IV a. C., con forma de trípode y con cuatro o cinco púas en las cuales se clavaban las velas. Las fuentes clásicas explican que la cera debía estar reservada a las clases más acomodadas y los más humildes deberían conformarse con velas de sebo.


Lucernas, Museo Tarragona
 La escasez de madera por el aumento de la deforestación de los bosques a causa de las guerras y el inicio del cultivo del olivo y producción de aceite puede ser la causa de que en la segunda mitad del s. III a. C. aparezcan y se difundan rápidamente los primeros tipos de lucernas de cerámica para aceite que se pueden definir como etruscas y romanas.
 Los candelabros etruscos se sustituyen por portalucernas de bronce con un platillo en la parte alta.


Museo Arqueológico Nápoles
La lucerna consiste en un depósito de aceite de forma circular o elíptica, la boca, por la que se empujaba la mecha, y el asa. Para su fabricación se utilizaba terracota de colores amarillos, rojo o parduzco, frecuentemente se sacaba brillo con silicato. Podían tener una o varias aberturas para la mecha: "Aunque doy luz a convites enteros con mis llamas y teniendo tantas mechas, me llaman una sola lámpara" 
(Marcial, XIV, 41). 
Las clases pudientes utilizaban lucernas de bronce.
 Para apagar la mecha y sacarla se utilizaban unas pinzas o agujas.
"(Símilo) la cabeza agacha, coge la lámpara, saca con una aguja la mecha reseca y con mil soplidos aviva la ténue llama." ( Virgilio, App. Vir. Moretum)

Algunas lámparas muestran inscripciones sobre sus bases, grabadas  en relieve, indicando el nombre del alfarero, el propietario o el reinado del emperador. A veces se pueden hallar también marcas comerciales.
 Para la iluminación de habitaciones más grande o se colocaban estas lucernas sobre plataformas o se suspendían de portalámparas o del techo por medio de cadenas. Estos candelabra se hacían de madera o de metal corriente entre las clases más pobres: "Estás viendo que soy leña; como no tengas cuidado con mis lumbres, se te convertirá, de candelabro, en una gran lámpara" (Marcial, XIV, 44)

Para adornar el tronco se esculpían con frecuencia figuras de animales.


Lampadarium, Efebo, Museo Tarragona
En un "lampadarium" el tronco se parece a una columna o pilar y a menudo se desarrolla arquitectónicamente; desde la parte superior salen varios brazos de las cuales se suspenden las lámparas por medio de cadenas. En ocasiones se representa en el soporte de bronce una estatua de efebo.


Lampadario, Museo de Cambrils, Tarragona

A partir de los tiempos de Domiciano la producción de lucernas se traslada de los pequeños talleres familiares a establecimientos donde se elaboran en serie, lo que conlleva menos decoración. Desde el siglo II d. C. se expande la importación de lucernas africanas.

 Las linternas (laternas) consisten en fundas cilíndricas protegidas con una tapa y atadas con una cadena. En vez de cristal se utilizaban materiales transparentes como cuerno, lonas impregnadas en aceite o saco: "Linterna soy, guía del camino, brillo como el oro con la llama que resguardo, y segura está la lámpara en mi regazo." (Marcial, XIV, 61)

miércoles, 9 de febrero de 2011

Atrio, centro activo del hogar romano


Esta foto tomada en el verano de 2008 corresponde al atrio de la todavía poco conocida Villa San Marco en Castellammare di Stabia, cerca de Pompeya. Es una espléndida villa romana que permite conocer cómo eran realmente las casas en las que los nobles romanos pasaban sus horas de ocio cuando no residían en Roma. A pesar de no estar totalmente excavada, se puede visitar varias habitaciones, la cocina, las termas, los jardines con piscina y ninfeo, además del atrio con el lararium.


Atrio Casa del poeta trágico, Pompeya
La domus romana tiene su origen en la casa itálica. Este tipo de residencia giraba en torno al atrio (atrium), lugar central de la casa donde la familia realizaba sus actividades domésticas. El atrio consistía en un espacio cuadrado cubierto con un tejado con una abertura en el centro (compluvium) que dejaba pasar la luz y al mismo tiempo permitía la entrada de la lluvia que caía en un depósito (impluvium) que servía para abastecimiento de agua para el hogar.


Impluvium en Paestum
Originalmente el fuego del hogar y la cocina se encontraban allí, por lo que el humo salía por el compluvium, de ahí que se considere que el nombre de atrium pueda derivar de ater (negro en latín), por el hollín y el humo que ennegrecía las paredes. El agua de lluvia se depositaba en una cisterna bajo el pavimento de la estancia y se sacaba por medio de un brocal de pozo, puteal. Cuando los acueductos hicieron posible la llegada de agua  a las casas y a las fuentes públicas, el impluvium pasó a ser meramente decorativo y  empezó a adornarse con fuentes y estatuas.

Junto al puteal y al borde del impluvium se hallaba el cartibulum, una mesa de mármol, donde según Varrón se solía exponer la vajilla para recordar los tiempos en que los romanos solían cocinar y comer en el atrium:

"Una segunda mesa para cacharros era de piedra, un rectángulo oblongo con un pedestal; se llamaba cartibulum. Cuando yo era niño solía situarse en las casas cerca del compluvium en el atrio, y se ponían las vajillas de bronce encima." (De lingua latina, 5, 125)


Arca,  Museo Zaragoza
En el atrio podía encontrarse el lararium, santuario doméstico de los dioses lares; el arca, caja donde se guardaban los objetos valiosos de la familia; las imágenes de los antepasados (imago maiori) en armarios.
El atrio tenía, además de la función de distribuir las estancias de las casa, la de servir de lugar de espera para los clientes que venían a cumplir con la obligación de la salutatio con el señor.
La decoración del atrio, pinturas murales y elegantes columnas permitían al propietario mostrar su riqueza y gusto artístico: 

"Se accedía a un magnífico atrio en cuyos ángulos se alzaban columnas que sustentaban estatuas representando a la Victoria....en el centro una estatua de Diana en mármol de Paros....Por detrás de la diosa se representaba una roca en forma de gruta... Por los bordes de las rocas pendían frutos y racimos finamente esculpidos... En medio del follaje se veía un encorvado Acteón acechando a la diosa" (Apuleyo, Metamorfosis, l, 2)


Atrio corintio, Herculano
 Para regular la luminosidad, la temperatura y la ventilación se utilizaba un toldo, velum, que protegía del calor y del frío, sin impedir la entrada de luz y aire. Podían ser toscos de pelo de cabra, aislante de corrientes e impermeable, o más elegante, confeccionado con telas más exquisitas, como el descrito por Ovidio en el libro X de las Metamorfosis: 

"... como cuando un toldo púrpura tiñe de sombras simuladas los albos atrios."

En el centro del antiguo atrio romano, el atrio toscano, no había columnas. Su aparición fue posterior debido a la  influencia helenística, y supuso, además de una evolución estética una mejora estructural. La introducción de las columnas pudo proporcionar una menor presión en los muros y la reducción del espacio abierto del compluvio. El aumento de la amplitud de los pórticos y la paulatina supresión del funcional impluvium dio como resultado la desaparición del atrio tradicional y la incorporación del peristilo como nuevo núcleo de la casa en la época imperial.