Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

martes, 13 de septiembre de 2022

Cubiculum, dormitorio en la antigua Roma

Agripina con las cenizas de Germánico, pintura de Alma-Tadema

Cubiculum es la palabra más frecuentemente utilizada para denominar la habitación de una domus romana en la que sus moradores dormían. En un principio, por las características de su uso privado, no se consideraba una estancia importante de la casa, por lo que se ubicaba en un lugar apartado, sin apenas espacio, sin decoración, ni iluminación natural. Cuando las casas incorporaron el peristilo central, el cubiculum nocturno pasó a tener mayor importancia en la distribución espacial de la domus.

"Nació el tercer día antes de las calendas de enero del año que se hizo famoso por el asesinato de Gayo (Calígula), en una humilde morada cerca del Septizonio, en una habitación sumamente pequeña y oscura, pues todavía se conserva y se muestra al público." (Suetonio, Tito, 1)

Lecho del lupanar de Pompeya

Según la división que hace Vitruvio de las estancias de una casa, estas pertenecían a las zonas públicas, donde no se necesitaba permiso para entrar, como el vestibulum, el atrium y el peristylum, o a las privadas, donde no se permitía el acceso libre a cualquiera, como el balneum, el triclinium o el dicho cubiculum.

Las estancias para los esclavos, más humildes, parecen haberse denominado cellae.

"Rodeando los pórticos encontramos unos triclinios más corrientes, los dormitorios (cubicula) y las habitaciones de los esclavos (cellae familiaricae)." (Vitruvio, De Arquitectura, VI,7, 2)

Recreación de cubiculum, Expo 30 años de la villa de Carranque, Foto Samuel López

Para un término más amplio que cubiculum, se utilizaba la palabra conclave, como aposento en el que descansar tras un viaje, reposar de una enfermedad, o sala para alumbramientos.

"Pues ¿para qué voy yo a recordar al rey Deyótaro, nuestro huésped, un hombre sumamente ilustre y excelente, que nunca emprende cosa alguna sin contar con los auspicios? Una vez, advertido éste por el vuelo de un águila, suspendió un viaje que ya estaba previsto y dispuesto, y la habitación en la que precisamente se habría alojado, caso de proseguir su marcha, se derrumbó durante la noche siguiente." (Cicerón, De Adivinación, I, 15, 26)

Cubiculum, Arbeia Fort, South Shields, Inglaterra. Foto Paul Docherty

En ocasiones el ocupante del dormitorio recibía a personas ajenas a su casa en él, en vez de en el atrio u otra zona pública de la vivienda con el fin de tratar sobre algún negocio. No se veía bien si los negocios tenían carácter público, pero sí era bien visto si se trataba de asuntos privados.

"Su crueldad era no solo grande, sino también sutil e imprevista. La víspera del día en que crucificó a su tesorero, le hizo venir a su habitación, le obligó a sentarse en el lecho a su lado, y le despidió sin que el susodicho sintiera el menor recelo ni inquietud; incluso se dignó enviarle una parte de su cena." (Suetonio, Calígula, 11, 1)

Pintura de Alma-Tadema

El dormitorio romano estaba diseñado de forma que se pudiera disfrutar de tranquilidad y privacidad. El cubiculum en ocasiones se veía como un lugar en el que mantener el secretismo de una acción, para lo que se hacía imprescindible cerrar la puerta con llave.

"Ella recobró así su buen humor y dijo: «Por favor, ante todo, déjame cerrar bien la puerta de la habitación: si alguna de mis palabras filtrara al exterior, me sentiría culpable de una profanación y un gran escándalo». Al mismo tiempo echó el pestillo, enganchó sólidamente la barra y volvió a mi lado." (Apuleyo, Las Metamorfosis, III, 15, 1)

Pareja besándose, cubiculum, Palazzo Massimo, Roma

Las grandes villas donde la gran cantidad de esclavos hace suponer que habría gran alboroto a ciertas horas del día tendrían cubicula en áreas de las casas lo suficientemente apartadas para que las horas de descanso o trabajo de los dueños no se vieran perturbadas.

"Unido a este gabinete hay un dormitorio para el descanso nocturno, que ni las voces de mis esclavos, ni el murmullo del mar, ni el estruendo de las tormentas ni el fulgor de los relámpagos, ni siquiera la luz del día, pueden penetrar, a no ser que las ventanas estén abiertas. La razón de este profundo y tranquilo retiro se debe a la existencia de un corredor que, situado entre la pared del gabinete y el muro del jardín, hace que todos los ruidos se pierdan en el espacio vacío." (Plinio, Epístolas, II, 17, 22)

Los cubicula serían habitaciones, que, en caso de las casas grandes, se ubicarían en lugares retirados de los espacios donde podía haber más ruido. Las actividades diarias podrían continuar sin temor a despertar a los que aún dormían.

"Cuando te arreglas tú también, pensemos los demás que estás durmiendo: más hermosa te veremos después del último retoque. ¿Por qué tengo yo que saber la causa de la blancura de tu cara? Cierra la puerta de la alcoba: ¿por qué exhibes una obra sin acabar? Bueno es que los hombres ignoren todo esto, pues una gran parte de ello desagradaría, si no se ocultara convenientemente." (Ovidio, Arte de Amar, III, 223)

Pintura de Alfonso Salvini

El cubiculum sería también el lugar donde vestirse y quitarse la ropa a la hora de dormir.

"No dejó nunca de tener preparados dentro de su habitación un traje de calle y unos zapatos para los casos imprevistos." (Suetonio, Augusto, 73)

En la privacidad del cubiculum, sería costumbre comportarse de manera relajada y alejada de los convencionalismos sociales, por lo que los ciudadanos que podían permitirse ocupar su propio cubículo en la casa vestirían ahí de manera informal.

"Por este motivo, apenas p a s a do un mes sin tener en cuenta el día ni la hora y ya al atardecer, los soldados le sacaron de improviso de su habitación tal como estaba, en ropa de andar por casa, le saludaron como emperador y lo pasearon por las calles más concurridas." (Suetonio, Vitelio, 8, 2)

El cubiculum aparece ligado al triclinium cuando alguien se quedaba dormido en el lecho triclinar por haber bebido en exceso habitualmente y debía ser llevado a su dormitorio.

"Ofrecía además con mucha frecuencia luchas de gladiadores durante los banquetes, prolongando las comidas hasta el anochecer y quedándose dormido en el diván donde había comido, hasta que se lo llevaban envuelto en los cobertores a su dormitorio." (Historia Augusta, Lucio Vero, 4, 8)

Escena pompeyana, pintura de Alma-Tadema

Sin embargo, esta no es la única actividad que se desarrollaba en tal habitáculo, porque allí tendrían lugar también las relaciones sexuales entre esposo y esposa o las relaciones sexuales extramatrimoniales. En la literatura se evidencia que la consumación del matrimonio no se completaba hasta que la esposa entraba en el dormitorio del esposo.


“Luego que, bajo los techos del tálamo, hechos de piedra pómez, entran,
disfrutan por fin de lícita plática. Juntos unen sus diestras y se ponen en la cama.
Mas Citerea a nuevas acciones y Juno, que preside los himeneos,
incitan y aconsejan emprender desconocidos combates.
Él, entonces, con abrazo tierno la acaricia,
y de pronto recibe la llama natural y el lecho conyugal:
«Oh doncella, rostro nuevo para mí, gratísima esposa,
por fin llegaste, mi único y ya retardado placer.”
(Ausonio, Centón nupcial, 7)

Escena del cubiculum, Villa Farnesina, Museo Arqueológico Nacional, Roma

Los esposos que compartían un vínculo emocional compartirían el dormitorio, aunque entre las élites que disponían de grandes viviendas con muchas habitaciones se podía dar el caso de que cada uno de los esposos dispusiese de su propia estancia para descansar y dormir, a pesar de existir entre ellos un amor sincero.

"No podrías creer cuanto te echo de menos. El motivo es en primer lugar el amor que te tengo, y en segundo, que no tenemos costumbre de estar separados. Esta es la razón por la que paso en vela la mayor parte de las noches con tu imagen en mi mente; y por la que, en pleno día, en las horas que solía pasar a tu lado, mis pies me llevan ellos solitos (como se dice con gran verdad) a tus aposentos; y por la que, finalmente, me alejo triste y afligido, como el amante al que le han dado con la puerta en las narices." (Plinio, Epístolas, VII, 5, 1)

El pudor sexual en la alcoba matrimonial recaía siempre en la mujer a la que se le impedía tener la iniciativa en el acercamiento sexual, algo que se consideraba socialmente inadmisible y que es ampliamente criticado.

"Sin guardar, Lesbia, y abiertas siempre tus puertas, pecas y no ocultas tus devaneos y te causa más placer un mirón que un adúltero y no te son gratos los goces, si se quedan ocultos algunos". (Marcial, Epigramas, I, 34)

Escena del cubiculum, Villa Farnesina, Museo Arqueológico Nacional, Roma

Los poetas a veces usaban la palabra griega thalamus para designar la alcoba matrimonial.

"A nuestras uniones les convienen las alcobas y una puerta, y nuestras partes vergonzosas se ocultan debajo del vestido que las cubre." (Ovidio, Arte de Amar, II, 617)

Los enfermos y personas convalecientes descansaban en los lechos de sus aposentos y era costumbre recibir a familiares, amigos, allegados que se acercaban a interesarse por su salud.

"Recuerdo que en cierta ocasión Celsino Julio el númida y yo fuimos a visitar a Cornelio Frontón, que padecía un doloroso ataque de gota. Y, nada más ser introducidos, lo encontramos recostado en una tumbona griega y a su alrededor, sentados, muchos hombres célebres por su sabiduría, por su linaje o por su fortuna." (Aulo Gelio, Noches Áticas, XIX, 10)

Severo y Caracalla,  pintura de Jean Baptiste Greuze

El cubiculum se convierte también en cámara fúnebre ya que el difunto moriría en su propio lecho o sería dispuesto en él tras su fallecimiento en otro lugar. Allí sería lavado y preparado el cuerpo para su entierro antes de ser posiblemente trasladado a otra estancia para ser velado por familiares y amigos.

Muerte de Lucano,  pintura de José Garnelo, Museo del Prado

Quintiliano recomienda el cubiculum como lugar en el que escribir durante la noche a la luz de una lámpara con vistas a lograr una mayor concentración en el trabajo. Dicha actividad, propia de individuos pertenecientes se denominaba lucubratio.

"Y por lo tanto los que trabajan por la noche han de estar como encubiertos con el silencio de ella, encerrados en una habitación y con una sola luz." (Quintiliano, Instituciones Oratorias, X, 3, 5)

La luz artificial de antorchas, velas y lámparas de aceite permitían prolongar actividades cotidianas hasta bien entrada la noche, por lo que se aprovechaba para leer y escribir.

"No en vano, si hubieran podido hablar las lámparas que permanecían encendidas durante la noche mientras trabajaba, hubieran demostrado que había una gran diferencia entre este príncipe y los demás, pues ellas sabían que Juliano no cedía ni siquiera ante las exigencias de las necesidades corporales." (Amiano Marcelino, Historia, 25.4.6)


El dormitorio era también el lugar donde se producirían los partos ya que era donde yacía la madre en su lecho esperando el momento.

"El día en que nació, su padre, que era entonces procurador del gran tesoro, inspeccionó unas ropas de púrpura y ordenó que llevaran las que consideró más brillantes a la habitación donde nació Diadumeno dos horas después." (Historia Augusta, Diadumeno)

La calidad del sueño podía verse afectada por el entorno el que se ubicaba el dormitorio, el clima, la luz y los ruidos. Como en las ciudades el ruido nocturno dificultaba el sueño, los ricos propietarios salían de la ciudad siempre que podían, mientras que los más humildes que habitaban pequeños apartamentos en edificios de varios pisos (insula) debían soportar los ruidos provenientes de sus vecinos o del bullicio callejero.

"En Roma mueren muchos, enfermos de pasar las noches en vela (aunque la indisposición misma la ha generado el alimento sin digerir, que se asienta en el estómago y da ardores). Pues, ¿qué apartamento alquilado permite el sueño? En la ciudad se duerme a costa de mucho dinero.
De ahí el origen del mal. El tráfico de carros por el trazado angosto de las calles y las maldiciones a la recua atascada quitarían el sueño a Claudio y a los novillos marinos."
(Juvenal, Sátiras, III, 232)



Aunque los dormitorios en la domus romana tendían a ser oscuros se orientaban de tal manera que se pudiera aprovechar la luz diurna, aunque muchos no tenían ni siquiera ventanas.

"Te obedezco, mi querido colega, y me ocupo de la debilidad de mis ojos, como me ordenas… He dejado en penumbra los aposentos, colocando cortinas en las ventanas, pero no a oscuras." (Plinio, Epístolas, VII, 21)

Cubiculum, Arbeia Fort, South Shields, Inglaterra. Foto de Paul Docherty

Los cambios de estación se tenían en cuenta a la hora del diseño de las villas por lo que sus residentes podían disponer de habitaciones para invierno, incluidos sistemas de calefacción, o de verano, donde la orientación permitiría que el dormitorio no recibiese tanto calor, aunque siempre quedaba el recurso de mantener abiertas las ventanas, dormir en otro lugar y ser abanicado por los esclavos.

“En verano dormía con las puertas de la alcoba abiertas y a menudo en el peristilo junto a un surtidor, e incluso haciéndose abanicar por alguien.” (Suetonio, Augusto, 82)

Catulo leyendo sus poemas, pintura de Alma-Tadema

El frío podía ser un elemento no deseado que evitaba la comodidad a la hora del descanso nocturno.

"¿Duermes, me preguntas, durante toda la noche, con lo larga que es? Realmente puedo hacerlo, porque soy de mucho dormir. Pero hace tanto frío en mi habitación que apenas puedo sacar la mano fuera." (Frontón, Epístolas, 14)

También podía darse el caso de que el ocupante del cubiculum para dormir estuviese tan acostumbrado que no se trasladase a otro con mejores condiciones al cambiar la estación, algo que no todos podían hacer, ya que los más humildes habitaban en viviendas con una sola estancia.

"Durante más de cuarenta años ocupó el mismo dormitorio tanto en invierno como en verano, aunque sabía por experiencia que Roma en invierno era poco recomendable para su salud y a pesar de que siempre pasaba en ella esta estación." (Suetonio, Augusto)

Cubiculum, Arbeia Fort, South Shields, Inglaterra, Foto Paul Docherty

En las casas donde había un gran número de esclavos el señor podía permitirse el lujo de tener a su servicio un cubicularius, siervo de confianza, al que se le permitía el acceso a la alcoba para realizar sus labores y que se convertía en depositario de todas las intimidades de su dueño. Entre sus tareas destaca ayudar a vestir y desvestir a su señor, preparar su lecho, disponer sus elementos de aseo, despertarle a la hora requerida y velar su sueño sin hacer ruido.

-"Chico, ven recoge todas estas cosas y ponlas en su sitio.
-Haz la cama con cuidado.
-Ya la hemos hecho.
-Y, ¿por eso está tan dura?
-La sacudimos bien y arreglamos la almohada.
-Pero, dado que lo hicisteis de forma indolente, que nadie pase la noche fuera o haga el tonto. Si oigo la voz de alguien no le perdonaré. Id a acostaros, dormid, y despertadme con el canto del gallo para que pueda salir corriendo." (Colloquia Monacenisa-Einsidlensia, 12)


Ilustración de cubiculum

Lo más probable es que tal esclavo durmiese junto a la puerta de acceso al dormitorio del amo, y, quizás en algún caso, dentro del propio cubiculum.

"Hay alguna evidencia de que el cubicularius dormía en el mismo cubiculum que el señor, por lo que era responsable de lo que ocurriera a su amo durante la noche. El oficial, Trebius Germanus, ordenó que se infligiera un castigo a un esclavo que no había llegado a la pubertad, porque el chico casi había alcanzado tal edad; y no le faltaba razón, porque además estaba durmiendo a los pies de su dueño cuando mataron a este, y no dijo que había sido asesinado después." (Digesto, XXIX, 5, 6, 14)

La posibilidad de los esclavos a la hora de tener un lugar propio para dormir en la casa se veía condicionada por el número de ellos o por la afabilidad del dueño hacia la servidumbre. Algunos debían buscar un sitio sobre el suelo en la cocina o compartir un dormitorio, o incluso cama, con otros.

“Tengo un liberto que es hombre de cierta cultura. Cuando reposaba con su hermano menor en el mismo lecho, le pareció ver a alguien sentado en su lecho y que acercaba unas tijeras a su cabeza, y que incluso le cortaba algunos cabellos de la parte alta del cráneo. Cuando llegó el día, se encontró con la coronilla rapada y sus cabellos esparcidos por el suelo. Poco tiempo después otro hecho semejante confirmo el primero. Un joven esclavo estaba durmiendo junto con otros en el dormitorio a ellos reservado. Entraron por la ventana (así lo cuenta) vestidos con unas túnicas blancas dos hombres y cortaron los cabellos al muchacho mientras dormía, y se marcharon por donde habían venido.” (Plinio, Epístolas, VII, 27, 13)

Cubiculum, Arbeia Fort, South Shields, Inglaterra. Foto de Paul Docherty

Los niños, mientras eran pequeños, dormirían en cunas junto a sus padres o nodrizas, en casos de familias ricas o acomodadas, pero, es posible que solo los niños más crecidos o los jóvenes pertenecientes a las élites disfrutasen de un dormitorio propio.

"Había encargado después que se hicieran dos estatuas de la Fortuna real que suele acompañar a los emperadores y que suele colocarse en las estancias de éstos, con el fin de dejar a cada uno de sus hijos la imagen de una divinidad tan venerable; pero, viendo que le apremiaba la hora de la muerte, ordenó, según dicen, que colocaran dicha Fortuna en la habitación de los dos emperadores en días alternos." (Historia Augusta, Severo, 23, 5)

Pintura de Guglielmo Zocchi

En las casas grandes se podían alojar a invitados que tenían un espacio reservado (hospitium). Familiares y amigos disponían de sus propios dormitorios cuando llegaban a la domus buscando protección o cuando se trasladaban en viajes.

"Por la protección de Mercurio, he hecho edificar este palacio. Antes, como sabéis, no era más que una choza y ahora es un templo: tiene cuatro comedores, veinte dormitorios, dos pórticos de mármol; y en el piso superior otro departamento, la cámara en que yo duermo, la de esta serpiente, y además una bonita habitación para el conserje y cien dormitorios para los amigos." (Petronio, Satiricón, LXXVII)

Por el carácter supersticioso del pueblo romano el momento del sueño nocturno provocaba temor lo que llevaba a recurrir a la protección de dioses guardianes (lares cubiculares) que eran venerados en los lararios particulares, algunos ubicados en el dormitorio mismo.

"El niño que se hallaba, como de costumbre, al cuidado de los Lares de su habitación fue testigo del asesinato; y contaba que Domiciano, nada más recibir la primera herida, le ordenó alcanzarle el puñal que tenía escondido bajo la almohada y llamar a sus sirvientes." (Suetonio, Domiciano, 17, 2)



Al igual que en el resto de la casa el mobiliario de un cubiculum nocturno era escaso, un lecho, un arcón para la ropa, una mesita, una lámpara, un brasero, una silla y posiblemente un orinal.

"De tu gozoso lecho lámpara confidente, aunque hagas todo lo que te apetezca, callaré." (Marcial, Epigramas, XIV, 39)

Los adornos y las obras de arte no solían decorar los dormitorios y cuando lo hacían parece ser que era una costumbre criticada y poco apreciada.

"Colocó las coronas sagradas en sus habitaciones, en torno a los lechos, al igual que unas estatuas que lo representaban vestido de citaredo, e hizo incluso batir una moneda con este cuño." (Suetonio, Nerón, 25)

Con el tiempo el lujo se extendió y las estancias tanto públicas como privadas se fueron llenando con pinturas con diversas escenas en las paredes y con mosaicos en blanco y negro o de colores como pavimento. 

Imagen computerizada del cubiculum, Villa de Publius Fannius Synistor,
Museo Metropolitan de Nueva York

Entre las élites y los nuevos ricos se fue imponiendo la moda de decorar los dormitorios con frescos y mosaicos con temas relativos a la mitología y a veces con iconografía abiertamente erótica.

"Por este motivo, cuando le legaron un cuadro de Parrasio en el que se veía a Atalanta complaciendo con la boca a Meleagro, dándole opción a recibir en su lugar un millón de sestercios si el tema le disgustaba, no solo prefirió el cuadro, sino que lo hizo incluso colgar en su alcoba." (Suetonio, Tiberio, 44, 2)

Mosaico de las Metamorfosis del cubiculum de la villa de Materno, Carranque, Toledo

Sin embargo, es posible que en la decoración se incluyese retratos de seres queridos o vinculados al ocupante del cubiculum nocturno.

“Germánico tuvo por esposa a Agripina, hija de Marco Agripa y de Julia, que le dio nueve hijos; dos de ellos murieron en su más tierna infancia, y un tercero cuando se estaba ya convirtiendo en un niño de notable encanto. Livia consagró una imagen suya, en la que aparecía caracterizado de Cupido, en el templo de Venus Capitolina, y Augusto colocó otra en su dormitorio, que besaba cada vez que entraba en él”. (Suetonio, Calígula, 7)



A pesar de que los ciudadanos romanos procuraban mantener la seguridad de sus viviendas y en particular la de sus habitaciones privadas, las intrusiones e, incluso, los asesinatos tenían lugar en las estancias particulares bien durante la noche o a plena luz del día. También los suicidios tenían lugar en la privacidad de los aposentos privados.

“Dejando la puerta de su habitación abierta hasta una hora avanzada, permitió que pasaran a verle todos aquellos que quisieran. Luego, tras haber calmado su sed con unos tragos de agua helada, cogió dos puñales y, después de haber comprobado su punta, escondió uno de ellos bajo su almohada, cerró las puertas y durmió con un sueño muy profundo. Cuando al fin se despertó hacia el amanecer, se atravesó el pecho de una sola puñalada por debajo de la tetilla izquierda, y, ora ocultando, ora descubriendo su herida a las personas que irrumpieron en el dormitorio a su primer gemido, expiró a los treinta y ocho años de edad y en el nonagésimo quinto día de su imperio, siendo enterrado rápidamente, pues así lo había dispuesto.” (Suetonio, Otón, 11, 2)

Ilustración Livia y Augusto

En los dormitorios más comunes se han encontrado lechos empotrados en hornacinas de las paredes, que podían cerrarse con cortinas o tabiques plegables. El aislamiento de la habitación se conseguía con cortinas o puertas de madera.

Cubiculum, ilustración Peter Conelly



Bibliografía

A Bedroom of One’s Own; Laura Nissinen
Cubicula diurna, nocturna – revisiting Roman cubicula and sleeping arrangements; Laura Nissinen
Nocturnal Writers in Imperial Rome: The Culture of Lucubratio, James Ker
“Public” and “private” in Roman culture: the case of the cubiculum, Andrew M. Riggsby
Sleeping Culture in Roman Literary Sources, Laura Nissin
Roman Sleep: Sleeping areas and sleeping arrangements in the Roman house, Laura Nissin
La casa romana, Pedro Ángel Fernández Vega






martes, 2 de agosto de 2022

Nymphaeum, fuentes y ninfeos públicos en la antigua Roma


Ninfeo Antonino, Sagalassos, Turquía

Desde el principio de la historia el hombre ha conseguido transformar el paisaje para su propio beneficio, incluyendo los cursos de agua, líquido al que consideraban símbolo de fuerza y vida.

“Todo lo que pueda ofrecer la tierra lo dominamos: nos aprovechamos de los campos, de los montes. Nuestros son los arroyos, los lagos. Nosotros plantamos cereales, árboles; hacemos las tierras fecundas gracias a la conducción de las aguas. Nosotros contenemos, dirigimos, desviamos el curso de los ríos. En una palabra, con nuestras propias manos nos atrevemos a construir en la naturaleza una especie de segunda naturaleza”. (Cicerón, De la naturaleza de los dioses, II, 152)


En las ciudades de la antigüedad aquellos menos pudientes que no podían permitirse la construcción de una cisterna para almacenar el agua o aquellos que, aun teniéndola, no les era suficiente para sus necesidades diarias, se veían obligados a recurrir a las fuentes públicas dispuestas por los distintos rincones y barrios de las ciudades. Es de suponer que sería tareas de esclavos y de mujeres ir a la fuente a por agua para el consumo diario, la cual se convertiría en un punto de encuentro social.

“Este, con tal de ganarse las risas, no tendrá compasión de ningún amigo; y no parará hasta que todas esas cosas con las que embadurna sus folios las sepan cuantos vuelven del horno o la fuente, incluyendo niños y viejas”. (Horacio, Sátiras, I, 4, 36)

Pintura de Ettore Forti

En la antigua Grecia las fuentes de distribución urbana de agua, las krenai, eran esencialmente construcciones de carácter práctico, aunque mostraban algunos elementos decorativos como columnas que soportaban un pórtico o surtidores con formas de cabezas de animales.

“Tras la batalla de Isos y la huida de Darío, Alejandro, que ya dominaba parte de Asia y el resto lo ambicionaba, como le parecía poco lo obtenido y tenía las miras puestas en los confines de la tierra, llegó a esta zona y, tras establecer su tienda cerca del venero que ahora, por obra suya, se encuentra adornado en forma de templete—por aquel entonces su encanto radicaba sólo en su agua—, y después que hubo solazado allí su cuerpo vencido por la fatiga, bebió de la fuente un agua fresca, cristalina y dulcísima. El placer de su bebida evocó a Alejandro el recuerdo del seno materno y reveló a sus compañeros que en el agua se encontraban cuantas cualidades había en la leche de su madre, por lo que le dio a la fuente el nombre de ella.” (Libanio, Discurso de Antioquía, 72-74)



Cuando una población era conquistada o creada se procedía a su urbanización como parte del proceso de romanización, lo que incluía el suministro de agua para consumo de la población y para apagar los incendios. La provisión de agua se hacía principalmente mediante la captación y
acondicionamiento in situ de brotes naturales, siempre que fuera posible.


“Ortigia, situada frente al continente, está unida por un puente y en ella se encuentra la fuente Aretusa, que vierte sus aguas en un río que llega enseguida al mar. Cuenta la leyenda que éste era el río Alfeo que, aunque nacía en el Peloponeso, llevaba su caudal bajo tierra, a través del mar, hasta la fuente Aretusa; luego, brotando allí de nuevo, desembocaba en el mar.” (Estrabón, Geografía, VI, 2, 3)

Fuente de Aretusa, Ortigia, Sicilia

En la ciudad de Roma se aprovecharon los manantiales para abastecer de agua a la población y, si la tradición aseguraba su carácter curativo, se consideraban sagrados por lo que eran destinados a la purificación en los sacrificios y eran objeto de peregrinación. Dentro del foro se dedicó una fuente a la ninfa Yuturna, diosa menor de los pozos, manantiales y fuentes, cuyo manantial original nacía en los Montes Albanos, pero fue dirigido hasta la ciudad por sus propiedades salutíferas y sus aguas empleadas en los ritos religiosos.

“Desde la Fundación de la ciudad durante 441 años los romanos se contentaron con el uso de aguas que sacaban, o del Tíber, o de pozos, o de manantiales. Los manantiales han tenido, hasta ahora, el nombre de objetos sagrados, y son venerados, manteniendo la reputación de sanar a los enfermos; como, por ejemplo, los manantiales de las ninfas proféticas (Camenas), de Apolo, y de Yuturna.” (Frontino, De los acueductos de Roma, I, 4)

Fuente de Yuturna, Roma

Las primeras fuentes romanas eran sencillas obras hidráulicas, sobrias y austeras, que recogían el agua procedente de los manantiales de montaña. Los ingenieros romanos preferían, si era posible, el suministro de agua de manantiales en vez del de ríos o embalses, no sólo porque en general ofrecen un mayor caudal durante las épocas de escasez de agua por la época del año o por la sequía, sino también por la calidad del agua, ya que el agua de manantial era menos turbia y variaba menos de temperatura. Estas construcciones menores eran en general menos costosas que las largas conducciones con acueductos y sifones, pero no eran por ello menos útiles.

“Justo debajo de la elevación (del Acrocorinto) está la fuente de Peirene que, aunque no tiene salida de agua, está siempre llena de agua transparente y potable. Dicen que por la presión desde aquí y otras conducciones subterráneas se alimenta la fuente de la base de la montaña que mana en la ciudad y la provee adecuadamente de agua” (Estrabón, Geografía, VIII, 6, 21)

Fuente de Pirene, Corinto, Grecia

Las fuentes, aparte de contribuir al abastecimiento de agua a poblaciones estables, también se ubicaban a lo largo de las calzadas romanas para el uso de aquellos que las recorrían. Para ello, junto a las vías romanas, sin separarse mucho de ellas, y si era posible, se buscaban y habilitaban fuentes de agua junto a las paradas técnicas que se realizaban a lo largo de los viajes por mercaderes, viajeros y ejércitos romanos.

“En esta fuente clara descansa un poco, viajero, y,
una vez repuesto, emprende de nuevo tu camino.”
(Antología Latina, 772b)

Fuente rural, Portugal. Foto de Samuel López

Las fuentes de tipo urbano que se encontraban en las calles, según las que se han encontrado en Pompeya y Herculano, consistían principalmente en cuatro lajas de piedras que formaban un rectángulo, con un bloque más pequeño, generalmente con una figura esculpida, colocada sobre una de las otras, por la que salía el agua, que caía en el labrum o pileta. Lacus fue la palabra que dio lugar a la denominación genérica de fuente pública. 

Fuente urbana, Pompeya. Foto Samuel López

El acceso al agua de ríos, manantiales y cisternas se realizaba por tuberías, mediante la gravedad. Si el agua se encontraba a un nivel por debajo de la fuente, se utilizaba una noria para elevarla hasta un tanque por encima de ella.
Los surtidores por donde salía el agua se llamaban salientes y podían estar adornados por relieves en bronce o piedra de figuras mitológicas, divinidades o cabezas de animales.

Museo Metropolitan de Nueva York

En Ostia se ha hallado un tipo de fuente distinta denominada `a bauletto´, que estaba cubierta en su totalidad para mantener el agua fresca y protegida. Estas fuentes se encontraban en calles secundarias y en los patios de las ínsulas.

Fuente urban tipo a bauletto, Ostia. Izda. Foto Samuel López. Drcha. Pinterest

Con la construcción de los primeros acueductos la distribución del agua llegó con más facilidad a las ciudades, donde, desde un depósito (castellum aquae), se repartía entre las fuentes públicas, las termas y algunas casas particulares.

“Cuando el agua llegue a los muros de la ciudad, se construirá un depósito y tres aljibes, unidos a él para recibir el agua; se adaptarán al depósito tres tuberías de igual tamaño que repartirán la misma cantidad de agua en los aljibes contiguos, de manera que cuando el agua rebase los dos aljibes laterales empiece a llenar el aljibe de en medio.
En el aljibe central se colocarán unas cañerías, que llevarán el agua hacia todos los estanques públicos y hacia todas las fuentes; desde el segundo aljibe se llevará el agua hacia los baños, que proporcionarán a la ciudad unos ingresos anuales; desde el tercero, se dirigirá el agua hacia las casas particulares, procurando que no falte agua para uso público.”
(Vitruvio, De arquitectura, VIII, 6, 1-2)

Castellum aquae, Pompeya. Foto Pompeii Sites via twitter


Los conductos se hacían de madera, piedra, mortero, arcilla y plomo, y los grifos y válvulas de aleaciones de bronce de alta calidad.

“La conducción del agua se puede hacer de tres maneras: por conductos mediante canales de albañilería, por medio de tuberías de plomo o bien por cañerías de barro.” (Vitruvio, De Arquitectura, VIII, 6, 1)

Aunque el conocimiento de la tecnología hidráulica era elemental, por el gran número de fuentes públicas con las que la ciudad de Roma contaba al principio del imperio, la organización y la gestión de la red de suministro debía ser bastante eficiente.

“Agripa, además, cuando era edil añadió el Aqua Virgo (acueducto), reparó los canales de los otros (acueductos) y los rehabilitó, y construyó 700 fuentes públicas, además de 500 surtidores y 130 depósitos, muchos de los cuales estaban elegantemente decorados. Erigió en estas obras 300 estatuas de mármol o bronce y 400 pilares de mármol, y todo ello en un año.” (Plinio, Historia Natural, XXXVI, 121)

Ilustraciones de Luigi Bazzani

Desde la fundación de Roma todos sus gobernantes contribuyeron a aumentar el número de acueductos y de fuentes públicas. Con el progresivo desarrollo urbanístico y económico de las ciudades las fuentes pasaron a formar parte del programa propagandístico del poder ganando en grandiosidad y ornamentación a la par que cumplían su función de abastecimiento hídrico de la ciudad.

Con el emperador Nerva (96–98 d.C.) creció considerablemente la inversión pública en obras hidráulicas de abastecimiento y evacuación de aguas, así como de ornamentación en la ciudad de Roma.

“Esta Ciudad eterna, a la que nada puede acercarse ni comparársele, fue mucho más bella después de todo cuanto hizo Nerva para garantizar la salubridad, aumentando el número de castillos de agua, de fuentes, de aguas destinadas a uso público, a fuentes ornamentales y también a los ciudadanos que obtiene ventajas de tales obras, esparcidas por todas partes. Ya todos gozamos por la mayor limpieza, por el aire puro y han desaparecido los olores malsanos, que en el tiempo de nuestros padres, hacían irrespirable el aire de la Ciudad.” (Frontino, De los acueductos de Roma, 88)

En Sant' Egidio del Monte Albino, Salerno existe una fuente hecha de un bloque de mármol del siglo I d.C., en el que en cada uno de sus lados está representado el río Sarno.

Fuente de Helvius

El interés por el embellecimiento de las ciudades produjo un innumerable grupo de fuentes por todo el imperio, sin apenas características comunes más allá de las funcionales, con una gran libertad de diseño por parte de los arquitectos que inventaron un sinfín de formas arquitectónicas gracias a la libertad compositiva que permitía la tipología.

Las fuentes monumentales públicas, tanto en la vía urbana como en el interior de edificios públicos como las termas, que tenían grandes dimensiones y mostraban una cuidada ornamentación pasaron a denominarse ninfeos. Su origen se sitúa en Grecia, Asia Menor y Siria, lugares en los que alcanzó un extraordinario desarrollo.

Ilustración con reconstrucción del ninfeo de Mileto, Turquía


La primera vez que aparece la palabra nymphaeum (ninfeo) en una inscripción es en época de Trajano, entre el año 102 y el 117 d.C., en Soada Dionysiade, actual As Suwayda, Siria. La ciudad consagra el ninfeo y el acueducto a Trajano.

“Al emperador Nerva Trajano César, Augusto, hijo de Augusto, Germánico, Dácico, investido del poder tribunicio, por décima vez, bajo Aulus Cornelius Palma, legado imperial propretor, la ciudad ha consagrado la traída del agua y el ninfeo” (7 IGR III, 1273)

Ninfeo de Trajano, Éfeso, Turquía. Izda, foto de patano, via panoramio

Hasta finales del siglo I d. C. el significado ligado al término nymphaeum es el religioso, designando un santuario dedicado a las ninfas, pero a partir del siglo II d.C., el término se empieza a referir a fuentes monumentales, algunas con inscripciones de dedicación a las ninfas, pero sin aparente relación con su culto.

“Bryonianus Lollianus, ducenarius y primipilarius, pariente de procuradores y cónsules, fundador y amante de esta ciudad: el consejo de ancianos (gerousia) de Megalópolis [honra a Bryonianus]. Los líderes de las grandes puertas construyeron para ellos una estructura del templo de las ninfas, oh fundador, deleitando con las corrientes del rio y con el divino rugido del agua corriendo sin parar: para el eterno surco de estos manantiales tú lo construiste con generosidad. Suerte al fundador.” (Lanckoronski Vol. 1, Ins. No. 107, Side, Turquía, III d.C.)

Ninfeo de Side, Turquía

Los antiguos santuarios dedicados a las ninfas se situaban en grutas naturales donde manaba agua a las que acudían agricultores y pastores para saciar la sed de humanos y animales. Algunos se convirtieron en lugares de peregrinación donde se depositaban ofrendas junto a las figuras talladas de ninfas u otros dioses.

Palas: Me han contado la historia de una fuente que Pegaso con su dura pata hizo salir de esta montaña. Las maravillas que de ella me han contado me han hecho venir hasta aquí. Como yo estaba presente cuando Pegaso nació de la sangre de Medusa, ahora quiero ver si es cierto el prodigio de la admirable fuente.
Musas: Cualquiera que sea el motivo de tu llegada, ¡oh diosa!, nos sentimos venturosas de tu presencia. Es cierto que fue Pegaso quien ha hecho brotar estas aguas de que hablas.
Condujo una de las Musas a la diosa hacia la fuente, quedándose por largo tiempo admirada. Visitó los antros y las cuevas, viéndose por todas partes gran cantidad de flores mezcladas con la hierba del prado.”
(Ovidio, Metamorfosis, V, 2)

Mosaico de la villa romana de Almenara-Puras; Valladolid

Cuando el culto a las ninfas ya había perdido cierta vigencia, algunas fuentes públicas todavía se dedicaron a ellas reconociendo su influencia como proveedoras de agua.

“Al numen del Aqua Alexandrina. Yo, Laetus, he erigido este altar a las ninfas, cuando ostentaba el poder de las fasces de la patria por aclamación popular por segunda vez: este honor no fue nunca mayor porque en ese mismo año, por el sagrado numen, la abundante ninfa inundó Lambaesis con un gran río.” (Dedicatoria en una fuente, CIL 8.2662, Lambaesis, Numidia, África, 226 CE)

Ninfeo de Zaghouan, África. Ilustración de Jean-Claude Golvin

Algunos de los primeros ninfeos, intentando quizás imitar las grutas en las que se veneraba a las ninfas, se decoraron con piedra pómez y conchas marinas, ornamentación que luego se empleó en las fuentes y ninfeos de casas y villas particulares. En un ninfeo del siglo II a.C. se ha encontrado también la firma del constructor: Quintus Mutius.

Ninfeo de Quintus Mutius, Segni, Italia

Los ninfeos o nymphaea formaban parte de la propaganda política de los emperadores que ponían gran empeño en que los ciudadanos los considerasen como verdaderos padres y protectores de la patria que proveían por sus necesidades físicas y satisfacían sus inquietudes sociales y culturales.

“El (Adriano) también construyó en Antioquía la Grande unas termas públicas y un acueducto con su nombre. Y también construyó el Teatro de las Fuentes de Dafne, y desvió las aguas que fluían hacia los barrancos conocidos como los Agriai.” (Juan Malalas, Cronografía, 278)

Este Teatro de las fuentes de Dafne (Antioquía), construido por Adriano, era una gran cisterna contenida en una construcción en forma de teatro, dotada de una fachada ricamente decorada, donde confluía el caudal de diversas fuentes y torrentes, y el agua era transportada hasta la ciudad por una serie de conductos de diferentes tamaños que daban a un acueducto, de modo que la cantidad de agua que bajaba a la ciudad podía ser regulada.

Ninfeo de Gerasa, Jordania

En las provincias romanas donde el agua era especialmente escasa, como en África y Asia Menor, los planificadores urbanos de las ciudades pequeñas solían incluir un ninfeo monumental, que se consideraba un símbolo de status, y que frecuentemente se dedicaba a la figura de un emperador como signo de la romanización de la ciudad. Este status permitía a las ciudades, a su vez, rivalizar en la edificación de mejores y más grandes construcciones relativas al agua.

“La ciudad habiendo provisto un acueducto, dedicó un santuario y un ninfeo al emperador Nerva Trajano César, hijo de Augusto, Augusto Germánico Dácico, durante la magistratura de A. Cornelius Palma, procónsul del emperador, bajo la supervisión de la tribu de los Somaithenoi.” (IGRR 3.1273, Soada, Siria, 104-105 CE)

Ninfeo de Adriano, Perge, Turquía. Foto Bernard Gagnon

Durante la Roma Imperial la construcción de ninfeos se convierte en uno de los símbolos de la urbanística romana por todo el ámbito territorial. Mientras que los romanos dependían del agua para su supervivencia, los enormes recursos del estado permitían la exhibición de los aspectos más placenteros y lujosos del uso del agua. Al mismo tiempo que las construcciones relativas al suministro de agua mantenía su propósito funcional, un deseo colectivo de experimentar los placeres sensoriales del agua dio lugar a la proliferación de acueductos, fuentes y ninfeos por todo el Mediterráneo durante el Alto Imperio.

“Pero la principal de las bellezas de Dafne y, en mi opinión, del mundo entero son sus fuentes. Porque en ningún otro sitio la tierra ha producido semejante clase de manantiales, ni por su aspecto ni por su utilidad. Éstos son el reino de ciertas ninfas y el don de éstas es el más limpio y puro que hay. Se podría afirmar que estas diosas están satisfechas del lugar no menos que Zeus de Pisa, Poseidón del Istmo, Apolo de Delfos y Hefesto de Lemnos. Por tanto, si hay que creer que las ninfas tienen en el agua su morada, me parece a mí que también frecuentan las demás fuentes, como para ejercer su vigilancia sobre ellas, pero que, como los reyes, se han servido de este lugar como si fuera su acrópolis. Además, tengo el pleno convencimiento de que las tres diosas, cuando sostenían contienda por su belleza, acudieron al juicio tras haberse lavado aquí y no en el lugar que se cuenta.
¿Quién, tras llegar y contemplar cómo mana el agua de sus nacimientos y cómo transcurre a ambos lados del templo, no se admiraría de la cantidad de fuentes, no se sentiría impresionado por su belleza, ni las veneraría como algo divino? ¿Quién no sentiría placer al poner su mano en ellas, no desearía bañarse con mayor gusto y no consideraría lo más dulce del mundo beber de ellas? Pues sus aguas son, a la vez, frescas y cristalinas, muy buenas para beber, ungidas de encantos y reconfortantes para aplicarlas al cuerpo.”
(Libanio, Discursos, 11, 240)

Ninfeo de Aspendos, Turquía. Foto de Anton Skrobotov


Los romanos tuvieron gran éxito en demostrar su poder sobre la naturaleza, mientras proporcionaban un elemento vital y placentero para los ciudadanos. En la construcción de grandes fuentes monumentales se tenía en cuenta no solo la arquitectura como elemento de decoración visual, sino el efecto que el agua podía producir en los sentidos por lo que se cuidaba el reflejo en la superficie, el rugido o murmullo del agua según el caudal al salir de los surtidores, el frescor que empapaba la vegetación circundante y el olor que emanaba de esta una vez mojada o cuando se producía la evaporación.

“Sin duda el Pórtico de Pompeyo, famoso por los tapices del palacio de Átalo, parece aburrido con sus sombrías columnas, y la fila poblada de plátanos que se levantan por igual, y las corrientes de agua que caen del dormido Marón, y Tritón que de pronto esconde en su boca el agua, mientras sus Ninfas murmuran suavemente sobre todo el estanque.” (Propercio, Elegías, II, 32)

Ninfeo de Cesarea, Israel. Foto Mboesch

Si bien es cierto que el agua puede ser estéticamente agradable de forma natural, cuando se somete al control de formas arquitectónicas, puede adquirir nuevos significados, de forma que, por ejemplo, los arcos utilizados en acueductos y ninfeos proporcionaban la idea al que lo contemplaba de que emplear este elemento arquitectónico resultaba, a la vez que muy práctico y funcional, agradable de ver, y esto era compartido a lo largo y ancho del territorio perteneciente a Roma.

“Tal vez en medio de este espectáculo te estés preguntando ansioso de dónde se alimenta esta plaza enriquecida con tantas fuentes, dado que la ciudad está lejos y un acueducto casi inexistente manda hasta aquí un mínimo goteo a través de un estrecho canal. Pues te contestaré que nada fiamos a nuestra diestra, ni confiamos nada en los recursos terrenales, todo lo hemos encomendado al poder de Dios, y del cielo suponemos las fuentes. En fin, hemos construido unas cisternas en todas las partes de las casas para acoger los ríos que Dios derrame desde las nubes y de donde chorreen por igual los cóncavos mármoles llenos hasta los bordes. Pero si alguna vez se presentara una escasez de agua la plaza, adornada por variadas figuras en una distribución intencionada y resplandeciente por la forma de las piletas y las fontanas pintadas, seguirá siendo digna de verse aun con las fuentes secas.” (Paulino de Nola, Poemas, 27, 460)

Reconstrucción virtual de Villa San Marco, Stabia, Italia


Parte de la experiencia sensorial obtenida de estas construcciones se debía a sus programas decorativos. Se importaban materiales lujosos de todas partes lo que acentuaba la propaganda imperial de que el poder de Roma era omnipresente y llegaba a donde quería.

“Además añadió: M. Caecilius, hijo de Marcius, de la tribu Julia, Rufus Concordia, centurión de la legión tercera Cirenaica, , anteriormente oficial jefe de Aelius Julianus, prefecto de los guardias, honró a nuestro emperador L. Aurelius Cómodo Antonino Pio Félix Augusto y dedicó un ninfeo tetrástilo, una crátera con una columna pequeña y un altar con una columna pequeña de mármol y otra columna pequeña, e igualmente decoró con un orbiculum con una columna pequeña y otros objetos, como regalo a Júpiter Dolichenus. Lo dedicó a través de Clodius Catullus, prefecto de los guardias, con Orbius Laetianus, subprefecto, y Castricius Honoratus, tribuno de la segunda cohorte de los guardias, el día antes de las calendas de agosto, cuando Apronianus y Bradua eran cónsules; Herculanius Liberale, el asistente de la enfermería se encargó de que se hiciese.” (CIL 6.414b, ILS 2.1.4315b; Santuario de Júpiter Doliqueno, Roma, 191 d.C.)

Reconstrucción virtual de ninfeo

La decoración de fuentes y ninfeos, además de embellecer la estructura edificada, podía hacer referencia a la historia, los mitos y la religión.

Por ejemplo, como ornamentación se podía usar las figuras de divinidades fluviales y de las ninfas como símbolos del agua, y las estatuas de los emperadores reinantes, de miembros de la familia imperial o de ciudadanos ilustre y benefactores de la ciudad.

“Allí se extiende el excelso Templo de las Ninfas, que atrae todas las miradas por el brillo de sus mármoles, sus abigarradas columnas, sus radiantes pinturas y el caudal de sus fuentes.” (Libanio, Discursos, 11, 202)


En el siglo III d.C. en Perge, actual Turquía, Aurelia Paulina, sacerdotisa de Artemis, puso su dinero para erigir una fuente monumental para abastecer de agua a la ciudad, dedicado a la diosa Artemis Pergaia, patrona de la ciudad, y a la familia imperial. Aurelia, de origen sirio, se trasladó a Perge y allí, una vez viuda, llevó a cabo su acto evergético, manteniendo la tradición de la ciudad al dedicar la fuente a Artemis y manifestando su compromiso con la cultura romana al dedicar también la obra a la familia imperial y erigir sus estatuas que formaban parte de la decoración.

“Aurelia Paulina, sacerdotisa perpetua de la patrona Artemis Pergaia, hija de Apellas, hijo de Dionisos, y de Aelia Tertulla, anteriormente sacerdotisa del culto imperial en la ciudad de Sillyum junto a su difunto marido Aquilius, hijo de Kidramuas, a quien le ha sido concedida la ciudadanía romana por el emperador Cómodo. Construyó e inauguró el hydreion (fuente monumental) y toda su decoración con su propio dinero.”

Ninfeo de Leptis Magna, Libia, Ilustración de Jean-Claude Golvin

Los santuarios surgidos en el entorno de un manantial eran lugares religiosos muy populares, que permitían la veneración del agua en su origen, ya que se consideraba al agua un elemento vivificador que era un regalo de los dioses para el bienestar de los humanos.

"¿Has visto alguna vez la fuente del Clitumno? Si no las has visto aún (y pienso que aún no, de otro modo me lo hubieses comentado), hazlo; yo las he visto hace muy poco, y lamento profundamente la tardanza. Se levanta una pequeña colina, cubierta con un umbroso bosque de viejos cipreses. Al pie de esta brota una fuente que se expande en diversos brazos de diferente tamaño, y una vez superado el remolino que forma, se abre en un amplio estanque, tan transparente y cristalino, que podrías contar las monedas que han sido arrojadas y los cantos rodados que brillan en el fondo… Cerca se encuentra un templo antiguo y venerado. Hay una imagen del propio dios Clitumno de pie, vestido y adornado con una toga pretexta. Las tablillas prueban la presencia del dios y sus poderes proféticos. Alrededor se encuentran numerosas capillas, tantas como dioses. Cada una tiene su propio culto, su nombre, algunas también sus propias fuentes, pues además de aquella corriente que es, por así decirlo la madre de todas, hay otras de menor caudal que tienen orígenes diferentes, pero que se mezclan con la corriente principal en un lugar donde hay un puente.” (Plinio, Epístolas, VIII, 8)

Ninfeo dórico, Villa de Domiciano. Ilustración de Carlo Labruzzi

Los ninfeos formaban parte del paisaje urbano y agradaban a los ciudadanos por lo que los miembros de la sociedad que querían asegurar su status social y deseaban ser recordados por sus actos benéficos costeaban su construcción.

“C. Titius Antonius Peculiaris, decurión de la colonia de Aquincum, decurión del municipio de Singidunum, duoviro, flamen, sacerdote de nuestro Augusto de la provincia de Panonia inferior, edificó este ninfeo con su propio dinero y proveyó el agua." (CIL III. 10496=ILS 7124, Aquincum, Panonia inferior, III d.C.)


En algunos casos pagaban por su rehabilitación, ya que muchos se deterioraban por el paso del tiempo y por el uso.

“Flavio Filipo varón preclaro Prefecto de la ciudad, el ninfeo sucio de roña contaminado y el mármol desnudo deformado reparó para devolverlo a su estado original”. (CIL 6, 1728ª)

Ninfeo de Butrinto, Albania. Foto de Piotrus

En los últimos tiempos del Imperio toda la infraestructura de la red hídrica estaba bajo el poder del emperador y su corte, ya que el agua se había convertido en un recurso clave para la exhibición de poder, que se reflejaba en la provisión de fuentes de agua corriendo para consumo de la población, para los baños públicos y los ninfeos.

“Pero también Constantina padecía desde antaño, de una manera insoportable, por el aprovisionamiento de agua. Pues en el exterior, a una distancia de una milla, hay fuentes de agua potable y, a continuación, surge en abundancia una gran arboleda con ejemplares que llegan hasta el cielo. Sin embargo, en el interior, donde resulta que las calles no están en llano sino en pendiente, la ciudad estaba desde antiguo sin agua, padecía sed y sus moradores se encontraban de siempre con esa gran carencia. Pero el emperador Justiniano hizo pasar la corriente de agua al interior del muro por medio de una conducción y adornó la ciudad con fuentes que manaban sin cesar, razón por la que se le puede llamar con justicia fundador de la ciudad. Así, pues, los hechos referentes a estas ciudades se llevaron a cabo de ese modo por el emperador Justiniano.” (Procopio, Edificios, II, 6)

Fuente de Ein Hanniya, Israel. Foto de Assaf Peretz

El dios romano de las fuentes, cascadas y pozos era Fontus, cuyo festival, Fontinalia, se celebraba el 13 de octubre en Roma. Ese día se arrojaban flores a las fuentes y se adornaban los brocales de pozos con guirnaldas.

“Las Fontanales (Fontanalia) recibieron su denominación por Fons, porque este día es su fiesta. Por esto entonces lanzan coronas al interior de las fuentes y también ponen coronas a los pozos.” (Varrón, Lengua Latina, VI, 22)

Fontinales, pintura de Emilio Vasarri


Bibliografía

 

El ninfeo romano. Tipologías y características. Aplicación de un método de análisis procedente de la conservación; Lucía Gómez Robles
Descripción de algunas fuentes romanas de la vía de Numancia a Augustóbriga; Clemente Sáenz Ridruejo, Eugenio Sanz Pérez, Laura Catalá Ribero
El agua en la literatura grecolatina; Ramón Teja Casuso
Water Culture in Roman Society; Dylan Kelby Rogers
Terminal Display Fountains ("Mostre") and the Aqueducts of Ancient Rome; Peter J. Aicher
Fountains and the Ancient City. Social Interactions, Practical Uses, and Pleasant Sights; Nicolas Lamare
Water-Display and Meaning in the High Roman Empire; Dylan Kelby Rogers
Fountains and nymphaea; Franz Glaser