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domingo, 27 de agosto de 2017

Intonsi et capillati, peinado masculino en la antigua Roma


      


Lucio Junio Bruto, cónsul de Roma, s. VI a. C. 

En los tiempos más antiguos de Roma los hombres dejaban crecer su cabello y barba de igual manera que hacían otras civilizaciones, como la mesopotámica, por ejemplo. El pelo abundante era símbolo de virilidad y sabiduría.

“También entonces, al vivir aquellos hombres antiguos sin artificio, creyéndose bastante limpios si se habían lavado la suciedad acumulada por el trabajo en la corriente del río, era su preocupación peinarse el cabello y arreglarse la barba que les crecía, y en esta ocupación cada uno se bastaba a sí mismo, no se prestaban ayuda unos a otros. Ni siquiera la mano de las esposas acariciaba aquel cabello que, en otro tiempo, solían los hombres dejarse suelto sin necesidad de ningún afeite, de igual modo que los nobles brutos sacuden la crin.” (Séneca, Cuestiones Naturales, I)


Retrato anciano siglo I d.C.

Las canas y la barba que caracterizaban al anciano era rasgos a los que había que respetar.

“Esto, esto es lo que me amarga el alma, lo que de verdad me atormenta, que se hayan burlado de mí a mis años, ¡maldición!, que con estas canas y esta barba blanca me hayan tomado el pelo de una manera semejante y me hayan birlado el oro, desgraciado de mí.” (Plauto, Las dos Báquides, V, 1)

 Durante el periodo final de la república romana los retratos masculinos muestran hombres a los que se representa con la cabeza calva, nariz grande y pronunciadas arrugas que parecían querer expresar el esfuerzo y los años que habían dedicado al estado romano. La calvicie se consideraba un signo de sabiduría, dignidad y seriedad que todo ciudadano noble romano debía exhibir.

Retrato de anciano, s. I a.C.

Sin embargo, en la cultura romana para muchos la calvicie suponía un gran problema, en especial, si era prematura. Al contrario que las arrugas, aceptadas por los romanos como un signo de dignidad y solemnidad, la calvicie era vista casi como una enfermedad porque el pelo se consideraba un símbolo de fuerza, virilidad, juventud, fertilidad y belleza y, por tanto, se pensaba que quien la sufría no poseía tales características.

Ovidio escribió en su libro sobre el amor: “Feo es un ganado sin cuernos; feo un campo sin hierba, y un arbusto sin fronda y una cabeza sin pelo.” (Arte de amar, III, 248)

Entre los gobernantes, militares y políticos, se asociaba la falta de cabello con la vejez, momento en el que se alcanzaba la prudencia y la calma, pero se perdía el valor. Quizá por ello el historiador Suetonio cuenta sobre Julio César que:

“Concedía mucha importancia al cuidado de su cuerpo, y no contento con que le cortasen el pelo y afeitasen con frecuencia, se hacía arrancar el vello, por lo que fue censurado, y no soportaba con paciencia la calvicie que le expuso más de una vez a las burlas de sus enemigos. Por ese motivo, se traía el escaso cabello de la parte posterior sobre la frente.” (Cesar, Suetonio, XLV)


Busto de Julio César

Los retratos masculinos de la escultura griega presentaban en la época arcaica pelo largo y abultada barba, pero en época clásica exhibían abundante cabello algo encrespado y despeinado, cayendo en mechones sobre la frente de forma natural como símbolo de la virilidad del joven atleta. Alejandro Magno prohibió la barba a sus soldados para que el enemigo no pudiera agarrarlas.
Busto de joven griego


Alejandro Magno
El mismo general Pompeyo intentó copiar el peinado de Alejandro Magno que lucía melena y flequillo levantado con mechones sobre la frente, ambos peinados sin ningún cuidado, con la pretensión de que la similitud de sus retratos hiciera que se les asociara también en el éxito de sus hazañas militares, si bien Pompeyo exhibía su cabello más corto.


Pompeyo el Grande
 “Además, el cabello, un poco levantado, y el movimiento compasado y blando de los ojos daban motivo más bien a que se dijese que había cierta semejanza entre su semblante y los retratos de Alejandro…” (Plutarco, Pompeyo, II)              
                   
La moda de llevar el pelo muy corto parece haber progresado lentamente y sólo entre las clases más altas de la sociedad romana y es que el carácter predominante en la república romana más austero que el de los griegos hace que los retratos de la época muestren flequillos con mechones muy cortos y peinados muy sencillos que realcen el carácter sobrio del retratado.

Retrato siglo I a.C. Museo de Bellas Artes, Boston

A pesar de esta tendencia general surgen simultáneamente una serie de peinados arcaizantes que, por medio el calamistrum (instrumento dedicado a rizar el cabello), convierten el flequillo en una serie de pequeños bucles rizados. La emulación de esta moda, junto con los distintos arreglos de la barba, fue censurada por los sectores conservadores como propia de afeminados, y acabó siendo contenida por la regulación moral de Augusto.

“Es esto lo que ves que persiguen quienes se depilan la barba toda o a trechos; los que la afeitan y rasuran hasta los labios con toda precisión, al tiempo que conservan y dejan crecer la parte restante; los que se ponen un manto de color llamativo y una toga transparente, que nada quieren hacer que pueda escapar a la mirada de los hombres: excitan y atraen su atención hacia sí, quieren incluso ser reprendidos con tal de que se les contemple. Éste es el estilo de Mecenas y de todos los demás que no yerran por casualidad, sino a sabiendas y gustosamente.” (Séneca, Epístolas a Ático, CXIV)




Ptolomeo, rey de Mauritania, Museo del Louvre

Durante el Imperio los retratos de la familia imperial tuvieron gran influencia en todas partes dado que se distribuían en esculturas y monedas por todas las provincias. Los flequillos sobre la frente eran comunes e imitaban la imagen estereotipada (y probablemente idealizada) de Augusto, que utilizó repetidamente las imágenes y las estatuas como propaganda política. 

Octavio Augusto


La principal referencia fue la sobriedad estética impuesta por el emperador Augusto, al que parece ser que no le gustaba arreglarse el cabello, que solía llevar despeinado, con un característico flequillo que caía sobre la frente formando una especie de horquilla abierta.

El modelo escogido por Octavio simboliza la juventud y el clasicismo al que el emperador quiso retornar después de un periodo republicano durante la segunda mitad del siglo I a. C. en el que el peinado masculino de los retratos es más largo y voluminoso.

Marco Junio Bruto, Museo del Prado, Madrid





Los diferentes estilos de peinado marcaban tanto las afinidades políticas como las preferencias culturales de los retratados. La identificación del individuo con un peinado en particular conllevaba, en algunos casos, un contenido simbólico o político. Por ejemplo, para realzar la vinculación al trono de los príncipes Cayo y Lucio César, nietos de Augusto, nacidos del matrimonio de su hija Julia y Agripa, se los representaba con el pelo de igual manera que lo llevaba su abuelo, el emperador.
Cayo César, nieto de Augusto

Octavio Augusto



Tiberio, tras su acceso al poder, presentaba pronunciadas entradas y disimulaba su calvicie echándose el pelo hacia delante, en forma de flequillo, como muchos miembros de su familia, pero simplificó el clasicista flequillo de la época de Augusto, adoptando una versión más sobria y afín a los modelos republicanos.


Retrato de Tiberio





Era costumbre de los calvos dejarse el cabello largo en la zona occipital y temporal para poder cubrir la parte sin pelo, pero no solo entre los emperadores y las clases dirigentes, sino también entre la gente del pueblo, como cita Marcial en uno de sus epigramas:

“Recoges de aquí y de allá tus cuatro pelos y la ancha explanada de tu resplandeciente calva la cubres, Marino, con los bucles de los temporales. Pero, movidos por la fuerza del viento, se vuelven a su sitio y tu cabeza desnuda la ciñen por este lado y el otro unos enormes mechones.” (Marcial, Epigramas, X, 83)

Según la descripción de Séneca Calígula tenía una característica propia de los Claudios, calvicie prematura y nuca poblada de cabello.

“Porque era tal su fealdad, que daba indicios de locura, teniendo los torcidos ojos escondidos debajo de la arrugada frente, con una deforme y grande cabeza calza sin cabello y el cuello lleno de pelo…” (Séneca, De la constancia del sabio, 18, 1)

Retrato idealizado de Calígula, Museo Metropolitan, Nueva York

A pesar de esta imagen, los retratos del emperador le muestran siempre con un rostro joven y perfecto, siguiendo el estilo clásico de los atletas griegos.

Claudio luce en sus retratos un sencillo y escueto flequillo que combina su talante ideológico con la oportunidad política que suponía marcar la diferencia con su odiado antecesor Calígula. 

Retrato de Claudio
Nerón desde su infancia se desmarcó de su padre adoptivo el emperador Claudio, mostrando un largo y cuidado flequillo con una división central, que también llevaron otros príncipes imperiales, como Británico, hijo de Claudio.


Retrato Nerón niño y Británico, hijo de Claudio






Posteriormente luciría un flequillo con mechones torcidos hacia la derecha dispuestos de forma simétrica sobre la frente y durante su estancia en Grecia lo reemplazó por uno más sofisticado que recibe el nombre de coma in gradus formata y que consiste en bandas escalonadas de pelo hacia atrás con el flequillo elevado en una pequeña cresta dejando caer por detrás el cabello.


“No cuidaba del traje ni apostura, y durante su permanencia en Acaya, se le vio dejar caer por detrás el cabello, que llevaba siempre rizado en bucles simétricos.” (Suetonio, Nerón, LI)


Peinado de Nerón, coma in gradus formata, Museo Británico, Londres



Nerón (54–68 d.C.), fanático de las carreras de carros, lucía el pelo al estilo de los aurigas o conductores de carros.



Vespasiano
            

         Tito     
En un probable intento de marcar distancias con el cruel reinado de Nerón los primeros emperadores de la dinastía Flavia, Vespasiano y su hijo Tito, iniciaron un tipo de peinado se distinguiese claramente de su predecesor. En el caso de Vespasiano sus retratos le muestran generalmente calvo y, aunque su hijo Tito aparece representado con los distintivos rizos que también caracterizan a las damas del periodo Flavio, no se puede obviar las entradas que anticipan su inminente calvicie.





Domiciano joven

El emperador Domiciano, hijo y hermano de los anteriores, rompe la tendencia y, a pesar de los documentos existentes describiéndolo calvo, es retratado con bastante pelo al principio, después con algunas entradas y luego recuperando el estilo de Nerón, quizás con la idea de emular tanto su imagen, como su carácter y talante, cruel y obsesivo. Es posible que utilizase pelucas para ocultar su falta de pelo.
Domiciano adulto

“Le disgustaba tanto estar calvo, que tomaba por ofensa personal las bromas o críticas que dirigían en presencia suya a los calvos en general. Sin embargo, en un breve tratado sobre El cuidado del cabello, que publicó con una dedicatoria un amigo suyo; en el que procuraba consolarle con él, le decía después de citar este verso griego:
¿No ves cuán alto y hermoso soy en la estatura?

Pero la misma suerte está reservada a mis cabellos, y los veo con resignada tristeza envejecer antes que yo; convéncete de que no hay nada tan agradable, y tan fugaz a la vez, como la belleza.” (Suetonio, Domiciano, XVIII)

El emperador Trajano (98–117 d.C.) de forma consciente quiso marcar un contraste con el odiado Domiciano y optó, conforme a su estilo militar, dejar caer su flequillo en pequeños mechones sobre la frente y mantener su cabello corto y sin adorno.

Retrato de Trajano


 En época de Nerón se permitió a los griegos entrar en el senado romano lo que trajo una mayor influencia de la cultura helena en la sociedad romana y que motivó el envío de jóvenes a estudiar en Atenas y que a su vuelta aportaron las costumbres de los griegos en todos los ámbitos. También en el estilo de peinado y atuendo que se refleja en la incorporación del pelo ondulado o rizado y la barba al estilo de los filósofos griegos.
Adriano, que desde siempre demostró su filohelenismo y permaneció por largo tiempo en Grecia, se acogió a la nueva moda y fue el primer emperador en lucir pelo rizado y barba, aunque su vanidad y la preocupación por su aspecto le hace aparecer en sus retratos con su cabello peinado con rizos voluminosos cuidados, pero artificiales, que caen sobre la frente y una barba arreglada, con la probable intención de ser referente de la cultura griega. Sin embargo, el aspecto de Adriano se asemeja más a la del político Pericles que a la de los filósofos de Atenas, que si imitó Marco Aurelio de carácter más estoico.

“Fue de elevada estatura, de elegante figura, de cabello ondulado; tenía la barba larga, para cubrir las cicatrices que poseía en su rostro de nacimiento, y una complexión robusta.” (Historia Augusta, Adriano, 26)

Adriano, Museos Capitolinos, Roma

Esta barba con variaciones en su forma y longitud la conservarán los emperadores en sus retratos durante dos siglos más.
Antonino Pío presenta un peinado y barba más similares al de su antecesor Adriano, pero Marco Aurelio, Lucio Vero y Cómodo exhiben cabellos más abultados y rizados y barbas más pobladas, largas y apuntadas.

“Era hermoso de cuerpo, encantador de rostro, de barba casi tan larga como la de los bárbaros, alto y con la frente contraída en las cejas, de forma que inspiraba respeto. Se dice que cuidó tanto sus rubios cabellos que salpicaba su cabeza con polvillo de oro para que su cabellera, al recibir más luz, despidiera destellos dorados.” (Historia Augusta, Vero, 10)

Lucio Vero

"Llevaba siempre teñido su cabello y lo mantenía brillante salpicándolo con limaduras de oro, y quemaba superficialmente su cabellera y su barba por miedo a su barbero." (Historia Augusta, Cómodo, 17)

Cómodo

Durante esta misma época se incrementa el culto a Serapis y el aspecto del dios, con pelo largo y abundante barba, que sus adeptos y sacerdotes imitarán en cierta medida, será representado en los retratos de miembros de la sociedad romana y de la familia imperial hasta la época de Septimio Severo, aunque este último aparece en muchos de sus retratos con pequeños mechones rizados que cuelgan sobre su frente, y que no se veían en sus inmediatos antecesores, que presentaban una frente más despejada.

"Era hermoso, corpulento, de promisa barba, de cabeza cana y rizados cabellos, de rostro venerable y de voz clara, aunque conservó hasta la vejez su acento particular africano." (Historia Augusta, Septimio Severo, 19)

Septimio Severo

El cabello corto de Caracalla y de Geta tiene su origen en un peinado militar que a continuación sería usado por casi todos los emperadores que gobernaron durante la época de la anarquía militar del siglo III d. C. Algunos de sus retratos y de sus sucesores dejan ver patillas y bigote.

Caracalla

El bigote no suele ser característico de los romanos, pero si de los pueblos bárbaros, aunque en el siglo III d.C. parece haber sido aceptable para los jóvenes antes de desarrollar una barba crecida.

“También conviene cortar los pelos del bigote, pues se ensucian al comer; no con navaja de afeitar —pues es una acción baja—, sino con las tijeras de barbero.” (Clemente de Alejandría, El Pedagogo, III)




Los retratos de personajes extranjeros considerados bárbaros suelen ser mostrados con cabello largo, descuidado y normalmente con barba sin arreglar.

“Pero generalmente todos los britanos se pintan de color verdinegro con el zumo de gualda, y por eso parecen más fieros en las batallas; dejan crecer el cabello, pelado todo el cuerpo, menos la cabeza y el bigote.”  (Julio César, La Guerra de las Galias, XIV)


Sauromates, rey del Bósforo, Museo de Atenas

A partir del siglo III se adopta un estilo que deja las sienes y la parte cabeza con pelo muy corto, así como la barba que se recorta. 

Filipo el Árabe

Hacia finales del siglo III d.C. durante la Tetrarquía se intentó eliminar cualquier individualidad en favor de una imagen común de los cuatro tetrarcas, retratados con el pelo algo más largo y la barba más poblada, como Diocleciano. 


Diocleciano

Cuando Constantino fue nombrado tetrarca en el año 305 todavía llevaba barba, pero cuando se convirtió en emperador único su imagen oficial cambió y aparecía con el rostro afeitado y el peinado con el flequillo similar al que lucía Trajano en un intentó de ser asimilado a la gloria militar de éste y de simbolizar la restauración del poder y la estabilidad perdida con la crisis del s. III.

Constantino I, Museo Metropolitan, Nueva York

A partir del siglo IV y hasta el siglo VII el cabello se deja más largo y se peina liso hacia delante y con mayor volumen rodeando el rostro. Los personajes nobles llevan una banda o diadema en la cabeza.

“Aunque avances, fastuoso, con el cabello recogido por la diadema y la clámide de Tiro cubra tus hombros al uso de tus antepasados, déjate cautivar mejor por los adornos coloreados de las togas, ya que desde siempre la reelección de un cónsul ha sido algo insólito.” (Sidonio Apolinar, Panegírico de Antemio)

Hijo de Constantino I, ¿Constante?,
Museo Metropolitan, Nueva York


A pesar de que desde Constantino todos los emperadores fueron cristianos, hubo una excepción con Juliano, llamado el Apóstata, que reinó del 360 al 363, un convencido pagano que deseaba volver a las antiguas creencias y que para distinguirse de sus predecesores llevó una barba que reflejaba su admiración por los filósofos griegos. Incluso escribió un libro “Los que odian la barba”, en el que recuerda el ridículo que sufrió por dejarse crecer la barba cuando no estaba de moda.

“De figura y disposición de los miembros como sigue: era de estatura media, de cabellos como peinados y suaves, cubierto de barba hirsuta y terminada en punta.”  (Amiano Marcelino, Retrato de Juliano)

Juliano

Aunque Constantino presenta un rostro afeitado los primeros autores cristianos se declaraban partidarios de que el hombre no debía llevar el cabello largo, que pensaban que debía ser solo adorno de la mujer, pero si debían dejar crecer su barba y no depilarse, porque el pelo era un don de la naturaleza otorgado por Dios, que no debía eliminarse.

“Y he aquí mi opinión respecto al cabello: la cabeza de los hombres esté rapada, salvo si se tienen cabellos rizados; la barba espesa. Que los cabellos no lleguen por debajo de la cabeza, asemejándose a los rizos mujeriles. Los hombres ya tienen bastante con una hermosa barba. Y aunque uno se rasure un poco la barba, no está bien afeitársela del todo, pues es un espectáculo vergonzoso, y también es reprobable afeitarse la barba a ras de piel, por ser una acción semejante a la depilación y al afeite.” (Clemente de Alejandría, El Pedagogo, III)

También durante los siglos IV y V llevaban barba algunos usurpadores que intentaron hacerse con el Imperio en contraste a los bien afeitados mandatarios oficiales.

 “Firmo fue de gran estatura, de ojos desorbitados, de cabellos rizado. Tenía la frente cubierta de cicatrices, el rostro un tanto oscuro, el resto del cuerpo blanco, pero velludo e hirsuto de tal manera que la mayoría de las personas le llamaban Cíclope.” (Historia Augusta, Firmo, 4, años 372- 375)   

Retrato de Palmira, Museo de Bilbao

En las provincias orientales se mantuvo la moda impuesta por los retratos de los emperadores adaptando su imagen a sus propias costumbres y gustos. En Egipto y en Palmira, por ejemplo, son fácilmente identificables los retratos que se asemejan a Trajano y Adriano. En la imagen la construcción lineal del flequillo que enmarca la frente en un arco continuo es una adaptación esquematizada del peinado utilizado por Trajano y por muchos de sus contemporáneos dentro del estamento militar.

Los marcados rizos que Adriano introdujo en su reinado y siguieron durante la dinastía antonina se aprecian en el siguiente retrato de El Fayum.


Retrato de El Fayum, Egipto

Para ocultar calvas o presentar mejor aspecto se utilizaban postizos o se pintaba pelo sobre la cabeza calva para aparentar pelo corto, al menos en la distancia:

“Simulas unos cabellos pintados con ungüentos, Febo, y tu sucia calva se cubre con una cabellera pintada. No hay necesidad de buscarle peluquero a tu cabeza: puede raparte mejor, Febo, una esponja.” (Marcial, VI, 57)

En su preocupación por su aspecto los romanos cuidaban su pelo y procuraban evitar su caída. Algunos autores recogieron tratamientos a ese respecto, como Dioscórides, que recomendaba frotar con cebolla las partes de la cabeza afectada con calvicie.

"El otro día, viéndote por casualidad sentado a ti solo, te tomé por tres personas. Me engañó el número de tu calva: tienes cabellos a una parte y tienes a la otra, y tan largos como los que pueden sentar bien incluso a un adolescente; en su mitad, tienes la cabeza desnuda y en un largo espacio no se deja ver ni un solo pelo. Este error te vino bien en diciembre, cuando el emperador distribuyó comida: volviste con tres raciones. Creo que así fue Gerión. Te aconsejo que evites el pórtico de Filipo: ¡cómo te vea Hércules, estás perdido!" (Marcial, Epigramas, V, 49)

Retrato de época de los Severos

Galeno en su obra De Compositione Medicamentorum recoge la siguiente receta tomada de la Cosmética de Cleopatra:

“Contra la pérdida de cabello, hacer una pasta de rejalgar (una forma natural de mono sulfato de arsénico) y mezclarlo con resina de roble, aplicarlo a un paño y ponerlo donde ya se haya limpiado bien con natrón (una forma natural de carbonato de sodio). Yo mismo he añadido espuma de natrón a la receta anterior, y funcionó de verdad.”

No faltaron en el mundo romano los que recurrieron al uso de pelucas para ocultar su calvicie o simplemente para intentar mejorar su imagen. Incluso algunos emperadores hicieron uso de ella, como Otón que llevaba una peluca que le encajaba perfectamente en la cabeza y que le hacía exhibir un artístico peinado.

“Era cuidadoso de su traje, casi tanto como una mujer; se hacía depilar todo el cuerpo y cubría su cabeza, casi calva, con cabellos postizos, ajados y arreglados con tanto arte que nadie lo conocía. Afeitábase todos los días con sumo cuidado y se frotaba con pan mojado, costumbre que había adquirido desde jovencito, con objeto de no tener nunca barba.” (Suetonio, Otón, XII)


Emperador Otón

Los portadores de peluca podían ser objeto de burla y dar lugar a divertidas anécdotas, como la que cuenta en su fábula el poeta Aviano.

“Un jinete calvo que acostumbraba a pegarse en
la cabeza una peluca y a llevar en su desnudo
cráneo los cabellos de otros, llegó al campo de
Marte deslumbrando por el brillo de sus armas y
comenzó a hacer virar con las bridas a su dócil
caballo. Las ráfagas del Bóreas le soplan de
frente dejando a la vista de todos su ridícula
cabeza, pues, una vez que le fue arrancada la
peluca, resplandeció su frente desnuda, que antes,
cuando llevaba pelos, era de otro color. Al darse
cuenta de que tantos miles de personas se reían de
él, eludió la burla echando mano de su astucia y
dijo: «¿Qué hay de raro en que los pelos postizos
hayan huido de aquél al que antes le abandonaron
sus cabellos naturales?” (Aviano, fábula X)




Para hacer carrera política se requería una buena presencia, ir bien vestido y con un aspecto cuidado, pero sin excesos que podían provocar la crítica de los demás. Quintiliano aconseja sobre la apariencia que debe mostrar un buen orador.


“La toga del orador no sea de una tela muy ordinaria, pero tampoco ha de ser de seda; que no tenga desgreñado su cabello, pero que tampoco lo lleve todo rizado y lleno de bucles, siendo así que en aquél que no mira al lujo y liviandad parecen más bellas aquellas cosas que son de suyo más honestas.” (Quintiliano, Instituciones Oratorias, X, 4)




http://www.mac.cat/Media/Files/Flequillos-barbas-y-trenzas.-Notas-sobre-moda-y-peinado-en-la-Roma-antigua; Flequillos, barbas y trenzas. Notas sobre moda y peinado en la Roma antigua; Bruno Ruiz-Nicoli
http://www.dermatologiaterrassa.com/wp-content/uploads/2014/11/Alopecia-en-Roma.pdf; La alopecia en Roma, Xavier Sierra Valentí
http://latijn.pbworks.com/f/The+Portraits+of+Nero.pdf; The Portraits of Nero; Ulrich W. Hiesinger
https://www.academia.edu/4756692/Barbula_tonsa_e_coma_in_gradus_formata._Su_un_ritratto_aquileiese_del_II_secolo_d.C._in_Quaderni_Friulani_di_Archeologia_2005; Barbula tonsa e coma in gradus formata. Su un ritratto aquileiese del II secolo d.C., in: «Quaderni Friulani di Archeologia» 2005; Ludovico Rebaudo
http://www.lavanguardia.com/de-moda/h-hombre-de- vanguardia/20170512/422454106796/hombres-con-historia-tupe-alejandro-magno.html; Fèlix Badía; La Vanguardia, 12/05/2017
Roman Clothing and Fashion, Alexandra Croom, Google Books
La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio; Jerome Carcopino, Ed. Temas de Hoy
https://ia801704.us.archive.org/12/items/jstor-310326/310326.pdf; Greek and Roman Barbers, Frank W. Nicolson
Roman Portraits: Sculptures in Stone and Bronze in the Collection of The Metropolitan Museum of Art, Paul Zanker, Google Books

miércoles, 3 de mayo de 2017

Capillus Veneris, estilos de peinados en la antigua Roma



“Venus estaba sentada en su trono resplandeciente, arreglando su pelo. A su derecha y a su izquierda permanecían las hermanas italianas. Una de ellas derrama rico néctar sobre la cabeza de Venus; otra peina su cabello con un fino peine de marfil. Una tercera, a su espalda, trenza sus mechones y coloca sus rizos, aunque dejando algunos a su aire, porque tal negligencia le sienta bien. No le faltaba a su rostro el veredicto del espejo; su imagen se refleja por todo el palacio y está encantada por donde quiera que mire”. (Claudiano, Ephitalamion)


La forma de peinarse en época romana indicaba un estilo de vida y definía la edad, el género y el estatus marital, social, religioso o económico del individuo.
La mujer libre mostraba su posición socioeconómica ostentando complejos y elaborados peinados, distinguiéndose así de la esclava que recogía normalmente los cabellos de forma muy simple. La mujer sin recursos económicos suficientes supliría con su habilidad personal la falta de medios para realizar un peinado siguiendo la moda.

Museo de Dion, Grecia, foto Carole Raddato
Retrato de Isidora, Museo Getty, Los Ángeles



















Un cabello cuidado era un ornato imprescindible para ejercer la seducción y mostrar coquetería.

“Habladme de una cabellera cuyo color sea tan agradable como perfecto su brillo; cuyos destellos irradien vigorosamente a la luz del sol o lo reflejen con dulzura, presentando variados tonos, según le dé la luz. Unas veces serán cabellos rubios, cuyo dorado, menos deslumbrador en la raíz, tomará el color de un rayo de miel; otras veces serán negros, como el azabache, que asemejaría los matices azulados del cuello del pichón.
Finalmente, el peinado es un adorno tan ventajoso, que, a pesar del oro, los más soberbios trajes, piedras preciosas y demás ornamentos con que se presenta coquetamente adornada una mujer, si su cabellera está descuidada no habrá quien alabe su vestir”.
(Apuleyo, Metamorfosis, II)


Pintura de Alma-Tadema

Llevar una melena suelta podía significar desaliño o muestra de dolor y desesperación. En los funerales las mujeres no se tapaban la cabeza y llevaban el cabello sin sujetar.

"No están aquí mi madre para recoger en su triste regazo mis huesos calcinados, ni mi hermana para derramar sobre mis cenizas perfumes asirios y llorar, con sus cabellos sueltos, ante mi sepulcro." (Tibulo)

Pintura de Pompeya

Las Bacantes en las fiestas de las Bacanales soltaban su pelo como señal de lujuria y desenfreno. 

"De súbito aparecen las Bacantes con los cabellos tendidos por la espalda, y detrás la turba de los Sátiros que preceden al dios." (Ovidio, Arte de amar)

Bacante, pintura de Sorolla

El cabello sin sujetar era en la literatura símbolo de seducción y erotismo, y los poetas describían a sus amadas con el pelo suelto, que ejercía una fuerte atracción amorosa sobre ellos. Venus, la diosa romana de la belleza y el amor, era representada a menudo con su cabellera descansando sobre sus hombros sin adorno alguno.

"En este momento, tal como estés, con tus largos cabellos en desorden, con los pies descalzos, corre a mi encuentro, Delia. Este es mi ruego: que la blanca aurora de caballos de rosa nos traiga el brillante lucero de un día así." (Tibulo, Elegías, I, 4)

Pintura de Pompeya, Museo Arqueológico de Nápoles,
foto de Samuel López

Una mujer respetable no solo debía comportarse según la costumbre de los antepasados, cuyo ideal de virtud se concretaba en el pudor y la castidad, sino también adquirir una determinada imagen asociada a esos valores. En la conducta personal de las damas patricias se destacaba sobre todo el aspecto exterior, de forma que reflejara una actitud altiva y sofisticada. El peinado más que un adorno era un símbolo de gran relevancia social, política y cultural. La elección del peinado correspondía al seguimiento de esos valores. 


Los romanos copiaron los peinados tanto masculinos como femeninos procedentes de anteriores civilizaciones y culturas con las que mantenían relación o de los pueblos por ellos conquistados. Los griegos en la época arcaica llevaban el pelo rizado u ondulado en largas trenzas sueltas, o atadas en lo alto de la cabeza.

Hasta el s. VII a.C. las encontramos representadas con el pelo suelto o recogido con una diadema alrededor de la cabeza o con una coleta baja.

Mujer con diadema, periodo griego arcaico, Museo de Arte Walters, Baltimore

Las mujeres en época clásica solían llevarlo recogido mediante una banda o cinta, para las que las mujeres de estatus alto y con un nivel adquisitivo elevado utilizarían materiales costosos y que a veces estas bandas pudieran ser prácticamente una diadema. 

La mítra era una pieza de tela larga y estrecha destinada a diversos usos, entre los cuales se encontraría el de ceñir y recoger la cabellera que se enrollaba alrededor de la cabeza para crear formas diferentes de recogido. Comienza a aparecer en las representaciones de Démeter y Kore a partir de época arcaica, pero no era una prenda reservada a las mujeres, como comentaremos más adelante, ya que también aparecen divinidades masculinas con este aditamento. 

Mítra, periodo griego clásico, Museo de Bellas Artes, Boston

El kekrýphalos sería una de banda de tela tejida o paño de forma rectangular que serviría para mantener el cabello y el peinado en orden. Parece ser que se utilizaba especialmente para mantener el peinado más usual de las mujeres en época clásica que era el moño, aunque también tenemos imágenes donde esta pieza de tela se utiliza para cubrir todo el peinado. También aparece descrito como una especie de gorro que cubría la mayor parte de la cabellera. Parece que el primer lugar donde se puso de moda fue en Atenas durante el período clásico. Estaban confeccionados en seda, lino o lana.


Finalmente, el sákkos aparece como una prenda tejida que seguramente formaba una especie de bolsa o saco del cual colgaban una especie de cintas o cordones que permitían atarlo o anudarlo alrededor de la cabeza y que ocultaba totalmente los cabellos. Resultaba muy parecido al kekrýphalos y a menudo ambos términos se usaban indistintamente. Parece que su uso se popularizó enormemente entre las mujeres griegas a partir del siglo v a.C.

Sakkos, periodo clásico griego, Museo de Bellas Artes, Boston


A veces se podía combinar el sakkos con la mítra, y todos los tocados para sujetar el cabellos podían ser de colores variados e ir bordados o adornados con piedras y metales preciosos.



En los primeros siglos de la República los peinados femeninos eran simples de acuerdo al papel de la matrona, una mujer centrada fundamentalmente en las labores domésticas y educación de sus hijos, que para mostrar su pudor y honorabilidad salía a la calle cubierta por un velo.



Museo de historia de la ciudad, Barcelona, foto de Samuel López


Las novias el día de su boda lucían el peinado seni crines en el que se trenzaban seis mechones de pelo y que parecía simbolizar la castidad de la futura esposa. 

"Ella misma le separa la cabellera con la aguja, le ciñe su vestimenta; ella misma le dispone el velo nupcial en sus virginales cabellos." (Epitalamio de Honorio y María, Claudiano)

Pintura de novia romana, Triclinio de la villa de los Misterios, Pompeya

Las vestales llevaban un tocado llamado infula en el que unas bandas de lana de color blanco y rojo, en número indeterminado, se enrollaban envolviendo la cabeza y terminaban en unas cintas sin nudos que colgaban sobre el torso. Algunos estudiosos del tema afirman que debajo se peinaban al estilo seni crines, pero otros señalan que cortaban su cabello. Encima se ponían el suffibulum, un velo que junto con la infula representaba la castidad y carácter sagrado de las sacerdotisas.


Busto de Vestal, Museo Getty, Los Ángeles


Tocado de origen helenístico es el recogido (krobylos) en forma de lazo en la parte alta de la cabeza o el moño bajo con mechones sueltos descendiendo por el cuello, pudiendo el resto presentar formas diversas. Si bien se trata de un peinado orientalizante propio del siglo I a.C., el motivo del cabello enlazado se vuelve a adoptar en las representaciones de divinidades en la iconografía altoimperial en el siglo II d.C. y hasta, al menos, principios del siglo III d.C.


Peinado con krobylos, foto de Samuel López


El estilo tutulus, reflejado en la escultura y pintura, es descrito por Varrón como un recogido de rizos en lo alto de la cabeza, atado con una cinta de lana, y fue utilizado durante casi toda la antigua Roma, y era el modelo elegido de las matronas hasta que posteriormente en el Imperio se impuso la variedad.

"Recibieron la denominación de tutulati éstos que en el culto suelen tener en sus cabezas como un cono. Esto se denominó tutulus por el hecho de que los cabellos recogidos en la parte alta de la cabeza que las madres de familia tienen ceñidos con una cinta recibían la denominación de tutuli." (Varrón Lengua Latina, VII, 44)


Pintura de Pompeya, Museo Arqueológico de Nápoles

Hasta la mitad del siglo I a.C. era común que las mujeres se peinaran con gran simplicidad, dividiendo el cabello por una raya central y recogiéndolo en un moño sobre la nuca.

Dama romana, Museo Arqueológico de Badajoz

En la segunda mitad del siglo I a. C. se impone otro peinado de origen helenístico el llamado de melón, en el que el cabello se dividía desde la frente en varios mechones retorcidos, que se recogen en la parte de atrás de la cabeza, bien en un moño bajo en la nuca o en uno más alto en la coronilla.

Niña con peinado melón y moño


"Perfumados con las esencias de Arabia, delicadamente peinados, recogiéndose en la nuca, ofrecen al amante que viene a verlos, la imagen de su rostro, y sonríe de placer. Otras veces trenzados en apretado rodete, coronan la cabeza; otras veces sueltos se deslizan por la espalda." (Apuleyo, El asno de oro)

El peinado nodus o de Octavia, de estilo propiamente itálico a finales de la república, consistía en dividir el pelo en tres partes, por medio de dos rayas en la zona frontal. La zona central formaba un copete encima de la frente, mientras que por los laterales discurrían dos amplios mechones ahuecados, o estirados, que tras rebasar las orejas se recogían en la nuca o se trenzaban y anudaban en un moño sobre la parte posterior de la cabeza, quedando el cabello tenso y pegado al cráneo como un casquete.


Retrato de Octavia con nodus

Durante la época imperial, las esposas de los soberanos y las princesas de alto rango marcaban el éxito de un peinado y ejercían su influencia sobre las damas de linaje patricio; la moda se difundía por las esculturas, joyas y monedas que representaban sus rostros y adornos hasta el último rincón del Imperio.

Livia lució el nodus en la mayoría de retratos oficiales, casi siempre con mechones ondulados y voluminosos en las sienes.




Pero también exhibió múltiples variaciones, como el nodus con trenza, en el que el cabello se recoge en una coleta terminada en una trenza que se sube hasta la frente y se vuelve para caer por la parte trasera de la cabeza.


Camafeo con retrato de Livia

Una variedad permitía caer mechones ondulados o rizados a ambos lados del cuello desde el recogido. Alrededor de las sienes el cabello se mostraba con suaves ondas.

"Si suelta sus cabellos, encanta con su melena; si los anuda, hay que adorarla por su pelo recogido" (Elegía de Sulpicia)

Palazzo Massimo, Roma, foto de Samuel López

La moda y los gustos cambiaron durante los primeros años del Imperio y los peinados, ya al descubierto, se multiplicaron y se hicieron más sofisticados y complejos, como explica Ovidio:

“Mil modas hay de disponer el cabello; elija cada una la más favorecedora, y consulte con el espejo. El rostro ovalado pide una cabellera partida en dos sobre la frente como la llevaba Laodamia. Las caras redonditas pueden recogerlos en bosques a las asustadas fieras. A ésta le sienta bien y le favorece un peinado hueco y estrepitoso; aquélla cree que le cae mejor aplastado contra las sienes; siempre habrá alguna que se complace en sujetarlo con un peinecillo de concha; no faltará la que opta por agitárselo en ondas o rizos.” (Ovidio, Arte de amar, II)


El peinado con raya central y mechones ondulados que se anudan en un moño, una coleta o una trenza sobre la nuca, perdurará hasta finales del siglo II d.C. en los retratos de las matronas romanas.

"Rizar y ondular sus cabellos o sujetar la cabellera con lazos dándole forma en la poblada coronilla, o bien transformar el aspecto de la cabeza añadiendo cabellos." (Manilio, Astrología)

Antonia la menor, Harvard Art Museums, U.S.A.

Este tipo de peinado incluía a veces pequeñas matizaciones, como las amplias ondas que, partiendo de la sien, llegaban a cubrir totalmente las orejas o las trenzas que ocupan la parte posterior de la cabeza.


Retrato femenino, Museos Capitolinos,
foto de Marie Lan Nguyen

Livia en su madurez llevó el peinado tipo salus, así llamado porque este estilo lo llevaba la emperatriz al ser representada como personificación de la salud en monedas emitidas por Tiberio. Los mechones laterales parten de una raya central, pero se vuelven más abultados y las ondas se hacen más rizadas. Se anudan en la nuca en un moño más voluminoso. 

"Ellos, tan sutiles que parecían un finísimo vello, ¡ay, cuántos daños y vejaciones hubieron de sufrir! ¡Con qué docilidad soportaron el hierro y el fuego, al convertirse en rizadas trenzas que se enroscaban en espiral!"  (Ovidio, Amores)


En época de Calígula, Claudio y Nerón el típico peinado con moño bajo de Livia se transforma enroscando la cabellera en espiral por los laterales y anudándola en la nuca en una coleta gruesa formada por trenzas, acompañada o no de dos tirabuzones que descienden por el cuello. Las mujeres de la casa imperial lo llevan en sus retratos: Antonia la menor, madre de Claudio, Agripina la mayor, madre de Calígula, Mesalina, esposa de Claudio, Agripina la menor, hermana de Calígula y esposa de Claudio, y las esposas de Nerón, Claudia Octavia y Popea Sabina.

"En mi adorada Fotis buscaba yo menos los encantos de su tocado que un decente abandono que la embellecía extraordinaria mente: sus cabellos, abundantes, se reunían en lo alto de su cabeza, de donde se desvanecían graciosamente para caer alrededor de su cuello, formando un collar de hermosos bucles." (Apuleyo, El asno de oro, II, 10)

Claudia Octavia, hija de Claudio, Museo de Cleveland

La raya central se irá sustituyendo por una orla de cabellos rizados en forma de caracol (anuli) que cubren toda la frente y dejan al descubierto las orejas, en una moda importada de Egipto y el norte de África.


Peinado de época Julio-Claudia, Museo Arqueológico de Nápoles, foto de Samuel lópez

El gusto por los rizos se fue incrementando durante la segunda mitad del siglo I. d.C. y durante los años de la dinastía Flavia el peinado sigue la moda que recuerda sobre todo un peinado de Julia, la hija del emperador Tito y de Domicia, esposa de Domiciano, llamado de nido de abeja, con un tupé frontal de rizos acaracolados y en el cual la melena se recogía hacia atrás en una gruesa trenza o moño.





Julia Flavia o Titi, hija de Tito y amante de su tío Domiciano 

Posteriormente evolucionó hacia un aumento de los rizos en volumen y altura mediante postizos, hasta conseguir un tupé frontal alto y abultado con bucles dispuestos en corona sobre la frente (orbi) que sobresale con exceso de la cabeza, gracias al empleo de una diadema de varias bandas de rizos artificiales que alcanza un alto grado de artificiosidad y donde el resto del cabello forma un moño trasero, compuesto por numerosas trenzas y postizos, que visto por detrás asemeja una rosca escalonada en la coronilla (torus).

 
Dama Flavia, Museos Capitolinos, foto de Samuel López

 Detalle del peinado de la dama flavia, foto de Samuel López

“¿Por qué no permitís descansar vuestro cabello, que tan pronto rizáis como los desrizáis?, ya los alzáis, ya los rebajáis, hoy los trenzáis, mañana los dejáis sueltos sin simplicidad; aparte de eso, no sé qué montones de postizos añadís; a la manera de casco de piel, como si fuera una pirámide y una cubierta para la corona; otra manera es echado hacia atrás mostrando el cuello.” (Tertuliano, De cultu feminarum)

 Este estilo gozó de gran popularidad durante algún tiempo, incluso en las provincias, como puede observarse en los retratos de El Fayum.

Peinado época flavia, Museo Nacional de Escocia, Edimburgo


Muchos autores ya dejaban escritas sus críticas a la artificiosidad en los peinados que llevaban a incluir postizos y pelucas y que hacían parecer a las mujeres más altas de lo que eran.

"Muchos pisos, armazones encima de su cabeza levanta: de frente una Andrómaca; por detrás más chica, creerías que es otra." (Juvenal, sátira VI)


Retrato con peinado flavio, Paestum, Italia, composición fotográfica de Samuel lópez

En los años de gobierno de Trajano se siguen utilizando los postizos, pero ahora los rizos son sustituidos por bandas de pelo superpuestas que se elevan y terminan en una punta redondeada o en pico y a veces se empleaba una cinta de cuero que, recubierta de cabellos, ocultaba la línea de unión entre la frente y el postizo, como puede apreciarse en los retratos de Plotina, esposa de Trajano.

Retrato de Plotina, Museos Capitolinos, Roma, foto de Samuel López

Durante los reinados de Trajano y Adriano se pone de moda un peinado con la apretada cabellera dividida por una raya central sobre la frente, con mechones ondulados en las sienes y recogiendo las trenzas por detrás en una rosca con varias vueltas que se fija en la parte superior de la cabeza. Lo exhiben las mujeres de la casa imperial de Trajano, su esposa Pompeya Plotina, su hermana Ulpia Marciana, su sobrina Salonina Matidia y las hijas de ésta, Matidia la menor y Vibia Sabina, esposa de Adriano.


Retrato de época de Adriano, Museo Arqueológico de Tarragona, foto de Samuel López

Una variante muestra como la raya central llega a desaparecer y el tocado de trenzas se encaja en la cabeza, envolviéndola por completo, como un turbante, y sujeto a ella por una redecilla.

Peinado estilo turbante, época de Trajano o Adriano,
Museo del Prado, Madrid

Durante la dinastía antonina a mediados del siglo II d.C., Faustina la Mayor, esposa de Antonino Pío, lucía en sus retratos un peinado que fue frecuentemente imitado, con algunas variaciones, tanto por damas de la corte imperial como del ámbito privado.

El cabello tiene una raya encima de la frente y está peinado hacia atrás en los lados. El cabello de la frente y de las sienes presenta ondas más o menos rizadas y se divide en dos, recogiéndose en gruesas trenzas que, partiendo de la nuca, se enrollan en la cima de la cabeza en un alto moño a modo de torre. 

"Utilizan instrumentos de hierro calentados en una débil llama para ensortijar a la fuerza sus bucles, y mechones elaborados con estilo bajan hasta sus cejas, dejando un estrecho espacio en la frente, mientras que por detrás las trenzas flotan con arrogancia hasta las espaldas." (Luciano, Amores, 40)

Faustina la mayor, Museo Metropolitan, Nueva York

Faustina la Menor, esposa de Marco Aurelio, en su etapa más madura luce su cabello con amplias ondas que, partiendo de la sien, se anudaban discretamente en la nuca, llegando a cubrir totalmente las orejas o las trenzas que ocupaban la parte posterior de la cabeza.

"En cambio, en toda mujer siempre resplandece la gracia de su color, con sus bucles abundantes de racimos de cabellos, con su belleza purpúrea que se asemeja a las flores de jacinto, una parte cayendo por la espalda como adorno de los hombros y otra parte junto a las orejas y las sienes, más espesos que el perejil de los prados. En cuanto al resto de su persona, sin que les salga un solo pelo de más, refulge más que el ámbar, según el dicho, o que el cristal de Sidón." (Luciano, Amores, 26)

Retrato de ¿Faustina la menor?, Museo de la ciudad, Barcelona

La emperatriz Julia Domna, de origen sirio y casada con Septimio Severo, es representada habitualmente con un peinado que se caracteriza por presentar los cabellos ondulados que, divididos por una raya central, cubren las orejas mientras que, por detrás, se recogen en varias trenzas desde la nuca hacia la bóveda del cráneo formando una especie de malla.

Julia Domna

Durante el reinado de Caracalla, hijo de Julia Domna, en la primera mitad del siglo III d. C. se puede ver una vuelta al peinado de estilo melón en algunos retratos de su esposa Fulvia Plautila.


Plautila con peinado de melón, Museos Capitolinos, foto de Samuel López

Aunque en el estilo de Julia Domna el cabello ondulado originalmente cubría totalmente las orejas y el moño ocupaba gran parte de la cabeza, con posterioridad el peinado evoluciona dejando las orejas al descubierto para recogerse en la nuca en un moño oval aplastado, como se ve en los retratos de Julia Mamea, madre de Alejandro Severo hacia el año 220 d.C., fecha a partir de la cual es frecuente reconocerlo en retratos monetales y escultóricos de emperatrices y damas de la corte hasta finales de la dinastía severiana.

Julia Mammea, Museo del Louvre, París

Este modelo seguirá de moda entre las emperatrices y damas que vivieron en el periodo histórico conocido como crisis del siglo III d.C., comprendido entre la muerte del emperador Severo Alejandro en el año 235 d.C. y el acceso al trono de Diocleciano en el 284 d.C.


Peinado época de la dinastía Severa

En los peinados de la segunda mitad del siglo III aunque se continúa con la moda de los severos se ve en algunos retratos la introducción de rizos que sobresalen de la melena y que también adornan las sienes, lo que suaviza el aspecto más adusto de los rostros de época severa.


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No todos los peinados correspondían a los retratos oficiales que han llegado hasta nuestros días. Las costumbres de los distintos territorios que integraban el imperio ejercían su influencia sobre las costumbres en el adorno femenino. En un mosaico del siglo III d.C. encontrado en Turquía una mujer es representada con tres coletas, una en lo alto de la coronilla y dos laterales que se envuelven en un tubo cilíndrico y terminan en un pequeño moño redondo.



Mosaico de Turquía, Museo de Ontario, Canadá

Algunos de los peinados que se imponen desde el siglo III al V recurren a los cabellos ondulados, divididos por una raya central, dejan las orejas descubiertas y se recogen en una trenza desde la nuca hasta lo alto de la cabeza como envuelto en una malla.

Sabina Tranquilina, esposa de Gordiano III

También la masa de pelo se recoge en una ancha coleta o trenza aplastada que se sube hasta la frente, donde a veces puede enroscarse en forma de rulo, que en algunos casos se dobla hasta descansar sobre una diadema ornamentada de gemas y perlas, en un modelo con influencia oriental. La frente puede adornarse con pequeños rizos en forma de caracol.

Retrato siglo III o IV con rulo frontal, Museo de Bellas Artes de Boston

"Había agrupado sus cabellos trenzándolos hacia arriba, formando una torre en su cabeza, de forma que ese montón añadido aumentara la elevación de sus rizos y su frente altiva portara una cima sublime." (Prudencio, Psicomaquia)

Una versión más sencilla se puede apreciar en algunos retratos, como por ejemplo el de Cornelia Salonina, esposa de Galieno, en la que la coleta se estrecha y se dobla formando dos bandas que se doblan sobre lo alto de la cabeza.


Cornelia Salonina, Museo del Hermitage

Otro estilo de peinado de la época recupera la moda de turbante de los tiempos de Trajano, en el que varias gruesas trenzas se superponen unas a las otras y envuelven la cabeza completamente elevando la altura del tocado, pero a diferencia del siglo II, la pesada trenza no está puesta sobre la cabeza como un sombrero, sino que pasa oblicuamente por las orejas hasta cubrir una buena parte de la nuca.

"Por tu parte, más vale que no te pirres por que las narices te conozcan al pasar de aquí a allá gracias al perfume de tus vestidos y tus cabellos, ni tomes asiento con el moño de tus cabellos entrelazados en forma de ballesta, edificada con una torre en la cabeza, para que no te conviertas en causa de una funesta atracción para muchos, atraídos fatalmente por tu resplandor. Ni siquiera busques complacer para repulsivos propósitos a tu propio marido aumentando la estatura de tu cuerpo." (Paulino de Nola, Poemas, 25)


¿Aelia Flacilla?, esposa de Teodosio I, siglo IV, Museo Metropolitan, Nueva York

En el siglo IV y posteriores es habitual cubrir el cabello con un pañuelo o velo que se sujeta con un broche y que en caso de las emperatrices y mujeres aristócratas puede llevar aderezos con joyas. Según la moda el cabello se adornaba con cintas, diademas, coronas y piedras preciosas.

“En sus cabellos, relucientes de perfumes, prende la blanca perla de las conchas marinas y con cadenitas de oro quedan sujetos los bucles de su cabellera.” (Prudencio, Hamartigenia)

Retrato de Ariadna, esposa de Zenón y Anastasio, siglo V

Por debajo el peinado aparece abultado y voluminoso porque una larga melena se peinaría en gruesas trenzas o coletas que se enroscaban unas sobre otras. Sin embargo, los peinados sencillos, con ondas o pequeños rizos y la melena sujeta en un moño recogido en la nuca, la cual queda al aire, parecidos a los de épocas anteriores, son visibles en los retratos de época bizantina que dejan sin cubrir la cabeza.


"A las mujeres les basta con atusar sus cabellos y recogerlos sencillamente con un simple lazo junto al cuello, y así dejan crecer con un cuidado sencillo una discreta cabellera, hasta alcanzar una belleza natural." (Clemente, El Pedagogo)

Retrato, siglo V, Museo Metropolitan, Nueva York

Por influencia de la moda oriental procedente de Asia Menor los tocados que se lucían en los últimos tiempos del imperio durante las ceremonias presentaban un desmedido lujo y fastuosidad en las que el cabello apenas aparece y las telas y gemas tienen todo el protagonismo según se ve en los retratos conservados.


"Y como una madre, cuando llega el pretendiente de su hija, adorna el rostro de ésta con especial habilidad y apresurada diligencia en la esperanza de un matrimonio más próximo, le retoca muchas veces con su mano el vestido y el ceñidor, le estrecha el pecho con verdes cintas de jaspe, recoge su cabello con piedras preciosas, rodea su cuello con un collar y llena sus oídos de resplandecientes perlas." (Claudiano, Sexto consulado de Honorio)


Detalle de mosaico, Villa del Rabaçal, Portugal

En los retratos de Palmira cuando la ciudad formaba parte del imperio romano se puede apreciar como los peinados de las damas ricas mostraban cabellos ondulados, cubiertos total o parcialmente con un turbante que con el tiempo se adornaba con más y más joyas.

Retrato de Herta (Palmira), Galería de Arte,
Universidad de Yale





La utilización de la diadema griega (stephanos), privilegio de las diosas de época griega y helenística, empezó a utilizarse en los retratos de las damas de la familia imperial fallecidas y en tiempos de Nerón aparece en las imágenes de damas aún vivas. A finales del siglo I d.C. se incorpora a las representaciones de mujeres que no pertenecen a la casa imperial y, con frecuencia, dentro del entorno funerario. Si bien en los primeros casos el uso de la diadema podía significar autoridad y privilegio, después habría perdido tales connotaciones para mostrar un aire de respetabilidad y piedad.


Retratos con diadema. Izda: Agripina la mayor, centro Julia Titi; Drcha: Faustina la menor

En el Bajo Imperio la diadema o tiara se convierte en un adorno lujoso para el cabello, sin otras connotaciones religiosas o sociales.

"La diadema es un ornamento propio de la cabeza de las mujeres; está confeccionada a base de oro y piedras preciosas; se ata por la parte de atrás abriendo sobre sí mismo los extremos." (San Isidoro, Etim. XIX, 31)



Mosaico de la llamada Dama de Cartago



Bibliografía:

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http://www.academicroom.com/article/hair-and-artifice-roman-female-adornment, Hair and the Artifice of Roman Female Adornment, Elizabeth Bartman.
http://www.nature.com/jidsp/journal/v10/n3/pdf/5640231a.pdf%3Forigin%3Dpublication_detail, Hairstyles in the Arts of Greek and Roman Antiquity, Norbert Haas, Francoise Toppe, and Beate M. Henz.
http://www.academia.edu/3777852/La_estetica_capilar_en_la_antigua_Roma_a_traves_de_las_representaciones_numismaticas, La estética capilar en la antigua roma a través de las representaciones numismáticas, Alejandro Fornell Muñoz.
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El arreglo del cabello femenino en época romana. Evidencias arqueológicas en la Bética occidental. Milagrosa Jiménez Melero.
https://www.academia.edu/21780830/El_recogido_femenino_como_elemento_de_diferenciacion_social_en_la_Antigua_Grecia, EL RECOGIDO FEMENINO COMO ELEMENTO DE DIFERENCIACIÓN SOCIAL EN LA GRECIA CLÁSICA, Esther Rodrigo y Gemma Fortea
ejournals.epublishing.ekt.gr/index.php/deltion/article/.../4490.pdf; Hairstyles and Headdresses of
Empresses, Princesses, and Ladies of the Aristocracy in Byzantium; Melita EMMANUEL
http://d2aohiyo3d3idm.cloudfront.net/publications/virtuallibrary/0866590048.pdf; Roman Portraits in the Getty Museum; Jiří Frel


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