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viernes, 17 de abril de 2015

Triclinium, comer y disfrutar en la domus en la antigua Roma

Triclinum, Villa Ariadna, Stabia, Italia. Foto de Samuel López

Para los ricos aristócratas romanos el entretenimiento de amigos y clientes a la hora de la cena se convirtió en el principal foco de vida social. El triclinium o comedor donde se celebraban los banquetes se estableció como elemento indispensable para mostrar el status social y el nivel de bienestar del propietario. La decoración de la habitación, la provisión de los alimentos más exóticos, la calidad de las vajillas y recipientes para servir la comida y la cantidad de esclavos que atendían a los invitados, además de la oferta de entretenimiento durante la cena se alzaban como expresión de la riqueza y elegancia del dominus que invitaba.

“Del otro lado tiene que alzarse apoyado en largas columnas de Numidia y recoger el sol de invierno un cenador.” (Juvenal, sátira VII)

Los triclinia elaborados como espacio de representación para recrear la vista e impresionar  acogían decoraciones pictóricas en los muros, techos abovedados o artesonados sostenidos por columnas, suelos de mosaico diseñados, a veces, para delimitar la ubicación de los lechos, en las zonas más visibles. Estas lujosas estancias podían disponer de ventanas protegidas con piedra especular que permitían entrar la luz y también podían ser calentadas por hipocausto o tubos por los que pasaba aire caliente que quedaban ocultos tras las paredes.

Mosaico de Venus y Adonis, Triclinium de la Villa de Materno, Carranque, Toledo. Foto de Samuel López

En las casas con peristilo, el triclinium se organizaba como un amplio espacio abierto hacia él, para poder disfrutar de la vista del jardín, del aroma de las flores y del murmullo del agua que surgía de las fuentes o estanques. En las villas rústicas se apreciaba tener amplias vistas a los campos o montañas y en las villas marítimas que los comedores dispusiesen de ventanas por las que se pudiese ver el mar y permitiesen entrar las brisas marinas.

“Al otro lado del pórtico, a la altura de las columnas que forman el centro del arco de la D, hay un patio cubierto lleno de encanto, y a continuación, un comedor bastante elegante que se mete casi en la playa, de modo que, cuando el mar es agitado por el viento de África, es suavemente salpicado por las puntas de las olas una vez ya rotas. Esta estancia está provista por todos sus lados de puertas y ventanas del tamaño de aquellas, y así, parece que mira hacia tres mares por sus dos paredes laterales y por la que está frente a los comensales. Por la parte que queda a la espalda de éstos, da hacia el patio cubierto ya citado, hacia el pórtico, hacia el patio abierto, hacia la continuación del pórtico, hacia el atrio, y más allá de él hacia bosques y lejanas montañas.”(Plinio, Epístolas, II, 17)

Estancia con ventanas, Villa San Marco, Stabia, Italia. Foto de Samuel López

La disposición del comedor tradicional romano consistía  en tres lechos alrededor de una mesa donde colocar la comida. Los lechos de obra solía tener el lado hacia la mesa más elevado para facilitar la postura. La colocación de los invitados seguía un orden jerárquico muy estricto. Los invitados se tendían en oblicuo en el lecho, con el codo izquierdo apoyado sobre un cojín, y la mano derecha libre para comer. 


Triclinium, Exposición DOMUS, 2013. Foto de Samuel López

Se les lavaba los pies al entrar y se quitaban el calzado durante la cena. Más adelante se impuso un lecho en forma de media luna, stibadium, en el que cabían alrededor de siete personas. En  Pompeya se han encontrado comedores de verano con dos lechos (biclinium), en los que cabrían dos o tres personas en cada uno.

En las casas o villas más grandes se podían encontrar triclinios de verano o invierno, emplazados en distintos lugar según la orientación de la casa. El arquitecto Vitruvio da consejos sobre la ubicación de estas habitaciones:

“Los triclinios de primavera y de otoño se orientarán hacia el este, pues, al estar expuestos directamente hacia la luz del sol que inicia su periplo hacia occidente, se consigue que mantengan una temperatura agradable, durante el tiempo cuya utilización es imprescindible. Hacia el norte se orientarán los triclinios de verano, pues tal orientación no resulta tan calurosa como las otras durante el solsticio, al estar en el punto puesto al curso del sol; por ello permanecen muy frescas, lo que proporciona un agradable bienestar”. (De Arquitectura, VI, 4)  

Triclinio de verano, Casa de Neptuno y Anfítrite, Herculano. Foto de Samuel López

Los triclinia de invierno que necesitaban calentarse con braseros e iluminarse con lucernas serían espacios en los que se concentraba una atmósfera densa por el calor y el humo, por lo que Vitruvio recomienda pintar zócalos sencillos en color negro combinado con ocre o rojo, con pavimentos en colores oscuros y capaces de absorber las manchas provocadas por los alimentos y bebidas derramados.

“Así, por ejemplo, en los comedores de invierno no están bien ni son necesarios refinamientos en la ornamentación, ni  pinturas de gran importancia, ni adornos delicados en las cornisas de las bóvedas porque todas estas cosas se echan a perder con el humo de los fuegos y con el espeso hollín de las lámparas.” (Vitrubio, De Arquitectura, VII, 4)

Triclinium, Casa de los Ciervos, Herculano. Foto de Samuel López

En muchas casas, sobre todo, en Pompeya se han encontrado triclinios en los jardines, protegidos por una pérgola, un toldo o un tejadillo, y normalmente, frente a una fuente.

“En la cabecera del hipódromo está el stibadium de blanquísimo mármol, cubierto por una pérgola que está sostenida por cuatro columnas de mármol caristio. Debajo del stibadium el agua sale a chorros, casi como expulsada por los que están sentados encima; el agua se recoge en un canal y pasa a rellenar una pila de fino mármol, regulada de modo invisible para que esté siempre llena y nunca se desborde. Las viandas de mayor peso, si las hay, se apoyan en el borde de la pila, mientras que las más ligeras se llevan flotando en barquitos o aves simuladas. Enfrente hay una fuente que lanza y recoge el agua mediante un juego de cañerías que primero la echa hacia arriba y luego la traga abajo para volver a elevarla después.” (Plinio, Epístolas, V, 6)

Triclinium, Villa de Minori, Costa Amalfitana. Foto de Samuel López

El emperador Tiberio mandó habilitar una gruta en Sperlonga para disfrutar del entorno y del agua marina junto a la que se sitúa la cueva. En su interior había numerosas estatuas para amenizar el lugar. Aquí es donde pudo ocurrir el accidente citado por Suetonio, en el que mientras el emperador cenaba con sus invitados se cayeron varias piedras del techo que causaron la muerte a varios de los comensales y sirvientes, aunque Tiberio salió ileso.

"Pocos dias después, mientras comía, cerca de Terracina, en una finca de recreo llamada Espelunca, varias rocas enormes se desprendieron de improviso del techo y aplastaron a muchos convidados y sirvientes, escapando él mismo contra todo pronóstico." (Suetonio, Tiberio, 39)

Villa de Tiberio, Sperlonga, Italia

El Emperador Adriano construyó en su amplia residencia de Tíbur (actual Tívoli) un ostentoso comedor al aire libre con un lecho semicircular con plazas suficientes para albergar a unos cuantos comensales, el cual tenía por detrás rampas por las que supuestamente caerían cascadas de agua y por delante un enorme estanque rodeado por estatuas.

Stibadium, Villa Adriana, Tívoli, Italia. Foto de Samuel López

Los comedores al aire libre forman una prueba más del naturalismo romano que degustaba los placeres de las comidas campestres a la sombra de un árbol y en contacto con la naturaleza, aprovechando los días festivos.

 A la hora de disfrutar de lugares originales en donde disfrutar del placer de la gastronomía en entornos agradables a la vista, destaca la celebración de comidas con varios convidados en los que el protagonista era un enorme y frondoso árbol, como el famoso “nido” de Calígula:

“El emperador Calígula pudo admirar en la campiña de Velitres un tablado construido sobre un solo plátano cuyas ramas, ampliamente expandida, servían de asientos: celebró un festín, donde el árbol mismo proporcionaba una parte de la sombra, en este comedor, que fue capaz de contener a 15 convidados y los sirvientes, y que él llamó “el nido”. (Plinio, Historia Natural, XII, 10)

Mosaico nilótico, Praeneste, Museo de Palestrina, Italia

Es posible que algunos encontraran más placentero cenar en un ambiente tan rustico y sencillo que en un lugar cerrado y profusamente decorado a la moda del momento. Otra vez un árbol gigantesco es el centro de atención:

“Actualmente hay en Licia un plátano famoso, al que va asociado la amenidad de una fuente fresca; colocado cerca del camino, esta horadado por una profunda cueva de 81 pies, formando una especie de casa, cuyo tejado es una selva frondosa, ya que está rodeado por vastas ramas tan gruesas como árboles y cubre la campiña con sus largas sombras. Y para que nada falte para asemejarse a una gruta, el interior de su oquedad está tapizado de un revestimiento circular de piedras pómez cubiertas de musgo. La cosa es tan maravillosa que Licinius Mucianus, cónsul por tercera vez y últimamente legado de esta provincia, ha creído deber transmitir a la posteridad que había cenado en su tronco con 17 convidados, sobre lechos de follaje proporcionados generosamente por el propio árbol al abrigo de todos los vientos, sin oír el ruido de la lluvia sobre las hojas; y que él se había recostado más a gusto que entre el brillo de los mármoles, la variedad de las pinturas y el oro de los artesonados.” (Plinio, Historia, Natural, XII, 9)

 En las partidas de caza que organizaban los ricos propietarios que residían en las villae en el campo, no faltaba el importante acto de la comida, para lo que los sirvientes cargaban con todos los enseres y alimentos necesarios para que sus señores pudieran disfrutan de ese momento sin que echaran en falta nada de lo que tenían en los  lujosos triclinia de sus casas.

Comida con stibadium, Mosaico de la caza, Villa de Tellaro, Sicilia

También el agua que corre de forma natural en un paisaje campestre es un punto de atracción para los que quieren gozar de una comida sencilla en un lugar agradable.

“Existe allí un arroyo que nace en las montañas, corre a través de las rocas y llega hasta una pequeña gruta acondicionada por la mano del hombre a modo de comedor; a continuación, tras detenerse brevemente en ella, desemboca en el lago Lario. Te tumbas a su lado, comes e incluso bebes del propio arroyo, pues es muy refrescante, y durante todo ese tiempo, obedeciendo a unos intervalos fijos y bien precisos, sus aguas se retiran y vuelven a aparecer.” (Plinio, Epístolas, IV, 30)

Con el deseo de ofrecer a sus invitados el espacio más sofisticado y poco común donde relajarse y comer en compañía, el anfitrión podía buscar el lugar más inédito en sus posesiones, aunque el efecto conseguido podía ser contrario al pretendido, impresionar al convidado y que la cena fuera un éxito. Este es el caso del comedor-aviario de Lúculo, cuya pretensión de agradar a los comensales cenando entre aves que entran y salen volando, se ve defraudada porque los invitados no parecen contentos por tener que cenar entre el olor producido por las aves.

"Lúculo deseó tener un aviario diferente, pero que se pareciese a otros, que se hizo en Túsculo; que pudiese tener el triclinium  bajo el mismo techo que el aviario, donde pudiese cenar con estilo, y donde pudiese ver algunas aves servidas, y otras volando por las ventanas, pero que no encontró útil, porque las aves volando por las ventanas no son agradables de ver y que el desagradable olor es ofensivo a la nariz." (Varrón, De Re Rustica, III, 1)

Los emperadores edificaban construcciones en sitios excepcionales para disfrutar de sus cenas. Domiciano mandó construir una pérgola para utilizar como cenador (cenatio) en el monte Celio, desde donde se divisan unas vistas extraordinarias de la ciudad de Roma y desde donde se puede apreciar el mausoleo de Augusto.

“Me llamo Mica aurea. Estás viendo lo que soy: un pequeño cenador. Fíjate que desde aquí ves el mausoleo del César. Rompe los lechos, pide vino, corónate de rosas, perfúmate con nardo: un dios en persona te invita a que te acuerdes de la muerte.” (Marcial, Epigramas, II, 59)

Biclinium, Casa de Octavio Cuarto, Pompeya, foto de Panoramio

La palabra cenatio, sinónimo de triclinium, designa un comedor grande o pequeño, que por tanto podía ser sencillo o tan complejo como albergar mecanismos en el techo para dispensar regalos u otras sorpresas a los convidados. Como en la Domus Aurea de Nerón:

“El techo de los comedores estaba formado de tablillas de marfil movibles, por algunas aberturas de los cuales brotaban flores y perfumes.” (Suetonio, Nerón, 31)

Pintura con comensales, Museo Nacional Romano. Foto de Samuel López

 Séneca describe algunos de los artilugios que se empleaban para sorprender a los invitados, tuberías para dejar salir perfumes con los que enmascarar los posibles desagradables olores procedentes del sudor y vómitos de los asistentes a estas cenas, mecanismos que permitían la entrada y salida de agua para abastecer los canales y cascadas que servían para refrescar el ambiente y la construcción de diferentes techumbres que permitían su intercambio según el momento de la cena.

“Hoy en día, ¿cuál de los dos consideras más sabio: el que ha encontrado cómo hacer salir el agua perfumada de azafrán a gran altura, pasando por tubos escondidos; el que de pronto llena o vacía los canales con aguas impetuosas  y de tal manera dispone para la sala de los festines los movibles artesonados que sucesivamente van renovando su aspecto y tantas veces cambian los techos cuantas veces los manjares…” (Séneca, Epístolas a Lucilio, XC, 15)

Bibliografía:

La casa romana, P. A. Fernández Vega, Akal Ediciones
La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio, J. Carcopino, Temas de Hoy.


domingo, 23 de diciembre de 2012

Ars venatoria, la caza en la antigua Roma

Mosaico de Halicarnaso, Turquía. Museo Británico, Londres

El ocio, otium, romano se concebía como un tiempo disponible para el esparcimiento, como alternativa de la ocupación, negotium. Este tiempo se utilizaba de acuerdo con las posibilidades económicas, capacidades y aspiraciones de cada ciudadano.
Los ciudadanos romanos se dedicaban, cuando estaban en la ciudad, a los placeres y la ostentación. Entre las actividades de ocio se encontraban las actividades culturales y artísticas, los espectáculos de masas y los baños y banquetes. Pero durante sus estancias en el campo, su tiempo se repartía entre la supervisión de las tareas agrícolas, los juegos de azar y la caza.
Lo que cada uno hacía en su tiempo libre se consideraba reflejo de su carácter moral. Un ocio de calidad era el dedicado a la lectura, escritura, la filosofía y el debate, más propio de las clases elitistas. Las clases más populares pasaban el tiempo en tabernas y carreras de carros. Una visión negativa la proporcionaba el ocio dedicado al placer corporal, especialmente para los jóvenes.

"Pues son los placeres, sí los placeres, los que mejor ponen del manifiesto la gravedad, la rectitud, y la moderación en una persona. ¿Quién hay, en efecto, tan depravado que no muestre una cierta apariencia de seriedad en sus ocupaciones cotidianas? Somos traicionados por nuestro reposo. ¿o acaso la mayor parte de los Prícipes no consagraban este tiempo a jugar a los dados, a abandonarse a la lujuria y a cometer todo tipo de excesos, pasando, así, de la indolencia en el desempeño de las responsabilidades serias a un intenso esfuerzo en el disfrute de los peores vicios." (Plinio, Panegírico de Trajano, 82)

Los recitales literarios, ya fueran programados por un autor para difundir su obra o los leídos en un ambiente relajado, como la sobremesa tras una sobria cena, conformaban el ideal de cómo ocupar las horas de ocio para los más elitistas.

La caza o ars venatoria era también una ocupación decente aunque no del gusto de todos. Sus raíces se remontan a los orígenes de la humanidad cuando la necesidad de supervivencia obligó a la obtención de alimentos en el entorno para acabar convirtiéndose en un pasatiempo de los ricos y poderosos en las sociedades antiguas. las actividades cinegéticas proporcionaban protección a los rebaños y ayudaban a fortalecer el carácter y el cuerpo en tiempos de paz.

Mosaico de la villa de las Tiendas, Museo Nacional Romano, Mérida

La práctica de la caza como actividad de placer para los reyes y aristócratas se desarrolló en las civilizaciones de Oriente Próximo y continuó en el periodo helenístico. En Roma es a partir de la dinastía Antonina cuando la caza se convierte en parte fundamental de la vida de una villa.

En una estela funeraria de la ciudad de Celti (actual Peñaflor) se describe como sería la vida de un joven propietario de una villa, y las distintas labores a la que se dedicaba, entre ellas, la caza y la pesca.

"A los Dioses Manes. Aquí yace Quintus Marius Optatus, natural de Celti y de edad de veinte años. ¡Ay, dolor! ¡Oh tú, caminante, que pasas por la acera de este camino!, entérate quién fue el joven, cuyos restos mortales se guardan dentro de esta tumba. Apiádate de él y ofrécele tu saludo. Era diestro en lanzar el arpón y el anzuelo al río, de donde sacaba abundante pesca; como buen cazador sabía clavar su jabalina en el corazón de las fieras bravas; sabía también apresar a las aves con varas untadas de liga. Además cuidaba del cultivo de los bosques sagrados, y a tí ¡ oh Diana!, nacida en Delos, casta, virgen y triforme luna, erigió un santuario tutelar en la sombreada floresta, cumpliendo lealmente el voto realizado. En el gran predio de su heredad dio feliz impulso a las tareas agrícolas, haciendo que con ellas se uniesen los extensos valles a los pintorescos paisajes y las ásperas cimas de la sierra, bien surcando los eriales con el arado, bien metiendo y protegiendo en hoyos hechos con cuidado, los tiernos sarmientos de la vid.

La caza formaba parte de la vida de los altos mandos militares que estaban destinados en tierras fronterizas y que con esta actividad deportiva se mantenían en forma ejercitándose en las armas en tiempo de paz, a la vez que imitaban a la nobleza romana en sus momentos de ocio.


Detalle mosaico de la caza menor, Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

La diosa protectora de los bosques y los seres vivos que los habitan era Diana, a la que los cazadores solicitaban les protegiera del peligro. Le prometían ofrecerle las piezas de la caza para ganarse su favor.
El legado de Augusto Quinto Tulio Máximo, de la legión VII, Gémina Félix consagró un ara a Diana con unos versos a ella dedicados. 

"Acotó la planicie de un campo y se la consagró a los dioses; y a tí, Virgen Delia Triforme, te erigió un templo Tulio, natural de Libia, legado de la legión ibera, para poder atravesar a las corzas veloces, y a los ciervos, para cazar a los jabalíes de cerdas puntiagudas, y atrapar los caballos criados en los bosques; para poder competir a la carrera o con un arma de hierro, ya sea yendo a pie, o lanzando la jabalina desde un caballo ibero." 


Ofrenda a Diana, Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

En los costados del ara se encuentran los textos con la consagración de las ofrendas conseguidas, colmillos de jabalí y cuernos de ciervos.

"Buscamos por los claros, los verdes terrenos, los llanos abiertos, corriendo con rapidez de aquí allá y por todos los campos, ansiosos por conseguir varias presas con dóciles perros. Disfrutamos traspasando la liebre nerviosa, la cierva que no se resiste, el lobo atrevido o capturando el astuto zorro; nuestro deseo es recorrer las riberas sombreadas, cazando la mangosta en las tranquilas orillas entre las espadañas, con la lanza para agujerear al amenazante turón en un tronco y traer a casa el puerco espín enrollado en su propio cuerpo de pinchos..."

El ritual de la caza empezaría muy probablemente con la ofrenda a Diana cazadora, protectora de los bosques y de los montes:

"Solo tú, Diana, gran gloria de Latona, que recorres los pacíficos claros y bosques, ven rápido, asume tu traje, arco en mano, y cuelga la aljaba coloreada de tu hombro; sean de oro tus armas y tus flechas; y deja que tus relucientes pies calcen botas púrpuras; deja que tu manto sea ricamente tejido con hilo de oro, y un cinturón con hebilla enjoyada ciña tu plegada túnica, sujeta tus trenzas enroscadas con una banda... Diosa, levanta, dirige a tu poeta por el bosque sin pisotear, a tí seguimos, muéstranos las guaridas de las bestias. Ven conmigo, que estoy aquejado de amor a la caza." (Nemesiano, Cynegetica,  s. III)


Mosaico con comida durante la caza, villa de Tellaro, Sicilia

Los criados portarían estacas, redes y demás aparejos. Después seguiría la caza propiamente dicha. Luego el descanso con la comida, reclinados los amos en lechos mientras los esclavos servían.

 La jornada terminaría con la vuelta a casa de los cazadores  y los esclavos cargando con las piezas conseguidas.


Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

La cacería a caballo de venados y jabalíes se realizaba haciendo huir a la pieza conduciéndola hacia la fornido, una cuerda con hojas para engañar a los animales y llevarlos hasta la red, donde quedaban atrapados.

"Algunos cazadores encuentran en las plumas arrancadas del sucio buitre un elemento de ayuda. A intervalos debe añadirse el plumón del blanco cisne, y eso es eficaz, pues las blancas plumas brillan a la luz del sol, con formidable apariencia para el gamo, mientras que el horrendo olor del negro buitre molesta a las criaturas del bosque... Esta forma de terror tiene más uso contra los ciervos; pero cuando las plumas se tiñen del rojo africano y la cuerda de lino reluce , es raro que escape ninguna bestia de estos horrores simulados." (Gratio, Cynegetica, s. I.)


Mosaico de caza, Museo del Bardo, Túnez

Para abatir los animales se usaban lanzas y flechas. En el equipo de los cazadores no podían faltar las redes, lanzas, ganchos. El poeta Nemesianus  del siglo III d. C., describe así las armas que se utilizaban:

"Y estas son las armas de la caza gloriosa que los robustos cazadores deberían llevar a los montes y bosques, redes, cestos de mimbre, lanzas, estacas y rápidas flechas aladas, espadas y hachas, tridentes para herir liebres, garfios y ganchos, cuerda de retorcida retama y trampas bien tejidas." (Nemesiano, Cynegetica)

"Un cuidado diligente de tus perros debe empezar al inicio del año, cuando Jano, abre la marcha del tiempo con la ronda de los doce meses. En ese momento debes elegir una perra obediente al correr y al andar a la zaga, que sea nativa de la tierra de los espartanos o de los molosos, y con buen pedigree." (Nemesiano, Cynegetica)



Grupo jabalí con perros en bronce.
Casa del Citarista en Pompeya

Los perros formaban parte de la persecución de los animales grandes o pequeños y eran muy apreciados por sus dueños, que ponían sus nombres en los mosaicos de sus residencias: 

"No para sí, sino para su amo caza el fogoso lebrel, que te traerá la liebre ilesa entre sus dientes." (Marcial, Epigramas, XIV, 200)

El fabulista Fedro recogió en su obra cómo empezó el hombre a utilizar el caballo salvaje para convertirlo en un animal manso que pudiese ayudarlo en distintas actividades, como el transporte, la guerra y la caza:

"Todos los días el caballo salvaje saciaba su sed en un río poco profundo. Allí también acudía un jabalí, que, al remover el barro del fondo con la trompa y las patas, enturbiaba el agua. El caballo le pidió que tuviera más cuidado, pero el jabalí se ofendió y lo trató de loco. Terminaron mirándose con odio, como los peores enemigos.

Mosaico de Caza, Villa Tellaro, Sicilia

Entonces el caballo salvaje, lleno de ira, fue a buscar al hombre y le pidió ayuda.
- Yo enfrentaré a esa bestia - dijo el hombre - pero debes permitirme montar sobre tu lomo.
El caballo estuvo de acuerdo y allá fueron, en busca del enemigo. Lo encontraron cerca del bosque y, antes de que pudiera ocultarse en la espesura, el hombre lanzó su jabalina y le dio muerte. Libre ya del jabalí, el caballo enfiló hacia el río para beber en sus aguas claras, seguro de que no volvería a ser molestado. Pero el hombre no pensaba desmontar.
- Me alegro de haberte ayudado - le dijo -. No solo maté a esa bestia, sino que capturé a un espléndido caballo. Y, aunque, el animal se resistió, lo obligó a hacer su voluntad y le puso rienda y montura. El, que siempre había sido libre como el viento, por primera vez en su vida tuvo que obedecer a un amo. Aunque su suerte estaba echada, desde entonces se lamentó noche y día.
- ¡ Tonto de mí! ¡ Las molestias que me causaba el jabalí no eran nada comparadas con esto! ¡ por magnificar un asunto sin importancia, terminé siendo esclavo!"

Los caballos eran altamente considerados y unas razas eran más apreciadas que otras y por eso algunos autores lo trataban en sus obras sobre la caza: 

"La moteada raza de caballos árabes es la mejor de todas para carreras largas y gran esfuerzo. Y cerca están los caballos libios, incluso los que habitan la empedrada Cyrene... Los caballos toscanos y los inmensos caballos cretenses son rápidos en la carrera y largos de cuerpo. Los sicilianos son más rápidos que los árabes, mientras que los partos son más rápidos que los sicilianos... (Cynegetica, Opiano de Apamea, s. III)

Del aprecio que los ricos señores tenían a sus caballos hay muestras en el arte, en mosaicos y relieves, pero hay un ejemplo evidente en el epitafio que el emperador Adriano escribió sobre su caballo Borysthenes:

"Borysthenes el Alano,
de Cesar
podía volar
por llanuras y montes etruscos
cazando jabalíes de Panonia".



Mosaico de Annaba (Hippo Regius), Argelia

Ricos aristócratas mantenían en sus posesiones parques donde se criaban animales en libertad. La finalidad real de los propietarios de conservar estos animales en sus propiedades no está del todo clara, posiblemente fuera para recrearse dándoles alimentos y, quizás, servir ellos mismos de alimentos en los banquetes. No se sabe con seguridad si se practicaba allí dentro la caza. Varrón escribe : 

"Yo sí que vi cómo se hacía, allí más bien al estilo tracio, dice aquel, "cuando estuve en casa de Quinto Hortensio en la región de Laurentum, pues había un bosque, como él decía, de más de 50 yugadas con cercado de piedra, al que llamaba reserva de caza (therotrophium). Había allí un lugar elevado, donde, puesta la mesa, cenábamos, adonde mandó llamar a Orfeo. 
Este, que había venido con estola y cítara, habiéndole pedido que cantara, tocó la trompeta, y tan grande cantidad de ciervos, jabalíes y otros cuadrúpedos nos rodeó que el espectáculo no me pareció menos hermoso que el de los ediles en el Circo Máximo cuando se hacen cacerías sin animales africanos. (De Agricultura, III)

Mosaico de caza de Cartago, Túnez

La caza de animales salvajes tan representada en los mosaicos romanos, estaba destinada a los grandes propietarios de tierras en lugares como el norte de África y Oriente o a los altos cargos militares que administraban las provincias de esos territorios. Hay datos que señalan cómo se cazaban, leones, panteras, elefantes, avestruces e incluso jirafas, destinados en muchas ocasiones a los juegos celebrados en el anfiteatro, con lo cual se atrapaban vivos. La intención que tenían los patrocinadores de estos juegos al traer estos animales exóticos para los romanos era constatar el poder de Roma sobre otros países mostrando la superioridad romana al abatir las bestias que los representaban. Cuantos más animales eran sacrificados, más celebridad conseguían los promotores, pretendiendo ser más populares que sus predecesores. Por supuesto el gasto de la captura, transporte y mantenimiento de los animales era cuantioso y conllevaba una organización de la caza de animales, que sería muy posiblemente llevada a cabo por nativos del lugar donde se encontraban por su conocimiento de la zona y de la fauna existente. Es posible que soldados y residentes romanos participaran en su captura. Las partidas de caza se organizarían con profesionales locales que se encargarían de preparar los aparejos, dirigir las operaciones, encerrar a los animales y transportarlos hasta su destino. Muchos morían en los largos viajes hasta los puertos de salida y durante las travesías marítimas.


Mosaico, Museo de Trípoli

El cazador era propietario de los animales cazados por él, en su propio terreno o ajeno. Sin embargo las cacerías de elefantes sólo se podían organizar con autorización del emperador. La posesión de esta fiera era un privilegio exclusivo del emperador. Este también se reservaba el privilegio de cazar leones o de autorizar su captura. El poeta alejandrino Pancrates escribió unos versos dedicados a Adriano y su favorito Antinoo durante la caza de un león: 

"Y más rápido que el caballo de Adrastus, que una vez salvó al rey huyendo de la batalla, tal era el corcel en el que Antinoo esperaba al letal león,sosteniendo en su mano izquierda las riendas y en su derecha una lanza revestida de diamantes. Primero Adriano hirió a la bestia con su lanza de bronce, pero no le mató, porque falló adrede, deseando probar la puntería de su hermoso Antinoo, hijo del asesino de Argo. Golpeado, la bestia estaba más enfadada, y rasgó en su ira el áspero suelo con sus garras, levantando una nube de polvo que oscureció la luz del sol...." (siglo II)

El emperador Adriano fue un gran aficionado de las cacerías, que compartía con sus amigos, y parece ser que llegó a romperse la clavícula y una costilla con esta actividad.


Mosaico de caza, El Djem (Thysdrus),  Túnez

En cuanto a las técnicas usadas en la caza se emplearían las mismas que para los animales como ciervos, jabalíes y otros que vivían en Europa. Opiano describe la utilización de un animal como cebo en un pozo.
Un cordero o cabrito se pondría en el centro de un profundo pozo que estaría rodeado por una valla. La idea era que al oír al animalito balar, el león saltaría por encima de la valla y caería en el pozo, donde los cazadores bajarían una jaula en la que por medio de un sabroso bocado harían que entrara el león. También menciona que por la zona del Eúfrates, los jinetes perseguirían a los leones con antorchas encendidas y haciendo sonar sus escudos, con la esperanza de que el león asustado por el fuego y el ruido correría voluntariamente en las anteriormente preparadas redes curvas.

Durante el Bajo Imperio se elaboraron ricos mosaicos y otras piezas artísticas con motivos de caza. Con ello el propietario de la villa deseaba mostrar el triunfo del Bien sobre el Mal, (la victoria del hombre sobre la bestia) y al mismo tiempo expresar su status social, pues solo los ricos podían dedicarse a esta actividad.


Mosaico Villa de las Tiendas, Museo Nacional Romano, Mérida

La aparición de animales salvajes en algunos mosaicos en lugares donde era imposible encontrarlos, puede significar que se copiaban los motivos de mosaicos africanos y asiáticos, además de la influencia de las venationes celebradas en los anfiteatros. La inclusión de la figura del propietario vestido de la época cazando  un león o una pantera con una lanza emulando a personajes míticos, en una villa situada en una zona donde esos animales no se encuentran podría deberse a la intención de identificarse con el emperador, pues solo los emperadores o altos cargos podrían tener la opción de cazar estos animales.


Mosaico de Adonis, Villa de Carranque, Toledo, Foto de Samuel López

La fusión entre el mito y lo cotidiano tiene un auténtico ejemplo en el mosaico de Adonis de la villa de Carranque, donde aparece el personaje intentando dar muerte al jabalí que luego lo mata a él, mientras Venus, su amante, asiste a la escena con Ares, que celoso de su relación con el joven podría haber sido el verdadero causante del final de su vida. En el mismo mosaico aparecen ejemplares de la fauna autóctona, como la liebre y la perdiz, junto a los perros del dueño de la villa, Leander y Titurus.


Sarcófago con la caza del jabalí de Calidón, Museos Capitolinos, Roma

El hecho de que las escenas de caza sean tan populares a partir del siglo III d.C., quizás se deba al deseo de los propietarios de reflejar en diversos ámbitos sus actividades favoritas, como la caza. Por ello también se reflejan estas escenas mitológicas de caza en las estelas funerarias y sarcófagos, donde los héroes vencen a las bestias simbolizando la victoria de los poderosos sobre la muerte. En un sarcófago romano actualmente en los Museos Capitolinos, se describe la escena en la que Meleagro abate al jabalí que tenía atemorizada a la región de Calidonia, después de que Atalanta lo hubiese herido.


Bibliografía:
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1425085.pdf; La inscripción del praefectus equitum Arrius Constans Speratianus, de Petavonium, y otros testimonios del culto profesado a Diana por militares; Sabino Perea Yebenes
revistas.um.es › Inicio › Vol. 15 (2000) › Martínez; Los cynegetica fragmentarios y el fracaso del cazador; Sebastián Martínez
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ABC-02.11.1955-página 017; Antonio García Bellido



domingo, 4 de septiembre de 2011

Balneum, el baño de la domus en la antigua Roma

Maximiano en el baño, Piazza Armerina


Desde principios del siglo III a.C., y por influencia griega y con la aparición de las termas públicas los romanos más adinerados empezaron a introducir baños privados en sus casas.

"Cuando se le anuncia la hora del baño (a media tarde en invierno, una hora antes en verano), da desnudo un paseo al sol, si no hace viento Después juega a la peIota con ardor y durante mucho tiempo, pues también combate la vejez con este tipo de ejercicio. Después del baño se acuesta un rato y aplaza el momento de la comida; entretanto escucha mientras alguien lee alguna cosa más trivial y agradable." (Plinio, Epístolas, III, 1)



Con la construcción de los acueductos y a la mejora de las obras públicas se hizo accesible el uso de agua para todos y su calentamiento para el baño. 

"Vi yo mismo cómo gentes cansadas de los muchos sudores del baño, desdeñaban las bañeras y los fríos de las piscinas para disfrutar de las aguas vivas; luego, reanimados por la corriente, golpeaban el helado río con su ruidoso nadar." (Ausonio, Mosela, 340)


Atrio de los baños, Villa San Marcos, Stabia. Foto Samuel López


El balneum fue uno de los escenarios domésticos en los que se desarrolló tanto el ocio como el negocio del dominus; en sus salas recibía a clientes y amigos a quienes invitaba a disfrutar de un recorrido termal que en un entorno privado era un privilegio que solo algunos podían alcanzar.

El prestigio social que otorgaba la posesión en la propia vivienda de espacios termales alimentados con abundante agua procedente del sistema público de abastecimiento urbano, convirtió los balnea en ambientes de lujo de los que no sólo disfrutó la aristocracia sino también enriquecidos libertos que, alardeaban de su privilegiada situación celebrando copiosas cenas en las que se degustaban extravagantes y caprichosos manjares tras pasar por los baños. 

"Qué diré de los baños de los libertos? ¡Qué cantidad de estatuas, de columnas que no sujetan nada, solo construidas para decorar y gastar dinero! ¡Y qué masas de agua cayendo de nivel a nivel! ¡Nos hemos hecho tan ostentosos que no tendremos más que piedras preciosas sobre las que caminar! (Séneca, Epístolas, 86)

Baño romano, pintura de Emmanuel Oberhausen

La mera presencia de ambientes termales en una residencia era evidencia de la importancia de su propietario, aunque en el entorno urbano la ubicación y extensión de las instalaciones termales privadas estaban limitadas por el espacio. Sin embargo, en el ámbito rural y periurbano la ostentación de la posición social del dominus a través de su balneum pudo desarrollarse con mayor facilidad, ya que los propietarios de las grandes villas ubicaban los baños cerca de los cauces de los ríos.

"No es improcedente, si hay abundancia de agua, que el cabeza de familia piense en la construcción de un baño, cosa interesantísima para la propia satisfacción y la higiene. Haremos, pues, el cuarto de baño en la parte donde vaya a haber calor, en un lugar protegido de la humedad para evitar que el vapor inherente a las calderas lo enfríe. Le pondremos ventanas del lado sur y del poniente invernal para que durante todo el día este alegre y claro al darle el sol." (Paladio, Tratado de agricultura, I, 39, 1)

Pintura de Edward John Poynter

El balneum doméstico fue un espacio público dentro de la domus que se convirtió en símbolo del poder y la riqueza del propietario que manifestaba su status ante sus invitados con la ostentosa decoración de sus baños, que solían decorarse con pinturas murales, ricos mosaicos y variedad de materiales, como el mármol.

"A la gente las termas les parecen pobres y destartaladas si no brillan sus paredes con grandes y espléndidos espejos; pretenden que las paredes estén decoradas con mármoles de Alejandría y que tengan incrustaciones de piedras de Numidia; por todas partes ha de aparecer un trabajado y variado entretejido de barnices a modo de pintura; toda la cámara ha de estar recubierta de vidrio; nuestras piscinas tienen que tener una rica decoración en toda su extensión con piedras preciosas de Thasio. Ya sabes que son unas piedras muy costosas y muy raras de ver. Tal vez en algún templo. Y eso en unos lugares, como las piscinas, en las que dejamos todos los malos humores de nuestro cuerpo después de haber sudado mucho. Otro de los caprichos en la decoración es el que el agua se derrame encima de la gente desde jarrones de plata." (Séneca, Epístolas, 86)

Mosaico de los baños de la casa de Menandro, Pompeya

Las primeras instalaciones para el aseo personal fueron las lavatrinae, pilas de las que manaba agua, donde se llevaban a cabo las abluciones matutinas. En algunas casas se incorporaron unas salas con carácter terapéutico, el calidarium y sudatorium, en las que se pretendía provocar la sudoración mediante el uso de braseros portátiles. De la unión de ambas instalaciones surgieron, hacia mediados del siglo II a.C., tanto en ámbito urbano como en el rural, los primeros balnea que incorporaban en un único espacio las actividades higiénicas de la lavatrina y terapéuticas del calidarium.

Los primeros baños privados que se instalaron durante el tiempo de la república eran cuartos sencillos y oscuros sin sistema de calefacción, calentados con grandes braseros.

"Me llamó la atención el contraste con el local destinado a los baños. Era pequeño, estrecho, oscuro, según la costumbre antigua: tenía que ser un local oscuro; si no, a nuestros antepasados no les parecía que era suficientemente caliente…

En este baño de Escipión apenas hay huecos en las paredes. Sólo unas pequeñas ventanas que están recortadas en el muro de piedra de manera que admiten la luz sin ningún problema ni protección." (Séneca, Epístolas, 86)

Pintura de Pedro Weingärtner

A estos primeros balnea accedía el bañista a través de angostos corredores y pasillos que conducían hacia los espacios más privados de la casa alejados, por tanto, de las salas públicas de la vivienda señorial romana y en las que se desarrollaba buena parte de la vida social de la familia.

"Aunque acabábamos ya de bañarnos, mal de nuestro grado, rogamos al portero que nos indicase el camino del baño; entregamos nuestras ropas a Gitón para que las secase y desnudos entramos en un estrecho pasadizo, semejante a una cisterna frigorífica, en la cual hallábase ya Trimalción de pie y también desnudo, charlando con su acostumbrada fanfarria, frases insípidas que fuimos forzados a escuchar. Decía que no había nada tan delicioso como bañarse lejos de la turba importuna." (Petronio, Satiricón, LXXIII)

Mosaico de entrada a los baños de la villa del Casale, Piazza Armerina, Italia

La incorporación de hornos propios de alimentación de las estancias calientes de las termas (praefurnia) favoreció la independencia espacial del balneum respecto al resto de salas de servicio de la residencia entre las que se había englobado hasta el momento, permitiendo habilitar nuevas superficies dentro de la zona pública de la casa para los usos termales, favoreciendo la adopción de un marcado carácter representativo de las dependencias balnearias.

¿He de recordar los atrios sembrados de verdes prados y los tejados resplandecientes sobre innumerables columnas? ¿Los baños cuyos suelos humean por sus regueros, cuando Múlciber, sacado de su ardiente profundidad, hace rodar sus llamas deseadas a través de las tuberías de estuco, acumulando el vapor encerrado por el calor que se despide? (Ausonio, Mosela, 335)

Hypocaustum de los baños de la villa del Casale, Piazza Armerina, Italia

Pero todo esto sólo fue posible después de la invención de Gaius Sergius Orata de un sistema de calefacción radiante llamado hypocaustum. Este ingenioso diseño permitía, a través de una cámara de aire subterránea calentada por un horno externo (praefurnium), regular la temperatura de las estancias según su proximidad a la fuente de calor. El aire caliente ascendía además por paredes huecas especiales (concamerationes) hechas con ladrillos tubulares (tubuli), calentando las estancias de manera muy eficaz.

“Que no se equivoca debes creerlo por el caso de los habitantes de Bayas, cuyos balnearios se calientan sin fuego. Se introduce un soplo de aire ardiente, procedente de un lugar muy caliente; éste, al deslizarse por los tubos, calienta las paredes y los recipientes del balneario, al igual que sucedería si se pusiera debajo fuego; en fin, que en su recorrido toda el agua fría pasa a caliente y no toma sabor del sistema calefactor porque discurre encerrada.” (Séneca, Cuestiones Naturales, III, 24)


Baños romanos de Welwyn, Inglaterra

En la mayor parte de los balnea, tanto urbanos como rurales, estuvieron presentes tan sólo tres o cuatro estancias: frigidarium o apodyterium/frigidarium, tepidarium, caldarium y sudatio, que se sucedían habitualmente de forma lineal, en la que el bañista debía volver sobre sus pasos tras terminar en el caldarium para refrescarse en el frigidarium y vestirse.

“En dirección sudeste se encuentran los baños, que están adosados al pie de un acantilado cubierto de bosque. Y ocurre que, si se hace en lo alto de éste una tala de madera, los leños cortados, rodando por la pendiente se precipitan en una caída que podríamos llamar espontánea, en la boca misma del horno. En este paraje se alza el cuarto de baño caliente, al que está anexa la cámara de vapor, de idénticas dimensiones, descontada la amplia bañera semicircular, donde el agua hirviendo cae a borbotones tras haber circulado por el dédalo de alambicadas cañerías de plomo empotradas en los muros...A continuación se encuentra el cuarto de baño frío, que podría sin presunción rivalizar con las piscinas construidas en los edificios públicos... A este vasto edificio está unida por el lado oriental, como una dependencia, una piscina a cielo abierto, o, si te gusta más la palabra griega, un baptisterion con capacidad para unos 20.000 modios...En esta piscina se precipita un torrente que baja de la cima de la montaña y desagua por seis caños, terminados en cabezas artificiales de león...” (Sidonio Apolinar, Epístolas, 22)


Pintura de Alma-Tadema

Tras desvestirse en el apodyterium se pasaba al frigidarium, sala donde se tomaba baños de agua fría tras haber realizado ejercicios físicos o después de haber pasado por las salas de baños calientes. En las casas donde el espacio era más reducido se pudieron unificar el apodyterium y el frigidarium.


"Viene, a continuación, el vestidor de los baños, una habitación grande y alegre, y sigue a ésta la estancia destinada a los baños de agua fría, en la que hay una piscina amplia y umbría. Si deseas tener mayor espacio para nadar o hacerlo en un agua más templada, dispones para ello de otra piscina en un patio adyacente, y junto a ella tienes un pozo en el que puedes refrescarte luego, si no te agrada la tibieza del agua." (Plinio, Epístolas, V, 6)


Frigidarium de la villa de Massaciuccoli; Italia

El tepidarium era una sala intermedia entre el frigidarium y el caldarium que servía para adaptarse a la diferencia de temperatura de estas salas. En algunos casos sería posible tomar un baño de agua templada, aunque solía carecer de lugar para el baño. El tepidarium pudo haber aprovechado su cercanía a salas calefactadas para recoger calor.

"A la estancia de los baños de agua fría está adosada la de los baños de temperatura intermedia, sobre la que la luz del sol cae con mucha generosidad, si bien ésta cae con mayor generosidad aún sobre la habitación de los baños de agua caliente, dado que ésta sobresale respecto al resto de la villa. En ella hay tres piscinas: dos expuestas al sol, y la tercera un poco más retirada, lejos de la influencia directa del sol, pero no lejos de la luz." (Plinio, Epístolas, V, 6)


En el tepidarium, pintura de John William Godward

La última sala en la que se tomaba un baño caliente era el caldarium. Esta estancia se calentaba con un horno (praefurnium) o dos, sobre los que se disponía el alveum (gran bañera) para mantener la temperatura del agua elevada. El bañista accedía a su interior por unos peldaños que, a su vez, podían servir de asiento.

"Viene luego una estancia amplia y espaciosa destinada a los baños de agua fría, y que contiene dos piscinas de forma circular, enfrente la una de la otra, que parecen haber surgido de forma natural y que son bastante grandes si se tiene en cuenta la proximidad del mar. Allí encontramos también la sala para las friegas de aceite, el horno que calienta el agua y los baños templados, seguidos de dos habitaciones muy agradables, pero sin llegar a ser suntuosas. Contigua a ellas se halla una maravillosa piscina de agua caliente desde la que los bañistas ven el mar. No lejos de allí hay una sala para jugar a la pelota, la cual durante las últimas horas del día recibe un sol muy cálido." (Plinio, Epístolas, II, 17)

Caldarium, villa de los Quintilios, Roma. Foto de Samuel López

Los propietarios de las grandes villas romanas solían construir piscinas donde relajarse tras la práctica de algún ejercicio físico o deporte, y compartir horas de ocio con sus invitados. 

"Después de leer se dedicaba al ejercicio, juego de pelota, correr o algo de lucha suave. Entonces, tras untarse el mismo con aceite, se bañaba, pero raramente en un baño caliente, porque siempre usaba una piscina, permaneciendo en ella alrededor de una hora". (Historia Augusta, Alejandro Severo, 30)

Piscina, Villa de Minori, Italia. Foto Samuel López

La presencia de una piscina (natatio) en las que podía tomarse un baño hace suponer que no siempre se incluiría una sala específica para tomar baños de agua fría.


Piscina trilobulada, Casa de Hippolitus, Alcalá de Henares. Foto Samuel López


Un labrum, especie de lavabo grande, que podía estar en el centro de la estancia, permitiría a los bañistas refrescarse para aliviar el calor de la sala. Desde aquí volvería el bañista al frigidarium antes de vestirse y abandonar el balneum.



Los romanos solían practicar algún ejercicio gimnástico antes de entrar en los baños. Asimismo se untaban con aceite que retiraban con un strigilus y también gustaban de recibir masajes. Estas actividades podrían realizarse en el apodyterium o en el tepidarium, aunque en caso de baños amplios había una sala específica para tal uso, el destrictarium, donde había esclavos dedicados a realizar esta labor.

"Muchas fueron las singularidades que nos sorprendieron; así que entramos en el baño, pasando del caliente, que nos hizo sudar bastante, al frío. Nos tomaron por su cuenta los frotadores. Ya Trimalcio acababa de ser perfumado y frotado, y los paños con que frotaron su cuerpo no eran de lino, sino de lana suavísima." (Petronio, Satiricón, 28)


Esclavos encargados de frotar a los bañistas. Villa del Casale, Piazza Armerina, Italia

El uso terapéutico del baño fue impulsado por médicos que aconsejaban su uso en diferentes maneras según la dolencia. Mientras que para algunas enfermedades no estaba recomendado en absoluto, para otras se dictaban los pasos a seguir según los baños fueran de vapor, calientes, o fríos.
Sin embargo el abuso del baño se veía como perjudicial para la salud, y si era tan frecuentemente repetido, como se decía de algunos emperadores, se criticaba como vicioso.

"Se bañaba siete y ocho veces al día y comía en el mismo baño." (Historia Augusta, Cómodo, 11,5)



En el Alto Imperio poseer unos baños privados se convirtió en un signo de distinción y de mayor status social que permitía a su dueños no tener que hacer uso de las termas públicas. Se buscaba además una privacidad, no tanto pudorosa, sino de exhibición de una dignidad que permitía a los propietarios invitar a sus baños solo a las personas que ellos querían. Bañarse de forma privada dejaba entrever una idea elitista de evitar el contacto con la gente de otras clases.

"Elogias con trescientos versos los baños de Póntico, que da bien de cenar, Sabelo. Quieres cenar, Sabelo, no bañarte." (Marcial, Epigramas, IX, 19)

La ostentación y extravagancia acompañaron a algunos personajes, como emperadores excéntricos, que consideraban el baño como un placer del que disfrutar recurriendo a la exageración y que nada tenía que ver con la salud e higiene.

"Cubrió de rosas los triclinios, los lechos y los pórticos y, una vez que estaban adornados así, caminaba sobre ellos; y los cubrió también con todo tipo de flores, con lirios, violetas, jacintos y narcisos. Solamente nadaba en piscinas rociadas con nobles perfumes o con azafrán." (Historia Augusta, Heliogábalo, 19)

Las rosas de Heliogábalo, pintura de Alma-Tadema

Los baños privados llegaron a ser el algún caso escenario de suicidios de personajes que decidieron quitarse la vida metidos en el agua caliente para recibir a la muerte más plácidamente. 

"Séneca, entretanto, durándole todavía el espacio y dilación de la muerte, rogó a Estacio Anneo, en quien tenía experimentada gran amistad y no menor
ciencia en la medicina, que le trajese el veneno ya de antes prevenido, que era el que solían dar por público juicio los atenienses a sus condenados; y habiéndoselo traído, le tomó, aunque sin algún efecto,
por habérsele ya resfriado los miembros y cerrado las vías por donde pudiese penetrar la violencia de él. A lo último, haciéndose meter en el aposento donde había un baño de agua caliente, y rociando con ella a sus criados que le estaban más cerca, añadió estas palabras: Este licor consagro a Júpiter librador. Metido de allí en el baño, y rindiendo el espíritu con aquel vapor, fue quemado su cuerpo sin pompa o solemnidad alguna, como antes lo había ordenado en su codicilo, mientras hallándose todavía rico y poderoso iba pensando en lo que se había de hacer después de sus días." (Tácito, Anales, XV, 64)

Muerte de Séneca, Manuel Domínguez Sánchez. Museo del Prado, Madrid

En el Bajo Imperio las dependencias de algunos balnea privados se pusieron a disposición del público, facilitando una entrada destinada para ello. La intención era posiblemente doble, obtener algún beneficio económico y que la familia propietaria mantuviese su influencia y popularidad entre sus vecinos o conciudadanos.

"Se ha establecido que donde una casa es legada, los baños constituyen una parte de la misma. Sin embargo, si el testador permitiese acceso público a ellos, los baños formarán parte de ella solo cuando se pueda entrar por el propio edificio, y hayan sido usados alguna vez por el cabeza de familia, o su esposa; y la renta de los baños se haya llevado en los libros del testador junto con los de otras estancias de la casa." (Digesto, 32, 91, 4)

Frigidarium, pintura de Alessandro Pigna


Bibliografía

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https://twu.edu/media/documents/history-government/History-&-Importance-Roman-Bath-Ibid-Volume-9-Spring-2016.pdf; The History and Importance of the Roman Bath; Haley Mowdy
canvas.brown.edu; Development of Baths and Public Bathing during the Roman Republic; Fikret K. Yegül
https://www.researchgate.net/publication/333750370_Public_and_Private_Bathing_in_Late_Antique_North_Africa_Changing_Habits_in_a_Changing_Society; Public and Private Bathing in Late Antique North Africa. Changing Habits in a Changing Society?; Sadi Maréchal
La casa romana, Pedro Ángel Fernández Vega, Akal Ediciones