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lunes, 1 de marzo de 2021

Therma publica, las termas en la antigua Roma (I)

 

Acuarela. Wellcome Images.

“El pórtico era elevado, con ancha escalinata, más plana que empinada, para comodidad de los usuarios. Al entrar, nos aguarda una sala pública de amplias dimensiones, espera adecuada para criados y acompañantes; a la izquierda están los salones de recreo, muy convenientes, por cierto, para un balneario, con reservados acogedores y rebosantes de luz; a continuación de éstos se encuentra una sala, desmesurada para el baño, pero necesaria para la recepción de los ricos; tras ésta, a ambos lados, hay vestuarios suficientes para desnudarse, y en el centro una sala de gran altura y enorme claridad, con tres piscinas de agua fría, revestida de mármol de Laconia, con dos estatuas de mármol blanco, de factura arcaica, una de la Salud, y la otra de Asclepio.


Pintura de Alma-Tadema

Al salir nos aguarda otra sala suavemente caldeada, para no encontrar bruscamente la caliente, oblonga y redondeada; sigue a la derecha una sala muy bien iluminada, agradablemente preparada para los masajes, que tiene a ambos lados puertas embellecidas con mármol frigio, para recibir a quienes llegan de la palestra. A continuación, se encuentra otra sala, la más bella de cuantas existen, confortabilísima para permanecer en ella, de pie o sentado, en extremo tranquilo para detenerse a reposar, muy adecuada para vagar por ella, resplandeciente también de mármol frigio en su techumbre. Luego nos aguarda el pasillo caliente, revestido de mármol númida, y la sala contigua es bellísima, llena de luz abundante, y diríase teñida de púrpura, dotada de tres baños calientes.


Pintura de William Holmes Sullivan

Tras el baño, no tienes por qué regresar por las mismas habitaciones, sino que pasas directamente a la sala fría a través de una estancia suavemente templada, todo ello bajo una gran iluminación y abundante entrada de luz solar. Además, la altura de cada habitación es la adecuada, la anchura guarda proporción con la longitud, y por doquier brota la gracia y el encanto de Afrodita. Para decirlo con el noble Píndaro, «iniciada la obra, hay que dotarla de un rostro fulgurante». Ello puede lograrse sobre todo gracias a la luz, el resplandor y los ventanales, pues Hipias, que era verdaderamente sabio, construyó la sala de baños fríos cara al Norte, mas sin prescindir tampoco de los aires del Mediodía; en cambio, las que requerían mucho calor las orientó al Sur, Este y Oeste.


En el frigidarium, pintura de Pedro Weingärtner

¿Para qué continuar hablándote de las palestras e instalaciones generales de guardarropas, con rápido e inmediato acceso a las salas de baño, por razones tanto utilitarias como de seguridad? (Luciano, Hipias)



La historia de los baños públicos en Grecia comenzó en el siglo VI a.C., con la práctica del entrenamiento físico. El baño tenía su importancia no sólo en el ámbito del ejercicio, sino también por su pretensión de mantener la armonía entre el cuerpo y la mente. Las primeras instalaciones estaban al aire libre, a la sombra de los olivos, cerca de la palestra (área de gimnasio) y la exedra (lugar de la enseñanza de la filosofía). Su formación se realizó a partir de pilones circulares y ensanchados, conocidos como loutrones –  en la sala de baños anexa al gimnasio –. Las mujeres se rociaban utilizando afusiones de agua, mientras que los gimnastas se lavaban, y luego limpiaban su cuerpo de la arena con la que se habían cubierto para retener gotas de sudor durante los ejercicios físicos. Utilizaban para esto un estrígil o estrigilo, pequeño instrumento de hierro o bronce, de hoja curva que permitía raspar el polvo o la arena que cubría el cuerpo de los atletas.

“Allí, en Olimpia, el gimnasta lleva un estrígil, tal vez por esta razón: el atleta, en la palestra, no puede evitar cubrirse de polvo y barro. Además, está expuesto al sol; con el fin de que no se estropee el estado de su piel, el estrígil recuerda al atleta no sólo que debe usar aceite sino untárselo tan copiosamente que haga falta rascarlo con él después de la unción.” (Filostrato, Gimnástico, 18)


Izda, Hidria griega, Museo de Bellas Artes de Boston. Drcha, estrígilo,
Museo Metropolitan de Nueva York

Estos pilones de características diversas (rectangulares, profundos) eran de uso individual a modo de bañeras. A medida que la práctica de los ejercicios gimnásticos evoluciona, se desarrollan las dependencias acuáticas. Algunos gimnasios fueron embellecidos con piscinas, provistas de asientos que facilitaban las inmersiones. Encima de las piletas estaban incrustados los nichos para depositar las prendas de vestir.

El pórtico doble constará de los siguientes elementos: en su parte central, un «efebeo» (sala de tertulia), para ejercitarse los jóvenes, cuya longitud será una tercera parte mayor que su anchura; en la parte derecha se instalará el «coriceo» (lugar de entrenamiento) y junto a él, el «conisterio» (sala donde los luchadores cubrían sus cuerpos con un polvo para que no resbalasen sus miembros desnudos), desde el conisterio hasta el rincón o ángulo del pórtico se instalará una sala de baños, de agua natural, que los griegos llaman loutron; en la parte izquierda del efebeo estará situado el «eleotesio» (estancia para masajes con aceite) y muy cerca de él, el baño de agua fría; desde este baño hasta la esquina del pórtico correrá un pasillo o acceso hacia el «propnigeo» (estancia que precede al baño caliente). Pasando dentro, frente al baño de agua fría se situará una sauna abovedada con doble longitud que anchura; en sus ángulos o esquinas por una parte estará el lacónico con la misma estructura que antes hemos descrito y, frente al lacónico, se ubicará la sala para lavarse con agua caliente. (Vitrubio, V, 11, 1-2)


Baños griegos de Cirene, Libia

Inicialmente entre los griegos los baños fríos estaban asociados a la práctica deportiva y al entrenamiento de los soldados, y los baños calientes tenían una pésima reputación salvo que fueran prescritos por los médicos, ya que eran susceptibles de afeminar y ablandar el cuerpo, mientras que el agua fría lo curtía y templaba el temperamento.

En las casas romanas, durante el invierno, se aprovechaba el calor de la cocina para bañarse en agua templada en una sala próxima que denominaron lauatrina, pero durante la república la concentración en Roma de grandes masas de población y la construcción de casas de alquiler de varios pisos (insulae) supuso que los inquilinos no pudieran disponer de sus propias lavatrina por el reducido tamaño de las viviendas, lo que propició la aparición de los baños públicos.

“El primer baño (el nombre balneum es griego), cuando se introdujo en la ciudad, se instaló con carácter público en un lugar tal que en él había dos edificios unidos para bañarse, uno donde se bañasen los hombres y el otro donde lo hiciesen las mujeres. Por la misma razón, en su casa cada uno dio la denominación de balneum a donde uno se baña y, dado que no existían dos, no acostumbraban a decir balnea (si bien es cierto que al baño los antiguos acostumbraban a denominarlo no balneum, sino lavatrina).” (Varrón, De la Lengua Latina, X, 68)


Mujer lavándose en un labrum.

Los romanos en un principio mostraron su gusto por los baños en aguas frescas, y porque, según las costumbres griegas, esto era un símbolo de salud, estimulaba el cuerpo y se hacía una muestra de virilidad y de austeridad moral. En el siglo I d.C., Séneca se zambullía el primer día del año en las gélidas aguas de Aqua Virgo (del acueducto de dicho nombre). Este evento lo recordaría con nostalgia un anciano Séneca en su obra “Cartas a Lucilio”,

“Yo, que era tan amante de los baños fríos, que en las calendas de enero saludaba el canal, que inauguraba el nuevo año no sólo leyendo, escribiendo, declamando alguna pieza, sino también zambulléndome en el Agua Virgen", primero trasladé mis reales junto al Tiber, luego a esta bañera que, cuando estoy más vigoroso y todo se realiza con buena ley, basta el sol para templarla: no me queda mucho ya para los baños calientes.” (Séneca, Epístolas, 83)

Para los romanos el baño implicaba los siguientes elementos básicos: sudar para expulsar los fluidos corporales nocivos; relajar el cuerpo en agua templada, frotarse para hacer eliminar la suciedad y fortalecer el cuerpo con agua fría. Por lo tanto, las instalaciones termales que se construyeron estaban destinadas a satisfacer cada una de estas necesidades.

Izda, Atrio de las termas de Herculano. Drcha, Ilustración de Jean-Claude Golvin

El primer gran complejo termal en la ciudad de Roma fue construido por Agripa, quien en el año 25 a.C. inauguró en el Campo de Marte un laconicum (estancia de baños de vapor) rodeado de pórticos y jardines, conocido como Nemus Agrippae. Con la finalización del acueducto Aqua Virgo en el año 19 a.C. se pudo acceder al suministro de agua limpia que animó a la ampliación de las termas de Agripa con la construcción de un frigidarium, un tepidarium y un caldarium.

“Después construyó los baños calientes a los que llamó Lacónico. Dio el nombre de Lacónico al gimnasio porque en aquel tiempo eran los lacedemonios los que más fama tenían de hacer deporte y frotarse con ungüentos”. (Dion Casio, Historia romana, LIII, 27)




La construcción de acueductos capaces de traer agua a las ciudades impulsó el surgimiento de complejos termales en ciudades, incluso pequeñas, para el disfrute de sus ciudadanos. Los promotores de dichos establecimientos buscaron las mejores ubicaciones y diseños con grandes ventanales en los que poder aprovechar el sol y la luz diurna para conseguir calentar las instalaciones más fácilmente.

“Lo primero que debe hacerse es seleccionar un lugar lo más cálido posible, es decir, un lugar opuesto al septentrión y al viento del norte. En la sala de los baños calientes y en la de los baños templados la luz debe entrar por el lado del poniente; si la naturaleza o situación del lugar no lo permite, en ese caso tomará la luz desde el mediodía, ya que el tiempo fijado para los baños va desde el mediodía hasta el atardecer.” (Vitrubio, De Arquitectura, V, 10)

Arriba, reconstrucción de caldarium de las termas de Trajano, Roma.
Abajo, Termas Taurinas, Civitavecchia

“Derrama el Titán su lumbre en nuestros baños y la cámara esplendorosa retiene dentro sus rayos. Que los aljibes de otros se calienten con llamas metidas debajo; estos podrán volverse cálidos, Febo, con las tuyas.” (Antología Latina, 129)

Pero ante la imposibilidad de calentar los baños solo con la luz solar se recurrió al calentamiento de las instalaciones mediante el hipocausto, de forma que en el exterior del edificio se construía un horno en el que se quemaba leña o carbón y los gases calientes derivados de la combustión se llevaban por canalizaciones situadas bajo el suelo hasta unas cámaras situadas bajo las estancias que se querían calentar. En las salas donde era necesario conseguir un calor más intenso, se utilizaba un tipo de calefacción vertical (concameratio), basada en la construcción de dobles paredes entre las que circulaba el aire caliente originado en el hypocaustum y evacuado, junto con gases y humos, a través de conductos que terminaban en chimeneas colocadas en las partes altas de los muros.

“Que no se equivoca debes creerlo por el caso de los habitantes de Bayas, cuyos balnearios se calientan sin fuego. Se introduce un soplo de aire ardiente, procedente de un lugar muy caliente; éste, al deslizarse por los tubos, calienta las paredes y los recipientes del balneario, al igual que sucedería si se pusiera debajo fuego; en fin, que en su recorrido toda el agua fría pasa a caliente y no toma sabor del sistema calefactor porque discurre encerrada.” (Séneca, Cuestiones Naturales, III, 24)




A pesar de los avances para crear un sistema de calefacción satisfactorio existían quejas por la falta de calor en las instalaciones. Se responsabilizaba a los balneatores o a los dueños de los baños del frío que los bañistas pasaban por la falta de madera con la que alimentar los hornos.

“¿Quién puso un muro rodeando el rio, bañero?
¿Quién tan falsamente hizo de esta fuente unos baños?
“Eolo, hijo de Hippotas, caro a los dioses inmortales,
Trajo los vientos aquí desde su hogar.
¿Y por qué están puestos estos dos tablones aquí para los pies?
No para dar calor, sino para enfriar.
Este es el lugar para tiritar y para congelarse.
Escribe ahí. Báñate aquí en agosto,
Porque el viento del norte sopla siempre dentro.”
(Antología Griega, IX, 617)

Por otro lado, también se protestaba por el extremo calor que hacía en las salas y baños calientes que podía provocar sofocos y riesgos para la salud.


"No deberías llamar a este lugar baño, sino más bien
la pira funeraria que Aquiles encendió para Patroclo,
o la corona de Medea que la Furia prendió en la cámara nupcial de Glauca por Jason. Perdóname, bañero, por el amor de Dios, porque soy un hombre que escribe todos los hechos de los dioses y los hombres.
Pero si te propones quemarnos vivos, enciende una pira de leña, verdugo, y no una de piedra.”
(Antología Griega, XI, 411)




 Este tipo de establecimiento termal se inició con el propósito no solo de ejercitar el cuerpo para satisfacer los cánones de belleza, como sucedía en Grecia, y garantizar su salud y su higiene, sino sobre todo para dedicarse al placer y la diversión. Las duchas con agua fría típicas de los griegos se sustituyen por la inmersión en piletas de agua fría y caliente. Incluso la palestra acoge más los juegos dedicados al ocio que al entrenamiento deportivo.

“Ni el trinquete, ni el balón, ni la pelota rústica te preparan para el baño caliente, ni los golpes faltos de penetración de una simple espada de madera, ni abres arqueados tus brazos llenos de un ungüento viscoso, ni yendo de una parte a otra robas balones llenos de polvo, sino que solamente corres en las cercanías de las aguas de la Virgen o bien donde el toro arde en el amor sidonio. Jugar a los más variados juegos, para los que sirve cualquier espacio libre, pudiendo correr, es un género de pereza.” (Marcial, Epigramas, VII, 32)


Ilustracion de Los Viajes de Alix de Jacques Martin

Los emperadores romanos contribuyeron en gran medida al desarrollo de enormes complejos termales para uso público antes de la época del Bajo Imperio. Estos baños imperiales integraban espacios acuáticos y culturales que combinaban la higiene con intereses intelectuales y de ocio, ofreciendo a los usuarios instalaciones que contaban con salas de lectura, bibliotecas, auditóriums, espacios deportivos y santuarios religiosos.

“Con el objeto de no frustrar en ningún sentido la intimidad con que tú me acoges, que es gratísima, he utilizado principalmente los libros de la biblioteca Ulpia, que en mi época estaban en las termas de Diocleciano y los de la casa de Tiberio.” (Historia Augusta, Probo, 2)


Mitreo de Ostia, foto de Carole Raddato


Además, algunos de estos baños públicos tenían extensas áreas donde los ricos patrones romanos podían hablar de política, cerrar negocios o simplemente cotillear, con lo que estos establecimientos se convertían en lugares de socialización. Hacia el Bajo Imperio llegaron a convertirse en lugares propicios para incitar a la rebelión y conspirar contra el Estado. 

“Ordenó que todas las termas se cerraran antes de que se encendieran las lámparas, con el fin de que no se originara ninguna sedición nocturna.” (Historia Augusta, Tácito, 10)


Las termas de Caracalla, pintura de Virgilio Mattoni de la Fuente

Estos edificios grandiosos y costosos se construían para enfatizar la riqueza y naturaleza magnánima del emperador, quien deseaba atraerse el favor de las clases sociales cuyos miembros no podrían de otro modo disfrutar de unos baños tan lujosos, en los que se combinaban una arquitectura monumental, una decoración que incorporaba mármoles, mosaicos, pinturas y famosas obras de arte, además de una tecnología avanzada como el aprovechamiento del agua de los acueductos y el calentamiento por hipocausto.

Los Baños de Zeuxipo fueron unas magníficas termas situadas en el centro de Constantinopla, construidas sobre lo que probablemente fue un edificio anterior fundado por Septimio Severo a finales del s. II d.C. El emperador Constantino mandó completar la instalación y decorar los baños con variados mármoles y estatuas.

“Él terminó el baño público conocido como el Zeuxippon, y lo decoró con columnas y mármoles de muchos colores y estatuas de bronce. Él se había encontrado el baño inacabado; lo había empezado anteriormente el emperador Severo.”  (Juan Malalas, Crónica, XIII, 8)


Izda,  Laooconte y sus hijo procedente de las Termas de Trajano, Museos Vaticanos. Drcha, Toro Farnese procedente de las Termas de Caracalla, Palazzo Massimo, Museo Nacional Romano

Incluso baños que exteriormente no mostraban ninguna magnificencia arquitectónica podían tener una cuidada decoración interior con profusión de mosaicos y pinturas. Estos edificios más modestos que proliferaron durante los siglos II y III d. C. por todo el imperio pudieron pertenecer a particulares o asociaciones de individuos que compartían una misma actividad, como es el caso de los Baños de la Caza en Leptis Magna, que conserva pinturas sobre la caza de animales salvajes, lo que podría significar que los que acudían a dichos bañadores fueran cazadores.


"Mira estos baños que en su techo y estanques relucen, a los que dan no pequeño lustre el pintor y las aguas.
Pues los tejados relucientes presentan formas hermosas y suavemente van cayendo los chorros de agua clara.
Quien pretenda cosechar gozos de doble provecho
y sepa disfrutar de la vida que pasa, que aquí se bañe;
remozando aquí el cuerpo y aliviando el espíritu,
animará con las pinturas los ojos, con las aguas el cuerpo.”
(Antología Latina 119)


Exterior e interior de los baños de Los Cazadores, Libia

Entre las termas más reconocidas de la época romana se puede citar, además de las ya citadas de Agripa, las termas de Nerón, llamadas Alexandrinas, por la reforma llevada a cabo por Alejandro Severo, las termas de Tito, las termas de Trajano, las de Caracalla y las de Diocleciano, todas en Roma.

“Yo soy Urso -si es que creéis lo que os digo-, el primer togado que con bolas de cristal jugué con maña contra mis adversarios, celebrándolo todos con grandes griteríos en las termas de Trajano, y en las termas de Agripa y en las de Tito, y sobre todo en las de Nerón.” (Epigrama, epitafio. Poesía Epigráfica latina, 29)


Reconstrucción idealizada de las Termas de Diocleciano

Las instalaciones como las termas de Caracalla cultivaron un sentido de comunidad, prosperidad, y salud entre la gente común. Manteniendo un alto nivel de vida en la ciudad, los emperadores Severos esperaban mantener la población contenta y plácida, para minimizar el descontento político y asegurar la estabilidad de su régimen. Además las termas se convirtieron en un excelente medio para difundir la propaganda imperial, puesto que el tremendo ascenso de la arquitectura y la extravagancia de la decoración en las termas de Caracalla tenían la intención de recordar a los visitantes la fuerza y el poder de Roma y de los emperadores Severos.

“Entre las construcciones que dejó en Roma, hay que citar unas termas de gran magnificencia que llevan su nombre, cuya sala de forma de sandalia no puede imitarse por otra construcción similar a ella, según aseguran los arquitectos. En efecto, éstos dicen que está construida sobre una balaustrada de bronce o cobre a la que está confiado el peso de toda la bóveda y que posee unas proporciones tan gigantescas que los entendidos en mecánica dicen que es imposible construir una obra así.” (Historia Augusta, Caracalla, 9, 3-4)


Reconstrucción idealizada de las Termas de Caracalla

Al mismo tiempo que los emperadores impulsaban la construcción de grandes termas para aumentar su popularidad y satisfacer a los ciudadanos, si consideraban que los habitantes de alguna población habían sido desleales o se habían aliado con algún rival político o enemigo, decidían clausurar los baños y otros espectáculos como castigo.

“Luego Severo distribuyó un generoso donativo a sus soldados y emprendió la expedición contra Albino. Envió también unas tropas a sitiar Bizancio, donde se habían refugiado los generales de Níger y que todavía permanecía cerrada. Después la ciudad fue tomada por hambre y destruida por completo; privada de teatros y baños y de toda consideración y honor.” (Herodiano, Historia del imperio romano, III, 6, 9)


Termas de Evaux-les-bains, Francia. Ilustración de Jean-Claude Golvin

Fueron varios los emperadores que impulsaron la construcción de grandes complejos termales en distintas ciudades de las provincias romanas siguiendo un ambicioso programa de monumentalización urbana por todo el imperio desde el siglo I al III d.C. que imitaba el modelo de Roma y era además una forma más de fomentar la romanización de los nuevos territorios anexados al imperio.

“A mí me convencieron para aferrarme a Antioquía Daciano y la belleza con la que él dio lustre a la ciudad: los baños públicos ya terminados y los que están en construcción, el pórtico que tan largamente se extiende y que florece en su esplendor mientras ocupa una extensión tan grande en la ciudad como los hombros de Pélope en el cuerpo de Pélope.” (Libanio, Cartas, 441)

Las termas de Antonino en Cartago fueron las más grandes erigidas en África, pero mejor se conservan los baños de Adriano en Leptis Magna, Libia, levantados en época de Adriano y que fueron decorados con distintos tipos de mármoles y que fueron ampliados por Cómodo y Septimio Severo.


Frigidarium de las termas de Leptis Magna. Izda, ilustracion de Jean-Claude Golvin

La entrada en el recinto de las termas llevaba al bañista a un atrio donde sería recibido y probablemente debía hacer el pago. La primera sala del circuito termal era el vestuario o apodyterium, en donde los bañistas se despojaban de sus vestimentas y pertenencias personales, que dejaban en los nichos y que eran vigilados por los esclavos por el temor a que los ladrones las robasen.

Tracalión— ¿Sabes, Ampelisca?, también cuando se va uno a bañarse a las termas, aunque estés allí con todo el cuidado del mundo a la mira de tu ropa, así y todo, te la roban, porque no sabes a quién es al que tienes que observar; en cambio, el ratero sí que lo sabe, pero el que pretende custodiar sus cosas no tiene idea de quién es el ladrón. (Plauto, Rudens o La Maroma, 380)

Ahí se esperaba el turno para entrar en las zonas de agua caliente y la estancia podía tener una temperatura atemperada mediante un hipocausto o con sencillos braseros.


Izda, tepidarium de las termas del Foro, Pompeya. Pintura de Joseph Theodor Hansen

En caso de haber una palestra o gimnasio, el bañista, si así lo deseaba podía hacer algo de ejercicio físico con pesas, por ejemplo, combates de lucha para lo que se untaban con aceite y cera, aplicando una capa de polvos para no resbalarse, o dedicarse a juegos de pelota. Todo ello servía como calentamiento para poder apreciar mejor el calor de las termas.

“Vivo precisamente arriba de unos baños. Imagínate ahora toda clase de sonidos capaces de provocar la irritación en los oídos. Cuando los más fornidos atletas se ejercitan moviendo las manos con pesas de plomo, cuando se fatigan, o dan la impresión de fatigarse, escucho sus gemidos; cuantas veces exhalan el aliento contenido, oigo sus chiflidos y sus jadeantes respiraciones.” (Séneca, Epístolas, 56)



El siguiente paso era entrar en la sala templada o tepidarium, normalmente a una temperatura cerca de los 30º, para aclimatar el cuerpo. Las aguas templadas contribuían a relajar los músculos y articulaciones, mejorar la circulación sanguínea, la digestión y aumentar el apetito. En caso de no haber una sala dedicada exclusivamente a la unción de aceites perfumados se podía realizar en esta estancia.


Tepidarium, Termas de Pompeya. Drcha, pintura de Domenico Morelli

Después el bañista pasaba a una sala con una temperatura muy alta, denominada de manera general caldarium, que podía alcanzar hasta unos 55º, y estaba destinada a abrir los poros de la piel y provocar la sudoración. Era habitual la existencia en el caldarium de una piscina o bañera de agua caliente, a unos 40º, para la realización de baños de inmersión.


Caldarium de las termas de Pompeya. Foto de Samuel López

También podía haber otras dependencias para elegir, en función de los gustos, entre el calor seco del laconicum, o el calor húmedo del sudatio. El laconicum solía ser una sala circular con un techo cónico abovedado que se calentaba con fuegos bajo el pavimento y con tubos de aire caliente por las paredes, y se podía convertir en sudatio con piedras calentadas al fuego, que se traían al baño donde se ponían en una plataforma central sobre la que se vertía agua para crear vapor. A veces se podían añadir hojas de plantas aromáticas reconocidas por sus cualidades terapéuticas. Seguidamente llegaban a otra dependencia donde estaba el labrum, pila o bañera donde podían rociarse de agua fría.

"La sala de los baños de vapor y la sala para sudar -saunas- quedarán contiguas a la sala de baño de agua templada; su anchura será igual que su altura hasta el borde inferior, donde descansa la bóveda. En medio de la bóveda, en su parte central, déjese una abertura de luz, de la que colgará un escudo de bronce, mediante unas cadenas; al subirlo o al bajarlo se irá ajustando la temperatura de la sala de baños de vapor. Conviene que la sala de baños de vapor sea circular con el fin de que, desde el centro, se difunda por igual la fuerza de las llamas y la del vapor, por toda la rotonda de la sala circular." (Vitruvio, De Arquitectura, V, 10, 5)


Sala de baños de vapor, según Vitrubio. Drcha, Villa Adriana, Italia. 

En los establecimientos más modestos habría únicamente una piscina de agua caliente y un labrum para refrescarse, como en las dependencias para mujeres de las termas Stabianas de Pompeya.


Caldarium y labrum, Termas Estabianas, Pompeya

Tras estas abluciones, algunos preferían volver al tepidarium – con la finalidad de hacer un descanso o una transición más suave y donde se limpiaba el sudor y las impurezas con el estrígil y se remataba el circuito en la sala fría (frigidarium) donde uno podía zambullirse, si no le incomodaba el agua fría, en una pileta con la finalidad de cerrar los poros abiertos con la sudoración, lo que protege al organismo de posibles enfriamientos; como alternativa era posible nadar en la piscina exterior o natatio.


Frigidarium, Termas de Pompeya

Algunas termas contaban con una sala destinada exclusivamente a dar masajes (destrictarium), a los bañistas que lo deseaban.

“C. Uulius, hijo de Cayo, y P. Aninius, hijo de Cayo, duoviros, contrataron la construcción de un laconicum y un destrictarium, y la restauración de los pórticos y la palestra, con el dinero, que, según la ley, deberían haber gastado en juegos y monumentos. Ellos vigilaron la obra y la aprobaron.” (Termas Estabianas, Pompeya, CIL X.829= ILS 5706)



Una explicación práctica a la popularidad de los baños en la antigüedad es la creencia de que eran buenos para la salud por lo que diferentes formas de tomar los baños se recomendaban para tratar ciertas dolencias en particular.

El baño como medida terapéutica seguía las recomendaciones de la escuela hipocrática, según la cual uno debía bañarse más frecuentemente en verano que en invierno, y que el agua fría hidrata y refresca el cuerpo, mientras que el agua salada del mar lo seca y calienta. No se recomendaba el baño en caso de fiebre alta o para los que sufrían de diarrea o estreñimiento.

El médico griego Asclepiades de Prusa, que ejerció en la época en que la expansión del baño romano se produjo, empleó un estricto programa de dieta, ejercicio y baños, incluyendo el agua fría en su régimen. Sus seguidores más célebres fueron Celso y Galeno, quienes expusieron diferentes formas de tomar los baños para tratar las dolencias de los pacientes, aunque ambos los recomendaban en combinación con la práctica de ejercicio físico, masaje y sudoración, actividades que constituyen el núcleo de la rutina romana del baño.




Galeno recomendaba primero para los que siente debilidad en alguno de sus extremidades el vapor del laconicum, luego el baño de agua templada y después el de agua fría para terminar con un masaje. Sin embargo, la recomendación de Celso es la siguiente:

“Primero debería sudar durante un rato en el tepidarium, bien tapado, y después uncirse con aceite allí mismo; tras ello debería pasar al caldarium y tras sudar un rato no sumergirse en el baño caliente, sino echarse desde la cabeza hasta los pies, primero agua caliente, luego templada, después fría, y más por la cabeza que por ninguna otra parte, tras lo cual debería recibir un masaje, secarse y untarse con aceite.” (Celsus, De Materia Medica, I, 4, 2)


Juego de estrígilos, patera y ungüentario

Los romanos acomodados eran acompañados durante este trayecto en las termas por sus esclavos que, o bien vigilaban la ropa en el apodyterium como ya se ha mencionado, o llevaban la lámpara de aceite, los ungüentos y las toallas, o bien se encargaban de ayudar a sus señores a salir de las piletas, también de abrirles paso hasta el labrum que estaba muy solicitado, o efectuar las frotaciones con el estrígil.

"Se bañaba frecuentemente en público y mezclándose con todo el mundo. Por ello, se hizo célebre aquella broma de los baños: en una ocasión en que vio a un veterano al que había conocido en el ejército restregarse en la pared la espalda y el resto del cuerpo, le preguntó el motivo por el que se rascaba en el mármol y, cuando oyó que actuaba así porque no tenía esclavo, le regaló esclavos y dinero para que los mantuviera.  En cambio, otro día, cuando una multitud de ancianos se restregaban en la pared con el fin de provocar su generosidad, ordenó que los hicieran acudir ante él y que luego se rascaran los unos a los otros mutuamente." (Historia Augusta, Adriano, 17, 6-7)

Balneatrix y balneator, pinturas de Alma-Tadema

En Roma tanto los hombres como las mujeres tenían la oportunidad de ir a los baños. En época de la República los edificios termales constaban de dos edificios adyacentes para que tanto ellos como ellas pudiesen bañarse al mismo tiempo, pero de forma separada. Es posible que en caso de existir un solo edificio se establecieran turnos dedicados al baño por sexo.

"Debe procurarse que los baños calientes para mujeres y hombres estén juntos y situados con esta orientación, ya que así se logrará que los útiles de la casa de baños y el horno para calentar sean los mismos para ambos sexos." (Vitrubio, V, 10)

Desde la época imperial se impuso un modelo de instalación termal en el que había un único edificio donde se encontraban todas las estancias para el baño por lo que es posible que se establecieran diferentes horarios para que los hombres y las mujeres se bañaran separadamente en diferentes turnos. Algunos emperadores vieron la necesidad de emitir decretos prohibiendo el baño conjunto, pero parece que no se llegó a conseguir porque desde Adriano fueron varios los emperadores que lo intentaron y algunos otros los que se opusieron.

“Prohibió que se exhibieran baños mixtos en Roma, prohibición que ya había sido hecha realmente antes, pero que había levantado Heliogábalo.” (Historia Augusta, Alejandro Severo, 24)


Pintura de Fiodor Bronnikof

Las evidencias literarias demuestran que hombres y mujeres compartían el baño exponiendo sus cuerpos desnudos y critican la falta de pudor femenino y los escritores cristianos desde el siglo II d.C. hasta la caída del imperio dan testimonio que las mujeres seguían acudiendo a los baños junto a los hombres al tiempo que advierten sobre cuál debe ser el comportamiento cristiano a seguir.

“Ten la precaución de no lavarte en un baño donde estés junto con los hombres. Cuando haya, en una ciudad o en un pueblo, baños para las mujeres, tú, que eres una mujer fiel, no acudas a lavarte con los hombres. Porque si escondes tu rostro a los hombres que te son ajenos con un velo de pureza, ¿cómo podrás entrar en los baños con hombres que te son ajenos? Pero si no hay baño de mujeres y tienes necesidad de lavarte en el baño común de hombres y mujeres- algo fuera de lo que conviene a la pureza- lávate (al menos) con pudor, con modestia y con mesura. No lo hagas en cualquier momento, ni todos los días ni al mediodía, sino que debes tener muy presente el momento en que te lavarás. (Será) a la hora décima, porque es preciso que tú, mujer cristiana, evites, sea como fuere, el vano espectáculo que en los baños se ofrece a los ojos.” (Didascalia apostolorum, III, IX, 1-4)


Termas de Caracalla, pintura de Alma-Tadema

Las mujeres acudían a los baños para hacer algo de ejercicio, lavarse y recibir masajes, pero allí tenían también la oportunidad de encontrarse con alguna amiga, contar chismes y ponerse al día de las noticias producidas en su entorno social.

“De noche se encamina a los Baños, de noche ordena movilizar los frascos de ungüento y su logística; disfruta sudando en medio de un cisco de órdago. Cuando se le caen los brazos agotados por las macizas pesas, el hábil masajista presiona con sus dedos en el pubis y obliga a la parte alta del muslo de la señora a dar un quejido.” (Juvenal, Sátiras, VI)


En el frigidarium, pintura de Alma-Tadema


Leer también: Balneum, el baño de la domus en la antigua Roma


Bibliografía

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4298462; LAS TERMAS ROMANAS, ESTABLECIMIENTOS PRECURSORES DE LOS ACTUALES CENTROS ACUÁTICOS DE OCIO; Concepción E. Tuero del Prado
https://www.ajaonline.org/article/3817; Building the Thermae Agrippae: Private Life, Public Space, and the Politics of Bathing in Early Imperial Rome; Anne Hrychuk Kontokosta
canvas.brown.edu; Development of Baths and Public Bathing during the Roman Republic; Fikret K. Yegül
https://orca.cf.ac.uk/53876/1/2013zytkamjphd.pdf; Baths and Bathing in Late Antiquity; Michal Zytka
https://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/secondary/SMIGRA*/Balneae.html; Balneae; A Dictionary of Greek and Roman Antiquities, John Murray, London, 1875.
La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio, Jerôme Carcopino
Bathing in Public in the Roman World; Garrett G. Fagan; Google Books

domingo, 4 de septiembre de 2011

Balneum, el baño de la domus en la antigua Roma

Maximiano en el baño, Piazza Armerina


Desde principios del siglo III a.C., y por influencia griega y con la aparición de las termas públicas los romanos más adinerados empezaron a introducir baños privados en sus casas.

"Cuando se le anuncia la hora del baño (a media tarde en invierno, una hora antes en verano), da desnudo un paseo al sol, si no hace viento Después juega a la peIota con ardor y durante mucho tiempo, pues también combate la vejez con este tipo de ejercicio. Después del baño se acuesta un rato y aplaza el momento de la comida; entretanto escucha mientras alguien lee alguna cosa más trivial y agradable." (Plinio, Epístolas, III, 1)



Con la construcción de los acueductos y a la mejora de las obras públicas se hizo accesible el uso de agua para todos y su calentamiento para el baño. 

"Vi yo mismo cómo gentes cansadas de los muchos sudores del baño, desdeñaban las bañeras y los fríos de las piscinas para disfrutar de las aguas vivas; luego, reanimados por la corriente, golpeaban el helado río con su ruidoso nadar." (Ausonio, Mosela, 340)


Atrio de los baños, Villa San Marcos, Stabia. Foto Samuel López


El balneum fue uno de los escenarios domésticos en los que se desarrolló tanto el ocio como el negocio del dominus; en sus salas recibía a clientes y amigos a quienes invitaba a disfrutar de un recorrido termal que en un entorno privado era un privilegio que solo algunos podían alcanzar.

El prestigio social que otorgaba la posesión en la propia vivienda de espacios termales alimentados con abundante agua procedente del sistema público de abastecimiento urbano, convirtió los balnea en ambientes de lujo de los que no sólo disfrutó la aristocracia sino también enriquecidos libertos que, alardeaban de su privilegiada situación celebrando copiosas cenas en las que se degustaban extravagantes y caprichosos manjares tras pasar por los baños. 

"Qué diré de los baños de los libertos? ¡Qué cantidad de estatuas, de columnas que no sujetan nada, solo construidas para decorar y gastar dinero! ¡Y qué masas de agua cayendo de nivel a nivel! ¡Nos hemos hecho tan ostentosos que no tendremos más que piedras preciosas sobre las que caminar! (Séneca, Epístolas, 86)

Baño romano, pintura de Emmanuel Oberhausen

La mera presencia de ambientes termales en una residencia era evidencia de la importancia de su propietario, aunque en el entorno urbano la ubicación y extensión de las instalaciones termales privadas estaban limitadas por el espacio. Sin embargo, en el ámbito rural y periurbano la ostentación de la posición social del dominus a través de su balneum pudo desarrollarse con mayor facilidad, ya que los propietarios de las grandes villas ubicaban los baños cerca de los cauces de los ríos.

"No es improcedente, si hay abundancia de agua, que el cabeza de familia piense en la construcción de un baño, cosa interesantísima para la propia satisfacción y la higiene. Haremos, pues, el cuarto de baño en la parte donde vaya a haber calor, en un lugar protegido de la humedad para evitar que el vapor inherente a las calderas lo enfríe. Le pondremos ventanas del lado sur y del poniente invernal para que durante todo el día este alegre y claro al darle el sol." (Paladio, Tratado de agricultura, I, 39, 1)

Pintura de Edward John Poynter

El balneum doméstico fue un espacio público dentro de la domus que se convirtió en símbolo del poder y la riqueza del propietario que manifestaba su status ante sus invitados con la ostentosa decoración de sus baños, que solían decorarse con pinturas murales, ricos mosaicos y variedad de materiales, como el mármol.

"A la gente las termas les parecen pobres y destartaladas si no brillan sus paredes con grandes y espléndidos espejos; pretenden que las paredes estén decoradas con mármoles de Alejandría y que tengan incrustaciones de piedras de Numidia; por todas partes ha de aparecer un trabajado y variado entretejido de barnices a modo de pintura; toda la cámara ha de estar recubierta de vidrio; nuestras piscinas tienen que tener una rica decoración en toda su extensión con piedras preciosas de Thasio. Ya sabes que son unas piedras muy costosas y muy raras de ver. Tal vez en algún templo. Y eso en unos lugares, como las piscinas, en las que dejamos todos los malos humores de nuestro cuerpo después de haber sudado mucho. Otro de los caprichos en la decoración es el que el agua se derrame encima de la gente desde jarrones de plata." (Séneca, Epístolas, 86)

Mosaico de los baños de la casa de Menandro, Pompeya

Las primeras instalaciones para el aseo personal fueron las lavatrinae, pilas de las que manaba agua, donde se llevaban a cabo las abluciones matutinas. En algunas casas se incorporaron unas salas con carácter terapéutico, el calidarium y sudatorium, en las que se pretendía provocar la sudoración mediante el uso de braseros portátiles. De la unión de ambas instalaciones surgieron, hacia mediados del siglo II a.C., tanto en ámbito urbano como en el rural, los primeros balnea que incorporaban en un único espacio las actividades higiénicas de la lavatrina y terapéuticas del calidarium.

Los primeros baños privados que se instalaron durante el tiempo de la república eran cuartos sencillos y oscuros sin sistema de calefacción, calentados con grandes braseros.

"Me llamó la atención el contraste con el local destinado a los baños. Era pequeño, estrecho, oscuro, según la costumbre antigua: tenía que ser un local oscuro; si no, a nuestros antepasados no les parecía que era suficientemente caliente…

En este baño de Escipión apenas hay huecos en las paredes. Sólo unas pequeñas ventanas que están recortadas en el muro de piedra de manera que admiten la luz sin ningún problema ni protección." (Séneca, Epístolas, 86)

Pintura de Pedro Weingärtner

A estos primeros balnea accedía el bañista a través de angostos corredores y pasillos que conducían hacia los espacios más privados de la casa alejados, por tanto, de las salas públicas de la vivienda señorial romana y en las que se desarrollaba buena parte de la vida social de la familia.

"Aunque acabábamos ya de bañarnos, mal de nuestro grado, rogamos al portero que nos indicase el camino del baño; entregamos nuestras ropas a Gitón para que las secase y desnudos entramos en un estrecho pasadizo, semejante a una cisterna frigorífica, en la cual hallábase ya Trimalción de pie y también desnudo, charlando con su acostumbrada fanfarria, frases insípidas que fuimos forzados a escuchar. Decía que no había nada tan delicioso como bañarse lejos de la turba importuna." (Petronio, Satiricón, LXXIII)

Mosaico de entrada a los baños de la villa del Casale, Piazza Armerina, Italia

La incorporación de hornos propios de alimentación de las estancias calientes de las termas (praefurnia) favoreció la independencia espacial del balneum respecto al resto de salas de servicio de la residencia entre las que se había englobado hasta el momento, permitiendo habilitar nuevas superficies dentro de la zona pública de la casa para los usos termales, favoreciendo la adopción de un marcado carácter representativo de las dependencias balnearias.

¿He de recordar los atrios sembrados de verdes prados y los tejados resplandecientes sobre innumerables columnas? ¿Los baños cuyos suelos humean por sus regueros, cuando Múlciber, sacado de su ardiente profundidad, hace rodar sus llamas deseadas a través de las tuberías de estuco, acumulando el vapor encerrado por el calor que se despide? (Ausonio, Mosela, 335)

Hypocaustum de los baños de la villa del Casale, Piazza Armerina, Italia

Pero todo esto sólo fue posible después de la invención de Gaius Sergius Orata de un sistema de calefacción radiante llamado hypocaustum. Este ingenioso diseño permitía, a través de una cámara de aire subterránea calentada por un horno externo (praefurnium), regular la temperatura de las estancias según su proximidad a la fuente de calor. El aire caliente ascendía además por paredes huecas especiales (concamerationes) hechas con ladrillos tubulares (tubuli), calentando las estancias de manera muy eficaz.

“Que no se equivoca debes creerlo por el caso de los habitantes de Bayas, cuyos balnearios se calientan sin fuego. Se introduce un soplo de aire ardiente, procedente de un lugar muy caliente; éste, al deslizarse por los tubos, calienta las paredes y los recipientes del balneario, al igual que sucedería si se pusiera debajo fuego; en fin, que en su recorrido toda el agua fría pasa a caliente y no toma sabor del sistema calefactor porque discurre encerrada.” (Séneca, Cuestiones Naturales, III, 24)


Baños romanos de Welwyn, Inglaterra

En la mayor parte de los balnea, tanto urbanos como rurales, estuvieron presentes tan sólo tres o cuatro estancias: frigidarium o apodyterium/frigidarium, tepidarium, caldarium y sudatio, que se sucedían habitualmente de forma lineal, en la que el bañista debía volver sobre sus pasos tras terminar en el caldarium para refrescarse en el frigidarium y vestirse.

“En dirección sudeste se encuentran los baños, que están adosados al pie de un acantilado cubierto de bosque. Y ocurre que, si se hace en lo alto de éste una tala de madera, los leños cortados, rodando por la pendiente se precipitan en una caída que podríamos llamar espontánea, en la boca misma del horno. En este paraje se alza el cuarto de baño caliente, al que está anexa la cámara de vapor, de idénticas dimensiones, descontada la amplia bañera semicircular, donde el agua hirviendo cae a borbotones tras haber circulado por el dédalo de alambicadas cañerías de plomo empotradas en los muros...A continuación se encuentra el cuarto de baño frío, que podría sin presunción rivalizar con las piscinas construidas en los edificios públicos... A este vasto edificio está unida por el lado oriental, como una dependencia, una piscina a cielo abierto, o, si te gusta más la palabra griega, un baptisterion con capacidad para unos 20.000 modios...En esta piscina se precipita un torrente que baja de la cima de la montaña y desagua por seis caños, terminados en cabezas artificiales de león...” (Sidonio Apolinar, Epístolas, 22)


Pintura de Alma-Tadema

Tras desvestirse en el apodyterium se pasaba al frigidarium, sala donde se tomaba baños de agua fría tras haber realizado ejercicios físicos o después de haber pasado por las salas de baños calientes. En las casas donde el espacio era más reducido se pudieron unificar el apodyterium y el frigidarium.


"Viene, a continuación, el vestidor de los baños, una habitación grande y alegre, y sigue a ésta la estancia destinada a los baños de agua fría, en la que hay una piscina amplia y umbría. Si deseas tener mayor espacio para nadar o hacerlo en un agua más templada, dispones para ello de otra piscina en un patio adyacente, y junto a ella tienes un pozo en el que puedes refrescarte luego, si no te agrada la tibieza del agua." (Plinio, Epístolas, V, 6)


Frigidarium de la villa de Massaciuccoli; Italia

El tepidarium era una sala intermedia entre el frigidarium y el caldarium que servía para adaptarse a la diferencia de temperatura de estas salas. En algunos casos sería posible tomar un baño de agua templada, aunque solía carecer de lugar para el baño. El tepidarium pudo haber aprovechado su cercanía a salas calefactadas para recoger calor.

"A la estancia de los baños de agua fría está adosada la de los baños de temperatura intermedia, sobre la que la luz del sol cae con mucha generosidad, si bien ésta cae con mayor generosidad aún sobre la habitación de los baños de agua caliente, dado que ésta sobresale respecto al resto de la villa. En ella hay tres piscinas: dos expuestas al sol, y la tercera un poco más retirada, lejos de la influencia directa del sol, pero no lejos de la luz." (Plinio, Epístolas, V, 6)


En el tepidarium, pintura de John William Godward

La última sala en la que se tomaba un baño caliente era el caldarium. Esta estancia se calentaba con un horno (praefurnium) o dos, sobre los que se disponía el alveum (gran bañera) para mantener la temperatura del agua elevada. El bañista accedía a su interior por unos peldaños que, a su vez, podían servir de asiento.

"Viene luego una estancia amplia y espaciosa destinada a los baños de agua fría, y que contiene dos piscinas de forma circular, enfrente la una de la otra, que parecen haber surgido de forma natural y que son bastante grandes si se tiene en cuenta la proximidad del mar. Allí encontramos también la sala para las friegas de aceite, el horno que calienta el agua y los baños templados, seguidos de dos habitaciones muy agradables, pero sin llegar a ser suntuosas. Contigua a ellas se halla una maravillosa piscina de agua caliente desde la que los bañistas ven el mar. No lejos de allí hay una sala para jugar a la pelota, la cual durante las últimas horas del día recibe un sol muy cálido." (Plinio, Epístolas, II, 17)

Caldarium, villa de los Quintilios, Roma. Foto de Samuel López

Los propietarios de las grandes villas romanas solían construir piscinas donde relajarse tras la práctica de algún ejercicio físico o deporte, y compartir horas de ocio con sus invitados. 

"Después de leer se dedicaba al ejercicio, juego de pelota, correr o algo de lucha suave. Entonces, tras untarse el mismo con aceite, se bañaba, pero raramente en un baño caliente, porque siempre usaba una piscina, permaneciendo en ella alrededor de una hora". (Historia Augusta, Alejandro Severo, 30)

Piscina, Villa de Minori, Italia. Foto Samuel López

La presencia de una piscina (natatio) en las que podía tomarse un baño hace suponer que no siempre se incluiría una sala específica para tomar baños de agua fría.


Piscina trilobulada, Casa de Hippolitus, Alcalá de Henares. Foto Samuel López


Un labrum, especie de lavabo grande, que podía estar en el centro de la estancia, permitiría a los bañistas refrescarse para aliviar el calor de la sala. Desde aquí volvería el bañista al frigidarium antes de vestirse y abandonar el balneum.



Los romanos solían practicar algún ejercicio gimnástico antes de entrar en los baños. Asimismo se untaban con aceite que retiraban con un strigilus y también gustaban de recibir masajes. Estas actividades podrían realizarse en el apodyterium o en el tepidarium, aunque en caso de baños amplios había una sala específica para tal uso, el destrictarium, donde había esclavos dedicados a realizar esta labor.

"Muchas fueron las singularidades que nos sorprendieron; así que entramos en el baño, pasando del caliente, que nos hizo sudar bastante, al frío. Nos tomaron por su cuenta los frotadores. Ya Trimalcio acababa de ser perfumado y frotado, y los paños con que frotaron su cuerpo no eran de lino, sino de lana suavísima." (Petronio, Satiricón, 28)


Esclavos encargados de frotar a los bañistas. Villa del Casale, Piazza Armerina, Italia

El uso terapéutico del baño fue impulsado por médicos que aconsejaban su uso en diferentes maneras según la dolencia. Mientras que para algunas enfermedades no estaba recomendado en absoluto, para otras se dictaban los pasos a seguir según los baños fueran de vapor, calientes, o fríos.
Sin embargo el abuso del baño se veía como perjudicial para la salud, y si era tan frecuentemente repetido, como se decía de algunos emperadores, se criticaba como vicioso.

"Se bañaba siete y ocho veces al día y comía en el mismo baño." (Historia Augusta, Cómodo, 11,5)



En el Alto Imperio poseer unos baños privados se convirtió en un signo de distinción y de mayor status social que permitía a su dueños no tener que hacer uso de las termas públicas. Se buscaba además una privacidad, no tanto pudorosa, sino de exhibición de una dignidad que permitía a los propietarios invitar a sus baños solo a las personas que ellos querían. Bañarse de forma privada dejaba entrever una idea elitista de evitar el contacto con la gente de otras clases.

"Elogias con trescientos versos los baños de Póntico, que da bien de cenar, Sabelo. Quieres cenar, Sabelo, no bañarte." (Marcial, Epigramas, IX, 19)

La ostentación y extravagancia acompañaron a algunos personajes, como emperadores excéntricos, que consideraban el baño como un placer del que disfrutar recurriendo a la exageración y que nada tenía que ver con la salud e higiene.

"Cubrió de rosas los triclinios, los lechos y los pórticos y, una vez que estaban adornados así, caminaba sobre ellos; y los cubrió también con todo tipo de flores, con lirios, violetas, jacintos y narcisos. Solamente nadaba en piscinas rociadas con nobles perfumes o con azafrán." (Historia Augusta, Heliogábalo, 19)

Las rosas de Heliogábalo, pintura de Alma-Tadema

Los baños privados llegaron a ser el algún caso escenario de suicidios de personajes que decidieron quitarse la vida metidos en el agua caliente para recibir a la muerte más plácidamente. 

"Séneca, entretanto, durándole todavía el espacio y dilación de la muerte, rogó a Estacio Anneo, en quien tenía experimentada gran amistad y no menor
ciencia en la medicina, que le trajese el veneno ya de antes prevenido, que era el que solían dar por público juicio los atenienses a sus condenados; y habiéndoselo traído, le tomó, aunque sin algún efecto,
por habérsele ya resfriado los miembros y cerrado las vías por donde pudiese penetrar la violencia de él. A lo último, haciéndose meter en el aposento donde había un baño de agua caliente, y rociando con ella a sus criados que le estaban más cerca, añadió estas palabras: Este licor consagro a Júpiter librador. Metido de allí en el baño, y rindiendo el espíritu con aquel vapor, fue quemado su cuerpo sin pompa o solemnidad alguna, como antes lo había ordenado en su codicilo, mientras hallándose todavía rico y poderoso iba pensando en lo que se había de hacer después de sus días." (Tácito, Anales, XV, 64)

Muerte de Séneca, Manuel Domínguez Sánchez. Museo del Prado, Madrid

En el Bajo Imperio las dependencias de algunos balnea privados se pusieron a disposición del público, facilitando una entrada destinada para ello. La intención era posiblemente doble, obtener algún beneficio económico y que la familia propietaria mantuviese su influencia y popularidad entre sus vecinos o conciudadanos.

"Se ha establecido que donde una casa es legada, los baños constituyen una parte de la misma. Sin embargo, si el testador permitiese acceso público a ellos, los baños formarán parte de ella solo cuando se pueda entrar por el propio edificio, y hayan sido usados alguna vez por el cabeza de familia, o su esposa; y la renta de los baños se haya llevado en los libros del testador junto con los de otras estancias de la casa." (Digesto, 32, 91, 4)

Frigidarium, pintura de Alessandro Pigna


Bibliografía

https://digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/35874/1/178121-650011-1-SM.pdf; EL OCIO EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO DE LA ARQUITECTURA HISPANORROMANA: LAS TERMAS; Virginia García-Entero
https://twu.edu/media/documents/history-government/History-&-Importance-Roman-Bath-Ibid-Volume-9-Spring-2016.pdf; The History and Importance of the Roman Bath; Haley Mowdy
canvas.brown.edu; Development of Baths and Public Bathing during the Roman Republic; Fikret K. Yegül
https://www.researchgate.net/publication/333750370_Public_and_Private_Bathing_in_Late_Antique_North_Africa_Changing_Habits_in_a_Changing_Society; Public and Private Bathing in Late Antique North Africa. Changing Habits in a Changing Society?; Sadi Maréchal
La casa romana, Pedro Ángel Fernández Vega, Akal Ediciones