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jueves, 24 de agosto de 2023

Ad thermas, gestión de las termas en la antigua Roma

Termas de Pompeya, ilustración de Marc Henniquiau

Durante la República eran los ediles los encargados de la supervisión de la gestión de las termas públicas (thermae publicae), la cual recaía sobre un gerente (conductor), que se encargaba de la gestión económica y administrativa, de la limpieza, de controlar la temperatura y mantener el orden, por lo que recibía un salario público.

"Pero, oh dioses, ¿cuánto ayudaría entrar en aquellos baños oscuros, decorados con estucos vulgares, si supieras que te había calentado el agua con su propia mano Catón, o Fabio Máximo, o alguno de los Cornelios cuando eran ediles? Pues estos nobilísimos ediles cumplían con su obligación de entrar en estos lugares que acogían al pueblo, y exigían limpieza y una temperatura del agua y del ambiente útil y saludable, no como la de ahora que es semejante a un incendio, de tal forma que parece la más apropiada para lavar vivo a un esclavo convicto de algún delito. Me parece que ya no se ve la diferencia entre un baño ardiente o caliente." (Séneca, Epístolas, 86)

El conductor tenía a su cargo varios trabajadores, generalmente siervos especializados en ciertas labores, como el balneator, jefe responsable del baño, el fornacator que controlaba la temperatura de los hornos para el calentamiento correcto del agua, el tractator que era el encargado de los masajes corporales, el unctor que aplicaba aceites y perfumes, el destrictarius que lavaba y frotaba a los clientes, el alipius que depilaba a los bañistas, el capsarius que custodiaba las ropas en el interior de las termas, además del exercitator o entrenador en la palestra y el medicus que asistía a los enfermos o accidentados.

"Siempre que se trata de algún bañista indolente, al que le basta la fricción ordinaria, oigo el chasquido de la mano al sacudir la espalda, de un tono diferente conforme se aplique a superficies planas o cóncavas." (Séneca, Epístolas, 56)


Ilustración Castleford Museum, Wakefield, Inglaterra

Las termas públicas abrían normalmente por la mañana con la primera luz diurna, aunque hasta casi al mediodía las estancias no estarían bien caldeadas, y cerraban al anochecer. El baño como rito social ocupaba gran parte de la tarde y la hora octava (a partir de las 2) parece haber sido el momento ideal para su inicio.

"Le anuncian sus devotos a la ternera de Faros la hora octava y la cohorte de lanceros ya se retira y recibe el relevo. Esta hora templa las termas, la anterior exhala excesivos vapores y la sexta da calor en las desmesuradas termas de Nerón." (Marcial, Epigramas, X, 48)

Como el día romano se dividía en 12 horas desde el amanecer hasta el anochecer, siendo la hora sexta el mediodía, la longitud de las horas y el tiempo para bañarse variaba de una estación a otra. Como los bañistas podían pasar horas en las termas, en los días cortos de invierno se necesitaría luz artificial, que aportarían las lámparas de aceite.

"Hizo además una donación de aceite para iluminar las termas, siendo así que hasta entonces no se abrían antes de la aurora y se cerraban antes de la puesta del sol." (Historia Augusta, Alejandro Severo, 24)

Termas de Caracalla, Ilustración de Ken Broeders

Cuando el número de baños públicos creció y la gestión de cada uno de ellos se hizo más complicada, el Estado podía optar por arrendar la instalación a un empresario encargado de su explotación, quien debía responsabilizarse del personal, encargarse de suministros y mantenimiento, pero también de la moral y la higiene. Al finalizar el contrato debía devolver el equipamiento, limpiar la caldera y justificar el empleo de la leña para el calentamiento de la instalación y del agua.

"El arrendatario de los baños, o su socio, debe calentar los baños cada día enteramente a su costa, de acuerdo a su contrato de arrendamiento, hasta el día antes de las primeras calendas de Julio, y tenerlos listos para el uso de las mujeres desde el amanecer hasta la hora séptima y de los hombres desde la hora octava hasta la segunda hora de la noche, de acuerdo con la decisión del procurator de las minas. Debe proporcionar agua en contenedores calentados desde abajo hasta arriba del todo y verterla apropiadamente en las piletas, tanto de los hombres como de las mujeres. El arrendatario debe cobrar medio as de bronce a cada hombre y un as de bronce a cada mujer." (CIL 2, 5181= ILS 6891, Vipasca, Hispania Lusitania, II d. C.)

Ilustración de la casa romana y termas de Billinsgate, Inglaterra

A continuación se puede ver un contrato para el arrendamiento por tres años de un edificio termal y un contenedor de paja anexo en una propiedad de dos caballeros romanos en las cercanías de Theogonis (Egipto); el arrendador, Herakleides, hijo de Isidoros, el administrador de la finca, asume el pago de los impuestos de los baños, por otro lado, los arrendatarios, Diodoros, hijo de Euphranor, y Patynis, el joven, hijo de Philon, deben pagar una renta de 265 artabas de trigo, además de los gastos de mantenimiento de los baños.

"Herakleides … ha arrendado a Diodoros … y Patynis …, los baños que pertenecen a la finca en el pueblo de Theogonis, en los que hay tres recipientes de bronce, y el contenedor de paja que hay junto al baño, que tiene paja. Este alquiler es por tres años desde el año veintiuno de Tiberio César Augusto, con la condición de que dichos arrendatarios harán funcionar los baños cada mes en días alternos y durante los festivales, suministrarán suficiente paja y trabajadores, además de otros requisitos, pagando una renta de 265 artabas de trigo nuevo y limpio…." (Papiro Michigan. 312)



Las pequeñas poblaciones tendrían uno o varios establecimientos termales en los que la gestión sería privada (balnea meritoria), que proporcionarían servicio a sus propios habitantes y a los residentes de las villas de su entorno.

"Las necesidades de un hombre sencillo pueden ser igualmente satisfechas por una pequeña aldea de la que tan solo nos separa una villa. En ella hay tres baños de pago, que suponen una gran comodidad, si una súbita llegada o una estancia demasiado breve te disuade de calentar el baño en tu casa." (Plinio, Epístolas, II, 17, 26)

Ilustración de un laconicum, Bath, Inglaterra

La construcción de unas termas nuevas podía ser costeada por un particular, algún ciudadano notable o con cargo municipal que desease ser recordado u honrado por sus conciudadanos o promocionarse socialmente gracias a su riqueza y liberalidad. En tal caso el evergeta recurriría a los servicios de un arquitecto y escogería el modelo constructivo que más se asemejara a sus deseos.

"Recuerdo que en cierta ocasión Celsino Julio el númida y yo fuimos a visitar a Comelio Frontón, que padecía un doloroso ataque de gota. Y, nada más ser introducidos, lo encontramos recostado en una tumbona griega y a su alrededor, sentados, muchos hombres célebres por su sabiduría, por su linaje o por su fortuna. Estaban presentes numerosos obreros contratados para la construcción de unos nuevos baños que mostraban diferentes bocetos diseñados en pergaminos. Tras elegir uno de los modelos diseñados, preguntó cuánto dinero costaría la realización de la obra completa, y, al decirle el arquitecto que le parecían necesarios unos trescientos mil sestercios, uno de los amigos de Frontón comentó: `Y otros cincuenta mil, poco más o menos´." (Aulo Gelio, Noches Áticas, XIX, 10, 1-4)



Los baños públicos municipales podían obtener ingresos de cuatro maneras distintas: el cobro de una entrada, donaciones privadas, subvenciones públicas y por el uso de tierras públicas.

En los baños normalmente se pagaba una tarifa de entrada, llamada balneaticum en algunos sitios. Algunos grupos de personas, en ocasiones, estaban exentos de pagar, y algunos individuos podían ser recompensados con baños gratis. Proporcionar baños gratis para ciertos grupos de la sociedad durante cierto tiempo, como periodos electorales o festivales, se convirtió en una forma popular de donación por parte de algunos ricos benefactores, que incluían ciudadanos particulares, administraciones públicas y el propio emperador.

Otra fuente de ingresos era el arrendamiento de puestos de comida u otras mercancías como atestigua el ejemplo del complejo termal de Zeuxippos en Constantinopla, en el que el emperador da instrucciones para que los pórticos se alquilen con el fin de obtener ingresos adicionales.

"El emperador Teodosio Augusto a Severino, prefecto de la ciudad,
Como se ha informado que muchas casas con sus tiendas están en los pórticos de Zeuxippus, ordenamos que los ingresos de dichos lugares, en la cantidad fijada oportunamente, se dedicará sin exención a la instalación de alumbrado y reparación del edificio y cubiertas de estos baños de esta ciudad imperial."
[9 de enero de 424] (Código Teodosiano, XV, 1, 52)

Edificio termal en la Galia, Ilustración Jean-Claude Golvin

Entre las donaciones que se hacían a los baños podían especificarse sumas de dinero, provisiones de aceite, agua o combustible. En una inscripción de Miseno, hecha por un antiguo duunviro, se indica su donación de 400 cargas de carreta con madera con destino a los baños.

"A Tito Flavio Avito,
Forense duunviro quinquenal, que desempeñó en dos ocasiones y de nuevo todos los cargos, que proveyó carros en número de cuatrocientos con madera dura para aseo de los baños públicos con la consideración de privilegio perpetuo, (y que lo hizo) de forma que los magistrados, por su parte, en los años sucesivos, se lo transfiriesen al hijo de Tito Flavio Avito, varón egregio y patrono de la colonia. Los senadores y el pueblo de Miseno."

Termas en la Galia, Ilustración Jean-Claude Golvin

Otra forma de compensar los gastos de mantenimiento de los baños era con la contribución de lo que en parte occidental del imperio se llamó 
munus y en la oriental liturgia, que consistía en un sistema de deber social por el que se esperaba que los individuos contribuyesen con labores físicas o económicas en su municipio, dependiendo de su estatus.

“Supimos entonces de un tal Kriseros, un banquero dueño de una gran fortuna, quien con grandes artimañas ocultaba sus riquezas por miedo a los deberes y a los munera públicos.” (Apuleyo, El asno de oro, IV, 9)

La compra de combustible para los baños municipales como 
munus estaba reservada a las élites locales. Se esperaba que los ciudadanos también ayudasen a su ciudad, pero no siempre debía ser con dinero, sino con trabajo (munus personale), como podía ser ayudar a calentar los baños.

"Después, en un momento en que le estaba hablando con la intención de socorrer la orfandad, la pobreza y la juventud de un discípulo mío; que tenía la obligación de mantener los fuegos en los baños públicos, le descubrió su ira y, revolviendo los ojos y frotándose la nariz con la mano, prorrumpió en grandes gritos y me dijo: ¡Déjame gobernar!, cosa que ahora, desde luego, no haces." (Libanio, Autobiografía, 272)

Horno galorromano. Sciencephoto Library

Como las solicitudes de exoneración de estos deberes públicos eran una práctica habitual, muchos de los consejeros municipales podían acumular varias tareas al mismo tiempo.

"Incluso hay ciudades en las que la misma persona tiene el cometido de recaudar los impuestos, se hace cargo de los baños y, al mismo tiempo, los atiende. ¿Qué significa este enigma? Se ocupa de los baños porque ejerce la prestación de la leña y, a la vez, cogiendo la hidria, el encargado de la liturgia se transforma en bañero. Y si uno le pide agua caliente y otro fría, él, como no se puede dividir en dos, tiene que soportar la ira de ambos." (Libanio, Discursos, II, 34)

Interior de unos baños. Sciencephoto Library

Igual de importante que la construcción de unas nuevas termas era asegurarse su viabilidad a largo plazo. El mantenimiento de los baños, especialmente los erigidos por los emperadores, supuso un reto significativo debido a su tamaño y su dependencia de gran cantidad de agua y combustible. Por ello, al llegar el siglo IV d.C. muchos habían sido abandonados debido a la crisis social y económica del siglo III d.C., que provocó su reducción de tamaño a causa de la incertidumbre sobre el suministro de combustible, los desorbitados costes para calentarlos y las restricciones sobre el uso del agua por el deterioro de los acueductos que no siempre eran rehabilitados, lo que hizo que muchas ciudades no pudieran mantenerlos para su uso original y algunos acabaran transformándose en edificios dedicados a otros usos, como iglesias o industrias.

"Y aunque veían que el acueducto de la ciudad se había roto y que sólo conducía a la ciudad una pequeña cantidad de agua, no prestaban atención al problema y no estaban dispuestos a gastar en él ni la más pequeña suma, pese a que constantemente se formaban grandes aglomeraciones de gente junto a las fuentes y todos los baños se habían cerrado." (Procopio, Historia secreta, XXVI, 23)

Acueducto de Tarragona, foto Samuel López

Mientras que los baños públicos que habían sido construidos por orden de los emperadores y que mostraban grandiosidad y lujo fueron cayendo en desuso durante el bajo Imperio, algunos ciudadanos particulares invirtieron en baños privados, más pequeños y no tan suntuosos, aprovechando la abundancia de agua en ciertas ciudades.

"Cada uno de los baños públicos vierte el caudal de un río y, entre los privados, unos dispensan cantidades análogas a los anteriores y otros no muy inferiores. Todo aquel que tiene posibles para construir un baño al lado de los ya existentes, lo levanta confiadamente gracias a los manantiales que hay, y no teme que la obra sea llevada hasta su terminación más perfecta y, por culpa de su carencia de ninfas, reciba el apodo de «la muy sedienta». Muy al contrario, tanto dista de renunciar a su empresa por escasez de agua que la misma abundancia hace cambiar de opinión hasta a quien no tiene mucha iniciativa. Por ese motivo, cualquier barrio de la ciudad se vanagloria de construcciones privadas de baños que son demasiado numerosas como para poderlas nombrar. Éstos son tanto más hermosos que los públicos, cuanto más pequeños que aquéllos. Y grande es la contienda que sostienen los habitantes de cada barrio sobre la cuestión de en cuál se encuentra el más bello." (Libanio, Discurso, 11, 244-5)

En las termas, pintura de Emilio Vasarri

Sin embargo, algunas termas ya existentes desde el alto Imperio se transformaron entre los siglos IV y VI en unas instalaciones conocidas como baños de verano, solo utilizadas durante los meses más cálidos del año, pero que representaban varios aspectos de resistencia, en cuanto a la arquitectura, porque a pesar de su decadencia, estaban suficientemente intactos como para ser restaurados y mantener su sostenibilidad ahorrando energía, y por lo que respecta a la práctica del baño permitió su continuidad como costumbre inherente a la cultura romana hasta los primeros siglos del imperio bizantino.

Para acometer esta empresa sería necesario recurrir a los recursos que podían aportar cada una de las ciudades que se proponían recuperar los baños, siendo necesario destinar parte de los impuestos recaudados.

"Deben tenerse en cuenta los tributos públicos y hay que confrontar la renovación de los baños de verano con los recursos de la comunidad, para que si algo sobra de los demás desembolsos se consagre a los gastos de la obra; también debe darse un plazo más largo a la renovación, para que una reparación precipitada no le quite algo de solidez." (Símaco, Cartas, IX, 136)

Termas romanas de Fordongiano, Cerdeña. Foto Samuel López

Los nuevos complejos termales se situaron cercanos al centro de la ciudad y se buscó la mejor orientación para aprovechar la buena climatología. Se realizó una nueva configuración espacial para maximizar su eficiencia y asegurar su uso a largo plazo. Mantener estos baños cerrados en los meses más fríos permitió a las ciudades ahorrar en recursos naturales y asegurar la viabilidad de su uso en los meses con temperaturas suaves. Baños de invierno continuaron también en uso, pero reduciendo su tamaño y espacios a calentar y con menor afluencia de bañistas.

"Y, ¿a quién no agradarían los baños? Algunos adaptados al invierno, otros para el verano, algunos protegidos de la violencia del viento, otros como si estuvieran colgados en el aire y sin tocar la tierra…" (Libanio, Discurso 11)

Baños romanos de Cheapside, Londres

Además de una adecuada planificación arquitectónica para aprovechar los recursos de manera más eficiente la restauración y reconversión de las termas necesitó una cuantiosa inversión por patronazgo por la que los notables de la ciudad con suficientes medios, que habían salidos de una difícil etapa con hambrunas, plagas, catástrofes naturales y revueltas sociales, estaban deseando emular a los patrones del Alto Imperio que costearon la construcción de baños para sus conciudadanos o al menos contribuyeron a su mantenimiento y esplendor, mostrando su apoyo a la sostenibilidad de los baños. Al igual que ellos deseaban reconocimiento y prestigio social como también la continuidad de la tradición del baño como manifestación de su romanidad.

"A la buena Fortuna. El muy excelente Rhodopaios, amante de su patria y defensor de la gente, que propició el generoso regalo de los baños olímpicos de verano, que proporcionó trigo, que renovó los placeres que se habían olvidado, el benefactor que nunca debería ser olvidado, ha sido honrado de forma pública y privada por la ciudad con una estatua por tercera vez." (Baños de Adriano, Afrodisias, 542 d.C.)

Baños de Adriano, Afrodisias, Turquía. Foto  Samuel López

Algunas inscripciones de agradecimiento muestran las reparaciones llevadas a cabo, y mencionan la inversión hecha en decoración, lo que indica que el patrocinio no tenía solo un objetivo funcional y utilitario, sino que buscaba continuar la tradición imperial de emplear el lujo para que los disfrutasen los residentes de la ciudad.

"[?], funcionario de la ciudad, entre sus otras donaciones con las que ha favorecido a la ciudad junto a los otros funcionarios y todo el pueblo, restauró y dedicó la piscina y la cella soliaris, que estaban deterioradas con muchos agujeros, por lo que se veían los pavimentos por debajo y, también evitaban la retención del calor; y, llevado por su escrupulosa consideración por lo sagrado por el confort de los ciudadanos romanos, introdujo mármoles de diferentes tipos." [(ILAlg 1 2102) Grandes Baños de Madauros, 366/7]

Sala de las Termas del Foro, Ostia, Italia. Foto Samuel López

Algunos propietarios de una 
domus o villa que estuviera dotada de baños privados podían conceder acceso a estos a determinados grupos de personas con las que el dueño tuviera afinidad, por ejemplo, por pertenecer a la misma asociación, o por tener una relación de patrono-cliente. Si además se abrían los baños a un entorno más amplio como podían ser los habitantes de la población donde se ubicaban, no siendo en este caso la motivación económica, la intención sería obtener prestigio social y establecer relaciones políticas o comerciales que podían ser de utilidad en el futuro. A finales del imperio, había gran competencia entre ciudadanos adinerados por obtener un cargo público, y convertir sus propios baños en semi-públicos, podía ayudar en la carrera política del propietario. Cuanto más ostentosos y mejor equipados estuvieran dichos baños, más respetable aparecería su dueño ante los ojos de sus conciudadanos.

En el Digesto aparece la siguiente provisión en un codicilo:

"Que se permita que los baños Julianos, que están anejos a mi casa, sean de uso gratuito para los ciudadanos de Tibur y Scitis, a los que estoy muy unido, de tal manera que puedan bañarse ahí públicamente, a costa y bajo la supervisión de mis herederos, durante seis meses al año." (Digesto, XXXII, 35, 3)

Termas de la villa de Lullingston, Inglaterra. Ilustración de Peter Dunn

Aunque los baños eran lugares destinados al disfrute, había que tomar medidas para la seguridad de los bañistas, porque existían peligros a tener en cuenta, como los robos de pertenencias personales, riesgo de resbalar y caer en el suelo mojado, derrumbe de paredes o techos, quemaduras por agua caliente, transmisión de enfermedades, e incluso riego de morir ahogado.

"Al rey Ptolomeo, saludos de Philista, hija de Lysias, residente en Tricomia.

He sido perjudicada por Petechon, porque mientras me bañaba en los baños de dicha villa el día 7 del mes Tubi del año 1, salí a enjabonarme, y él que estaba en la rotonda de las mujeres trajo las jarras de agua caliente y cuando vació una sobre mí, me escaldó en el vientre y en el muslo izquierdo hasta la rodilla, de forma que mi vida estuvo en peligro. Al encontrarlo lo puse bajo la custodia de Nechthosiris , el jefe de policía de la villa en presencia de Simón el epistates. Te ruego, rey, si te place, como suplicante de tu favor, que ordenes a Diophanes el estratego que escriba a Nechthosiris y Simón para que traigan a Petechon ante él y que pueda investigar el caso … y yo pueda obtener justicia."
(Papiro Enteuxis, 82, año 220 a.C.)

Izda. Pintura de Alma-Tadema. Drcha. Pintura de Willem Geets



Bibliografía

Some Aspects of Public Baths in Ptolemaic and Roman Egypt, Hussein M. A. Youssef
Public and Private Bathing in Late Antique North Africa. Changing Habits in a Changing Society?, Sadi Maréchal
Thermal Sustainability: Renovation of Imperial Thermae in Late Antiquity, Allyson McDavid
The Fuel Economy of Public Bathhouses in the Roman Empire, Michael Mietz
Baths and Bathing in Late Antiquity; Michal Zytka
Los baños en Bizancio: Arquitectura, medicina y literatura. Penélope Stavrianopulu Boyatzi
Las termas romanas, establecimientos precursores de los actuales centros acuáticos de ocio, Concepción E. Tuero del Prado

lunes, 1 de marzo de 2021

Therma publica, las termas en la antigua Roma (I)

 

Acuarela. Wellcome Images.

“El pórtico era elevado, con ancha escalinata, más plana que empinada, para comodidad de los usuarios. Al entrar, nos aguarda una sala pública de amplias dimensiones, espera adecuada para criados y acompañantes; a la izquierda están los salones de recreo, muy convenientes, por cierto, para un balneario, con reservados acogedores y rebosantes de luz; a continuación de éstos se encuentra una sala, desmesurada para el baño, pero necesaria para la recepción de los ricos; tras ésta, a ambos lados, hay vestuarios suficientes para desnudarse, y en el centro una sala de gran altura y enorme claridad, con tres piscinas de agua fría, revestida de mármol de Laconia, con dos estatuas de mármol blanco, de factura arcaica, una de la Salud, y la otra de Asclepio.


Pintura de Alma-Tadema

Al salir nos aguarda otra sala suavemente caldeada, para no encontrar bruscamente la caliente, oblonga y redondeada; sigue a la derecha una sala muy bien iluminada, agradablemente preparada para los masajes, que tiene a ambos lados puertas embellecidas con mármol frigio, para recibir a quienes llegan de la palestra. A continuación, se encuentra otra sala, la más bella de cuantas existen, confortabilísima para permanecer en ella, de pie o sentado, en extremo tranquilo para detenerse a reposar, muy adecuada para vagar por ella, resplandeciente también de mármol frigio en su techumbre. Luego nos aguarda el pasillo caliente, revestido de mármol númida, y la sala contigua es bellísima, llena de luz abundante, y diríase teñida de púrpura, dotada de tres baños calientes.


Pintura de William Holmes Sullivan

Tras el baño, no tienes por qué regresar por las mismas habitaciones, sino que pasas directamente a la sala fría a través de una estancia suavemente templada, todo ello bajo una gran iluminación y abundante entrada de luz solar. Además, la altura de cada habitación es la adecuada, la anchura guarda proporción con la longitud, y por doquier brota la gracia y el encanto de Afrodita. Para decirlo con el noble Píndaro, «iniciada la obra, hay que dotarla de un rostro fulgurante». Ello puede lograrse sobre todo gracias a la luz, el resplandor y los ventanales, pues Hipias, que era verdaderamente sabio, construyó la sala de baños fríos cara al Norte, mas sin prescindir tampoco de los aires del Mediodía; en cambio, las que requerían mucho calor las orientó al Sur, Este y Oeste.


En el frigidarium, pintura de Pedro Weingärtner

¿Para qué continuar hablándote de las palestras e instalaciones generales de guardarropas, con rápido e inmediato acceso a las salas de baño, por razones tanto utilitarias como de seguridad? (Luciano, Hipias)



La historia de los baños públicos en Grecia comenzó en el siglo VI a.C., con la práctica del entrenamiento físico. El baño tenía su importancia no sólo en el ámbito del ejercicio, sino también por su pretensión de mantener la armonía entre el cuerpo y la mente. Las primeras instalaciones estaban al aire libre, a la sombra de los olivos, cerca de la palestra (área de gimnasio) y la exedra (lugar de la enseñanza de la filosofía). Su formación se realizó a partir de pilones circulares y ensanchados, conocidos como loutrones –  en la sala de baños anexa al gimnasio –. Las mujeres se rociaban utilizando afusiones de agua, mientras que los gimnastas se lavaban, y luego limpiaban su cuerpo de la arena con la que se habían cubierto para retener gotas de sudor durante los ejercicios físicos. Utilizaban para esto un estrígil o estrigilo, pequeño instrumento de hierro o bronce, de hoja curva que permitía raspar el polvo o la arena que cubría el cuerpo de los atletas.

“Allí, en Olimpia, el gimnasta lleva un estrígil, tal vez por esta razón: el atleta, en la palestra, no puede evitar cubrirse de polvo y barro. Además, está expuesto al sol; con el fin de que no se estropee el estado de su piel, el estrígil recuerda al atleta no sólo que debe usar aceite sino untárselo tan copiosamente que haga falta rascarlo con él después de la unción.” (Filostrato, Gimnástico, 18)


Izda, Hidria griega, Museo de Bellas Artes de Boston. Drcha, estrígilo,
Museo Metropolitan de Nueva York

Estos pilones de características diversas (rectangulares, profundos) eran de uso individual a modo de bañeras. A medida que la práctica de los ejercicios gimnásticos evoluciona, se desarrollan las dependencias acuáticas. Algunos gimnasios fueron embellecidos con piscinas, provistas de asientos que facilitaban las inmersiones. Encima de las piletas estaban incrustados los nichos para depositar las prendas de vestir.

El pórtico doble constará de los siguientes elementos: en su parte central, un «efebeo» (sala de tertulia), para ejercitarse los jóvenes, cuya longitud será una tercera parte mayor que su anchura; en la parte derecha se instalará el «coriceo» (lugar de entrenamiento) y junto a él, el «conisterio» (sala donde los luchadores cubrían sus cuerpos con un polvo para que no resbalasen sus miembros desnudos), desde el conisterio hasta el rincón o ángulo del pórtico se instalará una sala de baños, de agua natural, que los griegos llaman loutron; en la parte izquierda del efebeo estará situado el «eleotesio» (estancia para masajes con aceite) y muy cerca de él, el baño de agua fría; desde este baño hasta la esquina del pórtico correrá un pasillo o acceso hacia el «propnigeo» (estancia que precede al baño caliente). Pasando dentro, frente al baño de agua fría se situará una sauna abovedada con doble longitud que anchura; en sus ángulos o esquinas por una parte estará el lacónico con la misma estructura que antes hemos descrito y, frente al lacónico, se ubicará la sala para lavarse con agua caliente. (Vitrubio, V, 11, 1-2)


Baños griegos de Cirene, Libia

Inicialmente entre los griegos los baños fríos estaban asociados a la práctica deportiva y al entrenamiento de los soldados, y los baños calientes tenían una pésima reputación salvo que fueran prescritos por los médicos, ya que eran susceptibles de afeminar y ablandar el cuerpo, mientras que el agua fría lo curtía y templaba el temperamento.

En las casas romanas, durante el invierno, se aprovechaba el calor de la cocina para bañarse en agua templada en una sala próxima que denominaron lauatrina, pero durante la república la concentración en Roma de grandes masas de población y la construcción de casas de alquiler de varios pisos (insulae) supuso que los inquilinos no pudieran disponer de sus propias lavatrina por el reducido tamaño de las viviendas, lo que propició la aparición de los baños públicos.

“El primer baño (el nombre balneum es griego), cuando se introdujo en la ciudad, se instaló con carácter público en un lugar tal que en él había dos edificios unidos para bañarse, uno donde se bañasen los hombres y el otro donde lo hiciesen las mujeres. Por la misma razón, en su casa cada uno dio la denominación de balneum a donde uno se baña y, dado que no existían dos, no acostumbraban a decir balnea (si bien es cierto que al baño los antiguos acostumbraban a denominarlo no balneum, sino lavatrina).” (Varrón, De la Lengua Latina, X, 68)


Mujer lavándose en un labrum.

Los romanos en un principio mostraron su gusto por los baños en aguas frescas, y porque, según las costumbres griegas, esto era un símbolo de salud, estimulaba el cuerpo y se hacía una muestra de virilidad y de austeridad moral. En el siglo I d.C., Séneca se zambullía el primer día del año en las gélidas aguas de Aqua Virgo (del acueducto de dicho nombre). Este evento lo recordaría con nostalgia un anciano Séneca en su obra “Cartas a Lucilio”,

“Yo, que era tan amante de los baños fríos, que en las calendas de enero saludaba el canal, que inauguraba el nuevo año no sólo leyendo, escribiendo, declamando alguna pieza, sino también zambulléndome en el Agua Virgen", primero trasladé mis reales junto al Tiber, luego a esta bañera que, cuando estoy más vigoroso y todo se realiza con buena ley, basta el sol para templarla: no me queda mucho ya para los baños calientes.” (Séneca, Epístolas, 83)

Para los romanos el baño implicaba los siguientes elementos básicos: sudar para expulsar los fluidos corporales nocivos; relajar el cuerpo en agua templada, frotarse para hacer eliminar la suciedad y fortalecer el cuerpo con agua fría. Por lo tanto, las instalaciones termales que se construyeron estaban destinadas a satisfacer cada una de estas necesidades.

Izda, Atrio de las termas de Herculano. Drcha, Ilustración de Jean-Claude Golvin

El primer gran complejo termal en la ciudad de Roma fue construido por Agripa, quien en el año 25 a.C. inauguró en el Campo de Marte un laconicum (estancia de baños de vapor) rodeado de pórticos y jardines, conocido como Nemus Agrippae. Con la finalización del acueducto Aqua Virgo en el año 19 a.C. se pudo acceder al suministro de agua limpia que animó a la ampliación de las termas de Agripa con la construcción de un frigidarium, un tepidarium y un caldarium.

“Después construyó los baños calientes a los que llamó Lacónico. Dio el nombre de Lacónico al gimnasio porque en aquel tiempo eran los lacedemonios los que más fama tenían de hacer deporte y frotarse con ungüentos”. (Dion Casio, Historia romana, LIII, 27)




La construcción de acueductos capaces de traer agua a las ciudades impulsó el surgimiento de complejos termales en ciudades, incluso pequeñas, para el disfrute de sus ciudadanos. Los promotores de dichos establecimientos buscaron las mejores ubicaciones y diseños con grandes ventanales en los que poder aprovechar el sol y la luz diurna para conseguir calentar las instalaciones más fácilmente.

“Lo primero que debe hacerse es seleccionar un lugar lo más cálido posible, es decir, un lugar opuesto al septentrión y al viento del norte. En la sala de los baños calientes y en la de los baños templados la luz debe entrar por el lado del poniente; si la naturaleza o situación del lugar no lo permite, en ese caso tomará la luz desde el mediodía, ya que el tiempo fijado para los baños va desde el mediodía hasta el atardecer.” (Vitrubio, De Arquitectura, V, 10)

Arriba, reconstrucción de caldarium de las termas de Trajano, Roma.
Abajo, Termas Taurinas, Civitavecchia

“Derrama el Titán su lumbre en nuestros baños y la cámara esplendorosa retiene dentro sus rayos. Que los aljibes de otros se calienten con llamas metidas debajo; estos podrán volverse cálidos, Febo, con las tuyas.” (Antología Latina, 129)

Pero ante la imposibilidad de calentar los baños solo con la luz solar se recurrió al calentamiento de las instalaciones mediante el hipocausto, de forma que en el exterior del edificio se construía un horno en el que se quemaba leña o carbón y los gases calientes derivados de la combustión se llevaban por canalizaciones situadas bajo el suelo hasta unas cámaras situadas bajo las estancias que se querían calentar. En las salas donde era necesario conseguir un calor más intenso, se utilizaba un tipo de calefacción vertical (concameratio), basada en la construcción de dobles paredes entre las que circulaba el aire caliente originado en el hypocaustum y evacuado, junto con gases y humos, a través de conductos que terminaban en chimeneas colocadas en las partes altas de los muros.

“Que no se equivoca debes creerlo por el caso de los habitantes de Bayas, cuyos balnearios se calientan sin fuego. Se introduce un soplo de aire ardiente, procedente de un lugar muy caliente; éste, al deslizarse por los tubos, calienta las paredes y los recipientes del balneario, al igual que sucedería si se pusiera debajo fuego; en fin, que en su recorrido toda el agua fría pasa a caliente y no toma sabor del sistema calefactor porque discurre encerrada.” (Séneca, Cuestiones Naturales, III, 24)




A pesar de los avances para crear un sistema de calefacción satisfactorio existían quejas por la falta de calor en las instalaciones. Se responsabilizaba a los balneatores o a los dueños de los baños del frío que los bañistas pasaban por la falta de madera con la que alimentar los hornos.

“¿Quién puso un muro rodeando el rio, bañero?
¿Quién tan falsamente hizo de esta fuente unos baños?
“Eolo, hijo de Hippotas, caro a los dioses inmortales,
Trajo los vientos aquí desde su hogar.
¿Y por qué están puestos estos dos tablones aquí para los pies?
No para dar calor, sino para enfriar.
Este es el lugar para tiritar y para congelarse.
Escribe ahí. Báñate aquí en agosto,
Porque el viento del norte sopla siempre dentro.”
(Antología Griega, IX, 617)

Por otro lado, también se protestaba por el extremo calor que hacía en las salas y baños calientes que podía provocar sofocos y riesgos para la salud.


"No deberías llamar a este lugar baño, sino más bien
la pira funeraria que Aquiles encendió para Patroclo,
o la corona de Medea que la Furia prendió en la cámara nupcial de Glauca por Jason. Perdóname, bañero, por el amor de Dios, porque soy un hombre que escribe todos los hechos de los dioses y los hombres.
Pero si te propones quemarnos vivos, enciende una pira de leña, verdugo, y no una de piedra.”
(Antología Griega, XI, 411)




 Este tipo de establecimiento termal se inició con el propósito no solo de ejercitar el cuerpo para satisfacer los cánones de belleza, como sucedía en Grecia, y garantizar su salud y su higiene, sino sobre todo para dedicarse al placer y la diversión. Las duchas con agua fría típicas de los griegos se sustituyen por la inmersión en piletas de agua fría y caliente. Incluso la palestra acoge más los juegos dedicados al ocio que al entrenamiento deportivo.

“Ni el trinquete, ni el balón, ni la pelota rústica te preparan para el baño caliente, ni los golpes faltos de penetración de una simple espada de madera, ni abres arqueados tus brazos llenos de un ungüento viscoso, ni yendo de una parte a otra robas balones llenos de polvo, sino que solamente corres en las cercanías de las aguas de la Virgen o bien donde el toro arde en el amor sidonio. Jugar a los más variados juegos, para los que sirve cualquier espacio libre, pudiendo correr, es un género de pereza.” (Marcial, Epigramas, VII, 32)


Ilustracion de Los Viajes de Alix de Jacques Martin

Los emperadores romanos contribuyeron en gran medida al desarrollo de enormes complejos termales para uso público antes de la época del Bajo Imperio. Estos baños imperiales integraban espacios acuáticos y culturales que combinaban la higiene con intereses intelectuales y de ocio, ofreciendo a los usuarios instalaciones que contaban con salas de lectura, bibliotecas, auditóriums, espacios deportivos y santuarios religiosos.

“Con el objeto de no frustrar en ningún sentido la intimidad con que tú me acoges, que es gratísima, he utilizado principalmente los libros de la biblioteca Ulpia, que en mi época estaban en las termas de Diocleciano y los de la casa de Tiberio.” (Historia Augusta, Probo, 2)


Mitreo de Ostia, foto de Carole Raddato


Además, algunos de estos baños públicos tenían extensas áreas donde los ricos patrones romanos podían hablar de política, cerrar negocios o simplemente cotillear, con lo que estos establecimientos se convertían en lugares de socialización. Hacia el Bajo Imperio llegaron a convertirse en lugares propicios para incitar a la rebelión y conspirar contra el Estado. 

“Ordenó que todas las termas se cerraran antes de que se encendieran las lámparas, con el fin de que no se originara ninguna sedición nocturna.” (Historia Augusta, Tácito, 10)


Las termas de Caracalla, pintura de Virgilio Mattoni de la Fuente

Estos edificios grandiosos y costosos se construían para enfatizar la riqueza y naturaleza magnánima del emperador, quien deseaba atraerse el favor de las clases sociales cuyos miembros no podrían de otro modo disfrutar de unos baños tan lujosos, en los que se combinaban una arquitectura monumental, una decoración que incorporaba mármoles, mosaicos, pinturas y famosas obras de arte, además de una tecnología avanzada como el aprovechamiento del agua de los acueductos y el calentamiento por hipocausto.

Los Baños de Zeuxipo fueron unas magníficas termas situadas en el centro de Constantinopla, construidas sobre lo que probablemente fue un edificio anterior fundado por Septimio Severo a finales del s. II d.C. El emperador Constantino mandó completar la instalación y decorar los baños con variados mármoles y estatuas.

“Él terminó el baño público conocido como el Zeuxippon, y lo decoró con columnas y mármoles de muchos colores y estatuas de bronce. Él se había encontrado el baño inacabado; lo había empezado anteriormente el emperador Severo.”  (Juan Malalas, Crónica, XIII, 8)


Izda,  Laooconte y sus hijo procedente de las Termas de Trajano, Museos Vaticanos. Drcha, Toro Farnese procedente de las Termas de Caracalla, Palazzo Massimo, Museo Nacional Romano

Incluso baños que exteriormente no mostraban ninguna magnificencia arquitectónica podían tener una cuidada decoración interior con profusión de mosaicos y pinturas. Estos edificios más modestos que proliferaron durante los siglos II y III d. C. por todo el imperio pudieron pertenecer a particulares o asociaciones de individuos que compartían una misma actividad, como es el caso de los Baños de la Caza en Leptis Magna, que conserva pinturas sobre la caza de animales salvajes, lo que podría significar que los que acudían a dichos bañadores fueran cazadores.


"Mira estos baños que en su techo y estanques relucen, a los que dan no pequeño lustre el pintor y las aguas.
Pues los tejados relucientes presentan formas hermosas y suavemente van cayendo los chorros de agua clara.
Quien pretenda cosechar gozos de doble provecho
y sepa disfrutar de la vida que pasa, que aquí se bañe;
remozando aquí el cuerpo y aliviando el espíritu,
animará con las pinturas los ojos, con las aguas el cuerpo.”
(Antología Latina 119)


Exterior e interior de los baños de Los Cazadores, Libia

Entre las termas más reconocidas de la época romana se puede citar, además de las ya citadas de Agripa, las termas de Nerón, llamadas Alexandrinas, por la reforma llevada a cabo por Alejandro Severo, las termas de Tito, las termas de Trajano, las de Caracalla y las de Diocleciano, todas en Roma.

“Yo soy Urso -si es que creéis lo que os digo-, el primer togado que con bolas de cristal jugué con maña contra mis adversarios, celebrándolo todos con grandes griteríos en las termas de Trajano, y en las termas de Agripa y en las de Tito, y sobre todo en las de Nerón.” (Epigrama, epitafio. Poesía Epigráfica latina, 29)


Reconstrucción idealizada de las Termas de Diocleciano

Las instalaciones como las termas de Caracalla cultivaron un sentido de comunidad, prosperidad, y salud entre la gente común. Manteniendo un alto nivel de vida en la ciudad, los emperadores Severos esperaban mantener la población contenta y plácida, para minimizar el descontento político y asegurar la estabilidad de su régimen. Además las termas se convirtieron en un excelente medio para difundir la propaganda imperial, puesto que el tremendo ascenso de la arquitectura y la extravagancia de la decoración en las termas de Caracalla tenían la intención de recordar a los visitantes la fuerza y el poder de Roma y de los emperadores Severos.

“Entre las construcciones que dejó en Roma, hay que citar unas termas de gran magnificencia que llevan su nombre, cuya sala de forma de sandalia no puede imitarse por otra construcción similar a ella, según aseguran los arquitectos. En efecto, éstos dicen que está construida sobre una balaustrada de bronce o cobre a la que está confiado el peso de toda la bóveda y que posee unas proporciones tan gigantescas que los entendidos en mecánica dicen que es imposible construir una obra así.” (Historia Augusta, Caracalla, 9, 3-4)


Reconstrucción idealizada de las Termas de Caracalla

Al mismo tiempo que los emperadores impulsaban la construcción de grandes termas para aumentar su popularidad y satisfacer a los ciudadanos, si consideraban que los habitantes de alguna población habían sido desleales o se habían aliado con algún rival político o enemigo, decidían clausurar los baños y otros espectáculos como castigo.

“Luego Severo distribuyó un generoso donativo a sus soldados y emprendió la expedición contra Albino. Envió también unas tropas a sitiar Bizancio, donde se habían refugiado los generales de Níger y que todavía permanecía cerrada. Después la ciudad fue tomada por hambre y destruida por completo; privada de teatros y baños y de toda consideración y honor.” (Herodiano, Historia del imperio romano, III, 6, 9)


Termas de Evaux-les-bains, Francia. Ilustración de Jean-Claude Golvin

Fueron varios los emperadores que impulsaron la construcción de grandes complejos termales en distintas ciudades de las provincias romanas siguiendo un ambicioso programa de monumentalización urbana por todo el imperio desde el siglo I al III d.C. que imitaba el modelo de Roma y era además una forma más de fomentar la romanización de los nuevos territorios anexados al imperio.

“A mí me convencieron para aferrarme a Antioquía Daciano y la belleza con la que él dio lustre a la ciudad: los baños públicos ya terminados y los que están en construcción, el pórtico que tan largamente se extiende y que florece en su esplendor mientras ocupa una extensión tan grande en la ciudad como los hombros de Pélope en el cuerpo de Pélope.” (Libanio, Cartas, 441)

Las termas de Antonino en Cartago fueron las más grandes erigidas en África, pero mejor se conservan los baños de Adriano en Leptis Magna, Libia, levantados en época de Adriano y que fueron decorados con distintos tipos de mármoles y que fueron ampliados por Cómodo y Septimio Severo.


Frigidarium de las termas de Leptis Magna. Izda, ilustracion de Jean-Claude Golvin

La entrada en el recinto de las termas llevaba al bañista a un atrio donde sería recibido y probablemente debía hacer el pago. La primera sala del circuito termal era el vestuario o apodyterium, en donde los bañistas se despojaban de sus vestimentas y pertenencias personales, que dejaban en los nichos y que eran vigilados por los esclavos por el temor a que los ladrones las robasen.

Tracalión— ¿Sabes, Ampelisca?, también cuando se va uno a bañarse a las termas, aunque estés allí con todo el cuidado del mundo a la mira de tu ropa, así y todo, te la roban, porque no sabes a quién es al que tienes que observar; en cambio, el ratero sí que lo sabe, pero el que pretende custodiar sus cosas no tiene idea de quién es el ladrón. (Plauto, Rudens o La Maroma, 380)

Ahí se esperaba el turno para entrar en las zonas de agua caliente y la estancia podía tener una temperatura atemperada mediante un hipocausto o con sencillos braseros.


Izda, tepidarium de las termas del Foro, Pompeya. Pintura de Joseph Theodor Hansen

En caso de haber una palestra o gimnasio, el bañista, si así lo deseaba podía hacer algo de ejercicio físico con pesas, por ejemplo, combates de lucha para lo que se untaban con aceite y cera, aplicando una capa de polvos para no resbalarse, o dedicarse a juegos de pelota. Todo ello servía como calentamiento para poder apreciar mejor el calor de las termas.

“Vivo precisamente arriba de unos baños. Imagínate ahora toda clase de sonidos capaces de provocar la irritación en los oídos. Cuando los más fornidos atletas se ejercitan moviendo las manos con pesas de plomo, cuando se fatigan, o dan la impresión de fatigarse, escucho sus gemidos; cuantas veces exhalan el aliento contenido, oigo sus chiflidos y sus jadeantes respiraciones.” (Séneca, Epístolas, 56)



El siguiente paso era entrar en la sala templada o tepidarium, normalmente a una temperatura cerca de los 30º, para aclimatar el cuerpo. Las aguas templadas contribuían a relajar los músculos y articulaciones, mejorar la circulación sanguínea, la digestión y aumentar el apetito. En caso de no haber una sala dedicada exclusivamente a la unción de aceites perfumados se podía realizar en esta estancia.


Tepidarium, Termas de Pompeya. Drcha, pintura de Domenico Morelli

Después el bañista pasaba a una sala con una temperatura muy alta, denominada de manera general caldarium, que podía alcanzar hasta unos 55º, y estaba destinada a abrir los poros de la piel y provocar la sudoración. Era habitual la existencia en el caldarium de una piscina o bañera de agua caliente, a unos 40º, para la realización de baños de inmersión.


Caldarium de las termas de Pompeya. Foto de Samuel López

También podía haber otras dependencias para elegir, en función de los gustos, entre el calor seco del laconicum, o el calor húmedo del sudatio. El laconicum solía ser una sala circular con un techo cónico abovedado que se calentaba con fuegos bajo el pavimento y con tubos de aire caliente por las paredes, y se podía convertir en sudatio con piedras calentadas al fuego, que se traían al baño donde se ponían en una plataforma central sobre la que se vertía agua para crear vapor. A veces se podían añadir hojas de plantas aromáticas reconocidas por sus cualidades terapéuticas. Seguidamente llegaban a otra dependencia donde estaba el labrum, pila o bañera donde podían rociarse de agua fría.

"La sala de los baños de vapor y la sala para sudar -saunas- quedarán contiguas a la sala de baño de agua templada; su anchura será igual que su altura hasta el borde inferior, donde descansa la bóveda. En medio de la bóveda, en su parte central, déjese una abertura de luz, de la que colgará un escudo de bronce, mediante unas cadenas; al subirlo o al bajarlo se irá ajustando la temperatura de la sala de baños de vapor. Conviene que la sala de baños de vapor sea circular con el fin de que, desde el centro, se difunda por igual la fuerza de las llamas y la del vapor, por toda la rotonda de la sala circular." (Vitruvio, De Arquitectura, V, 10, 5)


Sala de baños de vapor, según Vitrubio. Drcha, Villa Adriana, Italia. 

En los establecimientos más modestos habría únicamente una piscina de agua caliente y un labrum para refrescarse, como en las dependencias para mujeres de las termas Stabianas de Pompeya.


Caldarium y labrum, Termas Estabianas, Pompeya

Tras estas abluciones, algunos preferían volver al tepidarium – con la finalidad de hacer un descanso o una transición más suave y donde se limpiaba el sudor y las impurezas con el estrígil y se remataba el circuito en la sala fría (frigidarium) donde uno podía zambullirse, si no le incomodaba el agua fría, en una pileta con la finalidad de cerrar los poros abiertos con la sudoración, lo que protege al organismo de posibles enfriamientos; como alternativa era posible nadar en la piscina exterior o natatio.


Frigidarium, Termas de Pompeya

Algunas termas contaban con una sala destinada exclusivamente a dar masajes (destrictarium), a los bañistas que lo deseaban.

“C. Uulius, hijo de Cayo, y P. Aninius, hijo de Cayo, duoviros, contrataron la construcción de un laconicum y un destrictarium, y la restauración de los pórticos y la palestra, con el dinero, que, según la ley, deberían haber gastado en juegos y monumentos. Ellos vigilaron la obra y la aprobaron.” (Termas Estabianas, Pompeya, CIL X.829= ILS 5706)



Una explicación práctica a la popularidad de los baños en la antigüedad es la creencia de que eran buenos para la salud por lo que diferentes formas de tomar los baños se recomendaban para tratar ciertas dolencias en particular.

El baño como medida terapéutica seguía las recomendaciones de la escuela hipocrática, según la cual uno debía bañarse más frecuentemente en verano que en invierno, y que el agua fría hidrata y refresca el cuerpo, mientras que el agua salada del mar lo seca y calienta. No se recomendaba el baño en caso de fiebre alta o para los que sufrían de diarrea o estreñimiento.

El médico griego Asclepiades de Prusa, que ejerció en la época en que la expansión del baño romano se produjo, empleó un estricto programa de dieta, ejercicio y baños, incluyendo el agua fría en su régimen. Sus seguidores más célebres fueron Celso y Galeno, quienes expusieron diferentes formas de tomar los baños para tratar las dolencias de los pacientes, aunque ambos los recomendaban en combinación con la práctica de ejercicio físico, masaje y sudoración, actividades que constituyen el núcleo de la rutina romana del baño.




Galeno recomendaba primero para los que siente debilidad en alguno de sus extremidades el vapor del laconicum, luego el baño de agua templada y después el de agua fría para terminar con un masaje. Sin embargo, la recomendación de Celso es la siguiente:

“Primero debería sudar durante un rato en el tepidarium, bien tapado, y después uncirse con aceite allí mismo; tras ello debería pasar al caldarium y tras sudar un rato no sumergirse en el baño caliente, sino echarse desde la cabeza hasta los pies, primero agua caliente, luego templada, después fría, y más por la cabeza que por ninguna otra parte, tras lo cual debería recibir un masaje, secarse y untarse con aceite.” (Celsus, De Materia Medica, I, 4, 2)


Juego de estrígilos, patera y ungüentario

Los romanos acomodados eran acompañados durante este trayecto en las termas por sus esclavos que, o bien vigilaban la ropa en el apodyterium como ya se ha mencionado, o llevaban la lámpara de aceite, los ungüentos y las toallas, o bien se encargaban de ayudar a sus señores a salir de las piletas, también de abrirles paso hasta el labrum que estaba muy solicitado, o efectuar las frotaciones con el estrígil.

"Se bañaba frecuentemente en público y mezclándose con todo el mundo. Por ello, se hizo célebre aquella broma de los baños: en una ocasión en que vio a un veterano al que había conocido en el ejército restregarse en la pared la espalda y el resto del cuerpo, le preguntó el motivo por el que se rascaba en el mármol y, cuando oyó que actuaba así porque no tenía esclavo, le regaló esclavos y dinero para que los mantuviera.  En cambio, otro día, cuando una multitud de ancianos se restregaban en la pared con el fin de provocar su generosidad, ordenó que los hicieran acudir ante él y que luego se rascaran los unos a los otros mutuamente." (Historia Augusta, Adriano, 17, 6-7)

Balneatrix y balneator, pinturas de Alma-Tadema

En Roma tanto los hombres como las mujeres tenían la oportunidad de ir a los baños. En época de la República los edificios termales constaban de dos edificios adyacentes para que tanto ellos como ellas pudiesen bañarse al mismo tiempo, pero de forma separada. Es posible que en caso de existir un solo edificio se establecieran turnos dedicados al baño por sexo.

"Debe procurarse que los baños calientes para mujeres y hombres estén juntos y situados con esta orientación, ya que así se logrará que los útiles de la casa de baños y el horno para calentar sean los mismos para ambos sexos." (Vitrubio, V, 10)

Desde la época imperial se impuso un modelo de instalación termal en el que había un único edificio donde se encontraban todas las estancias para el baño por lo que es posible que se establecieran diferentes horarios para que los hombres y las mujeres se bañaran separadamente en diferentes turnos. Algunos emperadores vieron la necesidad de emitir decretos prohibiendo el baño conjunto, pero parece que no se llegó a conseguir porque desde Adriano fueron varios los emperadores que lo intentaron y algunos otros los que se opusieron.

“Prohibió que se exhibieran baños mixtos en Roma, prohibición que ya había sido hecha realmente antes, pero que había levantado Heliogábalo.” (Historia Augusta, Alejandro Severo, 24)


Pintura de Fiodor Bronnikof

Las evidencias literarias demuestran que hombres y mujeres compartían el baño exponiendo sus cuerpos desnudos y critican la falta de pudor femenino y los escritores cristianos desde el siglo II d.C. hasta la caída del imperio dan testimonio que las mujeres seguían acudiendo a los baños junto a los hombres al tiempo que advierten sobre cuál debe ser el comportamiento cristiano a seguir.

“Ten la precaución de no lavarte en un baño donde estés junto con los hombres. Cuando haya, en una ciudad o en un pueblo, baños para las mujeres, tú, que eres una mujer fiel, no acudas a lavarte con los hombres. Porque si escondes tu rostro a los hombres que te son ajenos con un velo de pureza, ¿cómo podrás entrar en los baños con hombres que te son ajenos? Pero si no hay baño de mujeres y tienes necesidad de lavarte en el baño común de hombres y mujeres- algo fuera de lo que conviene a la pureza- lávate (al menos) con pudor, con modestia y con mesura. No lo hagas en cualquier momento, ni todos los días ni al mediodía, sino que debes tener muy presente el momento en que te lavarás. (Será) a la hora décima, porque es preciso que tú, mujer cristiana, evites, sea como fuere, el vano espectáculo que en los baños se ofrece a los ojos.” (Didascalia apostolorum, III, IX, 1-4)


Termas de Caracalla, pintura de Alma-Tadema

Las mujeres acudían a los baños para hacer algo de ejercicio, lavarse y recibir masajes, pero allí tenían también la oportunidad de encontrarse con alguna amiga, contar chismes y ponerse al día de las noticias producidas en su entorno social.

“De noche se encamina a los Baños, de noche ordena movilizar los frascos de ungüento y su logística; disfruta sudando en medio de un cisco de órdago. Cuando se le caen los brazos agotados por las macizas pesas, el hábil masajista presiona con sus dedos en el pubis y obliga a la parte alta del muslo de la señora a dar un quejido.” (Juvenal, Sátiras, VI)


En el frigidarium, pintura de Alma-Tadema


Leer también: Balneum, el baño de la domus en la antigua Roma


Bibliografía

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4298462; LAS TERMAS ROMANAS, ESTABLECIMIENTOS PRECURSORES DE LOS ACTUALES CENTROS ACUÁTICOS DE OCIO; Concepción E. Tuero del Prado
https://www.ajaonline.org/article/3817; Building the Thermae Agrippae: Private Life, Public Space, and the Politics of Bathing in Early Imperial Rome; Anne Hrychuk Kontokosta
canvas.brown.edu; Development of Baths and Public Bathing during the Roman Republic; Fikret K. Yegül
https://orca.cf.ac.uk/53876/1/2013zytkamjphd.pdf; Baths and Bathing in Late Antiquity; Michal Zytka
https://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/secondary/SMIGRA*/Balneae.html; Balneae; A Dictionary of Greek and Roman Antiquities, John Murray, London, 1875.
La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio, Jerôme Carcopino
Bathing in Public in the Roman World; Garrett G. Fagan; Google Books