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viernes, 30 de diciembre de 2016

Viridarium, jardín y peristilo en la domus de la antigua Roma



Pintura de Villa de Livia en Prima Porta, Museo Nacional Romano, Roma

"Tengo un jardín el cual, desde que dejé de pastorear a causa de la vejez, he labrado con mis propias manos teniendo en él cuantas plantas producen las estaciones, cada una en la estación correspondiente:
Por primavera, rosas y lirios y jacintos y violetas de los dos tipos; en verano adormideras y peras salvajes y manzanas de toda clase, ahora vides e higueras y granados y verdes mirtos.
En este jardín se reúnen bandadas de pájaros al amanecer, unos para alimentarse, otros para cantar; pues está enteramente cubierto y sombreado y regado por tres fuentes; si alguien derribase el vallado, creería ver un bosque sagrado." (Longo, Dafnis y Cloe, L. II)

El jardín romano tiene su origen en el hortus que las antiguas casas romanas situaban en la parte trasera de la casa, junto a la cocina, y donde se cultivaban las plantas y verduras que servían de sustento a la familia.

La incorporación de un espacio techado sustentado por columnas daría lugar al porticus (pórtico) que implicaría un aprovechamiento mayor de la zona ajardinada.


Pintura de Luigi Bazzani

A partir de época tardorrepublicana - II a.C.-, con la expansión de Roma por el Mediterráneo, llegó la incorporación del peristilo por influencia griega. La cultura helenística que marcó los gustos privados de la aristocracia itálica contribuyó a que ese primitivo jardín doméstico se transformase en el peristilo, espacio ornamental rodeado en todos sus lados por columnas, destinado a asumir una función decorativa y funcional que acabaría dotando al propietario de prestigio social y económico.

"Plantaciones de laureles, platanares, pinares que llegan al cielo y baños para más de uno los tienes tu solo, y para ti se alza un elevado pórtico de cien columnas, y pisado por tus pies reluce el ónice, y tu hipódromo polvoriento cascos veloces lo hacen resonar, y el flujo del agua al pasar canta por doquier; tus atrios se extienden a lo lejos. Pero ni para cenar ni para dormir hay sitio por ningún lado. ¡Qué bien malvives!" (Marcial, Epigramas, XII, 50)


Peristilo con pozo, Casa del Atrio Corintio, Herculano

El peristilo, por su ubicación, con acceso al vestíbulo o al atrio, y a las salas consideradas de representación, el oecus y el triclinium, constituyó el núcleo de la domus romana en la antigua Roma, donde se llevaría a cabo parte de la vida pública del dominus y que le proporcionaría el status deseado.

En cuanto a la función práctica que se le atribuía, satisfacía la necesidad de ventilación e iluminación de la casa e incluso la de recoger el agua de lluvia. Se convirtió en lugar de trabajo para el señor de la domus en su tarea profesional o literaria, y para la recepción de los clientes y amigos más cercanos, para la señora en su labor con la lana y tareas domésticas, para los niños como espacio de recreo y de aprendizaje de sus lecciones escolares y para los esclavos en la realización de sus quehaceres cotidianos.


Pintura de John William Godward

Avanzado ya Imperio el peristilo pasó a situarse en el centro de la casa con todas las estancias en torno a él, y se convirtió también en el lugar donde se desarrollaba el ocio familiar con la celebración de banquetes, preparando los alimentos en cocinas portátiles instaladas en estos espacios. Pasó a ser escenario de recitales musicales y espectáculos artísticos y pudo ser la sede en la que se celebraban algunos cultos domésticos - el cotidiano culto a los lares, penates, y antepasados o los más específicos referidos a festividades concretas- no sólo referentes al ámbito más privado de los propietarios de la vivienda, sino incluso, al ámbito público de la domus.

"El alojamiento imperial no era en modo alguno suntuoso, porque estaba hecho de arcilla y madera y sin decoración; pero su jardín, aunque inferior al de Alcinoo, se podía comparar al de Laertes. Había un bosquecillo de cipreses y a lo largo del muro estaban también plantados en línea uno detrás de otro. En el medio había vegetales y árboles de todas clases con frutos. ¿Me preguntas qué que hice allí? Hice sacrificios por la noche y al alba, como suelo hacer todos los días." (Juliano, Cartas, 58)


Pintura de Stefan Bakalowicz

Se diseñaba, además, como un espacio cerrado en sí mismo y separado de los corredores de la vivienda -deambulatoria- a través de muretes de mampostería o cercas de madera o piedra que condicionaban los accesos al interior del jardín y la circulación misma de los pórticos: vallas de madera y piedra -cancelli- que fueron muy habitualmente representadas en las pinturas y mosaicos que decoraban las propias residencias.

"Ella estaba en el jardín de la casa, que era un vergel. Una zona para recreo de los ojos. En torno a él había un pequeño murete, y a cada uno de sus cuatro lados tenía un pórtico sostenido por una fila de columnas. Por dentro, al abrigo de las columnas, había un pequeño bosquecillo de árboles y flores...  (Aquiles Tacio, Leucipa y Clitofonte, I, 15)



Pintura de Villa Livia en Prima Porta, Museo Nacional Romano, Roma

El agua ocupaba un lugar preeminente en este jardín, puesto que allí se situaba el pozo que abastecía a la casa y al propio jardín, y las fuentes acompañaban con su borboteo las horas de descanso de los moradores de la casa, además de proporcionar frescor en las horas de más calor.

"En verano dormía con las puertas de su cámara abiertas y a menudo bajo el peristilo de su palacio, en el que el aire era refrescado por varios surtidores de agua y donde tenía además un esclavo encargado de abanicarlo." (Suetonio, Augusto, LXXXII)


Pintura de John William Godward

La decoración escultórica de los espacios ajardinados se enriquecía con la colocación de mascotas en piedra -perros, conejos, tortugas, ranas- y pequeñas piezas de mármol o terracota colocadas en los corredores a modo de cuadros -pinakes- o suspendidas entre las columnas -oscilla-, en las que se representaron, entre otras, escenas dionisíacas, teatrales o bucólicas y que, por su oscilación con el viento, se creía, que ahuyentaban a los malos espíritus.

La ornamentación del peristilo no quedaba restringida, sin embargo, a los juegos de agua y a las esculturas decorativas presentes en ellos, sino que se exhibían mosaicos y pinturas murales con temas relativos a la naturaleza animal y vegetal. Incluso los peristilos de los jardines domésticos más modestos podían convertirse en espacios más amplios recurriendo al uso de la pintura mural sobre sus pórticos en los que se representaban frondosas vegetaciones que mostraban frutos, árboles, flores, aves, fuentes y esculturas.


Pintura de Casa del Brazalete Dorado, Pompeya

"Este bosque, estas fuentes, esta sombra entretejida de los pámpanos vueltos hacia arriba, esta corriente guiada de agua de riego, estos prados y rosales, que no ceden al Pesto de las dos cosechas, y todas las hortalizas que verdean y no se hielan ni en el mes de Jano, y la anguila doméstica, que nada en un estanque cerrado, y esta torre de un blanco resplandeciente que cría palomas de su mismo color, obsequios son de mi dueña. A mi vuelta después del séptimo lustro, Marcela me ha dado estas casas y estos pequeños reinos. Si Nausícaa me concediera los huertos de su padre, podría decirle yo a Alcínoo: “Prefiero los míos”. (Marcial, Epigramas, XII, 31

Los jardines de las grandes villas eran expresión del poder económico y social del propietario. La gran extensión de terreno en sus posesiones, les permitía disponer de espacio suficiente para crear un entorno ideal donde disfrutar del ocio y recrearse el oído y la vista con el borboteo del agua de los surtidores y la cuidada ornamentación de flores, plantas y árboles, que dio lugar al arte de la jardinería, que los romanos llamaron opus toparía, mediante el cual , los jardineros de la época crearon la poda artística de las plantas, recortando arbustos para darles formas geométricas, humanas, mitológicas o de animales.


Reconstrucción de la casa de los Amorcillos Dorados, Pompeya

El xystus era una terraza bordeada de setos que servía como un salón al aire libre y a la que se accedía desde el pórtico. El ambulatio era una vereda entre flores y árboles, y otra vegetación que servía como entorno ideal para un ocioso paseo tras la comida u otra ocupación. La gestatio era una avenida sombreada donde el propietario podía montar a caballo o pasear en litera, que generalmente rodeaba el ambulatio, o se construía como un espacio separado.

"Delante del pórtico hay un paseo (xystus) adornado con arbustos de boj recortados con figuras muy diversas; desde el desciende en pendiente un bancal, sobre el que los bojes dibujan figuras de animales salvajes enfrentados por parejas; la parte llana está cubierta de acantos tan delicados que, me atrevería a decir, parece una superficie liquida. Todo alrededor hay una estrecha senda (ambulatio) cerrada por unos espesos arbustos podados de forma caprichosa. Allí comienza un paseo (gestatio) para las literas a la manera de un circo, que rodea un boj de mil formas y pequeños arbustos a los que la poda no deja crecer. Todo el jardín está cerrado por unos muros de mampostería, que un boj cortado en declive cubre y oculta de las miradas de la gente." (Plinio, Epístolas, V, 6)

Peristilo de Villa Diomedes, Pompeya

Un huerto de árboles frutales se podía integrar en un jardín, al que proporcionaba un complemento estético además de productivo, y del que su propietario podía enorgullecerse.


"Venid acá, Musas, prole de Júpiter altísimo,
que vamos a decir alabanzas de un huertecillo feraz,
El huerto suministra al cuerpo alimentos saludables
y le da al hortelano, una vez y otra, frutos variados:
agradables hortalizas y toda clase de verduras,
uvas lustrosas y los productos de los árboles.
No les falta a los huertos ni el mayor deleite
ni el gozo que se mezcla con muchas ventajas.
Agua cristalina de ruidoso arroyo lame las plantas
y un reguero llevado por el surco las va regando.
Relucen las flores con sus variopintos retoños
y condecoran la tierra con la alhaja de sus colores.
Las abejas agradecidas zumban con susurro leve,
mientras recogen puntas de flores o fresco rocío.
La vid fecunda echa su peso sobre el olmo compañero y 
con sus pámpanos da sombra al armazón de caña.
Los árboles ofrecen sombrajos impenetrables que
con su fronda tupida cortan el paso al sol hirviente.
Las aves cantarinas esparcen sones muy parleros
y sin parar halagan los oídos con sus canciones.
El huerto deleita, distrae, alimenta, retiene
y al alma triste quita la honda pena; 
al cuerpo devuelve su vigor y cautiva la mirada; 
retribuye nuestro esfuerzo con pago redoblado, 
concede al hortelano alegrías muy diversas." (Antología Latina, Asmenio, epigrama 635)


Detalle de mosaico con granado, Heraclea Lyncestis, Macedonia

Viridarium parece haber sido la palabra escogida para designar al jardín ornamental que contenía elementos artificiales como estanques, edificios monumentales y fauna exótica como los pavos reales, sin función productiva, en contraposición, por ejemplo, al hortus olitorius, (huerto con verduras) que sí la tenía, como se ve por un pasaje del Digesto.

"Si la finca se utilizara para el ocio y para tener jardines placenteros (viridaria), veredas (gestationes), o agradables paseos sombreados por árboles sin fruto, el usufructuario no puede arrancarlos para hacer, por ejemplo, un jardín vegetal (hortus olitorius) o cualquier cosa para obtener un producto o un rédito." (Digesto, VII, 1, 13.4)


Pintura de John William Godward

Estos jardines ornamentales se completaban con pajareras para aves autóctonas o exóticas, pequeños santuarios dedicados a los dioses, fuentes y ninfeos, y comedores de verano con lechos de obra cubiertos por pérgolas.

"Y había aves, unas que buscaban su comida por los contornos del vergel, habituadas a la mano del hombre al ser domesticadas por mediación del alimento, y otras que aún con libres alas jugueteaban alrededor de las copas de los árboles. Las unas trinaban con sus cánticos de pájaros, las otras relucían con el atavío de sus alas. Y eran los alados cantores cigarras y golondrinas, aquéllas con sus cantos al lecho de la Aurora, éstas a la mesa de Tereo. Y las aves domesticadas, pavos reales y cisnes y loros: el cisne, que buscaba su pitanza en torno a los veneros de agua; el loro, que pendía en una jaula de un árbol; el pavo, que arrastraba su plumaje por entre las flores. Y la vista de las flores replicaba con su brillo al colorido de las aves y las alas florecían." (Aquiles Tacio, Leucipa y Clitofonte, I, 7)




Viridarium se llamó también en las villas más extensas, a un pequeño cubículo sin techar, situado entre las habitaciones, destinado a aumentar la entrada de luz natural en las distintas estancias de la casa. Se adornaba con plantas decorativas y pinturas con motivos vegetales, animales y arquitectónicos que se encontraban habitualmente en los jardines reales, como fuentes, flores, pájaros, balaustradas, celosías, y máscaras.

"En la parte opuesta, casi en el centro del pórtico, hay unas habitaciones ligeramente retranqueadas, que rodean un pequeño patio, al que dan sombra cuatro plátanos, entre los que hay una pileta de mármol de la que el agua se derrama y favorece con un suave goteo a los plátanos que la rodean y a toda la vegetación que se encuentra debajo." (Plinio, Epístolas, V, 6)


Viridarium, Villa de Poppea, Oplontis, Italia

Los romanos tenían sus propios dioses protectores de los jardines: Venus, antes de convertirse en la dios del amor por su asimilación a la griega Afrodita, era una deidad protectora de los jardines, Vertumnus, de origen etrusco, dios de las estaciones y los jardines, Pomona, diosa de los frutales y huertos, y Flora, diosa de las flores.

"Así que, ¿qué puedo yo añadir a aquello por lo que soy el más famoso: que los frutos de los huertos se han confiado a mis manos?
El verde pepino, la calabaza de hinchado vientre y las lechugas atadas con fino junco tienen mi marca.
Y ninguna flor se abre en los prados, sin que, colocada lindamente, se marchite antes sobre mi frente." (Propercio, a Vertumnus, IV, 2)


Pintura de Venus en la concha, Pompeya

Príapo era un dios menor ligado a los cultos de fecundidad, procedente del Oriente griego. En Italia fue adoptado como protector de huertos y jardines; y como una especie de espantapájaros, sus imágenes de madera, a menudo pintadas de rojo, con un prominente falo, podían verse en la mayoría de ellos.

"Yo era antaño un tronco de higuera, inútil madero, cuando un artesano que no sabía si hacer un escaño o un Priapo prefirió que yo fuera un dios. Y un dios es lo que soy desde entonces, el mayor espanto de ladrones y pájaros; pues a los ladrones los tienen a raya mi diestra y la bermeja estaca que sale de mi indecente entrepierna; y a los pájaros inoportunos los ahuyentan las cañas hincadas en lo alto de mi testa, y les prohíbe posarse en los jardines nuevos." (Horacio, Sátiras, I, 8)


Pintura de John William Godward

Aunque las especies que se cultivaban en los jardines tenían que ver con el lugar geográfico donde se encontraban fueron los árboles de hoja perenne los más habitualmente cultivados en los jardines romanos y de los que podían disfrutarse todo el año frente a la efímera belleza -y embriagadores aromas- que proporcionaban los árboles frutales y flores que ocasionalmente ornamentaron los peristilos. Entre las especies cultivadas se encuentran arboles de sombra y frutales, como plátanos, cipreses, almendros; arbustos para formar setos, como laureles, mirtos, boj; flores en los arriates, como rosas, violetas, lirios; plantas aromáticas, como oréganos, tomillos, lavandas y otras especies como ruscos, hiedras y acantos.

 “Y era el jardín muy hermoso y semejante al de los reyes… Tenía toda clase de árboles: manzanos, mirtos, perales y granados, higueras y olivos; en otro lugar una alta vid, que con sus oscuros tonos se apoyaba en los manzanos y perales, como si en frutos compitiera con ellos. Y esto solo en arboleda cultivada. También había cipreses y laureles y plátanos y pinos.” (Longo, Dafnis y Cloe, IV)

Para proteger las plantas y acelerar su crecimiento se utilizaban invernaderos (specularia) hechos con láminas de lapis specularis, material transparente que dejaba pasar la luz y el calor.

“Para que tus vergeles de pálidas rosas de Cilicia (azafrán) no teman al invierno y el viento helado no perjudique a los tiernos planteles, unas cristaleras puestas cara a los vientos invernales del Sur dejan pasar uno rayos de sol limpios y una luz sin sombras.” (Marcial, Epigramas, VIII, 14)



Reconstrucción de jardín romano, Corinium Museum, Cirencester, Inglaterra

Un texto de Marco Fabio Quintiliano nos dejó su opinión favorable a los árboles frutales frente a los ornamentales, además de indicar que incluso con ellos se podía alcanzar el orden y la geometría, y por ello la belleza, en las alineaciones de los árboles siguiendo el quincunce, patrón que se utilizaba habitualmente para plantar los huertos.


¿Por ventura tendré yo por mejor cultivada una tierra donde no se presenta a la vista lirios, violetas y manantiales de agua, que otra que está cargada de mies y llena de viñas? ¿Estimaré en más un plátano estéril y los arrayanes de ramas cortadas con artificio, que el olmo bien casado con la vid y la oliva que se desgaja por su mismo fruto? Dejemos aquellos árboles [ornamentales] para los ricos: aunque ¿cuáles serían sus riquezas si no tuvieran otra cosa? Pues qué, ¿aun en los frutales no buscamos también el adorno juntamente con el fruto? ¿Quién lo niega? Pues también plantamos los árboles a cuerda y con cierto orden.
Y si no ¿qué mejor vista que la de una arboleda que por donde quiera que se mire están todos los árboles en hilera? Pues aun esta disposición contribuye para que igualmente chupen el jugo de la tierra? Asimismo, cortaré yo los ramos de la oliva que sobresalen a la copa, para que quedando ésta más redonda, además de hacer buena vista, el fruto sea más copioso en todas sus ramas. De modo que la utilidad debe ir junta con la hermosura; pero esto lo discernirá cualquiera de mediano talento. (Quintiliano, Institutio Oratoria, VIII, 38)

Pintura de Villa Livia en Prima Porta, Museo Nacional Romano

Bibliografía:

https://revistas.um.es/apa/article/download/58741/56571; ALGUNOS APUNTES SOBRE EL JARDÍN DOMÉSTICO EN HISPANIA; Virginia García-Entero
https://revistas.ucm.es/index.php/CFCG/article/viewFile/CFCG0808110279A/30886; Descripciones de jardines y paisajes en la literatura griega antigua; Marcos Martínez
http://www.biblioteca.org.ar/libros/200168.pdf; Los jardines en la Hispania romana; José María Blázquez Martínez
La casa romana, Pedro Ángel Fernández Vega, Ed. Akal

domingo, 28 de abril de 2013

Hortus, hierbas y frutas en el jardín de la domus romana



 
Pintura de Casa de Livia en Prima Porta, Museo Nacional de Roma

El escritor Plinio describió el huerto como el campo del pobre porque tenía originalmente la función de proveer la despensa familiar con hortalizas e hierbas medicinales, y se ubicaba generalmente en la parte posterior de la domus. Pero después se convirtió en un jardín ornamental en la domus urbana, aunque en las villas del campo el terreno dedicado a la horticultura aumentó y un cultivo extensivo permitió vender los excedentes en los mercados cercanos y sacar beneficio a su producción.

" Era el primero en coger la rosa en primavera y en otoño las frutas. Y cuando el invierno triste hacía todavía estallar de frío las rocas y frenaba con el hielo el curso de las aguas, él ya estaba recortando las hojas del blando jacinto, maldiciendo el retraso del verano y la tardanza de los céfiros. De modo que era también el más abundante en abejas productivas y número de enjambres y el primero en sacar la miel espumosa de los panales escurridos. Tenía tilos y pinos riquísimos, y toda la fruta de que se había ataviado el fértil árbol con la flor nueva esa misma tenía maduras en otoño. El también trasplantó a las hileras olmos crecidos, el peral bien duro, endrinos que echaban ya prunas y el plátano que ya proporcionaba sombras a los bebedores". (Virgilio,  Geórgicas, IV)

Según Plinio, la jardinería ya la practicaron los reyes romanos con sus propias manos. En la ley de las XII tablas, del siglo V a. C. el jardín se llamaba heredium, mientras que la finca no se llamaba villa, sino hortus.



Para Catón la palabra hortus indicaba el huerto irrigado y él aconsejaba al que iba a comprar un terreno que prestase atención a la calidad de sus viñas y al lugar del huerto, que requería  tierra fértil y acceso al agua. Por ello se aconsejaba aprovechar las aguas procedentes de la casa para regar los huertos. Estos solían limitarse con un muro, una cerca o un seto, para evitar que el ganado echase a perder las plantas.

“Conviene también que pomares y huertos estén cercados por un seto, cercanos a la casería y en sitio adonde puedan ir a parar todas las aguas y desechos del corral y los baños, así como el viscoso alpechín de las olivas prensadas; que hortalizas y árboles se abonan también con nutrientes como éstos.”  (Columela, De Agricultura, I)

 Muchos textos romanos describen qué plantas se cultivaban en los huertos, ya fuera como alimento o como saborizante, para decorar retratos de los dioses, para deleitar a los huéspedes, proporcionar fragancias o alimentar las abejas – pero sobre todo para asegurar a los residentes de la casa un suministro de medicinas.

¿Qué dirías, si benignos zarzales llevaran rubicundas cerezas y ciruelas, si roble y encina surtieran de frutos al ganado, de sombra a su señor? Dirías que han traído Tarento con su verdor más cerca. Además, una fuente capaz de dar nombre a un arroyo, tan fría y tan pura que ni el Hebro, que atraviesa Tracia, lo es más, fluye eficaz para la cabeza enferma, eficaz para el vientre. Este refugio dulce y, si me crees, ameno, se me mantiene incólume en las horas septembrinas.” (Horacio, Epístolas, I,16)

Cesto con frutas, casa de los Ciervos, Herculano, Italia

El mirto y el laurel eran parte sustancial del huerto. Sus bayas y hojas eran condimentos populares, y sus ramas proporcionaban material para hacer coronas.
Antes de beber, los romanos solían filtrar el vino mediante un saco de lino empapado en aceite de mirto que, a la vez que retenía las impurezas, perfumaba el vino.

“Más aún, el aceite de mirto, cosa singular, tiene también un sabor de vino, es a la vez un líquido graso, de gran eficacia para corregir los vinos, regando previamente con él los coladores para filtrarlos. En efecto, retiene los posos, no deja pasar más que el vino purificado y acompaña el licor clarificado, cuyo sabor aumenta especialmente.” (Plinio, NH, XV, 125)

Los huertos proporcionaban  hierbas, originarias principalmente del Mediterráneo, con diferentes propósitos, como medicinas para aliviar dolores, como aditivos en cosméticos y condimentos en gastronomía.

“Las delicias y el lujo nos hacen la vida más deliciosa, ¿pero quién honra las hierbas que nos alivian el dolor y evitan la muerte? Consideramos que de nuestra salud deben ocuparse otros y esperamos que los médicos sean tan buenos para aliviarnos de la tarea.” (Plinio, Historia Natural, XXII, 7)

Las hierbas se troceaban, picaban, molían, secaban y mezclaban con líquidos, para hacer una pasta; la miel las hacía comestibles. Para bálsamos, plantas como camomila, mejorana y menta eran usadas. Tintes se confeccionaban  con malvas, clavos dulces y ruda.

“Observar las famosas hierbas que nuestra madre tierra Tellus produce solo para medicinas me llena de admiración por el buen sentido de nuestros padres, que no dejaron nada sin explorar, nada por probar, y así descubrieron cosas que benefician a sus descendientes.” (Plinio, Historia Natural, XXV, 1)

 El uso cosmético y aromático de hierbas era importante y muchas hierbas eran ingredientes de perfumes. Hierbas aromáticas eran parte de rituales en la adoración de los dioses – aromas de plantas en particular se creían consagradas a un dios. Se conseguía aire fragante quemando ramas o ramitas de hierbas o esparciendo hojas aromáticas y flores en un altar o templo, o en una habitación. En la antigüedad los malos olores eran frecuentes debido a los alimentos perecederos, orina, enfermedad y muerte. Para contrarrestarlo se utilizaban aromas frescos y agradables. Estas mismas hierbas se usaban para preparar los aceites corporales.


Detalle mosaico de Adonis, villa de Materno, Carranque, Toledo

El ajenjo aliviaba el dolor de las mujeres en el parto y Columela recomienda una bebida para tomar al final de las comidas, glechonites,  en la que esta hierba se mezcla con vino y tomillo.

El anís, procedente de Oriente,  se mezclaba con leche y cebada para recuperarse de los alumbramientos. Plinio da una receta de enjuague para la boca: 

“Al levantarse por las mañanas, en ayunas, deberías mezclar semillas de anís con un poco de miel, mastícalas, y enjuaga tu boca con vino.” (Plinio, Historia Natural, XX, 72)

Se empleaba como saborizante para panes y dulces. Sus hojas verdes se cocinaban como verduras y en sopas, y se consideraba que su jugo aliviaba el insomnio y las náuseas, además de actuar como digestivo.

Los romanos comían muchas verduras y hortalizas. Las recolectaban silvestres o las cultivaban. Plinio el Viejo comentó sobre el elevado precio de las verduras y citó que los espárragos cultivados no podían servirse en hogares humildes, pero, si podían recolectarse libremente los que crecían por el campo:

“Las tiernas espinas que crecen en la marítima Rávena no serán más agradables que los espárragos silvestres.” (Marcial, XIII, 21). 



Los ajos y los puerros se comían como hortalizas y condimentos y tenían propiedades terapéuticas.

Entre los vegetales que podían consumir los romanos estaban los nabos, zanahorias, acelgas coles, lechugas, berros, cardos y calabazas. Se cocinaban de muchas maneras, hervidas, aliñadas con vinagretas, en puré, con cereales y acompañando carnes y pescados.

“Cecilio, el Atreo de las calabazas, tal como a los hijos de Tiestes, las descuartiza y las corta en mil pedazos. Las comerás en seguida, en el mismo aperitivo, las servirá en el primero y en el segundo plato. Te las volverá a poner en el tercero; de ellas preparará los postres finales. De ellas hace el repostero unos pasteles insípidos; de ellas guarnece no solo piezas variadas sino también los dátiles conocidos en los teatros.” (Marcial, Epigramas, XI, 31)


Pintura con flores, casa de Livia en Prima Porta, Museo Nacional de Roma

Las flores se utilizaban como elemento decorativo para la realización de coronas y guirnaldas.  Se tomaban vinos a los que se añadían pétalos de flores. También se utilizaban en ritos domésticos, como matrimonios y funerales. Por ejemplo la violeta se depositaba sobre las tumbas de los difuntos en la fiesta de las Parentalia.
Los romanos también creían que la violeta prevenía la borrachera y por ello lucían coronas con esta flor en los banquetes.
La rosa y el mirto se consagraban a Venus y la hiedra y las uvas era atributos de Baco en las representaciones artísticas.


Detalle mosaico con figura adornada de corona con frutas y hojas.

La rosa se cultivaba en tiempos remotos en el valle del Nilo y en Mesopotamia, de donde fue importada a Grecia en época anterior a Homero y luego se introdujo en Roma.


Niño llevando centas con rosas. Mosaico Piazza Armerina, Sicilia

Con hierbas y flores se producían aceites  y cremas utilizados en cosmética. El famoso ceratum de Galeno era una crema fría elaborada a partir de cera de abejas, aceite de oliva y agua de rosas.
Durante las fiestas de Floralia, las casas se adornaban con flores y las figuras de los lares se coronaban con guirnaldas entrelazadas de flores.

Pintura con frutas, Museo Arqueológico de Nápoles

La fruta empezó siendo un símbolo de frugalidad derivado de la actividad originaria de las antiguas civilizaciones, la recolección de frutos y raíces para la alimentación. Luego se convirtió en signo de refinamiento y lujo entre los ricos cuando se consumía fresca. Se empleaba en las comidas como entrante, como ingrediente de platos principales y en la elaboración de salsas.


Cesto con frutas, pintura Museo Nacional de Roma

Para hacer conservas, sobre todo en el entorno rural, se introducía en miel, vino, vinagre, salmuera o una mezcla de todo. Dejadas secar al sol, se consumían como postre, junto a la fresca.

Las frutas se denominaban por el lugar de procedencia, higos de Siria, granada de Cartago, ciruela de Damasco, membrillo de Creta, albaricoque de Persia.


Detalle de Pintura con higos frescos, villa de Popea, Oplontis, Italia

“Hay algunos que ponen higos frescos poco maduros en un recipiente nuevo de barro, cogiéndolos con los rabos y separándolos unos de otros, y dejan flotando el recipiente en un tonel lleno de vino.” (Paladio, De Agricultura, IV, IX)

El higo era un fruto consumido por todos los pueblos del Mediterráneo, se tomaba fresco, seco, en conserva y añadido al vino. La higuera se consideraba un árbol sagrado porque la loba Luperca amamantó a Rómulo y Remo debajo de una.

Los higos tuvieron una importancia vital en la historia de Roma, según el historiador latino Floro que cuenta como el senador Catón, interesado en la guerra contra Cartago, mostró a los senadores un higo fresco y les preguntó.” ¿Cuándo creéis que ha sido arrancado del árbol?” Ellos respondieron que recientemente y Catón añadió: “Hace tres días nada más y de un árbol en la propia Cartago. ¡Tan cerca se halla nuestro mortal enemigo!”. Y entonces declararon la que se convirtió en la tercera guerra púnica.

Pintura con membrillos, casa de Livia en Prima Porta, Museo Nacional de Roma

El membrillo, llamado manzana cidonia, era una fruta consagrada a Venus, que se representaba, a menudo, con uno en la mano. Columela aconseja conservarlo en miel.

“Los membrillos deben cogerse maduros y conservarse así: o bien metiéndolos entre dos tejas cerradas con barro por todas partes, o cocidos en arrope o vino de pasas… otros los introducen en tinajas de mosto y luego las cierran, lo que da aroma al vino.” (Paladio, De Agricultura, III, XXV)

El granado, procedente de Asia, se cultivaba en los países del norte de Africa; se tenía por fruto sagrado de la diosa Juno y simbolizaba la fertilidad.

Pintura con granado, casa de Livia en Prima Porta, Museo Nacional de Roma

Los vinos se mezclaban y aromatizaban con frutas en los banquetes, y algunos se consideraban remedios medicinales. Dependiendo de la época del año, se añadían al vino violetas, pétalos de rosa, o semillas de hinojo y comino. Con el postre se servía un dulce moscatel hecho con las uvas de la última vendimia.

“Se hacen también vinos de frutas, de dátiles,…de higos, de peras, de todas las variedades de manzanas, de serbas, de moras secas, de piñones de pino [estos últimos se ablandan en el mosto y se prensan]…” (Plinio, Historia Natural, XIX, 102)

Los árboles frutales se plantaban en hileras y, a veces, entre árboles sin fruta, para adornar los jardines.

Cesta de frutas, detalle de mosaico de la villa de Materno, Carranque, Toledo

Para proteger las plantas y acelerar su crecimiento se utilizaban invernaderos (specularia) hechos con láminas de lapis specularis, material transparente que dejaba pasar la luz y el calor. El emperador Tiberio comía pepinos todo el año, porque los cultivaban de forma que con el frío y por la noche los metían bajo estos vidrios.

“Para que tus vergeles de pálidas rosas de Cilicia (azafrán) no teman al invierno y el viento helado no perjudique a los tiernos planteles, unas cristaleras puestas cara a los vientos invernales del Sur dejan pasar uno rayos de sol limpios y una luz sin sombras.” (Marcial, Epig. VIII, 14)

Donde no se podía tener un huerto, se plantaban hierbas y flores en macetas que adornaban jardines y balcones, especialmente recipientes con agujeros para el drenaje (ollae perforatae) y que por encontrarse en grandes cantidades en algunos jardines, sugiere el cultivo de plantas para la venta.

En el poema Moretum, Virgilio cuenta como  un campesino recoge al amanecer alimentos de su huerto para su propio sustento, pero intenta dejar algo para vender.


"Allí col, la berza allí extendiéndose ancha
reverdecía y la acelga fecunda y achicorias y malvas,
allí chirivías y el que por su cabeza puerro lo llaman,
allí adormidera también, que el sentido daña,
y la lechuga, de nobles manjares alivio tan grato,
y abundante brota profundo el rábano y  también, vencida por su peso, la calabaza.
Pero no era él amo de su fruto (no hay mesa más escasa que la suya),  de la gente era;  en días de mercado manojos de verdura para vender se echaba al hombro, volvía de allí cargado con la bolsa, sin nada a la espalda, sin traerse de allí mercancía casi nunca."



Museo Palazzo Massimo, Roma

Príapo era una deidad protectora de huertos y jardines, que guardaba las puertas de las villas rústicas, vigilaba las lindes de los campos y participaba en la fertilidad de la tierra y en la fecundidad de hombres y animales. Se le ofrecían las primicias de las cosechas, entre ellas las espigas de trigo y los pámpanos,  leche y miel y sacrificios de animales. Se le representaba como una estatua de un hombre feo con un enorme falo y se colocaba en jardines y huertos para espantar pájaros y ladrones.

“Antaño era tronco de higuera, inútil leño, cuando
un artesano, dudoso si hacer un escabel o un Príapo,
eligió que fuese un dios. De ahí que fuera dios yo,
grandísimo espanto de ladrones y pájaros, 
pues a ladrones refrena mi diestra 
y el rojo palo obscenamente tieso de mi ingle; 
y a las molestas aves asusta la caña fija en mi cabeza 
e impide que se posen sobre los nuevos huertos.”
(Horacio, Sátiras, I, 8)