Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

jueves, 17 de abril de 2014

Nutrix, nodriza y confidente de la familia romana

Mujer con lactante, pintura de Pompeya, Museo Arqueológico Nápoles

La utilización de una nodriza para alimentar a los recién nacidos empieza a ser común en Roma a finales de la República y en tiempos del Imperio se comienza a contratar a un ama de leche (nutrix) que amamante a los hijos de las familias nobles, e incluso, a los hijos de esclavos a los que sus propias madres no pueden alimentar.
Las razones para confiar un niño a una nodriza podía deberse al fallecimiento de la madre o a que esta se encontrase enferma o muy débil para cuidarlo. Otras razones habría que buscarlas en que el ideal de belleza de la época era incompatible con amamantar un bebé; en que se consideraba poco aristocrático realizar cualquier ejercicio físico y que encomendar el cuidado del hijo a una nodriza evitaba el sentimiento de proximidad y cariño ante la alta probabilidad de muerte del recién nacido en la época.
De las cualidades que debían tener las nodrizas escogidas nos han quedado descripciones hechas por varios autores. Sorano, médico griego, escribe: “La nodriza no debe ser ni demasiado joven ni demasiado vieja, tendrá entre veinte y cuarenta años, habrá tenido ya dos o tres hijos, estará sana, en buenas condiciones físicas, a ser posible alta y de buen color.”  Además añade consejos sobre la calidad del pecho, de la leche, la alimentación y el ejercicio físico a realizar, además de advertir sobre las relaciones sexuales y las cualidades morales de la persona elegida. Estas advertencias también  están presentes en los escritos de otros autores.
“Las nodrizas son las primeras personas a las que oirá el niño, a ellas tratará de imitar en sus palabras y no hay que olvidar que somos muy tenaces por naturaleza en retener lo que recibimos en los primeros años, como las vasijas conservan el sabor del primer líquido que reciben.” (Quintiliano, I, 1, 4-5)

Terracota griega de mujer con niño

Tácito critica la negligencia de los padres al entregar a los hijos a una mujer ignorante, aunque puede ser un signo de xenofobia, pues las nodrizas solían ser griegas y los esclavos procedentes de Grecia podían tener una cultura superior a la de aquellos a quienes servían.
“Ahora se entrega al recién nacido a cualquier criada griega, a la que ayudan algunos esclavos de los menos capacitados. Esas almas inocentes asimilan los cuentos y chismes de esa gente y nadie tiene en cuenta lo que se dice o hace ante los pequeños amos.” (Tácito, Diálogo de Oradores)
Según la ley un propietario menor de 20 años no podía manumitir esclavos, pero si liberar a su nodriza o educador. La literatura ha dejado muestras de propietarios que recompensaban a sus nodrizas con la libertad,  bienes materiales o erigiendo una tumba para ellas, como indican algunos epitafios. Plinio el joven regaló una granja a su nodriza:
“Quiero agradecerte que hayas aceptado encargarte del cultivo del pequeño terreno que regalé a mi nodriza”  (Ep. VI, 3)
De una nodriza se esperaba que fuera obediente y leal a sus señores, pero es muy posible que ellas mismas desarrollaran un sentimiento de responsabilidad y autoestima ante la función para la que eran solicitadas. Ser la nodriza de los hijos de una familia importante suponía, en cierta medida, un reconocimiento social. Es por ello que algunas dedicaron epitafios a los niños que habían amamantado y criado y demostrasen agradecimiento a sus amos.
En algunos casos a la nodriza se le atribuía la misma autoridad moral que al pater familias por lo que se le encargaba la misión de criar a los hijos de la familia durante su infancia.

Baño de bebé con esclavas, Museo Agrigento (foto de vroma.org)
Cuando la nodriza era una esclava residía en la propia domus, o se la enviaba al campo con el recién nacido, con lo que los padres perdían bastante el contacto con su hijo, pero cuando se solicitaba los servicios de una nodriza libre, se firmaba un contrato en el que debían cumplirse unos requisitos para que el niño estuviera bien cuidado. Si la nodriza contratada era una mujer casada, el marido aparecía como garante en el contrato y su incumplimiento se sancionaba con dureza.
Las nodrizas iban a quedar ligadas de por vida a esos niños cuya nutrición, aseo y cuidados velaban de modo permanente, tareas simultaneadas a veces con otras labores del hogar propias de sus status más normal, el de esclavas.

Joven y nodriza, Pompeya (foto de pompeiipictures)

La nodriza era una esclava que acompañaba con frecuencia a su joven ama a su nueva casa  cuando está contraía matrimonio.
La condición servil colocaba a la nodriza en una situación difícil si su ama mantenía amores  ilícitos, pues a los afectos se unían la fidelidad  debida por obediencia y los largos años de servicio. Ejemplos hay en la literatura latina donde la nodriza cumple la función de consejera que intenta convencer a su ama para que actúe con sensatez. Es el caso de las tragedias de Séneca, Fedra y Medea.
“Esposa de Teseo, preclara descendencia de Júpiter, arroja cuanto antes de tu casto esos pensamientos nefandos, extingue las llamas y no te muestres condescendiente con una esperanza fatal. Todo aquel que al comienzo pone resistencia y rechaza el amor, alcanza la tranquilidad y la victoria; al que, complaciente, ha ido alimentando el dulce mal; tarde rehúsa soportar el yugo al que se ha sometido.” (Séneca, Fedra, 130-135)

Fedra y nodriza, Pintura de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional

En el caso de Fedra, cuando advierte que sus consejos no dan resultado, pasa a organizar una trama de engaños para agradar a su ama. En Medea, por el contrario, critica abiertamente la conducta de la protagonista.
En la comedia de Plauto Aulularia, la vieja Staphyla es presentada como la nodriza de la hija del dueño, que oculta a su señor el embarazo de su hija y como la única esclava de la casa,  en la que el amo descarga sus improperios, pero a la que no parece importarle demasiado los castigos, debido quizá a la confianza por los años de servicio en la casa.
“Por Dios, que no sé qué mal le trae de esta manera; se pasa las noches en vela, por el día no se mueve de casa, ¡ni que fuera un zapatero cojo¡ Y  no sé ya cómo ocultarle la deshonra de su hija, que está a punto de dar a luz; me parece que la mejor solución sería echarme una soga al cuello y quedarme colgando como una espingarda.” (Plauto, Aulularia, Acto I, esc.1)

Terracota de diosa madre, Museo Británico, Londres (foto de AgTigress)

La antigua diosa romana de la lactancia era Rumina, protectora de los lactantes y a la que las madres y nodrizas pedían bellos senos y llenos de leche. En los sacrificios se ofrecían víctimas cubiertas de leche.

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