Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

viernes, 9 de febrero de 2018

Atellana et Mimus, actores cómicos del teatro de la antigua Roma

Escena de mimo, Teatro de Sabratha, Libia, foto de Sebastiá Giralt

En el teatro cómico de los romanos se distinguen cuatro tipos de obras: palliata es la comedia inspirada en el modelo de la Néa griega (que trataba los temas cotidianos de la gente común), con ambientación y temática propias del mundo heleno; togata es comedia con temática semejante a la anterior, pero con ambientación romana o itálica; atellana, obra de temática muy simple y popular, con personajes característicos y ambientada en escenarios itálicos; finalmente mimus, es la comedia en que al diálogo se añade la expresión mediante la gesticulación, y que trata temas populares. 


En las dos últimas primaba la expresión corporal sobre la literaria, y la importancia del gesto y el movimiento adquirió tanta importancia que en época imperial la pantomima, en la que la mímica sustituyó al diálogo fue el género predominante en la escena teatral.
Durante el periodo de las guerras civiles y el gobierno de Sila, la comedia palliata había casi desaparecido y se había producido la decadencia casi total de la togata, con lo que la atellana paso a ocupar el espacio de la comedia teatral romana.

"Más tarde los oscos introdujeron representaciones de Atelanas. Éste es un tipo de espectáculo, atemperado por la severidad de los itálicos y consiguientemente carente ya de connotaciones deshonrosas, pues el actor ya no era expulsado de la tribu ni tampoco era apartado del servicio militar."(Valerio Máximo, Dichos Memorables, II, 4,4)




Originaria de Atella, pequeña población de origen osco entre Capua y Nápoles, la fabula atellana surge al menos en el siglo IV a.C, llegando a convertirse en un tipo de drama con base literaria a finales del siglo II y comienzos del siglo I a.C. Consistía esencialmente en la representación, improvisada y sin necesidad de un texto previo, de breves situaciones burlescas, centradas en torno a cuatro personajes típicos (Maccus, Pappus, Bucco y Dossennus), caracterizados, además de por las respectivas máscaras, por sus comportamientos como individuos sórdidos, bufonescos, y sin duda muy del gusto popular.




Los nombres de los cuatro tipos habituales en las farsas definían muy bien sus caracteres y sus comportamientos. Maccus se trata de un hombre de gruesas mandíbulas, denominado con un término que denota defectos o deformaciones físicas; al que se caracteriza por su estupidez. Pappus era el típico viejo de la comedia, parecido a los personajes típicos de la palliata de Plauto, viejos gruñones, tacaños, malhumorados, libidinosos.  Bucco designa al bocazas, charlatán, idiota y glotón. Dossenus era el jorobado y astuto. Los retratos de las máscaras simbolizaban conductas humanas universales y los defectos y la fealdad físicos eran el reflejo de los defectos y vicios morales.



Las representaciones de atellana se caracterizaban por el uso de máscaras que podían ocultar la identidad de los actores que según testimonios podían ser jóvenes nacidos libres, procedentes de familias nobles, y, que conservaban sus derechos civiles, (en oposición a otros artistas escénicos, que se consideraban infames), y, que, por ello, no estaban obligados a quitárselas antes de dejar el escenario.

"Cuando, al adoptar este sistema para representar las piezas (pantomima), la antigua farsa y ligeras bromas se abrieron paso y la actuación se convirtió en una obra de arte, los jóvenes aficionados dieron paso a los actores profesionales y volvieron a la antigua costumbre de improvisar versos cómicos. Estos fueron, por consiguiente, conocidos posteriormente como "exodia" (después de las piezas), y fueron reunidos en su mayoría en las farsas Atelanas. Estas farsas eran de origen osco y fueron conservadas por los jóvenes, que no permitieron que fuesen contaminadas por los actores profesionales. Por lo tanto, es una norma permanente que los que toman parte en las Atelanas no se vean privados de su posición cívica y sirvan en el ejército sin mantener contacto alguno con los actores profesionales. (Tito Livio, Ab urbe condita, VII, 2)





En un principio la atellana, como el mimo pudo haber sido un espectáculo breve, exodium, concebido para su representación antes de las piezas teatrales, durante los intermedios o como acto final para aliviar el ambiente e impedir que el público se aburriera y se marchara del recinto. Por ello, el contenido de estas obras debía ser algo más ligero que el de las comedias y lo suficientemente simple como para resultar comprensible en momentos de mayor alboroto por parte del público, para lo cual se recurría a la expresión gestual, que ayudaba a los espectadores a comprender las acciones representadas. 

"Por esta causa, en los primeros juegos que se celebraron todos los espectadores aplaudieron, aplicando a Tiberio este pasaje de un exodio atalánico: Así se ve al cabrón viejo lamer las partes sexuales de la cabra." (Suetonio, Tiberio, 45)

Los artistas encargados de estas secciones -emboliarii o exodiarii- dominaban distintas especialidades, como la música, el canto, la danza o la interpretación.

"Durante el consulado de Gayo Popeo y Quinto Sulpicio, en los juegos votivos por la salud del divino Augusto, la actriz de intermedios (emboliaria) Galería Copiola fue llevada de nuevo a la escena cuando tenía ciento cuatro años; había sido presentada como principiante por el edil de la plebe Marco Pomponio noventa y un años antes, durante el consulado de Gayo Mario y Gneo Carbón; fue llevada de nuevo por Pompeyo Magno en la dedicación del gran teatro, siendo ya anciana, como algo extraordinario." (Plinio, Historia natural, VII, 158)




En su fase preliteraria  el argumento de las atellanae consistiría,con frecuencia,  en la representación de una aventura sencilla, graciosa y subida de tono, protagonizada por uno de estos cuatro personajes típicos; recurriendo a veces a parodias de personajes famosos de la mitología. Como recurso se empleaban las frases inesperadas o carentes de lógica, las groserías y la obscenidad.

Pomponio y Novio son los autores de atelanas más conocidos y solían utilizar escenas breves de la vida cotidiana, donde se explotaba al máximo la gracia festiva, bulliciosa y descarada de individuos procedentes de las capas más bajas de la sociedad y destinados a hacer reír, lo que añadido al ambiente populachero en que se desenvuelven sus vidas y su trabajo construían pequeñas farsas que gozaban de gran éxito popular, como por ejemplo la obra Aruspex vel Pexor rusticas (El arúspice o El barbero rústico)

Cicerón cita varias veces a Novio por su dominio del ridículo, del chiste ilógico y de gracia inesperada.

"Por cierto, que a mí también me mueven, ¡por Hércules!, las gracias de extravagantes y gente un tanto loca, con tal de que no sea un loco quien las dice, pues entonces no se ríe la gracia, sino la naturaleza. Entre éstas, resulta muy gracioso, a mi parecer, aquello de Novio:
¿por qué lloras, padre?
Maravilla es que no cante: me han condenado. (Cicerón, De Oratore)

Recurso típico también para provocar la risa y que gustaba a los habitantes romanos era el ataque malintencionado y burlón a los habitantes «de provincias», al igual que lo hacía Plauto, y la burla de la gente y el entorno rústicos. Entre las obras de Pomponio se encuentran los títulos Galli Transalpini (Los galos transalpinos) y Vacca uel Marsuppium (La vaca o La bolsa).

"Pomponio, insigne autor de farsas atelanas, en Los galos transalpinos, escribió lo siguiente: 'Marte, yo te hago voto de que, si un día regreso, te sacrificaré un verraco bidente'." (Macrobio, Saturnales, IX, 4)


Actor con máscara, Museo Británico, Londres

 La atellana pervivió en el teatro de época imperial, junto a la togata, aunque ambas quedaron en un segundo plano debido a la relevancia del mimo. Suetonio cuenta que en tiempos de Nerón un actor de atelanas llamado Dato se atrevió a hablar del asesinato de Agripina por su hijo y a burlarse de senadores durante su actuación, por lo que fue desterrado de Roma.

"Dato, actor de atellanas, comenzando una canción con estas palabras: ¡Salud a mi padre, salud a mi madre!, hizo sucesivamente ademán de comer y de beber, aludiendo a la muerte de Claudio y de Agripina; y al decir, al final de la pieza: 'Pronto iréis al Orco', señaló con el dedo al Senado. Nerón se contentó con desterrar de Roma y de Italia al filósofo y al cómico, ya fuese que no se creyese injuriado, ya porque temiese atraerse mayores ultrajes si se mostraba ofendido." (Suetonio, Nerón, 39)

Los espectáculos de mimo que se desarrollaron en la primera mitad del siglo I a.C. en la península itálica eran unas representaciones teatrales en las que se recurría a situaciones cómicas de alto contenido sexual y erótico, utilizando ademas un lenguaje provocativo y obsceno. El arte de la imitación ya se conocía en el mundo antiguo y lo cultivaron los griegos que se asentaron en el sur de Italia. Los romanos al conquistar la Magna Grecia entraron en contacto con dicho arte que combinaba danza, gesto, palabra y canto, y que exigía del actor mimo usar sus miembros, su voz y su expresión facial.


Actor de mimo, Museo Getty


  Epitafio del mimo Vital

"¿Qué haré contigo, Muerte, que no sabes perdonar a nadie? No sabes de regocijos, no sabes de amor y juegos. Y con esas galas sobresalí y gané fama en todo el mundo, por eso tuve casa muy espaciosa, por eso tuve patrimonio.
Siempre estaba alegre, pues si falta la alegría, ¿qué provecho queda en este mundo cambiante y engañoso? Al verme, los furiosos enojos al punto cesaban; reía, al llegar yo, la pena más honda.
A nadie se le dejaba consumirse entre cuidados devoradores ni dejarse arrastrar por la incertidumbre de los cambios.
Nuestra presencia vencía todos los temores
y conmigo cualquier hora fue dichosa. Con mis gestos y palabras, hasta recitando tragedias gustaba
y alegraba los corazones tristes con mis cambiantes tonos.  Imitaba los mohines, las actitudes y palabras de quien habla, de manera que creías que con mi boca sola hablaban muchos.
Incluso aquel al que nuestra representación a la vista remedaba se espantó más de ver su persona transportada a mi rostro.
¡Oh, cuántas veces una mujer se vio repetida
 en mis gestos, se ruborizó y quedó toda pasmada!
Por tanto, cuantas formas se dejaban ver en nuestro cuerpo, otras tantas, se ha llevado con mi muerte el negro día.
Con la misma voz que alterado ahora os conmino
a vosotros los que compasivos leéis mi inscripción,
exclamad con tristeza: '¡Oh, qué alegre eras, Vital,
que tengas alegrías, Vital, ahora!'. (Antología Palatina, Epigrama 487a)

El mimo se expandió rápidamente por toda la península itálica gracias a la sencillez de su producción, para la que bastaba un tablado que servía como escenario y un telón portátil que podía instalarse o retirarse según la necesidad. 



La compañía (grex) la formaban hombres y mujeres, sin máscaras y calzados con sandalias planas, que parodiaban escenas cotidianas, basadas a menudo en los mitos,y que incluían enredos sentimentales, engaños y adulterios. Eran típicos los personajes de la esposa joven, el marido viejo y con defectos físicos, el amante y algún criado.

¿Qué hubiera ocurrido si hubiese escrito mimos que divierten con obscenidades, que contienen siempre el delito del amor prohibido, en los que con frecuencia aparece el amante elegante y la astuta casada engaña a su necio marido? Esto lo contemplan jóvenes doncellas, matronas, hombres y niños, y asiste a ellos una gran parte del Senado. Y no siendo suficiente manchar los oídos con palabras indecentes, los ojos están habituados a soportar muchas cosas vergonzosas: cuando el amante consigue burlar al marido mediante algún nuevo procedimiento, se le aplaude y se le concede la palma en medio de estrepitosas aclamaciones. Y cuanto menos moral es el teatro, tanto más lucrativo es para el poeta y tanto más caras compra el pretor piezas tan escandalosas. Examina los costes de tus juegos, Augusto, y podrás ver que te han costado mucho la gran cantidad de celebraciones de este tipo. Tú los contemplaste y tú has ofrecido los espectáculos con frecuencia (¡hasta tal punto tu generosa majestad está presente en todas partes!) y con tus propios ojos, de los que se beneficia el mundo entero, has contemplado, condescendiente, adulterios sobre la escena. Si está permitido escribir mimos que representan escenas indecentes, el tema tratado por mí merecía un menor castigo. ¿O acaso sus escenarios hacen que este tipo de escritos sea inmune y la libertad de los mimos se la deben a la escena? También mis poemas han sido danzados con frecuencia en público y a veces también atrajeron tu atención." (Ovidio, Tristes, II, 497)


Figurilla de Tanagra, Walters Museum

El público disfrutaba viendo a una muchacha joven que ridiculizaba al marido y exhibía abiertamente sus encantos, mientras se divertía con los gestos excesivos y el lenguaje vulgar y se reía del personaje traicionado.

"Y ¿qué decir de los mimos que ofrecen la ciencia de la corrupción, que enseñan adulterios, al fingirlos, y que con imágenes simuladas inducen a hacerlo en la realidad? ¿Qué harán los jóvenes y las doncellas cuando ven que esto se hace sin pudor y se contempla con agrado por todos? Se les aconseja, en efecto, qué es lo que pueden hacer y se les inflama con el placer, que es provocado sobre todo con la contemplación; cada uno, según su sexo, se imagina a sí mismo en esas situaciones fingidas; las aprueban al reírlas; y, con el vicio ya introducido, se retiran más corruptos a sus cubiles; y esto lo hacen no sólo los niños, a los que no se debe introducir en vicios prematuros, sino también los viejos, a quienes ya no les va el pecado." (Lactancio, VI, 20)

En algunos casos la representación en la escena llegaba a asemejarse tanto a la realidad que se escenificaban delante del público actos que iban contra la moral, provocando que se prohibiesen obras de mimo en algunos teatros.

"Estos ciudadanos de Marsella son los más acérrimos guardianes de la moralidad pública, no permitiendo a los mimos que actúen en el teatro porque sus actuaciones las más de las veces tienen como argumento estupros; de esta manera, al no haber costumbre de contemplar estos temas, quitan también la posibilidad de imitarlos." (Valerio Máximo, Dichos Memorables, II, 6, 7)

Puede pensarse que los bailes, las groserías del público, así como la exhibición de los cuerpos de las mimas, daban como resultado un espectáculo un tanto impúdico que llevaba a los moralistas romanos a asimilar a una actriz mima con una prostituta, hasta el punto de que en época bizantina el término mima era sinónimo de meretriz.


Figurita femenina de Centuripe, Magna Grecia, Sicilia

Durante la época dorada del mimo, en tiempos de Julio César, la mima Licoris (también llamada Citerea) fue amante de varios hombres relevantes de la sociedad romana, especialmente de Marco Antonio. De probable origen griego, como la mayoría de actores mimos que debían saber recitar en griego, fue liberta de Volumnio Eutrapelo, quien se servía de sus actores para relacionarse con las personas influyentes. Licoris, una vez conseguida su libertad todavía debería hacer favores a su patrón, que bien pudo utilizarla para hacer valer su posición, ofreciéndola como cortesana a dichos importantes hombres. Marco Antonio gustaba de rodearse de una corte de comediantes y artistas variopintos que solían acompañarle en sus desplazamientos y también asistía a fiestas o convites ofrecidos por actores y mimos, que, aunque no gozaban de buena reputación social, eran aceptados por distinguidos personajes en sus círculos.

"Se ganó el odio del pueblo por esta actuación, pero para los hombres de bien y que eran sensatos tampoco les resultaba agradable Antonio por su modo de vida, sino que, como Cicerón afirma, sentían repulsión por sus borracheras continuas, sus excesivos gastos y sus correrías en los gineceos. Por el día dormía, se paseaba confuso para superar su resaca, mientras que, en cambio, por la noche se divertía, asistiendo a representaciones teatrales, coros de comedia, y participando en las bodas de mimos y bufones. Se cuenta que una vez, tras pasar toda la noche en casa del mimo Hipias bebiendo en uno de sus banquetes, cuando en la mañana fue convocado en el Foro por la Asamblea, él avanzó tambaleante, vomitando sobre el manto de uno de sus amigos, que éste le proporcionó. Las personas de mayor influencia eran el mimo Sergio, uno de los más importantes y reputados de su época, y su amante, Citerea, una mujer de la misma calaña que estos actores, de la que se había enamorado y que, a su paso por las ciudades, se hacía llevar en una litera escoltada por no menos servidores que la madre de Antonio. (Plutarco, Vidas Paralelas, Antonio, IX)

A pesar de su atracción por ella, Antonio rompió su relación porque fue abiertamente criticado por actuar con ella como si fuera una auténtica matrona romana digna de admiración y honrada por todos, lo que en verdad no le estaba permitido a ninguna actriz o comedianta de la época.


Figurita de dama griega


Las personas notables que se relacionaban con los mimos podían estar buscando la aceptación de las clases bajas, muy aficionados a las artes escénicas menores, que veían en su relación con los actores teatrales, su acercamiento a las clases populares, las cuales acabarían dando su favor a los políticos interesados.

Los mimos, como otros artistas, intervenían en los juegos organizados con motivo de las fiestas religiosas. En algunas representaciones las actrices mimas llegaban a quitarse sus ropas, a petición del público, y mostrar su desnudez, lo que era celebrado por los espectadores.

"Lo que se celebra son juegos con toda lascivia, convenientemente adaptados al recuerdo de una meretriz: efectivamente, además del libertinaje en las palabras, con las que se desparrama todo tipo de obscenidades, las meretrices, a petición del pueblo, se desnudan; entonces, éstas se dedican a hacer mímica y se detienen con movimientos vergonzosos ante los ojos del pueblo hasta saciar la vista de los impúdicos. (Lactancio, Instituciones, I, 20, 10)

Valerio Maximo cita el caso que aconteció a Catón en el año 55 a.C. durante los Juegos dedicados a la diosa Flora, en los que era costumbre que el público pidiera a las mimas que se desnudasen.

"En cierta ocasión en que este mismo Catón estaba contemplando unos Juegos Florales que      patrocinaba el edil Mesio, al pueblo le dio vergüenza pedir que las actrices de mimo se desnudaran. Al saber esto por boca de Favonio, gran amigo suyo y que se sentaba a su lado, se marchó del teatro para no impedir con su presencia el habitual desarrollo del espectáculo. Al marcharse, el pueblo lo siguió con un gran aplauso y volvió a pedir que continuase en la escena la vieja costumbre de los juegos, dejando bien claro que sentía más respeto a él solo que el que se tenía a sí mismo el pueblo. (Valerio Máximo, Dichos Memorables, II, 10, 8)


Afrodita, Tanagra, Museo Metropolitan, Nueva York

La mala fama de los actores venía de antiguo, y se los consideraba infames, con lo que veían reducidos sus derechos ciudadanos, y pesaba sobre ellos la tradición expresada en la Ley de las XII Tablas, que consideraba a los cómicos ambulantes indignos de servir en el ejército, por lo que quedaban impedidos para acceder a una carrera política y de votar en las asambleas populares. Durante toda la historia de Roma perduró la idea que cita Nepote y que compartían muchos escritores latinos:

"Casi en toda Grecia fue causa de gran honor el haberse proclamado vencedor en una Olimpiada, y del mismo modo para nadie fue motivo de vergüenza el haber sido actor de teatro y haberse exhibido públicamente como espectáculo ante el pueblo, y sin embargo todo esto entre nosotros se considera infamante, humillante y muy lejos del concepto de honorabilidad." (Cornelio Nepote, Vidas, Prefacio, 5)


Artistas callejeros, Fresco de Stabia, Italia

Los mimos y demás comediantes tendían a agruparse en asociaciones profesionales (collegia mimorum) para buscar cierta protección y prerrogativas. Sin embargo, a pesar de que tenían tan baja consideración social, algunos llegaron a ocupar ciertos cargos municipales y convertirse en patrones y benefactores, a los que se dedicaban monumentos agradeciendo sus donaciones.

"Para Lucio Acilio Pompteio Eutyches, hijo de Lucio, noble archimimo, con salario diario en la comuna de mimos, Parásito de Apolo, honrado por trágico, cómico y todas las corporaciones que tienen que ver con la escena, decurión en Bovilla, a quienes los miembros (de la Comuna de Mimos) han nombrado “Padre” por primera vez: los miembros elegidos del gremio teatral (scaenici) erigieron esto con los fondos que obtuvieron por las donaciones y servicio que les hizo. (Sigue una lista de las donaciones hechas por Eutyches en agradecimiento y la lista de los miembros del gremio local del teatro hasta sesenta)


Estatuilla de actor, Walters Museum

La expresión corporal era casi exclusiva en el mimo preliterario, y en el mimo con texto literario era fundamental por lo que exigía de los actores que dominaran los signos de naturaleza auditiva y visual, llevando a los actores mimos a organizarse por diferentes categorías según su arte, fama o experiencia, y dando lugar a una jerarquía dentro de las obras o de las propias compañías, en la que se integraban distintos especialistas. Por ejemplo, los archimimi eran los protagonistas principales de las obras y responsables de la puesta en escena, pero también había actores de reparto, jerarquizados de acuerdo a la importancia del papel que representaban, por ejemplo, mimo segundo (secundarum), tercero (tertiarum) o cuarto (quartarum) y algunos se dedicaban a ejercer habitualmente de un personaje en particular, como el parásito (scurra) o el tonto (stupidus). De igual modo, se diferenciaba claramente entre primera actriz, archimima, y actriz de reparto, mima.

"A la memoria de Emilia Irene, que vivió veintiséis años y trece días, Aurelio Eutyches, stupidus de compañía urbana lo erigió para su queridísima esposa." (ILS 5224, siglo II d.C.)

Los argumentos podían además incluir cambios de fortuna repentinos, imitaciones de personajes conocidos del momento, parodias de extranjeros, escenas con espíritus, o descripciones de festivales populares. Un fragmento del mimo Compitalia de Décimo Laberio deja ver el lenguaje provocador empleado en tales obras:

“Métete en el baño conmigo y te daré una muestra de la doctrina de los cínicos”


Figurilla grotesca, Museo Británico, Londres

 La caricatura de personajes mitológicos o de individuos ampliamente conocidos para los espectadores era un tema recurrente en la escena, en la que no faltaba la crítica política. Juvenal cuenta en su octava sátira que se representaba en su época una obra de un famoso escritor de mimos, Catulo, llamada Fantasma, y otra llamada Lauréolo, que escenificaba la crucifixión de un ladrón.

"Después de malgastar tus recursos, alquilaste, Damasipo, tu voz a las tablas para interpretar un vociferante Fantasma de Catulo. También el impetuosos Léntulo interpretó bien el Lauréolo, mereciendo, caso de estar yo en el jurado, que lo crucificaran de verdad. (Juvenal, Sátira VIII, 184)

En el año 80 d.C. entre los espectáculos que tuvieron lugar con motivo de la inauguración del Anfiteatro Flavio se representó, según cuenta el epigramista Marcial, este famoso mimo con tanta crudeza y tal verosimilitud que se hizo crucificar a un condenado y darle muerte sangrienta siendo devorado por un oso, lo que expresa a qué extremos pudo llegar en ocasiones el teatro en época imperial, asemejándose a otros espectáculos circenses.

"Lo mismo que Prometeo, atado en las rocas de
Escitia, alimentó con su hígado potente al águila
puntual a su cita, así Lauréolo, colgado realmente
en una cruz, presentó sus entrañas desnudas al
oso de Caledonia. Sus músculos desgarrados
palpitaban en sus miembros sangrantes, y en todo
su cuerpo no había cuerpo por ninguna parte.
Por fin recibió un castigo digno: él había clavado
cruelmente el cuchillo en el cuello de su padre o
de su dueño; había robado locamente el oro
sagrado de los templos; te había aplicado a ti,
Roma, las teas incendiarias; había superado el
criminal las atrocidades referidas por la antigua
leyenda, y por ello lo que era hasta entonces pura
imaginación, se cumple en él realmente." (Marcial, Epigramas, I, 7)

En época de Cicerón o de César, Décimo Laberio y Publilio Siro (siglo I a.C.) fueron los principales cultivadores del mimo en Roma, que se caracterizó por la mordacidad y tono licencioso de sus temas y por la creación de tipos representativos de personajes populares y grotescos.

Décimo Laberio pertenecía al orden ecuestre, cuyas prerrogativas exigía y exhibía con orgullo, lo que no le impedía dedicarse a escribir mimos. Entre los años 57 y 52 a.C., el tribuno Publio Clodio le pidió que escribiese un mimo, a lo que se negó Laberio; quien, amenazado por aquél, cuenta Macrobio que refiriéndose al efímero destierro de Cicerón del que Clodio había sido responsable, respondió: "Qué otra cosa me puedes hacer, si no es que vaya a Dirraquio (Durazzo) y vuelva".


Actor griego, Walters Museum

Sin embargo, el suceso más conocido de su vida se produjo durante unos juegos organizados por Julio César, durante los cuales obligó a Laberio a subir al escenario para actuar en una competición con un mimo más joven y de condición social más baja, Publilio Siro. Pero convertirse en actor suponía para él una degradación en su condición de caballero, lo que no ocurría con su labor de autor de mimos o mimógrafo. Publilio resultó ganador y César le concedió la palma de la victoria y a Laberio le obsequió con medio millón de sestercios y le entregó el anillo ecuestre con lo que recuperaba su anterior condición de caballero.

Décimo Laberio para dejar patente su opinión sobre tal hecho añadió en su representación unos versos en los que defiende la rectitud que había guiado su vida anterior, torcida el día que, ya llegado a la vejez, habiendo dejado su hogar como caballero, regresaba convertido en actor de mimos, y con indignación, pero sin violencia, se somete a la abusiva decisión de César, criticando de esta forma su tiránico comportamiento y haciendo ver que su edad no le ha permitido vencer.

"Necesidad cuyo rigor tirano, quisieran tantos eludir en vano,
¡Qué trance reservado me tenías en mis últimos días!
Yo que de joven pude con denuedo, resistir al poder, al oro, al miedo,
Yo a quien fuerza ninguna ni largueza pudo arrastrar jamás a una bajeza,
i Hete que anciano cedo, al ruego, a la elocuencia de un varón de tantísima excelencia.
¿Fuera mi negativa tolerable, cuando en los mismos Dioses aún no es dable?
Treinta años y otros treinta, incólume he vivido y sin afrenta,
Y hoy caballero de mi casa salgo; y cuando vuelvo a ella menos valgo.
Este día no cuenta en mi existencia, ¡Oh fortuna insensata! Si querías manchar las glorias mías,
¿Por qué objeto no fui de tu exigencia, en la dúctil flexible adolescencia?
Tierno entonces y grácil, al pueblo y al gran César, tal vez satisfacer me fuera fácil,
i Mas hoy, ¿qué dotes yo traigo a la escena? ¿Presencia, animación, voz que enajena?
¡Todo me falta ahora, como acaba la yedra trepadora!
Con el árbol que enlaza, tal la edad que me abraza
Con el múltiple anillo de los años, me agobia con sus daños:
Semejante al sepulcro, solo el nombre conservo ya del hombre."







En su obra está presente, de todas formas, la crítica cotidiana de la política de la urbe, incluso la más arriesgada, la que se refiere a los gobernantes. Por ejemplo, el mimógrafo satirizaba la política de César en el mimo Necyomantia (La evocación de los muertos):

«¿Dos esposas? Por Hércules, más complicación todavía, dijo el buhonero: había visto seis ediles».

Laberio se burlaba de este modo de una medida tomada por César en el año 44 a.C., consistente en el aumento del número de ediles de cuatro a seis, y de otra que se rumoreaba que tenía la intención de permitir la poligamia en Roma.
Esto nos explica que, ya antes de obligarle a enfrentarse con Publilio en el año 46, Julio César, molesto por sus ataques y por su arrogancia, declaraba que prefería los mimos del sirio a los del caballero romano, reflejando un antagonismo personal y político que también debía de enfrentarlo con Cicerón. Macrobio refiere la anécdota de que, cuando Décimo Laberio bajó del escenario e intentó ir a sentarse en las filas reservadas a los equites, los miembros del estamento no le hicieron lugar para que pudiese sentarse; Cicerón entonces le dijo: 'Te dejaría sitio, si no estuviese tan apretado', a lo que Laberio contestó: 'No me extraña que estés apretado, tú que acostumbras a sentarte en dos sillas', aludiendo claramente a su ambiguo comportamiento político.




Publilio Siro procedía, según Plinio el Viejo, de Antioquía de Siria, de donde llegó, en fecha indeterminada como esclavo. Macrobio señala que era todavía un niño cuando fue presentado a su patrón, Publilio, que más tarde lo manumitiría, debido a su gracia, su inteligencia y su preparación. Compone mimos y recorre como actor diversas poblaciones de Italia, por cierto, con gran éxito, hasta que llega a Roma para los juegos organizados por Julio César en el año 46 a.C. De sus mimos apenas quedan fragmentos, pero llamaban la
atención sus opiniones morales, expresadas en versos con sentencias ejemplares, citadas por Séneca, a pesar de su oposición a los mimos.

¡Cuán numerosos son los poetas que expresan lo que ha sido o ha de ser expuesto por los filósofos! No me referiré a los autores de tragedias ni de nuestras fábulas togadas (pues también éstas, a medio cierta seriedad): ¡qué gran cantidad de versos bien acuñados se halla en los mimos!, ¡qué gran cantidad de sentencias de Publilio debieran ser pronunciadas no ya por los cómicos descalzos, sino por los que calzan el coturno!
Citaré un verso de éste que se refiere a la filosofía y a la cuestión específica de la que nos ocupamos poco ha; en él afirma que lo fortuito no debemos considerarlo en nuestro haber: es ajeno todo cuanto nos acontece conforme a nuestro deseo.(Séneca, Epístolas, VIII, 8-99)


Bibliografía:


Comedia Romana, Aurora López, Andrés Pociña, ed. Akal
http://eprints.ucm.es/13975/; LA DANZA EN ÉPOCA ROMANA; Zoa Alonso Fernández
revistas.ucm.es/ghi/02130181/articulos/GERI0404110011A.PDF; Extranjeras en Roma y en cualquier lugar: mujeres mimas y pantomimas, el teatro en la calle y la fiesta de Flora; Sabino PEREA YÉBENES
https://es.scribd.com/document/97734777/Beare-W-La-Escena-Romana; La escena romana; W. Beare
https://www.academia.edu/1587290/Lycoris_the_Mime_in_A._Fraschetti_Roman_Women_University_of_Chicago_Press_Chicago_2001; Lycoris the mime; Giusto Traina
Roman Republican Theatre; Gesine Manuwald; ed. Cambridge
http://dx.doi.org/10.25025/perifrasis20178.16.08; MÁSCARAS Y PERSONAJES EN LA PALLIATA: LAS MÁSCARAS DE LA ATELLANA Y SU INFLUENCIA EN LA PALLIATA; Rosario López Gregoris
http://revistas.uned.es/index.php/ETFII/article/viewFile/1872/1749; Los oficios de la diversión en Roma; JAVIER CABRERO PIQUERO,FÉLIX CORDENTE VAQUERO
The Context of Ancient Drama; Eric Csapo, William J. Slate; Google Books

summa.upsa.es/high.raw?id=0000002916&name=00000001.original.pdf...pdf; El teatro latino durante Ia generación de Sila; Andrés Pociña Pérez

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