Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

viernes, 1 de marzo de 2013

Villa rustica, casa romana en el campo




“Esto era mi sueño: una parcela de campo no muy grande, con huerto y fuente perenne vecina a la casa y por encima un poco de bosque.” (Hor. Ep. II, 6)

Así describe Horacio lo que él consideraba una hacienda ideal en el campo. Podríamos pensar que la mayoría de propietarios agrícolas romanos tendría algo similar donde trabajar y vivir.


Mosaico de Dominus Julius en Cartago, Museo del Bardo, Túnez

La villa rustica puede ser una modesta construcción o una mansión lujosa en el campo al servicio de una explotación agrícola (fundus).
La villa constituye un conjunto arquitectónico formado por una serie de estancias con una distribución y orientación condicionadas por el gusto del propietario y la propia situación de la finca de forma que pueda proporcionar a la familia una agradable estancia.
Para Catón, siglo II a.C.,  la villa se conforma en dos partes la rústica y la urbana y su función sería la de obtener beneficio económico a la vez que servir de vivienda temporal a los propietarios en sus visitas a la finca.

“Baso: la villa de Bayas de nuestro querido Faustino no ocupa amplias extensiones de terreno improductivo señaladas con inútiles hileras de mirtos, plátanos solitarios y bojes podados, sino que se regocija con la verdad y naturalidad del campo. Aquí, en todos los rincones, rebosan de grano los silos y enormidad de tinajas exhalan olores a otoños antiguos; aquí, tras noviembre, cuando ya el invierno está al caer, los greñudos podadores se llevan las últimas uvas. En la profundidad del valle mugen los bravos toros y el ternero siente la comezón del combate en su testuz sin armas.” (Marcial, epi. III, 58)

Columela en el siglo I aconseja sobre cómo debe ser la finca para que sea rentable y hace una división en pars urbana, pars rustica y pars fructuraria.
Para la ubicación de una villa debía tenerse en cuenta, además de la fertilidad del suelo, su cercanía a ríos o manantiales y que disfrutase de una buena panorámica. Además para la comercialización de los productos debía estar cerca de vías de comunicación y mercados. Contar con la existencia de estructuras agrarias anteriores y con que la mentalidad de los indígenas vecinos fuera próxima a la romana era también un factor a considerar en el establecimiento de una villa.

“Cuando vayas a comprar una finca, visita repetidamente el lugar elegido, y mira bien a tu alrededor… Asegúrate de que tiene buen clima, no propenso a tormentas. El terreno ha de ser bueno y con fuerza natural. Si fuera posible, debería estar al pie de una colina, orientado al mediodía, en un lugar sano y donde sea fácil contratar peonaje. Debe tener agua abundante y hallarse cerca de una población floreciente, o del mar, o de un río navegable, o de una calzada buena y frecuentada…” (Catón, R.R.)

La finca debería estar próxima a la ciudad para facilitar la visita del dueño, en un lugar de  clima benigno. La casa debería edificarse en la zona más saludable, evitando los vientos desfavorables.

“Tranquilo, mi íntimo amigo, quiere comprar un pequeño terreno que ha puesto en venta una persona que dicen que es amiga tuya… Espero que el precio de ese terreno le convenga, pues mi querido amigo Tranquilo lo encuentra lleno de encantos: su proximidad a roma, la comodidad del viaje, las dimensiones de la casa, ni demasiado grande ni demasiado pequeña, o la extensión de sus campos de cultivo, que parece la adecuada para distraer a alguien de sus preocupaciones sin llegar a resultarle una carga. Ciertamente, a un propietario amante del estudio, como es éste, le es más que suficiente un terreno que le permita simplemente levantar de vez en cuando la cabeza de su trabajo, dar descanso a sus ojos, andar tranquilamente de un lado a otro de sus límites, recorrer una y otra vez un mismo sendero, conocer todas sus vides y el número exacto de sus árboles.” Plinio, Ep. I, 24)

La pars urbana es la destinada a acomodar al propietario y su familia y debe incluir una casa que les ofrezca todas las comodidades de las que disfrutan en la ciudad. Es por ello que su distribución en los primeros tiempos  se corresponde  a la de típica domus itálica, por lo que comparten la disposición  en torno a un patio con peristilo, alrededor del cual se organizan las diferentes estancias.  En el Bajo Imperio cuando los propietarios residen habitualmente en la villa, aparecen estancias más lujosas y se añaden galerías con columnas y jardines.

Detalle mosaico con peristilo, Carranque, Toledo


La pars urbana es el área residencial del señor o dominus y en su calidad constructiva y decoración se manifiesta el prestigio social y la riqueza de la familia. En esta zona el propietario se dedica al descanso, al ocio y a la administración de sus asuntos y propiedades.

“Permitirá la Providencia que nos encontremos una vez más, honorable señor, en tu finca de Octaviano… Lo llamo tuyo, pero parece pertenecer tanto a tus amigos como a ti mismo. Situada cerca de la ciudad, mar y ríos, ofrece continua hospitalidad a todos los que llegan, y a ti una habitual sucesión de invitados. Qué encantadora es también su primera vista, con sus muros tan bien diseñados en perfecta simetría arquitectónica. Cómo brillan la columnata y los baños visibles de cerca y de lejos. Destaca también la amenidad de sus campos y naturaleza, sus viñedos y olivos, su entorno, la belleza de sus colinas y valles. Bien equipada y llena de abundancia, posee además una copiosa biblioteca y cundo el dueño está allí, con sus intereses entre la pluma y el arado, uno dudaría si es la mente o la finca la que disfruta de una cultura más amplia.” (Sid, Apol. Carta a Consentius, VIII, 4)

Definida la vida del campo como antítesis de la vida urbana sus elementos fundamentales son la sencillez e informalidad de la vida del campo, lo saludable del aire y las ocasiones para el ejercicio, especialmente la caza y pesca – las posibilidades de actividades creativas e intelectuales sin interrupción, la conversación ociosa con los amigos y las delicias de contemplar el paisaje, cultivado o natural, en diferentes estaciones y condiciones.
 Columela indica que la casa debería contar con habitaciones de invierno  donde el aprovechamiento de la luz solar debería ser máximo, estancias frescas para el verano, baños con luz por las tardes, hora habitual del baño, y caminos de paseo con sol en invierno y sombra en verano.
La pars rustica es donde se ubica la cocina con techo alto para evitar el peligro de incendio. Se encuentran allí los cuartos de los esclavos y del vilicus, capataz de la finca. Este debería estar cerca de la puerta para controlar las salidas y las entradas. En esta parte se guardan las herramientas agrícolas y se construyen los corrales y establos de los animales.


Mosaico Iglesia de Lot y Procopio, Mount Nebo, Jordania


En la pars fructuaria se elaboran, conservan y almacenan los productos del campo. Columela menciona prensas y bodegas para el vino y el aceite, pajares, graneros y molinos.
Dentro del recinto de la finca se encuentran los huertos, frutales y jardines con flores. Fuera y repartidos según la condición del suelo, se hallan las viñas, olivares, arboledas, los campos de cultivo, los prados y las regiones boscosas para la caza.

“Una amplia y extensa llanura es rodeada de montañas, las montañas en su parte superior contienen bosques de gran altura y antigüedad, en ellos la caza es abundante y variada.Desde allí se extienden hasta el pie de las montañas, siguiendo la suave inclinación de las mismas, grandes sotos tallares. En medio de éstos se elevan colinas de una tierra muy rica , a las que no aventajan en fertilidad los campos de cultivo situados en las llanuras más regulares, y un poco más tarde de lo habitual, pero tan bien como en cualquier otro lugar. Por todos lados a sus pies se extienden numerosas viñas que proporcionan una apariencia uniforme a una extensa y amplia porción de terreno. Más allá de las viñas, o más bien, en lo que podría ser considerado el margen inferior de éstas, hay plantaciones de árboles. A continuación, encontramos prados y campos de cultivos, unos campos éstos que no pueden labrar sino enormes bueyes y los arados más resistentes.” (Plinio, Epi. V,6)

El tamaño y riqueza de una villa va a depender en gran medida de la época y del estatus social y económico del propietario. Durante el periodo de la República se constituían pequeños y medianos centros de explotación en los que la mano de obra es mayoritariamente esclava, en un principio, pero va disminuyendo hacia el final de la época, estando a cargo del capataz o villicus.
Durante el Alto Imperio la villa se hace más confortable y acoge durante sus visitas al dueño, que es generalmente absentista, aunque a partir del siglo II empezará a convertirse en su residencia permanente. Los trabajadores son mayoritariamente libres e incluso algunos son colonos o arrendatarios, vinculados a la tierra, y con algunos derechos sometidos a los amos.
Ya en el Bajo Imperio las villas reflejan gran suntuosidad en su construcción y decoración, y a partir del siglo III se produce la concentración de la propiedad y el desarrollo de los latifundios. Los propietarios residen habitualmente en sus villas, ya que abandonan la ciudad por los problemas políticos y económicos que se producen en la misma.
En el siglo IV los grandes dominios se configuran como entidades autónomas con sus propias leyes y status, que establecen los derechos y deberes de los arrendatarios y del propietario. Estos grandes latifundios se logran con sucesivas compras y ventas, herencias y matrimonios, que llevan a la concentración de distintos fundi en una sola persona. Estos se pueden transmitir de un propietario particular a otro, pero siempre conservando su nombre original, que es el que se indicaba en los registros oficiales.

Mosaico de Tabarka, Museo del Bardo, Túnez
 “Te escribo para pedirte consejo, como acostumbro, sobre una posible inversión. Una finca contigua a mis tierras, y que incluso por un lado se adentra un poco en ellas, está en venta. Esta posee muchos encantos que me atraen. Sin embargo, otras consideraciones no menos importantes me echan para atrás. Me atrae, en primer lugar, el hecho de que es siempre algo hermoso unir un terreno a otro; y en segundo lugar, el que no será menos útil que cómodo poder visitar dos fincas de una sola vez y en un solo viaje, tenerlas bajo la dirección de un mismo administrador y a cargo prácticamente del mismo personal subalterno, habitar y embellecer una de ellas, y la otra tan sólo mantenerla en buen estado. En este cálculo incluyo ya los gastos de mobiliario, de los sirvientes de la casa, de los jardineros, de los artesanos, e incluso de los útiles de caza. Pues es muy importante tenerlos reunidos en un solo lugar, y preferible a que se hallen dispersos en varias fincas.” (Plinio, Epi. III, 19)

Durante el Bajo Imperio, el dueño de las grandes villas rústicas era con frecuencia el patrono de varias pequeñas aldeas. El propietario ejerce la función de protección de sus colonos contra la avaricia de los recaudadores de impuestos, contra el rigor de las leyes, contra los ataques de bandidos; pero exige agradecimiento en forma de prestaciones y obligaciones.
La expansión de las villas por Hispania no fue igual en todas partes, ya que iban a ser factores influyentes en el proceso, el avance de la conquista, el grado de romanización de los territorios y la fertilidad del terreno. Es por ello que estas edificaciones rurales surgieron primero en el litoral mediterráneo y Andalucía, extendiéndose posteriormente al resto de la península.

Mosaico de Madaba, Jordania




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