Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

martes, 23 de abril de 2013

Casae, casa primitiva en Roma



Urna cinearia, en forma de cabaña latina, Museo Nacional de Roma

“Los humanos levantaron paredes entrelazando pequeñas ramas con barro y con la ayuda de puntales en forma de horquilla colocados en vertical. Otros levantaban las paredes, después de secar terrones de tierra arcillosa, uniéndolos con maderos atravesados que cubrían con cañas y hojas por encima, para protegerse de las lluvias y del calor. Posteriormente cuando los techos fueron incapaces de soportas las tormentas invernales, se sustituyeron por los de doble pendiente, y consiguieron que el agua de lluvia resbalase por los techos inclinados cubiertos de barro. Todavía se construye así en naciones como Galia, España, Lusitania y Aquitania, donde se utilizan tablillas de roble o paja para cubrir los techos.” (Vitruvio, II, 1)

Las casas latinas más rudimentarias serían pobres cabañas construidas hincando en tierra troncos flexibles de árbol, torciéndolos hasta atarlos formando una cúspide y recubriendo el rústico armazón con ramaje y tierra.  El suelo de tierra se apisonaba o se hacía de guijarros.
La cabaña de Rómulo en el Palatino se conservaba en memoria del humilde origen de la ciudad. Dionisio de Halicarnaso escribió sobre ella en el s. I a.c.: 

“… y vivían de su trabajo, generalmente en las montañas en chozas que construían con tejados de palos y cañas. Una de ellas, llamada la cabaña de Rómulo, se encuentra aún en la colina del Palatino en el lado que da al Circo, y es conservada por los que se encargan de las cosas sagradas; no la mejoran nada, pero si se estropea, por las tormentas o por el tiempo, arreglan el daño y restauran la cabaña tan parecida a su forma original en lo posible.” (Antigüedades Romanas, I, 79)

Los restos de antiguas casas latinas que se han encontrado muestran agujeros para postes que habrían sostenido la estructura y que marcarían un porche  una entrada; una zanja para la base de las paredes; trozos de arcilla de los muros y manchas de carbón y ceniza donde podría haber habido un hogar. Restos de cubiertas a doble vertiente con techumbres construidas a partir de la colocación de una viga central y tirantes laterales.

“Créeme: fue feliz aquel siglo antes que hubiese arquitectos y decoradores. Tales oficios surgieron cuando ya se introducía el lujo, a fin de cortar a escuadra las vigas y mediante la sierra dividir por el trazo señalado, con mano firme, el tronco, ya que los antiguos dividían con cuñas la madera fácil de hender. En efecto, en las casas no se disponía de un comedor idóneo para el banquete sagrado, ni para este fin se transportaba en hilera de carros, con gran temblor de las calles, el pino o el abeto de donde pendiesen artesonados de oro macizo. Horquillas, colgadas de uno y otro lado, sostenían la cabaña; espesura de ramaje y hacinamiento de hojas, colocadas en pendiente, facilitaban el desagüe de la lluvia, aunque fuese abundante. En estas moradas habitaron seguros, el techo de paja los protegía en libertad; la servidumbre habita ahora bajo mármol y oro.”(Séneca, Ep.)

Estas chozas podían tener formas  circulares, ovaladas o rectangulares y sus cubiertas eran cónicas, esféricas o piramidales.
En el siglo VII a.C. ya había edificios con base de piedra, paredes de tierra y techos de madera, cubiertos con tejas de cerámica.
Las urnas cinerarias de la cultura vilanoviana son un ejemplo de la construcción de estas cabañas o casas de los antiguos latinos.
Para los elitistas escritores del Imperio el término casa o tugurium designa la ancestral cabaña de la época de Rómulo o las viviendas de los pocos civilizados territorios de los confines del Imperio.

Choza de madera, pintura del Museo Nacional, Roma

Petronio describe el hogar de una vieja en la ciudad de Crotona:
"Todo alrededor, sobre la pared, un conglomerado improvisado de paja seca y barro en abundancia – había cantidad de ganchos rústicos, de ellos colgaba una fina escoba de juncos recién cortados. También colgaban de una viga ahumada las provisiones que almacenaba la humilde choza: dulces acerolas entrelazadas en aromáticas coronas, ajedreas añejas y racimos de uvas pasas.” (Satyr. 135)

Según las urnas cinerarias etruscas y sepulcros que se han encontrado, la forma de la casa mostraría una fachada lisa, en la que una puerta servía de entrada y dejaba paso a la luz y el aire. Tendrían una cubierta horizontal en forma de terraza construida con tierra sobre un espeso entramado de madera al estilo de las casas del Mediterráneo oriental.  Las casas más lujosas podían estar decoradas con columnas y frontones.

Urna etrusca, Museo Villa Giulia, Roma


En la antigua cabaña primitiva, el centro era el atrio, donde los primeros latinos dormían, comían, descansaban, sacrificaban a los dioses, conservaban el fuego y el agua, y cocinaban. Frente a la puerta se encontraba el tálamo nupcial y a su lado la mesa para comer. En el centro del tejado había un hueco para que saliese el humo del hogar.
Hacia el año 400 a.C. la vivienda etrusca evolucionaría desde la casa con tres habitaciones precedidas de un vestíbulo descubierto hasta la casa con un patio como centro del hogar. La casa  de una familia etrusca acomodada se organizaba a partir de un pasillo desde la entrada que llevaba hasta un amplio espacio rectangular, el atrio, con dos o tres dormitorios ubicados simétricamente a los lados. Al fondo se localizaban tres habitaciones adosadas por los costados, de las que la central, el tablinum, era más grande y servía como espacio de recepción y relación. Las dos salas laterales, más pequeñas, las alae, albergaban la cocina y los servicios, y dirigían al pequeño jardín que se disponía detrás de la casa. Toda la vivienda se ventilaba e iluminaba a partir del espacio central, para lo cual, se abría un gran hueco en la cubierta para que entrara la luz, el aire y el agua de lluvia que se recogía en un depósito (impluvium).
La cimentación se hacía de piedra o adobe, aunque la primera hilada era siempre de piedra tosca.

Vista de atrio con impluvium y estancias alrededor, Paestum, Italia

El núcleo primitivo de la típica casa romana, visible en Pompeya o Herculano, está constituido por la combinación de la casa con peristilo griega y la casa de atrium tuscanicum de los etruscos.
La parte más típica de la casa romana anterior a la influencia helénica es el atrio, cuyo origen está en la cabaña primitiva. Era el lugar de recepción y  reunión familiar, además de fuente de calor y luz. Se recibían las visitas, se cosía, se tejía, se velaba a los muertos, se instalaba el lararium. Por el compluvium, hueco en el techo, entraba la luz y el agua de lluvia, que se recogía en el impluvium. La primera adición al atrio primitivo fue el tablinum, que normalmente se extendía a todo lo ancho del lado del atrio opuesto a la entrada y que originalmente hacía de comedor, luego de recibidor, estudio o dormitorio.
A principios del siglo II a.C. se introduce el peristilo helenístico. Un segundo patio, rodeado total o parcialmente de columnas, que se ubica al otro lado del tablinum. Al otro extremo del peristilo se añade otra habitación que lo remata (oecus) y que correspondía al tablinum, aunque  más formal. El centro de la casa se desplaza. El atrio pasa ser una simple sala grande. Se multiplican las habitaciones, se añade un piso, con comedores adicionales (cenacula), pérgolas y balcones.

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