Blog de la domus y la vida familiar en la antigua Roma

domingo, 27 de agosto de 2017

Intonsi et capillati, peinados a imagen de los emperadores romanos


      


Lucio Junio Bruto, cónsul de Roma, s. VI a. C. 

En los tiempos más antiguos de Roma los hombres dejaban crecer su cabello y barba de igual manera que hacían otras civilizaciones, como la mesopotámica, por ejemplo. El pelo abundante era símbolo de virilidad y sabiduría.

“También entonces, al vivir aquellos hombres antiguos sin artificio, creyéndose bastante limpios si se habían lavado la suciedad acumulada por el trabajo en la corriente del río, era su preocupación peinarse el cabello y arreglarse la barba que les crecía, y en esta ocupación cada uno se bastaba a sí mismo, no se prestaban ayuda unos a otros. Ni siquiera la mano de las esposas acariciaba aquel cabello que, en otro tiempo, solían los hombres dejarse suelto sin necesidad de ningún afeite, de igual modo que los nobles brutos sacuden la crin.” (Séneca, Cuestiones Naturales, I)


Retrato anciano siglo I d.C.

Las canas y la barba que caracterizaban al anciano era rasgos a los que había que respetar.

“Esto, esto es lo que me amarga el alma, lo que de verdad me atormenta, que se hayan burlado de mí a mis años, ¡maldición!, que con estas canas y esta barba blanca me hayan tomado el pelo de una manera semejante y me hayan birlado el oro, desgraciado de mí.” (Plauto, Las dos Báquides, V, 1)

 Durante el periodo final de la república romana los retratos masculinos muestran hombres a los que se representa con la cabeza calva, nariz grande y pronunciadas arrugas que parecían querer expresar el esfuerzo y los años que habían dedicado al estado romano. La calvicie se consideraba un signo de sabiduría, dignidad y seriedad que todo ciudadano noble romano debía exhibir.

Retrato de anciano, s. I a.C.

Sin embargo, en la cultura romana para muchos la calvicie suponía un gran problema, en especial, si era prematura. Al contrario que las arrugas, aceptadas por los romanos como un signo de dignidad y solemnidad, la calvicie era vista casi como una enfermedad porque el pelo se consideraba un símbolo de fuerza, virilidad, juventud, fertilidad y belleza y, por tanto, se pensaba que quien la sufría no poseía tales características.

Ovidio escribió en su libro sobre el amor: “Feo es un ganado sin cuernos; feo un campo sin hierba, y un arbusto sin fronda y una cabeza sin pelo.” (Arte de amar, III, 248)

Entre los gobernantes, militares y políticos, se asociaba la falta de cabello con la vejez, momento en el que se alcanzaba la prudencia y la calma, pero se perdía el valor. Quizá por ello el historiador Suetonio cuenta sobre Julio César que:

“Concedía mucha importancia al cuidado de su cuerpo, y no contento con que le cortasen el pelo y afeitasen con frecuencia, se hacía arrancar el vello, por lo que fue censurado, y no soportaba con paciencia la calvicie que le expuso más de una vez a las burlas de sus enemigos. Por ese motivo, se traía el escaso cabello de la parte posterior sobre la frente.” (Cesar, Suetonio, XLV)


Busto de Julio César

Los retratos masculinos de la escultura griega presentaban en la época arcaica pelo largo y abultada barba, pero en época clásica exhibían abundante cabello algo encrespado y despeinado, cayendo en mechones sobre la frente de forma natural como símbolo de la virilidad del joven atleta. Alejandro Magno prohibió la barba a sus soldados para que el enemigo no pudiera agarrarlas.
Busto de joven griego


Alejandro Magno
El mismo general Pompeyo intentó copiar el peinado de Alejandro Magno que lucía melena y flequillo levantado con mechones sobre la frente, ambos peinados sin ningún cuidado, con la pretensión de que la similitud de sus retratos hiciera que se les asociara también en el éxito de sus hazañas militares, si bien Pompeyo exhibía su cabello más corto.


Pompeyo el Grande
 “Además, el cabello, un poco levantado, y el movimiento compasado y blando de los ojos daban motivo más bien a que se dijese que había cierta semejanza entre su semblante y los retratos de Alejandro…” (Plutarco, Pompeyo, II)              
                   
La moda de llevar el pelo muy corto parece haber progresado lentamente y sólo entre las clases más altas de la sociedad romana y es que el carácter predominante en la república romana más austero que el de los griegos hace que los retratos de la época muestren flequillos con mechones muy cortos y peinados muy sencillos que realcen el carácter sobrio del retratado.

Retrato siglo I a.C. Museo de Bellas Artes, Boston

A pesar de esta tendencia general surgen simultáneamente una serie de peinados arcaizantes que, por medio del calamistrum (instrumento dedicado a rizar el cabello), convierten el flequillo en una serie de pequeños bucles rizados. La emulación de esta moda, junto con los distintos arreglos de la barba, fue censurada por los sectores conservadores como propia de afeminados, y acabó siendo contenida por la regulación moral de Augusto.

“Es esto lo que ves que persiguen quienes se depilan la barba toda o a trechos; los que la afeitan y rasuran hasta los labios con toda precisión, al tiempo que conservan y dejan crecer la parte restante; los que se ponen un manto de color llamativo y una toga transparente, que nada quieren hacer que pueda escapar a la mirada de los hombres: excitan y atraen su atención hacia sí, quieren incluso ser reprendidos con tal de que se les contemple. Éste es el estilo de Mecenas y de todos los demás que no yerran por casualidad, sino a sabiendas y gustosamente.” (Séneca, Epístolas a Ático, CXIV)




Ptolomeo, rey de Mauritania, Museo del Louvre

Durante el Imperio los retratos de la familia imperial tuvieron gran influencia en todas partes dado que se distribuían en esculturas y monedas por todas las provincias. Los flequillos sobre la frente eran comunes e imitaban la imagen estereotipada (y probablemente idealizada) de Augusto, que utilizó repetidamente las imágenes y las estatuas como propaganda política. 

Octavio Augusto


La principal referencia fue la sobriedad estética impuesta por el emperador Augusto, al que parece ser que no le gustaba arreglarse el cabello, que solía llevar despeinado, con un característico flequillo que caía sobre la frente formando una especie de horquilla abierta.

El modelo escogido por Octavio simboliza la juventud y el clasicismo al que el emperador quiso retornar después de un periodo republicano durante la segunda mitad del siglo I a. C. en el que el peinado masculino de los retratos es más largo y voluminoso.

Marco Junio Bruto, Museo del Prado, Madrid





Los diferentes estilos de peinado marcaban tanto las afinidades políticas como las preferencias culturales de los retratados. La identificación del individuo con un peinado en particular conllevaba, en algunos casos, un contenido simbólico o político. Por ejemplo, para realzar la vinculación al trono de los príncipes Cayo y Lucio César, nietos de Augusto, nacidos del matrimonio de su hija Julia y Agripa, se los representaba con el pelo de igual manera que lo llevaba su abuelo, el emperador.
Cayo César, nieto de Augusto

Octavio Augusto



Tiberio, tras su acceso al poder, presentaba pronunciadas entradas y disimulaba su calvicie echándose el pelo hacia delante, en forma de flequillo, como muchos miembros de su familia, pero simplificó el clasicista flequillo de la época de Augusto, adoptando una versión más sobria y afín a los modelos republicanos.


Retrato de Tiberio





Era costumbre de los calvos dejarse el cabello largo en la zona occipital y temporal para poder cubrir la parte sin pelo, pero no solo entre los emperadores y las clases dirigentes, sino también entre la gente del pueblo, como cita Marcial en uno de sus epigramas:

“Recoges de aquí y de allá tus cuatro pelos y la ancha explanada de tu resplandeciente calva la cubres, Marino, con los bucles de los temporales. Pero, movidos por la fuerza del viento, se vuelven a su sitio y tu cabeza desnuda la ciñen por este lado y el otro unos enormes mechones.” (Marcial, Epigramas, X, 83)

Según la descripción de Séneca Calígula tenía una característica propia de los Claudios, calvicie prematura y nuca poblada de cabello.

“Porque era tal su fealdad, que daba indicios de locura, teniendo los torcidos ojos escondidos debajo de la arrugada frente, con una deforme y grande cabeza calza sin cabello y el cuello lleno de pelo…” (Séneca, De la constancia del sabio, 18, 1)

Retrato idealizado de Calígula, Museo Metropolitan, Nueva York

A pesar de esta imagen, los retratos del emperador le muestran siempre con un rostro joven y perfecto, siguiendo el estilo clásico de los atletas griegos.
Claudio luce en sus retratos un sencillo y escueto flequillo que combina su talante ideológico con la oportunidad política que suponía marcar la diferencia con su odiado antecesor Calígula. 

Retrato de Claudio
Nerón desde su infancia se desmarcó de su padre adoptivo el emperador Claudio, mostrando un largo y cuidado flequillo con una división central, que también llevaron otros príncipes imperiales, como Británico, hijo de Claudio.


Retrato Nerón niño y Británico, hijo de Claudio






Posteriormente luciría un flequillo con mechones torcidos hacia la derecha dispuestos de forma simétrica sobre la frente y durante su estancia en Grecia lo reemplazó por uno más sofisticado que recibe el nombre de coma in gradus formata y que consiste en bandas escalonadas de pelo hacia atrás con el flequillo elevado en una pequeña cresta dejando caer por detrás el cabello.


“No cuidaba del traje ni apostura, y durante su permanencia en Acaya, se le vio dejar caer por detrás el cabello, que llevaba siempre rizado en bucles simétricos.” (Suetonio, Nerón, LI)


Peinado de Nerón, coma in gradus formata, Museo Británico, Londres



Nerón (54–68 d.C.), fanático de las carreras de carros, lucía el pelo al estilo de los aurigas o conductores de carros.



Vespasiano
            

         Tito     
En un probable intento de marcar distancias con el cruel reinado de Nerón los primeros emperadores de la dinastía Flavia, Vespasiano y su hijo Tito, iniciaron un tipo de peinado se distinguiese claramente de su predecesor. En el caso de Vespasiano sus retratos le muestran generalmente calvo y, aunque su hijo Tito aparece representado con los distintivos rizos que también caracterizan a las damas del periodo Flavio, no se puede obviar las entradas que anticipan su inminente calvicie.





Domiciano joven

El emperador Domiciano, hijo y hermano de los anteriores, rompe la tendencia y, a pesar de los documentos existentes describiéndolo calvo, es retratado con bastante pelo al principio, después con algunas entradas y luego recuperando el estilo de Nerón, quizás con la idea de emular tanto su imagen, como su carácter y talante, cruel y obsesivo. Es posible que utilizase pelucas para ocultar su falta de pelo.
Domiciano adulto

“Le disgustaba tanto estar calvo, que tomaba por ofensa personal las bromas o críticas que dirigían en presencia suya a los calvos en general. Sin embargo, en un breve tratado sobre El cuidado del cabello, que publicó con una dedicatoria un amigo suyo; en el que procuraba consolarle con él, le decía después de citar este verso griego:
¿No ves cuán alto y hermoso soy en la estatura?

Pero la misma suerte está reservada a mis cabellos, y los veo con resignada tristeza envejecer antes que yo; convéncete de que no hay nada tan agradable, y tan fugaz a la vez, como la belleza.” (Suetonio, Domiciano, XVIII)

El emperador Trajano (98–117 d.C.) de forma consciente quiso marcar un contraste con el odiado Domiciano y optó, conforme a su estilo militar, dejar caer su flequillo en pequeños mechones sobre la frente y mantener su cabello corto y sin adorno.

Retrato de Trajano


 En época de Nerón se permitió a los griegos entrar en el senado romano lo que trajo una mayor influencia de la cultura helena en la sociedad romana y que motivó el envío de jóvenes a estudiar en Atenas y que a su vuelta aportaron las costumbres de los griegos en todos los ámbitos. También en el estilo de peinado y atuendo que se refleja en la incorporación del pelo ondulado o rizado y la barba al estilo de los filósofos griegos.
Adriano, que desde siempre demostró su filohelenismo y permaneció por largo tiempo en Grecia, se acogió a la nueva moda y fue el primer emperador en lucir pelo rizado y barba, aunque su vanidad y la preocupación por su aspecto le hace aparecer en sus retratos con su cabello peinado con rizos voluminosos cuidados, pero artificiales, que caen sobre la frente y una barba arreglada, con la probable intención de ser referente de la cultura griega. Sin embargo, el aspecto de Adriano se asemeja más a la del político Pericles que a la de los filósofos de Atenas, que si imitó Marco Aurelio de carácter más estoico.

“Fue de elevada estatura, de elegante figura, de cabello ondulado; tenía la barba larga, para cubrir las cicatrices que poseía en su rostro de nacimiento, y una complexión robusta.” (Historia Augusta, Adriano, 26)

Adriano, Museos Capitolinos, Roma

Esta barba con variaciones en su forma y longitud la conservarán los emperadores en sus retratos durante dos siglos más.
Antonino Pío presenta un peinado y barba más similares al de su antecesor Adriano, pero Marco Aurelio, Lucio Vero y Cómodo exhiben cabellos más abultados y rizados y barbas más pobladas, largas y apuntadas.

“Era hermoso de cuerpo, encantador de rostro, de barba casi tan larga como la de los bárbaros, alto y con la frente contraída en las cejas, de forma que inspiraba respeto. Se dice que cuidó tanto sus rubios cabellos que salpicaba su cabeza con polvillo de oro para que su cabellera, al recibir más luz, despidiera destellos dorados.” (Historia Augusta, Vero, 10)

Lucio Vero

"Llevaba siempre teñido su cabello y lo mantenía brillante salpicándolo con limaduras de oro, y quemaba superficialmente su cabellera y su barba por miedo a su barbero." (Historia Augusta, Cómodo, 17)

Cómodo

Durante esta misma época se incrementa el culto a Serapis y el aspecto del dios, con pelo largo y abundante barba, que sus adeptos y sacerdotes imitarán en cierta medida, será representado en los retratos de miembros de la sociedad romana y de la familia imperial hasta la época de Septimio Severo, aunque este último aparece en muchos de sus retratos con pequeños mechones rizados que cuelgan sobre su frente, y que no se veían en sus inmediatos antecesores, que presentaban una frente más despejada.

"Era hermoso, corpulento, de promisa barba, de cabeza cana y rizados cabellos, de rostro venerable y de voz clara, aunque conservó hasta la vejez su acento particular africano." (Historia Augusta, Septimio Severo, 19)

Septimio Severo

El cabello corto de Caracalla y de Geta tiene su origen en un peinado militar que a continuación sería usado por casi todos los emperadores que gobernaron durante la época de la anarquía militar del siglo III d. C. Algunos de sus retratos y de sus sucesores dejan ver patillas y bigote.

Caracalla

El bigote no suele ser característico de los romanos, pero si de los pueblos bárbaros, aunque en el siglo III d.C. parece haber sido aceptable para los jóvenes antes de desarrollar una barba crecida.

“También conviene cortar los pelos del bigote, pues se ensucian al comer; no con navaja de afeitar —pues es una acción baja—, sino con las tijeras de barbero.” (Clemente de Alejandría, El Pedagogo, III)




Los retratos de personajes extranjeros considerados bárbaros suelen ser mostrados con cabello largo, descuidado y normalmente con barba sin arreglar.

“Pero generalmente todos los britanos se pintan de color verdinegro con el zumo de gualda, y por eso parecen más fieros en las batallas; dejan crecer el cabello, pelado todo el cuerpo, menos la cabeza y el bigote.”  (Julio César, La Guerra de las Galias, XIV)


Sauromates, rey del Bósforo, Museo de Atenas

A partir del siglo III se adopta un estilo que deja las sienes y la parte cabeza con pelo muy corto, así como la barba que se recorta. 

Filipo el Árabe

Hacia finales del siglo III d.C. durante la Tetrarquía se intentó eliminar cualquier individualidad en favor de una imagen común de los cuatro tetrarcas, retratados con el pelo algo más largo y la barba más poblada, como Diocleciano. 


Diocleciano

Cuando Constantino fue nombrado tetrarca en el año 305 todavía llevaba barba, pero cuando se convirtió en emperador único su imagen oficial cambió y aparecía con el rostro afeitado y el peinado con el flequillo similar al que lucía Trajano en un intentó de ser asimilado a la gloria militar de éste y de simbolizar la restauración del poder y la estabilidad perdida con la crisis del s. III.

Constantino I, Museo Metropolitan, Nueva York

 A partir del siglo IV y hasta el siglo VII el cabello se deja más largo y se peina liso hacia delante y con mayor volumen rodeando el rostro. Los personajes nobles llevan una banda o diadema en la cabeza.

“Aunque avances, fastuoso, con el cabello recogido por la diadema y la clámide de Tiro cubra tus hombros al uso de tus antepasados, déjate cautivar mejor por los adornos coloreados de las togas, ya que desde siempre la reelección de un cónsul ha sido algo insólito.” (Sidonio Apolinar, Panegírico de Antemio)

Hijo de Constantino I, ¿Constante?,
Museo Metropolitan, Nueva York


A pesar de que desde Constantino todos los emperadores fueron cristianos, hubo una excepción con Juliano, llamado el Apóstata, que reinó del 360 al 363, un convencido pagano que deseaba volver a las antiguas creencias y que para distinguirse de sus predecesores llevó una barba que reflejaba su admiración por los filósofos griegos. Incluso escribió un libro “Los que odian la barba”, en el que recuerda el ridículo que sufrió por dejarse crecer la barba cuando no estaba de moda.

“De figura y disposición de los miembros como sigue: era de estatura media, de cabellos como peinados y suaves, cubierto de barba hirsuta y terminada en punta.”  (Amiano Marcelino, Retrato de Juliano)

Juliano

Aunque Constantino presenta un rostro afeitado los primeros autores cristianos se declaraban partidarios de que el hombre no debía llevar el cabello largo, que pensaban que debía ser solo adorno de la mujer, pero si debían dejar crecer su barba y no depilarse, porque el pelo era un don de la naturaleza otorgado por Dios, que no debía eliminarse.

“Y he aquí mi opinión respecto al cabello: la cabeza de los hombres esté rapada, salvo si se tienen cabellos rizados; la barba espesa. Que los cabellos no lleguen por debajo de la cabeza, asemejándose a los rizos mujeriles. Los hombres ya tienen bastante con una hermosa barba. Y aunque uno se rasure un poco la barba, no está bien afeitársela del todo, pues es un espectáculo vergonzoso, y también es reprobable afeitarse la barba a ras de piel, por ser una acción semejante a la depilación y al afeite.” (Clemente de Alejandría, El Pedagogo, III)

También durante los siglos IV y V llevaban barba algunos usurpadores que intentaron hacerse con el Imperio en contraste a los bien afeitados mandatarios oficiales.

 “Firmo fue de gran estatura, de ojos desorbitados, de cabellos rizado. Tenía la frente cubierta de cicatrices, el rostro un tanto oscuro, el resto del cuerpo blanco, pero velludo e hirsuto de tal manera que la mayoría de las personas le llamaban Cíclope.” (Historia Augusta, Firmo, 4, años 372- 375)   

Retrato de Palmira, Museo de Bilbao

En las provincias orientales se mantuvo la moda impuesta por los retratos de los emperadores adaptando su imagen a sus propias costumbres y gustos. En Egipto y en Palmira, por ejemplo, son fácilmente identificables los retratos que se asemejan a Trajano y Adriano. En la imagen la construcción lineal del flequillo que enmarca la frente en un arco continuo es una adaptación esquematizada del peinado utilizado por Trajano y por muchos de sus contemporáneos dentro del estamento militar.

Los marcados rizos que Adriano introdujo en su reinado y siguieron durante la dinastía antonina se aprecian en el siguiente retrato de El Fayum.


Retrato de El Fayum, Egipto

Para ocultar calvas o presentar mejor aspecto se utilizaban postizos o se pintaba pelo sobre la cabeza calva para aparentar pelo corto, al menos en la distancia:

“Simulas unos cabellos pintados con ungüentos, Febo, y tu sucia calva se cubre con una cabellera pintada. No hay necesidad de buscarle peluquero a tu cabeza: puede raparte mejor, Febo, una esponja.” (Marcial, VI, 57)

En su preocupación por su aspecto los romanos cuidaban su pelo y procuraban evitar su caída. Algunos autores recogieron tratamientos a ese respecto, como Dioscórides, que recomendaba frotar con cebolla las partes de la cabeza afectada con calvicie.

"El otro día, viéndote por casualidad sentado a ti solo, te tomé por tres personas. Me engañó el número de tu calva: tienes cabellos a una parte y tienes a la otra, y tan largos como los que pueden sentar bien incluso a un adolescente; en su mitad, tienes la cabeza desnuda y en un largo espacio no se deja ver ni un solo pelo. Este error te vino bien en diciembre, cuando el emperador distribuyó comida: volviste con tres raciones. Creo que así fue Gerión. Te aconsejo que evites el pórtico de Filipo: ¡cómo te vea Hércules, estás perdido!" (Marcial, Epigramas, V, 49)

Retrato de época de los Severos

Galeno en su obra De Compositione Medicamentorum recoge la siguiente receta tomada de la Cosmética de Cleopatra:

“Contra la pérdida de cabello, hacer una pasta de rejalgar (una forma natural de mono sulfato de arsénico) y mezclarlo con resina de roble, aplicarlo a un paño y ponerlo donde ya se haya limpiado bien con natrón (una forma natural de carbonato de sodio). Yo mismo he añadido espuma de natrón a la receta anterior, y funcionó de verdad.”

No faltaron en el mundo romano los que recurrieron al uso de pelucas para ocultar su calvicie o simplemente para intentar mejorar su imagen. Incluso algunos emperadores hicieron uso de ella, como Otón que llevaba una peluca que le encajaba perfectamente en la cabeza y que le hacía exhibir un artístico peinado.

“Era cuidadoso de su traje, casi tanto como una mujer; se hacía depilar todo el cuerpo y cubría su cabeza, casi calva, con cabellos postizos, ajados y arreglados con tanto arte que nadie lo conocía. Afeitábase todos los días con sumo cuidado y se frotaba con pan mojado, costumbre que había adquirido desde jovencito, con objeto de no tener nunca barba.” (Suetonio, Otón, XII)


Emperador Otón

Los portadores de peluca podían ser objeto de burla y dar lugar a divertidas anécdotas, como la que cuenta en su fábula el poeta Aviano.

“Un jinete calvo que acostumbraba a pegarse en
la cabeza una peluca y a llevar en su desnudo
cráneo los cabellos de otros, llegó al campo de
Marte deslumbrando por el brillo de sus armas y
comenzó a hacer virar con las bridas a su dócil
caballo. Las ráfagas del Bóreas le soplan de
frente dejando a la vista de todos su ridícula
cabeza, pues, una vez que le fue arrancada la
peluca, resplandeció su frente desnuda, que antes,
cuando llevaba pelos, era de otro color. Al darse
cuenta de que tantos miles de personas se reían de
él, eludió la burla echando mano de su astucia y
dijo: «¿Qué hay de raro en que los pelos postizos
hayan huido de aquél al que antes le abandonaron
sus cabellos naturales?” (Aviano, fábula X)




Para hacer carrera política se requería una buena presencia, ir bien vestido y con un aspecto cuidado, pero sin excesos que podían provocar la crítica de los demás. Quintiliano aconseja sobre la apariencia que debe mostrar un buen orador.


“La toga del orador no sea de una tela muy ordinaria, pero tampoco ha de ser de seda; que no tenga desgreñado su cabello, pero que tampoco lo lleve todo rizado y lleno de bucles, siendo así que en aquél que no mira al lujo y liviandad parecen más bellas aquellas cosas que son de suyo más honestas.” (Quintiliano, Instituciones Oratorias, X, 4)




http://www.mac.cat/Media/Files/Flequillos-barbas-y-trenzas.-Notas-sobre-moda-y-peinado-en-la-Roma-antigua; Flequillos, barbas y trenzas. Notas sobre moda y peinado en la Roma antigua; Bruno Ruiz-Nicoli
http://www.dermatologiaterrassa.com/wp-content/uploads/2014/11/Alopecia-en-Roma.pdf; La alopecia en Roma, Xavier Sierra Valentí
http://latijn.pbworks.com/f/The+Portraits+of+Nero.pdf; The Portraits of Nero; Ulrich W. Hiesinger
https://www.academia.edu/4756692/Barbula_tonsa_e_coma_in_gradus_formata._Su_un_ritratto_aquileiese_del_II_secolo_d.C._in_Quaderni_Friulani_di_Archeologia_2005; Barbula tonsa e coma in gradus formata. Su un ritratto aquileiese del II secolo d.C., in: «Quaderni Friulani di Archeologia» 2005; Ludovico Rebaudo
http://www.lavanguardia.com/de-moda/h-hombre-de- vanguardia/20170512/422454106796/hombres-con-historia-tupe-alejandro-magno.html; Fèlix Badía; La Vanguardia, 12/05/2017
Roman Clothing and Fashion, Alexandra Croom, Google Books
La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio; Jerome Carcopino, Ed. Temas de Hoy
https://ia801704.us.archive.org/12/items/jstor-310326/310326.pdf; Greek and Roman Barbers, Frank W. Nicolson
Roman Portraits: Sculptures in Stone and Bronze in the Collection of The Metropolitan Museum of Art, Paul Zanker, Google Books

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