Mostrando entradas con la etiqueta púrpura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta púrpura. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de abril de 2018

Purpura, el color del lujo en la antigua Roma

Pintura de Pompeya, Casa de Lucrecio Marco Frontón

El tinte púrpura constituyó para los antiguos una de las formas de dar color a sus telas y vestimentas más estimadas. Desde época creto-micénica los griegos utilizaron el jugo de gasterópodos marinos con esos fines. Pero el gran auge de la industria de la púrpura llegó de la mano de los fenicios en el oriente mediterráneo, aunque su producción, comercialización y consumo adquiere mayor vitalidad e importancia en el mundo grecorromano. Podrían haberlo traído comerciantes griegos desde el Mediterráneo oriental o de los mercados establecidos en las costas del Mediterráneo occidental, como Marsella.

“En cuanto al vestido, su tinte de púrpura no era de cualquier clase, sino como el que, según la leyenda que cuentan los tirios, descubrió el perro del pastor y con el que hasta hoy tiñen el vestido de Afrodita:
Hubo un tiempo en que a los hombres les estaba vedado adornarse con la púrpura, pues una pequeña concha la ocultaba en su recóndita cavidad. Un pescador la captura. Esperaba un pez, y al ver la áspera concha echó pestes de su presa y la tiró como un desecho del mar. Pero un perro da con tal hallazgo, lo quiebra con sus dientes y la sangre de la púrpura chorrea por su hocico, tiñe su quijada y teje sobre sus labios una capa de púrpura. El pastor ve el hocico del perro ensangrentado y, creyendo que la tintura es una herida, fue a lavarlo en el mar, pero la sangre tomó un color rojo aún más brillante. Y cuando lo tocó con sus manos, sus manos se pusieron purpúreas.
Y fue así como el pastor comprendió la naturaleza de la concha: que contenía un producto de belleza. Tomó un copo de lana y metió la lana en la cavidad de la concha, tratando de descubrir su secreto. La lana tomó color de sangre, como el hocico del perro. Y entonces aprendió cuál es la esencia de la púrpura. Toma unas piedras, quiebra la pared que encierra el producto, abre el santuario de la púrpura y encuentra un tesoro de tintura.” (Aquiles Tacio, Leucipa y Clitofonte, II, 11)


Mosaico con múrex

La valoración social y económica de los tejidos teñidos de rojo (púrpura, sobre todo) llegó a ser tan elevada que su uso adquirió amplias cotas de expansión tanto en la vida privada como en la militar. El aumento de la riqueza entre senadores y caballeros y su acceso a la púrpura en Grecia y Oriente llevó a una gran demanda de este color, especialmente en el siglo II a.C. Una familia noble, los Furii Purpureones tenían un cognomen que indicaba que al menos una parte de su riqueza se debía al negocio de la púrpura.

Las telas purpúreas comienzan a hacerse más visibles en Roma a partir del siglo III a.C., aunque sus primeros usos se conocen desde época monárquica, cuando unas supuestas disposiciones hacen mención al momento en el que los monarcas romanos adoptaron de los soberanos etruscos los vestidos de color púrpura y la toga romana.

“Con estas respuestas los embajadores se marcharon y a los pocos días estaban allí de nuevo trayendo las insignias del poder no simples palabras, sino además portando las insignias de la soberanía con las que ellos ornaban a sus propios reyes: una corona de oro, un trono de marfil, un cetro, un águila en su cabeza, una túnica de púrpura con botón de oro y un manto de púrpura bordado, como llevaban los reyes de Lidia y Persia excepto que no era cuadrado en su forma como aquéllos, sino semicircular.” (Dionisio de Halicarnaso, Historia Antigua de Roma, III, 61, 1)


Placa etrusca de Boccanera, Italia

Esta noticia la recoge Dionisio de Halicarnaso quien describe como tras la victoria romana sobre los tirrenos a principios del siglo VI a.C., Tarquinio Prisco adoptó las insignias tirrenas del poder:

“Estos honores Tarquinio no los utilizó inmediatamente, como la mayoría de los cronistas romanos dicen, sino que confió al Senado y al pueblo la decisión de si debía aceptarlos, y puesto que todos quisieron entonces los recibió y durante todo el tiempo desde aquel momento hasta su muerte llevó una corona de oro, vistió un traje de púrpura bordado, portaba un cetro de marfil y se sentaba sobre un trono de marfil, y los doces lictores con hachas y varas se colocaban junto a él mientras juzgaba y lo precedían cuando caminaba.” (Dionisio de Halicarnaso, Historia Antigua de Roma, III, 62, 1)

Mucho antes de la monarquía de linaje etrusco se había identificado al propio Rómulo luciendo un vestido de color púrpura, identificado como símbolo de su realeza.

“Rómulo marchaba al final de la comitiva llevando un vestido de púrpura, una corona de laurel sobre sus cabellos y, para mantener la dignidad real, iba montado en un carro conducido por cuatro caballos.” (Dionisio de Halicarnaso, Historia Antigua de Roma, II, 34, 2)

La belleza, pero principalmente el elevado precio del producto final y la consiguiente exclusividad de los vestidos así tratados explica su alta valoración. Muchos literatos criticaron su uso por parte sobre todo por parte de las mujeres, por su afán de lujo y provocación.

“No es razonable, pues, que una mujer lleve un gran velo de púrpura deseando ser centro de atracción de las miradas. ¡Ojalá se pudiera arrancar de los vestidos la púrpura, evitando con ello que los mirones se giraran para observar a las que la usan! Sin embargo, éstas que tejen poco su vestido y lo hacen todo de púrpura, inflaman los deseos fáciles; y de ellas, ciertamente, que se inquietan por esta púrpura estúpida y delicada…” (Clemente de Alejandría, El Pedagogo, II)


Dolce far niente, Pintura de John William Godward

La púrpura es una materia colorante de color rojizo vivo. Se extrae de una serie de moluscos gasterópodos que segregan un jugo que es la base para la elaboración del tinte obtenida posteriormente por síntesis. El grupo de moluscos utilizados comprende a especies de los géneros púrpura y murex: Thais haemastoma, Murex trunculus, y Murex brandaris.

Plinio lista dos clases de moluscos que producen el color púrpura; los elementos de ambos son los mismos, solo difieren las combinaciones, el más pequeño es el llamado bucino (purpura o thais haemastoma), por su parecido a la concha con la que se produce el sonido de la trompeta. El otro se conoce como púrpura, que también tiene otro nombre, el de pelagia (murex brandaris). En la confección del tinte se empleaban mayoritariamente estas dos especies junto con el murex trunculus.

“Existen dos clases de conchas para los tintes de púrpura y conchil — la materia ciertamente es la misma, pero difieren en la proporción— el bucino, la concha más pequeña, parecida a la concha que emite el sonido de la bocina —razón por la que precisamente se le dio el nombre—, con la boca redonda en una hendidura lateral, y la otra, que se llama púrpura, con un pico acanalado prominente y con el borde del canal en forma de tubo replegado hacia dentro, por donde echa la lengua.” (Plinio, Historia Natural)


Múrex, foto de  G & Ph. Poppe Conchology Inc www.conchology.be

El murex trunculus es un molusco con una concha provista de gruesas espinas que pueden taladrar las conchas de bivalvos que son su fuente de alimento. La secreción blanquecina de este molusco se vuelve rojo púrpura en contacto con el aire.

Según Plinio el primer paso para la obtención del tinte era la extracción de la glándula hipobranquial, la cual segrega un mucus con pigmentos que sirven para su actividad celular y como mecanismo de defensa frente a otros organismos. Esta sustancia, de color blanquecino, al contacto con el aire se vuelve amarilla para cambiar después a verde, luego a azul y finalmente al tono rojo-violáceo que se conoce como púrpura, que fue apreciado por su solidez, sus tonos brillantes y la luz que reflejaban los tejidos teñidos con este tinte, por lo que su uso se convirtió en símbolo de lujo y estatus.


Adriano en una alfarería (arriba), Agripina (debajo),
Pinturas de Alma- Tadema

Para que el color púrpura se activara debía tener lugar una serie de reacciones químicas que requerían un tiempo y unas condiciones muy controladas. En el proceso de fabricación de este tipo de tinte, el líquido debía exponerse al sol y su grado de exposición podía influir en las variaciones del color resultante. La masa viscosa resultante del prensado del órgano purpúreo se mezclaba con sal y se dejaba reposar aproximadamente durante tres días, para luego calentarlo a fuego lento durante unos días más, generalmente en vasijas de plomo, para clarificarlo y utilizarlo para teñir. El líquido debía limpiarse de impurezas, y al décimo día se filtraba, tras lo cual se probaba introduciendo un poco de fibra de lana en él. Antes de proceder al tintado se recalentaba el preparado.

“Se les extrae a continuación la vena que dijimos, a la que es imprescindible que se añada sal, aproximadamente un sextario por cada cien libras. Lo correcto es dejarlo en maceración durante tres días —pues precisamente tiene más fuerza cuanto más fresco es, ponerlo a hervir en un depósito de plomo, echar la proporción de quinientas libras de la tintura por cada cien ánforas de agua y dejarlo evaporar a fuego lento —y, a tal fin, mediante un tubo alejado del horno—. De esta manera, después de sacar con la espumadera varias veces los trozos de carne, que inevitablemente habían quedado pegados a las venas, a eso de los diez días después de haber colado el caldero, se echa a remojo, de prueba, un vellón limpio, y se calienta el líquido hasta que aquél se vuelva conforme se esperaba. El color rojo vivo es peor que el que tira a negro. En cinco horas se empapa la lana y se vuelve a remojar otra vez, después de cardarla, hasta que embeba todo el tinte.” (Plinio, Historia Natural, IX, 36)


Casandra busca la protección de Atenea, Casa de Menandro, Pompeya

Había distintos tonos de color púrpura según la especie y la cantidad de tinte utilizados. La púrpura roja oscura (blatta) se obtenía mezclando el murex brandaris (pelagium o purpura) que daría un rojo casi negro con el Thais haemastoma o el Murex trunculus, que aportaban un color rojo escarlata. Plinio describe que los Tirios primero teñían su lana con el líquido de la púrpura (Murex brandaris), y después el del bucino (Thais haemastoma), que resultaba en la Tyria dibapha, (teñida dos veces).

“Para obtener el tinte Tirio la lana se empapa en el jugo de la pelagia mientras la mezcla está sin cocción; después de lo cual su tinte cambia sumergiéndolo en el jugo del bucino. En cambio, en el tirio primero se baña el vellón con el jugo de la pelagia en un caldero sin cocer y semicrudo, y después se cambia al del bucino. Su alta estima radica en su color de sangre cuajada, oscura a primera vista, pero, mirándola de abajo a arriba, brillante, por lo que incluso Homero denomina purpúrea a la sangre.” (Plinio, Historia natural, IX, 60)

Túnica copta

El escarlata del Thais haemastoma era rico en tono, pero se desteñía fácilmente, por lo que siempre se mezclaba con algún tipo de múrice. El color púrpura de tono violeta, similar a la amatista, se obtenía mezclando el bucino (Thais haemastoma) y la pelagia (Murex brandaris)

“El bucino por sí solo es desechable, ya que destiñe el rojo. Se combina en determinadas proporciones con el pelágico y le da al color excesivamente negruzco de éste, esa intensidad y ese brillo de la grana, que se pretende. De este modo, combinado sus efectos se avivan o se apagan el uno al otro. El total de ingredientes para 50 libras de vellón es doscientas de bucino y ciento once de pelágico. Así se logra el color de la amatista, tan excepcional.” (Plinio, Historia natural, IX, 60)

Las tonalidades del color púrpura variaban en función de las sustancias tintóreas utilizadas, obteniéndose colores de una gama entre los rojos, violáceos y azules, todos ellos de gran intensidad, muy saturados y de gran brillo, lo que hizo que fuesen apreciados por las clases privilegiadas tanto por su cromatismo como por la exclusividad del tinte con que se obtenían, lo que elevaba su coste.


Casa de los castos amantes, Pompeya

Plinio cita los colores tyrianthinus, violeta semejante al de la amatista, bañado después en púrpura tiria y el hysginum, obtenido del color rojo bañado también posteriormente en púrpura tiria.

“No es suficiente haberle arrebatado el nombre de amatista a una gema: se emborracha totalmente oirá vez en tinte tirio para que el nombre sea desmesurado por su doble procedencia y, al mismo tiempo, el lujo doble. Incluso cuando ya han acabado de elaborar los tintes de conchil, consideran que es mejor pasar al tirio. El arrepentimiento debe de haber sido el que halló este primer invento, desde el momento en que un artesano cambió algún aspecto que no le gustaba. De ahí surgió la fórmula: mentes imaginativas lograron sus objetivos partiendo de lo que estaba defectuoso, y se mostró que la senda del lujo era doble, hasta el punto de que un color se cubría con otro y así se decía que se volvía más fino y suave; y todavía se mezclaban motas de tierra, y lo que se había teñido de grana se reteñía con tinte tirio para hacer el hisgino.” (Plinio, Historia Natural, IX, 62)

El coccinus era el tinte de brillante escarlata obtenido de un parásito, el quermes, una especie de cochinilla que vive en unos árboles de la familia del roble; la coscoja mediterránea o Quercus coccifera. La picadura de la hembra produce un engrosamiento de color rojo vivo y del tamaño de un guisante en las hojas de estos arbustos, donde se encuentra el colorante. Convertido en tinte de lujo tuvo tanta demanda que, además de la producción asiática, se desarrolló una gran industria con quermes procedente de las encinas de Emérita en Lusitania, muy apreciado por su color y cuya recolección sirvió como salario extra para los campesinos pobres, además durante el Imperio romano Hispania pagaba una cantidad importante de sus tributos anuales con el tinte grana. Su alto precio se constata en la tarifa de Diocleciano publicada hacia 300 d.C. Marcial cita el coccus (rojo grana) junto al color púrpura para hablar del adorno de uno de sus libros.

“Librito mío, … ¿Te marchas al seno de Faustino? Sabes lo que haces. Ahora puedes echarte a andar ungido con aceite de cedro y, hermoseado por la doble ornamentación de tu frente, regodearte en tus dos cilindros pintados, y que la púrpura delicada te cubra y que el título se enorgullezca con el rojo de la grana. Si él te protege, no temas ni a Probo.” (Marcial, Epigramas, III, 2)


Catacumbas de Priscilla, Roma

La industria de la púrpura se desarrolló en diferentes talleres a lo largo de diferentes puntos del Mediterráneo y del Atlántico. Las más célebres industrias se ubicaban en el Levante Mediterráneo, en Fenicia, especialmente en Tiro. Había muchísimos múrices en las aguas de la zona, lo que facilitaba el desarrollo de la actividad del tinte que requería enormes cantidades del molusco. Además, Tiro tenía buenas relaciones con Galilea y Judea, que producían lino y lana respectivamente, dos tejidos de calidad para ser teñidos.

La expansión de las colonias fenicias por el Mediterráneo occidental conllevó el desarrollo de la actividad industrial en las factorías costeras de la región cartaginesa. Otra de las regiones más destacadas fue Mauritania en su vertiente Atlántica, con la producción de púrpura de Getulia, conociéndose como gétula. Todo parece indicar que los primeros artesanos dedicados a la producción de púrpura en la región obtuvieron sus conocimientos de los fenicios o cartagineses que visitaron la región allá en los siglos VII–VI a.C., verdaderos transmisores de la producción de la púrpura en el Mediterráneo.

Plinio hace una enumeración de los lugares productores de púrpura según su importancia.

“En Tiro (Líbano) se halla la mejor púrpura de Asia, en Meninge (Túnez) y en la costa del océano de Getulia (Mauritania), la de África, y en Laconia (Grecia), la de Europa.”


Otros centros de producción se hallaban en Corinto (Grecia), Tarento (Italia) y las islas Canarias (España).

“La ciudad, que recibe su nombre de un pequeño arroyo,
está rodeada por un hondo golfo marino de dos bocas.
La enriquece el mar, la enriquece la tierra, pero de diverso modo:
el agua le paga con la pesca y el suelo halagüeño con el grano.
Vides, olivos, sembrados se alzan en su heredad fecunda
y el mar se enrojece suntuoso con el múrice y la púrpura.” (Antología Latina, La ciudad de Tarento, 873a)


Vitruvio escribe sobre los lugares donde se obtenía la púrpura y los distintos tonos conseguidos según su procedencia.

“Voy a tratar ahora sobre el púrpura, que posee, por encima de los colores citados, una categoría superior, una extraordinaria distinción y una exquisita suavidad para la vista. Se obtiene a partir de unas conchas marinas que proporcionan este color; para los estudiosos de la naturaleza ofrece una especial fascinación que supera otras muchas sustancias naturales, pues no posee un solo y exclusivo color en los distintos parajes donde se crían las conchas, sino que presenta diversos matices de modo natural, como consecuencia del curso del sol. La púrpura que se obtiene en el Ponto y en la Galia tiene un color negro, ya que son regiones situadas cerca del septentrión; si seguimos avanzando entre el septentrión y el occidente, encontraremos una púrpura de color cárdeno; la púrpura que se recoge en las proximidades del equinoccio oriental y occidental presenta un color violeta y la que se halla en regiones meridionales tiene un tono rojizo; idéntico color rojo tiene la púrpura que encontramos en la isla de Rodas y en otras regiones cercanas al curso del sol. Cuando se recogen estas conchas, las abren en todo su contorno con instrumentos de hierro; de las hendiduras, como si fueran lágrimas, fluye un líquido que se recoge y se tritura en el mortero; se llama «ostro» precisamente porque se extrae de fragmentos de las conchas marinas. Por causa del salitre, se seca muy rápidamente salvo que se mezcle con miel.” (Vitruvio, De Arquitectura, VII, 13)

Tejido púrpura de tono violáceo, Museo del Louvre, París

La evolución del precio de la púrpura muestra que su precio se duplicó durante el Imperio Romano por dos veces debido al constante incremento de la demanda, agotamiento de las zonas de pesca tradicional y su consolidación como símbolo del poder imperial absoluto.

En la época de Augusto, a comienzos del siglo I d.C., una libra de púrpura de alta calidad valía 324 gr. de oro), en la época del Edictum de pretiis maximis del emperador Diocleciano en el 301 su precio se había duplicado, a 675 gr. de oro por libra de púrpura, y se valoraba la seda púrpura en 150.000 denarios, mientras la libra de lana teñida con este tinte se valoraba en 50.000 denarios, el valor de la libra de oro eran 16.000 denarios. En la época de Justiniano,  se volvió a duplicar pasando a valer la libra de púrpura 1 Kg y 310 gr de oro.

“Cornelio Nepote, que murió en el principado del divino Augusto, dice: «cuando yo era joven predominaba la púrpura violeta y una libra de ella se vendía a cien denarios; no mucho después, la púrpura roja de Tarento. A ésta le siguió la de Tiro, teñida dos veces, que no se lograba comprar ni a mil denarios la libra. Los precios de la tintura son, por supuesto, más baratos en proporción a la riqueza de las costas. Sin embargo, sepan quienes compran estos productos por una inmensidad que las cien libras de pelágico no sobrepasan nunca los cincuenta sestercios ni las de buccino los cien.” (Plinio, Historia natural, IX, 64)

Los tejidos de color púrpura eran muy caros por la enorme cantidad de moluscos necesitados para obtener el tinte, a lo que había que sumar el coste del transporte. Hay que tener en cuenta que solo se pueden extraer de una a tres gotas de cada molusco y que, para obtener un gramo de tinte seco, que permite teñir unos 100 gramos de lana, se necesitan más de 10.000 especímenes. Su cotización llegó a igualar o superar a la del oro por la laboriosidad de su extracción.

La clientela de los purpuraii sería muy restringida debido a su precio, tratándose de gentes pertenecientes a las oligarquías locales y demás altos estamentos, para quienes el color púrpura fue símbolo de estatus en la antigüedad, estando regulado su uso por ley.

Pero poseer una prenda de este color se convirtió en una obsesión, por lo que se generó un mercado de falsificaciones e imitaciones con tintes vegetales que pudieron confundirse por su similitud a las mejores púrpuras. Se desarrollaron numerosas prácticas de tintado que imitaban la púrpura de murex con materias colorantes vegetales tales como el fucus, la rocella, la rubia, el índigo o la anchusa.


Ilustración planta de índigo


Plinio destaca que algunas plantas concedían a las telas unos colores admirables y que los galos transalpinos reproducían con hierbas la púrpura tiria, la conchyliana y todas las demás. En algunos casos se trataba del glastum , mezclado con algunas especies de rubiáceas locales, o también de púrpura obtenida con bayas de mirtilo común. En algunos restos de tejido de época romana se encontró rastro de púrpuras vegetales.

Receta 118 del Papiro Holm: “Coger la lana, sumergir en jugo de beleño y de lupino desabrido hervido en agua. Este es el mordiente preliminar. A continuación, coger las bayas de espino cerval (o aladierna), meter agua en un caldero, hacer hervir, sumergir la lana y surgirá un bello color púrpura. Sacar, escurrir con agua ferruginosa, secar al sol y será de primera calidad.”

Este producto se impuso entre las clases populares frente a la verdadera púrpura, por su menor precio, a la vez que, por su mayor resistencia al desgaste, a los sucesivos lavados de la prenda y al retintado de la misma.

El fucus de Aquino (villa del Lacio meridional), sacado de un alga, era un sucedáneo barato de la misma.

“Quien no sabe comparar- con discernimiento la púrpura de Sidón con los vellones coloreados con tinte de Aquino, no sufrirá un daño más cierto ni que más le llegue a los meollos que quien no sabe distinguir lo verdadero y lo falso.” (Horacio, Epístolas, I, 10)


Pinturas de Casa de los castos amantes, Pompeya

En los procedimientos de tinción la púrpura podía teñir la lana antes de ser hilada, generalmente se teñía después de hilarse por las pérdidas de materia que se producían durante el proceso; y para tejer, la urdimbre podía teñirse con otros colorantes reservándose esta preciada tintura para las tramas visibles.

Desde mediados del primer milenio hasta el reinado de Augusto, y en particular a partir del s. III a.C., tres fueron las leges sumptuariae que intentaron poner límites a la penetración y ostentación pública de productos suntuarios.

La primera de las leyes suntuarias se encuentra dentro de la ley de las XII Tablas. Su objetivo principal fue el de limitar a la ostentación pública generada en algunos funerales. Es en la Tabla X de esta ley decemviral de mediados del s. V a.C. donde se hace mención a estas restricciones, prohibiendo el uso excesivo de la púrpura.

La segunda de las leyes, la lex Oppia, fue promulgada en el 215 a.C. Actuó contra el exceso del uso de objetos suntuarios como el oro o los vestidos teñidos de púrpura, pues su empleo se había hecho ya algo cotidiano. 
Se conoce una tercera ley suntuaria de finales del periodo republicano, bajo el gobierno de César. La publicación de la norma recuerda en muchas de sus restricciones a las promulgadas 150 años antes. De nuevo, el colectivo formado por las mujeres de Roma resultó ser el más afectado. Primero, se vieron perjudicadas por el incremento de los impuestos sobre la importación de mercancías extranjeras, y segundo, se les prohibió el uso público de literas, vestidos de púrpura y perlas.


Fresco de Pompeya

Durante el segundo triunvirato, durante el año 36 a.C., Octavio restringió el uso de las telas purpúreas, a excepción de los senadores y los magistrados de moralidad dudosa. Con esta argucia Octavio se reservó la capacidad de uso de la púrpura a su propia persona y a quienes él decidiese. Como demostró a lo largo de su vida, Octavio supo de la enorme importancia de mantener bajo su control el mayor número de símbolos de poder, siendo la púrpura uno de ellos. Pero, una vez asegurado su poder, derogó en el año de su sexto consulado (28 a.C.), algunas de las disposiciones que había instaurado durante el triunvirato, entre las que se encontraría la presente ley contra el uso de telas purpúreas. De esta forma quedó reinstaurado el privilegio de portar telas teñidas a senadores, caballeros y otros personajes notorios.

“Un día que se quejó del poco brillo de un tejido teñido de púrpura tiria que había ordenado comprar, el vendedor le dijo: «Levántalo en alto y míralo de abajo arriba». Augusto replicó con esta ocurrencia: «¿Cómo? ¿Para que el pueblo romano pueda decir que voy bien vestido, tengo que pasear por el solario?” (Macrobio, Saturnales, II, 4,14)

(El solario era una zona del foro donde había un cuadrante solar o reloj de sol, punto de encuentro para los romanos y lugar, sin duda, soleado donde brillaría la púrpura de Augusto.)



Hércules estrangulando a las serpientes, Casa de los Vetii, Pompeya


Pasados algunos años, se conocen de otras tentativas por parte de Calígula y Nerón por delimitar el uso de telas purpúreas. Por lo que respecta a Calígula intentó restringir de nuevo el uso de la púrpura como un símbolo propio de la corte imperial. Bajo esta excusa mandó asesinar al rey Ptolomeo de Mauritania, quien había contradicho la norma al vestir un manto teñido de púrpura.

“Había llamado a Roma al rey Ptolomeo, de quien antes hablé, y lo recibió con mucho agasajo; pero un día en que daba juegos le hizo matar de improviso, por el solo delito de haber llamado la atención general al entrar en el teatro, por el brillante color de púrpura de su manto.” (Suetonio, Calígula, 35)

Por Suetonio sabemos que Nerón prohibió el uso de tinturas de color de amatista y púrpura y que clausuró las tiendas de los comerciantes dedicados a su comercialización.

“Había prohibido el uso de los colores púrpura y violeta, y un día de mercado mandó bajo mano a un mercader a que vendiese algunas onzas, con objeto de coger al punto a los demás en falta. Habiendo visto en el espectáculo y mientras cantaba, a una matrona adornada con la púrpura prohibida, se la mostró a sus agentes, y habiendo hecho sacarla en el acto, le confiscó el traje y los bienes.” (Suetonio, Nerón, 32)

Los tonos del color púrpura aumentaron durante el primer siglo d.C. ya que para mantener su estatus la gente buscaba nuevos tonos para sustituir los antiguos que habían pasado de moda.

El llamado puniceus era un escarlata brillante derivado del bucino que se criaba en la costa fenicia. Equivalente pero más barato era el ferrugineus, color púrpura del jacinto. Los ricos más vulgares favorecieron tonos de colores chillones, como el cerasinus, rojo brillante de color cereza.

“Por fin se presentó Fortunata, su vestido adornado con una franja amarilla, para mostrar una túnica de color cereza debajo…" (Petronio, Satiricón, cap. 67)


Pintura de John William Godward

El control del uso del color púrpura llegó a convertirse en casi una obsesión de forma que en época bajo-imperial la producción de lo que se conoce como púrpura de Tiro estuvo tan vigilada que la casa imperial controlaba su producción y no permitía el empleo de ciertos tonos a nadie que no perteneciera a la familia.

“El día en que nació, su padre, que era entonces procurador del gran tesoro, inspeccionó unas ropas de púrpura y ordenó que llevaran las que consideró más brillantes a la habitación donde nació Diadumeno dos horas después.” (Historia Augusta, Antonino Diadumeno, IV)

Algunos emperadores desde el siglo III hasta el fin del Imperio vistieron ropas teñidas de púrpura y bordadas en oro y a veces adornadas con piedras preciosas de forma mucho más habitual de lo que se había hecho con anterioridad lo que provocó el rechazo y la crítica de autores cristianos que proclamaban austeridad en todos los aspectos de la vida.

“Basiano era sacerdote de este dios, pues, por ser el mayor de los dos, se le había encomendado el culto. Solía salir en público vestido al modo bárbaro con túnicas talares oro y púrpura de manga larga. Sus piernas también estaban completamente cubiertas, desde las puntas de los pies hasta la cintura, con prendas igualmente bordadas en oro y púrpura.” (Herodiano, Caracalla, V, 3, 6)


Caracalla, Pintura de Alma-Tadema

En un momento convulso de la historia del Imperio, Graciano (el joven), junto a su hermano Valentiniano II (en Occidente) y Teodosio (en Oriente) promulgaron leyes que impedían a la población la compra de púrpura blatta y hyacinthina para su tintura en seda o lana.

“No se permita a ninguna persona, cualquiera sea su sexo, rango, ocupación y lugar, la posesión de ropas expresamente reservadas al emperador y su familia, y no se permita tejer o producir ni capas ni túnicas de seda en su propia casa. Cualquier cosa teñida con la púrpura imperial, sin mezclar con otro color, será retirada del lugar donde se hizo, y todas las ropas teñidas con la púrpura imperial serán entregadas. No se podrán tejer telas con hilos teñidos con el color de la púrpura imperial y todas las prendas hechas enteramente de seda serán entregadas a nuestro Tesoro y no se podrá exigir pago por las mismas, ya que la impunidad por la violación de la ley será suficiente compensación… dado en Constantinopla, durante el consulado de Víctor, 424. Del emperador Teodosio a Maximino, comes sacrarum largitionum (Secretario del Tesoro)” (Código de Justiniano, XI, 8, 4)


Manuscrito Vergilius Romanus, Biblioteca Apostólica Romana. 

Sin embargo, el empleo de la púrpura para cualquier acontecimiento de la vida cotidiana de los romanos no pudo ser desterrado por completo y los más adinerados no solo vestían de púrpura o colores semejantes siempre que podían, sino que pagaban cantidades astronómicas por gozar de tales colores en el mobiliario de sus salones y en sus enseres domésticos con los que deslumbrar a sus conocidos o a los invitados de sus banquetes que reposaban sobre divanes cubiertos de telas purpuradas.

“Los lechos con pies de plata y con incrustaciones de marfil; los pies de los lechos tachonados con clavos de oro y adornados con caparazones de tortuga; las colchas teñidas de púrpura y de otros colores difíciles de conseguir, artículos todos que denotan un lujo de mal gusto; preponderancia que conlleva envidia y molicie.” (Clemente de Alejandría, El Pedagogo, II, 35)

Manuscrito Vergilius Romanus, Biblioteca Apostólica Romana

El color púrpura se destinaba a los dioses, a la realeza y a quienes ostentaban un cargo político o religioso y lucían sus mejores galas en actos oficiales o fechas señaladas en el calendario romano. Por ejemplo, los senadores vestían la túnica laticlavia con una banda roja vertical y los caballeros una angusticlavia con dos bandas mas estrechas. La toga praetexta de los cónsules tenía el borde ribeteado de una franja púrpura. En el primero de enero se elegían los nuevos cónsules que vestían togas púrpuras y se sentaban en sillas curules de marfil.

“Van con las ropas intactas al alcázar de Tarpeya y el pueblo lleva el mismo color que el color de su fiesta; ya marchan delante los nuevos mandos, nueva purpura refulge y el marfil llamativo siente pesos nuevos.” (Ovidio, Fastos, I, 79)


Procesión del triunfo, Pintura de Andrew Carrick-Gow

En la celebración de los Juegos Megalenses en honor de Cibeles el pretor que los inauguraba en el mes de abril vestía de púrpura.

“A primeros del mes de Jano abandonas, Proculeya, a tu viejo marido y le ordenas que se guarde sus bienes para él. ¿Qué, pregunto, qué ha sucedido? ¿Cuál ha sido el motivo de este repentino dolor? ¿No me respondes nada? Te lo diré yo: era pretor. La ropa de púrpura para los juegos Megalenses le había de costar cien mil sestercios (el coste se refiere a la presidencia de los juegos).” (Marcial, Epigramas, X, 45)

Diocleciano instituyó en el siglo IV la ceremonia de la adoratio purpurae, que se llevaba a cabo con gran solemnidad en las audiencias imperiales. En el Imperio del siglo IV, la adoratio se imponía a todo oficial o dignatario de cierto rango y consistía en arrodillarse delante del emperador o delante de su efigie, y besar un extremo de la tela de su vestido de púrpura. En el momento en que fue instituida por Diocleciano y Maximiano se trataba de un acto religioso, pues los dos emperadores se consideraban la encarnación de Júpiter y de Hércules y se rendía culto a sus imágenes, ya que el régimen que habían organizado pretendía ser una teocracia.


Dios Zeus (o Júpiter) Pompeya

Se aplicó el término de divina purpura a la indumentaria imperial, convertida en emblema de poder absoluto. El emperador era purpuratus –revestido de púrpura–, y tomar la púrpura significaba alcanzar el poder supremo y el aniversario de la investidura imperial se celebraba con gran boato.

Durante el Bajo Imperio, el poder central romano llegó a crear en Baleares un baphium, es decir, un área productora de púrpura, que contó con un procurator propio, encargado de controlar la producción destinada a los negocios del emperador y que cuidaba de recaudar los impuestos procedentes del negocio y vigilaba que no se hicieran tintes reservados a las factorías imperiales. Informa sobre ello un documento del siglo IV d.C., la Notitia Dignitatum, que, en la parte correspondiente al Occidente del Imperio, menciona a un procurator baphii insularum balearum en Hispania.


Mosaico de la emperatriz Teodora y su séquito, San Vitale, Ravenna, Italia

Las instalaciones en las que realizaba todo el proceso para la obtención del tinte púrpura se ubicaban cerca del lugar donde se encontraba la materia prima, los múrices, en la costa para evitar la descomposición de las sustancias necesarias para la fabricación del preciado producto, o bien fuera de las ciudades para que el mal olor de los animales muertos no llegase a la población.

“Tiro también fue desafortunada al ser tomada por Alejandro en un asedio, pero soportó estas desgracias y se recuperó gracias a su vocación marinera (en lo que los fenicios en general han sido superiores a todos los pueblos de todos los tiempos), y a sus teñidos de color púrpura, pues el púrpura tirio se ha considerado con mucho el más hermoso de todos. Además, el marisco está cercano a la costa y el resto de los ingredientes necesarios para teñir se obtienen con facilidad. Y aunque la gran cantidad de casas de tinte hace la ciudad poco agradable para vivir, también la hace más rica gracias a esta habilidad de sus habitantes.” (Estrabón, Geografía, XVI, 2, 23)

El fuerte olor del tinte una vez fabricado impregnaba las ropas, lo que no siempre era aceptado gratamente, a pesar del hermoso color del que se disfrutaba.

¿Qué haría el colchón del Nilo, qué el teñido por Sidón con su fuerte olor? (Marcial, II, 16)

Participantes en el proceso de producción del tinte eran los pescadores de púrpura, los trabajadores de las factorías y los comerciantes. Un esclavo diestro en aplicar el tinte púrpura al tejido era considerado de gran valor.

“El primer puesto fue para Burno, el cual clavó su pica en la meta. Como galardón se llevó una esclava experta en teñir de púrpura gétula la blanca lana.” (Silio Itálico, Púnica, XVI, 568)


Fullonica de Visanius, Pompeya

El afán por la púrpura llegó en Roma al arte y la decoración de forma que se impuso la utilización de pigmentos pictóricos y materiales arquitectónicos que se asemejaran a dicho color.

“Asistió ordinariamente también él a los banquetes que daban sus amigos. Entre otras muestras de cortesía que pudieran citarse, una es la siguiente: en una ocasión visitaba la casa de Hómulo y, asombrado al contemplar unas columnas de púrpura, le preguntó dónde las había comprado, tolerando pacientemente la respuesta que éste le dio: «Cuando vayas a una casa ajena, mantente mudo y sordo».” (Historia Augusta, Antonino Pío, 11)

Estos materiales ornamentaban no solo los edificios públicos en los que ciudadanos particulares, en calidad de evergetas, gastaban sumas copiosas para ascender socialmente y dejar su nombre para la posterioridad, sino que estos mismos personajes decoraban sus lujosas mansiones con dichos materiales para deslumbrar a sus conciudadanos.

“Aquí no ha tenido cabida el mármol de Tasos ni el de Caristo, que imita el oleaje; el ónice languidece en la lejanía y la serpentina se lamenta de haber sido excluida: sólo brillan los mármoles cortados en las rubias canteras de los númidas; sólo los que en la gruta profunda de la frigia Sínada salpicó el propio Atis con manchas relucientes de su sangre y las piedras níveas que engalana a la púrpura de Tiro y de Sidón.” (Estacio, Silvas, I, 5)


Templo de Rómulo, Foro romano, Roma

El pórfido se empleó en la escultura y arquitectura porque su color se asociaba como el de los tejidos púrpura con la realeza. Esta piedra solo se encontraba en los remotos desiertos orientales de Egipto. Esta roca magmática, que se extraía en la antigüedad de las canteras (que eran monopolio imperial) del Mons Porphyrites en el desierto oriental de Egipto, se reservó por sus cualidades –color purpúreo y resistencia– al uso imperial para la realización de retratos, columnas monumentales y sarcófagos desde la época de la Tetrarquía.

Su dureza hacía difícil su extracción, lo que, sumado a la necesidad de transportarla a largas distancias, la convertía en un material lujoso y muy costoso, solo destinado a gente de gran riqueza.

"En cuanto a los baños mismos, ¡con cuántas y qué bellas columnas están adornados! Son de menor valor las preciosas manchas en la cantera púrpurea de Sínada y la colina de los númidas que produce piedras del color del marfil y los mármoles que se adornan con vetas verdes como la primavera; no quiero tampoco el brillante de Paros o el de Caristo; es menos rica a mis ojos la púrpura que impregna las rocas de pórfido.” (Sidonio Apolinar, Poemas, 22)

Pie de mesa en pórfido, Museo Metropolitan de Nueva York






Bibliografía:

https://www.researchgate.net/publication/236833866_ASPECTOS_TECNICOS_DE_LA_FABRICACION_DE_LOS_COLORANTES_EMPLEADOS_EN_LA_VESTIMENTA_FEMENINA_DE_EPOCA_ROMANA_FUENTES_ESCRITAS_Y_EXPERIMENTACION; ASPECTOS TÉCNICOS DE LA FABRICACIÓN DE LOS COLORANTES EMPLEADOS EN LA VESTIMENTA FEMENINA DE ÉPOCA ROMANA: FUENTES ESCRITAS Y EXPERIMENTACIÓN; Mª Julia Martínez García
https://www.academia.edu/2604722/Colorantes_y_pigmentos_en_las_pesquerias_hispanorromanas; Colorantes y pigmentos en las Pesquerías Hispanorromanas; Darío BERNAL-CASASOLA, Salvador DOMÍNGUEZ-BELLA.
http://ceipac.ub.edu/biblio/Data/A/0930.pdf; Purpurarii et vestiarii. El comercio de púrpuras y vestidos en Roma; Jordi PÉREZ GONZÁLEZ.
https://www.researchgate.net/publication/272238957_La_purpura_getulica_de_la_Mauritania_Tingitana; La púrpura getúlica de la Mauritania Tingitana; Antonio Tejera Gaspar, Mª Esther Chávez Álvarez
http://www.cervantesvirtual.com/obra/la-explotacin-de-la-prpura-en-las-costas-atlnticas-de-mauritania-tingitana-y-canarias-nuevas-aportaciones-0/; La explotación de la púrpura en las costas atlánticas de Mauritania Tingitana y Canarias. Nuevas aportaciones; José María Blázquez Martínez
https://www.academia.edu/1138904/Mare_Purpureum._Produccióan_y_comercio_de_la_púrpura_del_litoral_atlántico_norteafricano; MARE PURPUREUM. PRODUCCIÓN Y COMERCIO DE LA PÚRPURA EN EL LITORAL ATLÁNTICO NORTEAFRICANO; Alfredo Mederos Martín · Gabriel Escribano Cobo
https://www.academia.edu/2221750/Las_pesquerías_de_la_Bética_durante_el_Imperio_Romano_y_la_producción_de_púrpura; LAS PESQUERÍAS DE LA BÉTICA DURANTE EL IMPERIO
ROMANO Y LA PRODUCCIÓN DE PÚRPURA; Enrique García Vargas
https://digitalcommons.unl.edu/texterm/19/; Purple and its Various Kinds in Documentary Papyri; Ines Bogensperger
https://www.academia.edu/5749854/Purple_Murex_Dye_in_Antiquity; Purple Murex Dye in Antiquity; Marianne Guckelsberger
https://www.academia.edu/6293446/PURPUREAE_VESTES_I._Textiles_y_Tintes_del_Mediterráneo_en_época_romana; PURPUREAE VESTES I. Textiles y Tintes del Mediterráneo en época romana; C. ALFARO, J. P. WILD y B. COSTA (Eds.)
http://bir.brandeis.edu/bitstream/handle/10192/32252/PonsThesis2016.pdf?sequence=3&isAllowed=y; Tyrian Purple: Its Evolution and Reinterpretation as Social Status Symbol during the Roman Empire in the West; Mary Pons
https://issuu.com/saturatedspace/docs/the_colour_purple_in_ancient_rome; The colour purple in ancient Rome; Mark Bradley

lunes, 27 de noviembre de 2017

Vestitus, ropa masculina en la antigua Roma

Detalle de fresco casa de Jasón, Pompeya.
Museo Arqueológico Nacional, Nápoles. Foto Samuel López

El arte de disponer de una forma típica las pocas prendas de ropa que se necesitaban en el clima sureño de Italia, o por sentimiento de decoro lo habían adoptado los romanos en un periodo muy antiguo de los griegos y de los etruscos añadiendo su propio sentido de lo práctico.

“Tarquino no fue menos diligente en la guerra que en la paz. Sujetó, después de continuas campañas, a doce pueblos de la Etruria. De su tiempo data el uso de los haces lictoriales, de la trabea, de las sillas curules, de los anillos, de los collares, de la clámide y de la pretexta; de entonces mismo provino que se hiciera el triunfo en dorada carroza arrastrada por cuatro caballos, y se vistiera la toga bordada y la túnica palmeada; en una palabra, cuantos ornamentos e insignias enaltecen la dignidad del poder.” (Floro, Gestas romanas, I, 5)

Los romanos distinguían dos tipos de atuendo, el que cubría el cuerpo y el que lo envolvía. Indumenta hace referencia a las prendas que se llevaban durante el día y la noche y amictus designa las prendas que sólo se usaban durante parte de la jornada, por lo que acabó designando cualquier tipo de manto o capa que solo se ponía uno al salir de casa.

“Muchacho, ea, levántate y dame
los zapatos y la ropa de lino
(lintea y sindon)
Dame cualquier manto (amictus) que hayas
preparado para que salga.” (Ausonio, Ephemeris, 2)



Pintura de Alma-Tadema

Entre las prendas llamadas indumenta y a diferencia de los griegos, encontramos que los hombres romanos llevaban un taparrabos, el subligaculum licium, la mayoría de las veces confeccionado de lino y siempre enrollado a la cintura. En tiempos antiguos fue la única prenda interior usada tanto por nobles como por plebeyos, que se ponían encima únicamente la toga y ya en el siglo II d. C. sólo los atletas se mostraban con el subligaculum en público.


Mosaico del balneum, Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

Del quitón dórico o túnica griega corta evolucionó la prenda llamada exomis, propia de obreros o esclavos que dejaba al descubierto el hombro derecho con todo el brazo.

Los romanos, al menos al principio, no usaron túnica, vistiendo sólo la toga; luego comenzaron a llevar una túnica ceñida y corta que dejaba la espalda al aire, del tipo que los griegos llaman exomis.” (Aulo Gelio, Noches Aticas, L. VI, 12)

Entre la gente humilde se ponía sobre el subligaculum la túnica, que se convirtió en el indumentum tradicional. Ésta era una especie de camisa, de lana o de lino, formada por dos paños cosidos. Se la metían por la cabeza y se la ceñían al cuerpo con un cinturón. Los hombres la llevaban hasta por debajo de las rodillas por la parte frontal y hasta la mitad de la pierna por detrás.

“Los tejidos paduanos de tres hebras consumen muchos vellones y sus gruesas túnicas puede cortarlas una sierra.” (Marcial, Epigramas, XIV, 143, Túnicas paduanas)


Pintura El poeta Gallus soñando, Alma-Tadema

Entre los esclavos que trabajaban en el campo, los campesinos, otros trabajadores dedicados a oficios muy humildes, y personas de costumbres muy austeras, era habitual vestir con poca ropa o vestidos muy simples.

“Tenía campos lindando a los de Catón; y enterado de la actividad doméstica de éste por medio de sus esclavos, los cuales le referían que de madrugada iba a la plaza, atendía a los que le pedían ayuda, y vuelto al campo, si era invierno, poniéndose una especie de túnica de trabajo en invierno y desnudo hasta la cintura, si era verano, trabajaba con sus esclavos, sentándose a comer con ellos del mismo pan, y bebiendo del mismo vino.” (Plutarco, Catón el viejo, III)

En los tiempos del imperio, la costumbre era que los romanos se pusieran una túnica sobre otra. La subucula era una túnica interior con la que los romanos incluso dormían. Al parecer algunos se cubrían con dos o más túnicas, entre ellos Augusto.

“En invierno se ponía cuatro túnicas debajo de la gruesa toga; añadía subucula y chaleco de lana (thorax), abrigándose también muslos y piernas.” (Suetonio, Augusto, 82)


Estatuilla de camilo, Museo Metropolitan, Nueva York

En los primeros tiempos las túnicas con mangas y hasta los talones se consideraba propio de extranjeros y mujeres y llevarlas sin cinturón o demasiado suelta suponía un signo de incorrección.

“En Roma y en todo el Lacio se consideró indecoroso que un hombre vistiera túnicas cuyas mangas cubrieran el antebrazo, el comienzo de las manos y casi los dedos. A estas túnicas nuestros compatriotas las llamaron, empleando un término griego, chirodytae (de mangas largas), y consideraron que un vestido largo y amplio sólo cuadraba bien a las mujeres, para proteger de miradas indiscretas sus brazos y sus piernas.” (Aulo Gelio, Noches Aticas, VI, 12)

En la Antigüedad Tardía, la tunica manicata y talaris se convierte en una prenda de uso normal entre las personas pudientes, y los adjetivos manicata y talaris pierden el carácter peyorativo que tenían.

“Permaneció de pie en la costa, calzado con sandalias, el pretor del pueblo romano, con un palio de púrpura y una túnica talar, apoyándose en una mujerzuela. Realmente con ese atuendo le vieron frecuentemente muchos sicilianos y ciudadanos romanos.” (Cicerón, Contra Verres, V, 33)


Detalle de mosaico, Museo del Bardo, Túnez

La tunica era la ropa informal que uno se ponía cuando estaba en casa y quería sentirse cómodo, porque no tenía ningún acto social que atender o al que acudir.

“¡Qué días, Faustino, qué días de Rávena te ha robado Roma! ¡Oh soles, oh descanso en túnica! ¡Oh bosques, oh fuentes y playa con un suelo firme de arena mojada y Ánxur resplandeciente por las aguas marinas y tumbona que no es espectadora de una única agua, que de un lado ve los barcos del río, del otro los del mar!” (Marcial, Epigramas, 51)

Los senadores llevaban una banda ancha, o dos, de color púrpura desde el pecho hasta la mitad de la túnica, llamada latus clavus. Los caballeros o equites llevaban una estrecha, angustus clavus. De ahí la denominación de los senadores como lati clavii y los caballeros como angusti clavii.

Mosaico del Museo del Bardo, Túnez

“Después se dirigió a Roma a causa de sus estudios, pidió al divino Marco el laticlavo, obteniéndolo gracias al apoyo que le prestó su pariente Septimio Severo, que había sido ya dos veces cónsul.” (Historia Augusta, (Septimio) Severo, 1)

Los generales durante el desfile de su triunfo vestían junto a la toga picta una túnica bordada, tunica palmata, con dibujos en forma de hoja de palma.

“Joyas de la India resaltaban tus vestiduras, filas de verde esmeraldas enriquecen las costuras, allí reluce la amatista y el brillo de oro hispano ensombrece el zafiro azul oscuro con sus ocultos fuegos. Ni en el tejido de tal prenda quedaba la belleza sin adorno; el trabajo de la aguja incrementa su valor, hilo de oro y plata resplandece; ágatas adornan las túnicas bordadas, y las perlas del Océano respiran en variado dibujo. ¿Qué audaz mano, qué rueca tuvo la habilidad suficiente para hacer así de flexible prieta? ¿Quién, explorando por los cálidos cielos orientales despojó el pecho de Tetis? ¿Quién se atrevió a buscar entre ardientes arenas los ricos corales? ¿Quién pudo bordar piedras preciosas en púrpura y así mezclar las brillantes glorias del Mar Rojo y de las aguas fenicias? Tiro prestó sus tintes, China sus sedas, Hydaspes sus joyas.” (Claudiano, En el cuarto consulado de Honorio)

Túnica copta, Victoria and Albert Museum, Londres

Durante la República y los primeros siglos del Imperio la toga fue el manto tradicional de los romanos para salir de casa y lucir en las celebraciones oficiales, pero requería una cierta práctica en su colocación. 
Ver entrada Gens togata

 Con el tiempo la incomodidad de llevar la toga dio lugar a su sustitución por el pallium. El palio es la copia romana del himation griego, un manto rectangular llevado de varias formas, normalmente con la túnica debajo, al igual que la toga. Para los romanos era la quintaesencia del traje griego, por lo que su uso se consideraba inadecuado y propio de extranjeros, en contraposición a la toga, considerado como el traje nacional romano, sobre todo, en la república y a principios del imperio. Las dos prendas convivieron durante mucho tiempo, por lo que el palio nunca se llevaba cuando la toga era lo apropiado. 

“Cuando fue invitado a un banquete imperial, llegó vistiendo el palio cuando debería haber llevado la toga.” (Historia Augusta, Septimio Severo, 1)

Escipión el Africano fue criticado por llevar el palio con sandalias en el gimnasio en Sicilia; Adriano fue cuidadoso de llevarlo en los banquetes solo fuera de Italia.



Estatua del orador Aulo Metelo, Museo Arqueológico de Florencia

En el siglo II d. C. el palio se asociaba a actividades intelectuales en general y era llevado por filósofos, profesores, doctores, poetas y sofistas, por lo que se convirtió en el vestido apropiado para los cristianos en lugar de la toga.

“Con el palio se visten el primer profesor que enseña las letras, el primero en explicar sus sonidos, el primero en enseñar las bases de la aritmética, el gramático, el retórico, el sofista, el médico, el poeta, el músico, el astrólogo y el observador de pájaros. Todo el que es liberal en los estudios cubre con los cuatro ángulos.” Es verdad que todos tienen menos rango que los caballeros romanos, pero los entrenadores de los gladiadores y todos sus ignominiosos seguidores se presentan en la arena con la toga.” (Tertuliano, De Pallio, 6)

Estatua del emperador ¿Juliano?,
Museo del Louvre, París

Tertuliano también hace una defensa del uso del palio por su facilidad al ponérselo y su comodidad al llevarlo puesto, en contraposición a la toga.

“No hay una obligatoria pérdida de tiempo en vestirte, ya que su auténtico arte consiste en cubrirse holgadamente. Puede conseguirse con un gesto envolvente simple, que no es poco elegante: y así se cubre al hombre entero enseguida. Al hombro o lo expone o lo envuelve: en otros casos se adhiere al hombro; no tiene soporte que lo rodee ni atadura; no hay ansiedad por mantener la fidelidad a que los pliegues mantengan su lugar; se arregla y se rehace solo.” (Tertuliano, De Palio, cap. 5)


El palio se usaba directamente salido del telar sin elaborar por el sastre, aunque sí se podía adornar con bordados y llevar al batanero, una vez usado, para ser tratado y vuelto a utilizar.

Como otras vestimentas, distintos tejidos eran utilizados para su confección, por ejemplo, seda o lino. El que se hacía con lino procedente de Fenicia se llamaba sindon.


“Protegido con este regalo, te reirás de los vientos y de las lluvias y no te verás así de seguro ni con un manto (sindon) de Tiro”. (Marcial, Epigramas, IV, 19)

El palio, a diferencia de la toga, se disponía alrededor del cuerpo como protección contra el frío sin preocupación por su apariencia y caída. Primero se pasaba por el hombro izquierdo, hacia atrás por la espalda y por debajo del brazo derecho, dejándolo desnudo y después echado otra vez por el brazo izquierdo. Otra forma común era abrochar el palio con un broche en el hombro derecho.



Pintura de Charles Jalabert

La capa de lana se llamaba en latín laena y era muy gruesa para utilizarse encima de la toga o palio

"En época invernal no sirve de mucho la ropa ligera, mi felpa (de la laena) calienta nuestros palios.” (Marcial, Epigramas, XIV, 36)

La clámide o clamyx era una capa de origen griego, de forma rectangular y normalmente hecha de fina lana, que se abrochaba con una fíbula alrededor del cuello. Era un manto apropiado para los reyes cuando presentaba colores vivos y estaba bordada, pero también era de uso común para entre los militares o como protección para los viajeros cuando era más tosca y de colores oscuros.


“Durante dos días no hizo más que pasar y volver a pasar por aquel puente; el primero, en caballo magníficamente enjaezado, llevando una corona de encina en la cabeza, el escudo en una mano y la espada en la otra, y vistiendo una clámide bordada de oro; a la mañana siguiente, con traje de auriga, en un carro arrastrado por dos famosos caballos.” (Suetonio, Calígula, XIX)

Estatua de mármol de Antonino Pio,
Museo Nacional Romano, Roma

En tiempos imperiales cuando la toga ya era solo indispensable en los tribunales, el teatro y el circo, empezaron a utilizarse otras capas más cálidas y cómodas. La paenula era una capa que llegaba hasta las rodillas, adoptada probablemente de los celtas. No tenía mangas y se ataba en la espalda, se dejaba una abertura redonda para sacar la cabeza por ella. Estaba abierta a ambos lados y tenía una costura en la parte delantera de al menos dos terceras partes de su longitud desde el cuello hacia abajo. Se ponía sobre la túnica o toga en los viajes y con mal tiempo. A veces tenía una capucha para tapar la cabeza.

“Aunque te pongas en camino bajo un cielo aparentemente sereno, nunca sobra esta prenda de cuero (paenula) para las lluvias repentinas.” (Marcial, Epigramas, XIV, 130)

Paposileno de bronce helenístico

Cuando se hacía con una gruesa capa de pelo o lana se llamaba gausapa, (suave en el interior, áspero en el exterior)

“Bácara deplora y se queja de que no tiene la suerte de que haga frío, porque tiene innumerables abrigos enguatados (gausapinas), y desea días nublados y vientos y nieves y detesta los días invernales, si es que se atemperan. ¿Qué mal te ha hecho a ti, cruel, mi capa (lacerna), que una ligera brisa podría quitarme de las espaldas? ¡Cuánto más simple, cuánto más humano sería esto otro: ponerse abrigos enguatados (gausapinas) hasta en el mes de agosto!" (Marcial, Epigramas, VI, 59)

Otra clase de capa, que también se llevaba sobre la toga o túnica, era la lacerna.

“A veces llevo una tosca lacerna para proteger mi toga – una burda y mal teñida prenda que ha sido mal confeccionada por un tejedor galo.” (Juvenal, Sátira IX)



Joven atleta, Museo Arqueológico de Estambul.
Foto Samuel López

Por su corte se parecía a la clámide griega, una pieza de tela rectangular sujeta al hombro por una fíbula. Aunque posterior en el tiempo a la paenula, se convirtió en el traje común de tiempos imperiales, con el que aparecían los romanos incluso en ocasiones festivas. Suetonio escribe que Augusto tuvo la intención de restablecer el antiguo traje propio de los romanos, la toga y un día viendo en la asamblea del pueblo muchos mantos (lacernas) oscuros encargó a los ediles que velasen para que nadie, en lo sucesivo, se presentase en el foro o en el circo con manto (lacerna) y sin la toga romana.

“Tuvo también la intención de restablecer el antiguo traje propio de los romanos; viendo un día en una asamblea del pueblo gran número de mantos obscuros, exclamó indignado: He ahí, romanos, esos conquistadores del mundo y esos vencedores con toga, y encargó a los ediles que velasen para que nadie, en lo sucesivo, se presentase en el Foro ni en el circo con manto y sin la toga romana.” (Suetonio, Augusto, XL)

Al ser más ligera que la paenula, en la lacerna se podían colocar los pliegues de forma más artística. Se gastaban grandes sumas en lacernas bien hechas y especialmente bien teñidas:

“Baso ha comprado por 10.000 sestercios unas capas (lacernas) tirias del mejor color. Ha hecho un buen negocio. – “¿Tan bien ha comprado?”, dices. – Ya lo creo: no pagará.” (Marcial, Epigramas, VIII, 10)



Fresco de la casa de Marco Lucrecio Frontón Pompeya

En los espectáculos los asistentes llevaban lacernas blancas incluido el emperador.

“Contemplaba recientemente Horacio una lucha de gladiadores, solo entre todos con manto oscuro, mientras que la plebe, y el segundo y el primer rango de ciudadanos y nuestro venerado jefe llevaban manto blanco.” (Marcial, Epigramas, IV, 2)
 

En los banquetes de los más ricos los romanos dejaban la toga y se ponían la synthesis, prenda que llevaban continuamente durante las Saturnales. Debía ser una pieza de tela ligera y ceñida al cuerpo.

“En los idus y rara vez en las calendas has desempolvado la toga y un solo batín (synthesis) te ha durado diez veranos”. (Marcial, Epigramas, IV, 66)



Detalle de mosaico de Zippori (Sepphoris), Israel

El mismo Nerón acostumbraba a vestirla en diferentes ocasiones:

“Se presentó muchas veces en público con traje de festín (synthesis), un pañuelo en torno al cuello, sin cinturón y descalzo.” (Suetonio, Nerón, LI)


El manto llamado abolla era un manto de lana suelto, llevado a veces por soldados en contraposición a la toga. Se llevaba en la ciudad y era especialmente usada por los filósofos estoicos.

“Prohibió a los romanos más nobles las antiguas distinciones de sus familias: a Torcuato, el collar; a Cincinato, el pelo rizado; a Cn. Pompeyo, que pertenecía a esta antigua familia, el nombre de Grande. Había llamado a Roma al rey Ptolomeo, de quien antes hablé, y lo recibió con mucho agasajo; pero un día en que daba juegos le hizo matar de improviso, por el solo delito de haber llamado la atención general al entrar en el teatro, por el brillante color de púrpura de su manto (purpureae abollae)”. (Suetonio, Calígula, XXXV)




Estela funeraria de Damianus, Museo Cívico de Bolonia, Italia


El cilicium era una prenda hecha especialmente de pelo de las cabras que se criaban abundantemente en Cilicia. Su pelo era casi negro y se usaba principalmente para las ropas de marineros y pescadores que debían resistir la humedad.

"Retoma la vez Cosinio: “Así como la oveja suministra un producto como la lana para el vestido, así la cabra lo hace con pelos para su uso en la marina, tanto para máquinas de guerra como para equipos de trabajo. Y algunos pueblos se visten con sus pieles, como
en Getulia y en Cerdeña. Dicho uso parece haber existido también entre los griegos porque, en las tragedias, los viejos vestidos con esta piel se llaman diphtheriae y, en las comedias, los dedicados a los trabajos de campo, como el joven en el Hypobolimaeo de Cecilio o el viejo en el Heautontimorumenos de Terencio.
Las esquilan, porque tienen largos pelos, en gran parte de Frigia, de los que suelen hacer cilicios (vestidos de pelo de cabra) y otras cosas de ese estilo. Como ese esquilado se estableció primeramente en
Cilicia, se dice que los de Cilicia le habían dado ese nombre”.
(Varrón, Rerum rusticarum, II, 11, 11)

Vendedor de pescado, Museo Británico, Londres

La endromis era una prenda algo tosca que se utilizaba tras la realización de los ejercicios en la palestra para no quedarse frío, algo parecido al actual albornoz. Las mujeres solían utilizarlo también, aunque de una elaboración más refinada.

“Te envío esta endromis exótica, obra tupida de una tejedora secuana, prenda bárbara que tiene nombre lacedemonio, un obsequio grosero, pero no despreciable en los fríos de diciembre; ya frecuentes el gimnasio y el tibio trinquete, ya agarres con tu mano el pelotón lleno de polvo, ya calcules el peso pluma de un balón desinflado, o ya pretendas vencer en las carreras al ligero Atas, que el frío penetrante no se te meta en los miembros empapados en sudor o que Iris, cargada de agua, no te acogote por sorpresa.” (Marcial, Epigramas, IV, 19)



Mosaico del balneum, Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

El focale era una prenda para anudar al cuello, similar a la actual bufanda, usada por los enfermos o por los afeminados. Los soldados lo llevaban para protegerse la garganta que no quedaba resguardada por las ropas poco ceñidas y para evitar los roces de los trajes militares.

“Si para un recital mío te he dado una invitación toma este chal para resguardar tus orejas”. (Marcial, Epigramas, XIV, 137)

Sátiro con focale, Walters Art Museum, Baltimore

Otro nombre para denominar el pañuelo era sudarium.

“Vestido con la túnica y los pies desnudos como se encontraba, montó a caballo; iba envuelto en un manto viejo y desteñido; llevaba la cabeza cubierta y un pañuelo delante del rostro.” (Suetonio, Nerón, 48)


El bardocucullus era una capa basta de origen galo que utilizaban muchos pueblos considerados bárbaros por los romanos.

“La Galia te viste con un capote con capucha de los santones. Hace poco era el capote de los cercopitecos”. (Marcial, Epigramas, XIV, 128)


Llevaba capucha para protegerse del mal tiempo por lo que se impermeabilizaba con grasa y daba lugar a que ésta estropeara el tejido de otras prendas:

“…Así un capote lingónico entrometido contamina con su grasiento tejido las ropas de color violeta propias de la ciudad…” (Marcial, Epigramas, I, 53)



Deidades con bardocucullus, England Housesteads Museum, Northumberland, Inglaterra

También se utilizaba cuando alguien quería pasar desapercibido o deseaba ocultarse ante las miradas de los demás.

La caracalla fue una prenda de vestir usada por los galos y cuyo uso fue introducido en Roma por Basiano, el hijo de Septimio Severo, que por este hecho tomó el sobrenombre de Caracalla.


Este emperador hizo esta prenda obligatoria entre los soldados y ordenó que no se presentaran sin ella en sus recepciones los hombres del pueblo. En Roma cambió de forma esta prenda y se hizo más larga (caracalla antonina, o sea, la impuesta por el emperador) sin dejar de llevarse la corta, propia del estilo galo como se entiende en el edicto de Diocleciano, que habla de la caracalla mayor y de la menor. La primera de estas descendía hasta los talones y la otra hasta las ingles. 

Con esta prenda coinciden los monumentos figurados en que se representan a dioses o personajes de las Galias (principalmente a un dios nacional, Sucellus, asimilado a Júpiter, a Plutón o a Silvano). Cumplía entre los galos el oficio de la túnica romana que se llevaba debajo del manto, y según Dión no se hacía de un solo trozo de tejido, como solía ocurrir con las túnicas, sino de varias piezas cosidas. Se abría por delante y se ajustaba a la cintura. Los viajeros, cazadores y en general los que debían exponerse a la intemperie, le agregaban un capuchón (cucullus).

“Inventó además un traje propio, que estaba compuesto según una especie de moda extranjera, a base de pequeñas piezas de tela cosidas juntas en forma de manto; y no solo él la llevaba la mayor parte del tiempo (a causa de lo cual se le dio el apodo de Caracalla, sino que también la prescribió como vestuario habitual para los soldados.” (Dion Casio, Historia Romana, LXXIX)


Dios Sucellus con ¿caracalla?

Una vestimenta como esta debía ser objeto de deseo para los ladrones que merodeaban por las termas en busca de objetos descuidados por sus dueños. En una tablilla de defixión encontrada en Bath se puede leer la maldición que un individuo lanza dedicada al que se ha llevado su capa.

“Dociliano (hijo) de Brucero a la santísima diosa Sulis. Maldigo a quien ha robado mi caracalla con capucha, sea hombre o mujer, sea esclavo o libre, que … la diosa Sulis le inflija la muerte… y no le permita el sueño ni hijos ahora o en el futuro, hasta que traiga mi capa al templo de su divinidad.”

El paludamentum era una capa propia de los militares de alto rango y de sus ayudantes y era costumbre de los magistrados romanos después de recibir el imperium y ofrecer sus votos en el Capitolio marchar fuera de la ciudad vestido con el paludamentum, seguido por los lictores con atuendo similar, no podía volver a entrar por las puertas hasta que se hubiera desvestido de los emblemas del poder militar, una ceremonia tan solemne e indispensable que los mismos emperadores realizaban.

“Entró al fin en Roma, al sonido de las trompetas, vestido con el manto de general, ceñida la espada y en medio de las águilas y los estandartes.” (Suetonio, Vitelio, XI)



Julio César con paludamentum

El paludamentum, que caía por detrás hasta las rodillas o por debajo, colgaba suelta desde los hombros y cruzaba el pecho hasta abrocharse en el hombro derecho o izquierdo con una fíbula o broche. Era de gran amplitud, elaborado de tejidos finos y en diversos colores, como banco, escarlata o púrpura.

El sagum era una capa o manto de origen celta, de lana gruesa y de forma cuadrada, que se plegaba en dos y se sujetaba con una fíbula o un simple nudo. Se usaba especialmente como vestido militar por los oficiales de rango menor, soldados y ciudadanos que la vestían en casos de tumultos o de desórdenes interiores.

“A su llegada a Italia por Brindisi, se vistió la toga y dio la orden a sus soldados de que también ellos utilizaran esta prenda, de modo que durante su reinado ya nunca vistieron el sayo (sagum)”. (Historia Augusta, Marco Antonino, XXVII)



Estela funeraria de Dasius

El subarmale es un tipo de vestido cuya naturaleza no está bien determinada. Bien podía ser similar a una exomis griega, que dejaba la parte de la espalda y el brazo derechos libres., o bien se llamaba así porque se llevaba sobre la armadura.

“Valeriano Augusto dijo: «la república te da gracias, Aureliano Augusto, por haberla liberado del poder de los godos. Por ti somos ricos en botín, por ti somos ricos en gloria y en todos aquellos bienes con los que aumenta la felicidad del pueblo romano. Recibe, pues, a cambio, de las acciones que has realizado, cuatro coronas murales, cinco coronas vallares, dos coronas navales, dos coronas cívicas, diez lanzas sin hierro, cuatro banderas de dos colores, cuatro tú- nicas rojas de general, dos mantos proconsulares, una toga pretexta, una túnica adornada con palmas, una toga pintada, un amplio subarmal y una silla de marfil.” (Historia Augusta, Aureliano, 13)



Estatuilla de germano con braccae, Baden-Württembergisches
 Landesmuseum, Stuttgart, Alemania, foto de Bullenwächter

Braccae eran los pantalones que los romanos acabaron adoptando de los bárbaros. No conocidos, aparentemente, por los griegos, en Roma no estaban bien vistos en los primeros tiempos, e incluso durante el primer siglo de nuestra era.

“En cuanto a Cecina, como si al trasponer los Alpes hubiera dejado al otro lado su crueldad y altanería, atravesó Italia con un ejército en actitud pacífica. Sin embargo, los municipios y poblados tomaban como muestra de altanería su indumentaria, porque solía dirigirse a las autoridades con un sayo multicolor y unos calzones al estilo bárbaro.” (Tácito, Historias, II, 20)

Se confeccionaban en diversos materiales lana, lino o cuero y tenían diversa longitud, aunque parece que se impuso la costumbre de llevarlos largos, ajustados a los tobillos. También mostraban diferentes diseños y adornos.


“Y Claudio rechazó a los enemigos que habían atravesado el Rin
y trajo el escudo belga del gigante jefe Virdomaro:
éste se jactaba de su raza, que procedía del mismo Rin,
ágil en disparar lanzas desde el carro que él mismo conducía.
Cuando él, de calzones a rayas, blandía su lanza delante de las filas,
su curvo collar cayó de su garganta degollada.”
(Propercio, Elegías, IV, 10)



Julius Terentius, Dura Europus, Yale University Art Gallery

En época tardorromana los pantalones eran ya habituales entre los soldados, ya que era más cómodo luchar en combate con ellos que las túnicas y además protegían mejor del frío en las batallas sostenidas fuera de Italia. También se impusieron, incluso, como parte de las vestiduras imperiales.

“Entre ellos desfiló Tétrico vestido con la clámide de púrpura, la túnica de color verde y las bragas galas, y a su lado su hijo, al que había nombrado emperador de la Galia.” (Historia Augusta, Aureliano, 34)

Esclavo con braccae de su señor, tumba de Silistra, Bulgaria


Sin embargo, en el siglo IV la costumbre extendida de vestir pantalones, que podía hacer confundir a la población civil con la militar, llevó a los emperadores Honorio y Arcadio a emitir una prohibición sobre su uso en el año 397, que es citada en el código Teodosiano.

“En el interior de la venerable ciudad, no le está permitido a nadie apropiarse del uso de botas o pantalones. Pero, si alguien contraviniese esta prohibición, ordenamos que, de acuerdo con la sentencia del Ilustre Prefecto, el ofensor será despojado de sus bienes y enviado al exilio perpetuo.”

Diocleciano y Maximiano, Museo Arqueológico de Kocaeli, Turquía

Para llevar protegida la cabeza a causa de las inclemencias del tiempo los romanos utilizaban un sombrero de fieltro, llamado petasus, que era típico de cazadores y caminantes entre los griegos, principalmente los de Tesalia, que también podía ser de cuero o paja, con un ala ancha y que cuando no se llevaba puesto se colgaba con un cordón y caía por la espalda. 

“Fue en esta época cuando los senadores empezaron a sentarse sobre cojines en vez de sobre tableros y a llevar sombrero (petasus) típico de Tesalia, al teatro para evitar la incomodidad de los rayos solares.” (Dión Casio, Historia romana, LIX, 7)

Detalle de mosaico, Museo Nacional de Trípoli, Libia

Los griegos usaban también un sombrero sin ala, en forma de cono truncado, que se llamaba pileus. Se hacía de fieltro y solía ser de color blanco. En Roma se les ponía a los esclavos cuando recibían la libertad y lo llevaban los esclavos durante las Saturnales, días en los que los esclavos intercambiaban papeles con sus dueños, y entonces los colores de estos sombreros podían ser más coloridos.

“En los días larderos del viejo que lleva la hoz, en los que manda como soberano el cubilete de los dados, tú, Roma, llevando el píleo, permites, pienso yo, divertirse con versos que no den trabajo.” (Marcial, Epigramas, XI, 6)



Esclavos manumitidos con pileo, Musée Royal de Mariemont, Bélgica

El gorro frigio, tradicional de los pueblos de Asia menor, fue característico de algunas divinidades orientales con cultos mistéricos, como el dios Mitra.

Los oficiantes de ceremonias sagradas también solían cubrir su cabeza como el sacerdote del culto oficial de Júpiter, el flamen, o los arúspices, intérpretes de las señales encontradas en las vísceras de los animales sacrificados.

Durante el Bajo Imperio los soldados que no estaban en el frente y algunos funcionarios civiles llevaban un gorro redondo, sin alas, que se encajaba en la cabeza y se hacía de fieltro o piel, llamado pileo panonio, por proceder de los soldados de infantería de la región de Panonia. Fue utilizado a partir de la época de los emperadores Ilirios, en la segunda mitad del siglo III. Aparte de la protección contra el mal tiempo y algunos golpes, acostumbraba a los soldados a llevar un peso en la cabeza, de modo que luego no se sentían incómodos con los yelmos de cuero o metal.

“Los gorros panónicos de piel que llevan nuestros soldados, fueron inicialmente introducidos con un diseño distinto. Los antiguos obligaban a los hombres a llevarlos siempre para que estuvieran constantemente acostumbrados a llevar la cabeza cubierta y que fueran menos sensibles al peso del casco.” (Vegecio, I, 20)



Detalle de mosaico, Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

No estaba bien visto llevar un cinturón o faja sobre una túnica senatorial y se consideraba signos de afeminamiento dejar caer la túnica demasiado larga, llevar bandas hasta las mangas o llevar flojo el cinturón.

“Era también cuidadoso de su traje; usaba lacticlavia guarnecida de franjas que le llegaban hasta las manos, poniéndose siempre sobre esta prenda un cinturón muy flojo. Esta costumbre hacia exclamar frecuentemente a Sila, dirigiéndose a los nobles: Desconfiad de ese joven tan mal ceñido.” (Suetonio, Julio César, XLV)

Los varones de la clase alta no aparecían sin cinturón nada más que en ciertas ocasiones, como funerales, las fiestas de Saturnalia, o ante una corte judicial.

“Los más distinguidos del orden ecuestre, con túnica sin cinturón y descalzos, recogieron sus cenizas, depositándolas en el mausoleo hecho construir por él durante su sexto consulado entre el Tíber y la Vía Flaminia; que, rodeado de bosque, quedó desde aquella época convertido en paseo público.” (Suetonio, Augusto, C)

Los ciudadanos civiles solían llevar una faja de tela o un cordón trenzado o sin trenzar alrededor de la cintura.

Detalle mosaico Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

El cingulum militare (cinturón militar) era el que utilizaban los soldados del ejército romano para ceñir su túnica y colgar sus armas y se convirtió en su signo distintivo. Lo lucían con orgullo y como indicativo de su condición, portasen armas o no, y frecuentemente aparece en los monumentos funerarios de los soldados romanos, indicando su condición militar. 

“Y Casio no traicionó la opinión que se habían forjado sobre él. Efectivamente, enseguida ordenó que se convocara una asamblea y fijó sobre los muros unos edictos en los que anunciaba que, si encontraba en Dafne algún soldado ceñido con el cinturón, posiblemente volvería sin él.” (Historia Augusta, Avidio Casio, 6)

Despojar del cinturón a un soldado suponía una degradación y un castigo, aunque en este caso el castigo se imponía por ir ceñido con él en lugares impropios de la ciudad. 

Estaba confeccionado en cuero, adornado con protecciones y decorado con distintos tipos de hebillas y plaquitas metálicas, normalmente de bronce o hierro. El aumento del lujo en la vestimenta, tanto civil como militar, llevó a utilizar el oro y las piedras preciosas para su adorno.


“En cierta ocasión en que la mayoría de los soldados, que habían acudido a un banquete, se despojaron de sus armas en el momento en que éste daba comienzo, se cuenta que el niño Salonino —o Galieno— les arrebató sus cinturones, adornados de oro y piedras preciosas, y, como era difícil hacer una reclamación en Palacio por algo que se había perdido, los hombres soportaron su pérdida en silencio, pero a partir de entonces, cuando fueron invitados al banquete, se sentaron siempre con las armas, que llevaban ceñidas.” (Historia Augusta, Salonino Galieno, XX)

Hebilla de cinturón con escenas dionisíacas. Colección particular

Entre los griegos y romanos la tela más usada para confeccionar la ropa era la lana, en su estado natural, con lo que los colores eran blanco y tonos marrones o grises, aunque los más elegantes tintes se aplicaban para conseguir diferentes colores.

“Aquel amante de capas oscuras, que viste lana bética y ropa gris, que piensa que los que visten escarlata no son hombres, y que llama vestidos de mujeres a la ropa de color violeta, aunque alaba los colores naturales y no lleva más que colores oscuros, tiene una moralidad verde claro.” (Marcial, Epigramas, I, 96)

También se decoraba con franjas o cuadros, o diseños floreados. El máximo lujo se conseguía tejiendo la tela con hilos de oro y cubriéndola de joyas.

“Utilizaba una túnica toda de oro, pero también utilizaba otra de púrpura y otra Pérsica, recamada de piedras preciosas, diciendo que se sentía agobiado por el peso del placer.” (Historia Augusta, Heliogábalo, 23)



Los favoritos de Honorio, John William Webster

Los vestidos podían ser conocidos con el nombre que se daba a los distintos adornos usados para hacerlos más lujosos y vistosos. En una carta de Galieno se detallan los regalos que envía a Claudio, el Gótico, para aliviar su enfado. Entre ellos una túnica llamada como la franja bordada que la decoraba y que solía colocarse en el borde inferior de las túnicas bizantinas o en los bordes de las mangas de los ropajes de los nobles proporcionando gran rigidez, la paragauda ...

“dos clámides bordadas con púrpura de auténtico brillo, dieciséis vestidos diferentes, un alba de seda mezclada, una túnica con bordados de tres onzas de peso, tres pares de sandalias párticas de mi propio suministro, diez túnicas (singilones) de Dalmacia, una clámide dardánica, una paenula iliricana, un bardocucullum, dos capuchas recubiertas de pelo y cuatro pañuelos (oraria) de Sarepta” (Historia Augusta, Divino Claudio, 17, 6-7)



La conversión de Paula por San Jerónimo, Alma-Tadema

También se aprecia el distinto origen de las prendas, procedentes de diversas partes del imperio, y los diferentes nombres utilizados para designar la misma pieza de ropa: singilones (túnicas) de Dalmacia, clámide de Dardania, paenula de Iliria y oraria (pañuelos) de Sarepta (Fenicia).

Entre los emperadores era habitual la riqueza y variedad de las vestimentas, aunque algunos se decantaron por la austeridad o al menos la falta de ostentación.

Con la salida a subasta de los ropajes de Cómodo, es evidente cómo este emperador eligió poseer ropas de distintas calidades y procedencias.


“Ciertamente, la subasta de las propiedades de Cómodo fue muy célebre por los siguientes artículos: un vestido singular tejido de seda y bordado con hilos de oro, además de túnicas normales, paenulas, lacernas, chiridotas al estilo dálmata, sayones militares bordados con franjas y clámides de púrpura a la griega y al estilo castrense, y capuchones como los que llevan los bardos, capotes militares y armas de gladiadores recamadas de oro y de piedras preciosas.” (Historia Augusta, Pertinax, 8)

Túnica bizantina, Museo Albert and Victoria, Londres

En cambio, existen testimonios de que el emperador Septimio Severo practicó la moderación al vestir.

“Severo usó vestidos tan baratos que su túnica apenas tenía retazos de púrpura y cubría sus espaldas con una tosca clámide.” (Historia Augusta, Severo, 19)


Las vestimentas que los emperadores empleaban en las celebraciones oficiales que se realizaban debido al cargo que ostentaban eran guardadas para ser reutilizadas por los sucesores.

“Sólo utilizó la toga pretexta y la toga bordada durante el tiempo que ejerció el consulado, y precisamente aquélla que vestían también otros magistrados, como los cónsules o los pretores después de haberla tomado del templo de Júpiter. Utilizó también la pretexta cuando hacía sacrificios, pero si actuaba como Pontífice Máximo, no como emperador. Era partidario del buen lienzo, y sin duda, del puro, por lo que decía: «¿Si los vestidos se hacen de lino para que no tengan aspereza, qué necesidad hay de que el lino tenga púrpura?» Consideraba también una locura recamar los vestidos con oro, porque entonces a la aspereza se sumaba la rigidez.” (Historia Augusta, Alejandro Severo, 40)


El emperador Honorio, Jean Paul Laurens

Los más altos dignatarios se hacían retratar con distintos atuendos civiles, militares o religiosos para destacar los cargos que ostentaban y su relevancia social.


“Tácito apenas dio un congiario al pueblo en el período de seis meses. Su retrato está expuesto en la casa de los Quintilios en un cuadro quíntuple, en el que en un panel está pintado con toga, en otro con clámide, en el siguiente armado, en otro con palio y en el último con atuendo de cazador.” (Historia Augusta, Tácito, 16)


Los emperadores concedían el derecho a llevar mantos de púrpura o escarlata a los que asumían cargos importantes y representativos.

"En una ocasión en que Cómodo quería nombrar un candidato para que sucediera a Albino, le remitió a este mismo una carta en la que le ordenaba que asumiera la dignidad de César:

Y para que tú ostentes además algún símbolo de la majestad imperial, dispondrás de la inmediata facultad de utilizar el manto (palio) de escarlata, tanto cuando te halles lejos de mí como en mi presencia, para después vestir también la púrpura, pero sin oro, porque también mi abuelo Vero recibió esta distinción de Adriano que le adoptó.”
(Historia Augusta, Clodio Albino, II)


Nerón en Baia, Jan Styka, foto de M0tty

Las apariencias también se llevaban a la forma de vestir. En el alto Imperio el color púrpura y escarlata estaban destinados a los miembros de las clases sociales altas como los caballeros y los senadores. A ambos se les había otorgado el derecho en el año 67 a. C. por la ley Roscia a sentarse en las primeras filas del teatro. Quedó en desuso y en época de Domiciano se volvió a renovar, de forma que el epigramista Marcial utiliza tal hecho para satirizar a un individuo que pretender hacerse pasar por un caballero tintando sus capas de púrpura, lo cual. advierte el escritor, nadie va a creer.

“Te habías vestido, Baso, con colores de hierbas (tintes de pobres) mientras estaba muda la ley de la ordenación de los lugares del teatro. Después que volvió a ponerla en vigor la preocupación de un censor amante del orden y los caballeros oyen más seguros a Océano (el acomodador del teatro), tú no resplandeces más que con vestidos empapados de escarlata o teñidos de múrice y, con ello, piensas que das el pego. No hay ninguna lacerna de cuatrocientos mil sestercios, Baso, o mi amigo Cordo sería el primero en recibir el caballo (convertirse en un caballero).” (Marcial, Epigramas, V, 23)


Fresco de Pompeya

Cuando los generales celebraban un triunfo asemejaban ser como el dios Júpiter por lo que llevaban consigo un cetro y una corona, se pintaban de rojo la cara, porque la estatua de Júpiter en el Capitolio estaba pintada de ese color y vestían un manto de color púrpura que se custodiaba en el templo del dios.

“Recordáis que hubo en el templo de Júpiter Óptimo Máximo un manto (pallium) pequeño de lana de color púrpura junto al que los vestidos de púrpura de las matronas y del propio Aureliano parecían que cambiaban su color por el color de ceniza, si los acercaban, al contraste con el brillo divino que aquél poseía.” (Historia Augusta, Aureliano, XXIX)



Júpiter, fresco de Pompeya

Ver entrada Gens togata sobre la toga entre los antiguos romanos


BIBLIOGRAFÍA:


Public Dress and Social Control in Late Republican and Early Imperial Rome, Jonathan Edmondson.
APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DE LAS ESCULTURAS DE TOGADOS EN HISPANIA. Luis Baena Alcázar.
museosorolla.mcu.es/pdf/piezames_junio2011.pdf, El togado romano del segundo jardín, Andrea López Azcona
The Synthesis of the Romans; Ethel Hampson Brewster
SAGUM HISPANUM. MORFOLOGÍA DE UNA PRENDA IBÉRICA; Carmen ALFARO GINER
Weaving the Threads: methodologies in textile and dress research for the Greek and Roman world – the state of the art and the case for cross-disciplinarity; Mary Harlow and Marie-Louise Nosch
La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio, Jerome Carcopino
The world of Roman costume, Judith Lynn Sebesta y Larissa Bonfante
Roman Clothing and Fashion; Alexandra Croom
Masculinity and Dress in Roman Antiquity; Kelly Olson