martes, 28 de junio de 2011

Tablinum, sala de recepción y trabajo en la domus de la antigua Roma

Tablinum del la Casa de la Caza Antigua, Pompeya. Foto Samuel López

El tablinum era una estancia que servía como salón de recepción del pater familias desde donde éste podía controlar todo el atrio y recibir el saludo y las visitas. Para ello el suelo podía estar algo elevado sobre el pavimento del atrio.


Decoración egipcia, Tablinum, Villa de los Misterios,
Pompeya

Por su importante valor representativo se decoraba lujosamente con pinturas y mosaicos que demostraba el poder y la riqueza del propietario.
Su ubicación era habitualmente entre el atrio y el patio posterior o peristilo, aunque no solía tener comunicación directa con éste último. Del atrio se separaba, generalmente, con paneles de madera plegables o cortinas, y, aunque, abierto a éste no era lugar de paso. Como función adicional puede haber servido de despacho  para guardar documentos privados. Precisamente el nombre de "tablinum" podría tener su origen en las "tabulas" con los escritos registrados durante el ejercicio de algún cargo público.


La posición central dentro de la vivienda y la decoración de los tablinos hacen suponer que en ciertas casas pudieron emplearse como comedores, aunque no en casas grandes y de gran prestigio donde el "tablinum" y el "triclinium" serían salas separadas.

La foto de la derecha se tomó desde el atrio y puede verse la puerta que lo separa del tablinum que, a su vez, se abre al jardín.

sábado, 25 de junio de 2011

Culina, la cocina de la domus en la antigua Roma

Cocina villa San Marco, Stabia, foto Samuel López

La cocina romana o culina tuvo su origen en la necesidad de encontrar una estancia en la que cocinar cuando el atrio dejó ser el lugar donde se conservaba el fuego del hogar. Solía ser una estancia pequeña, oscura y poco ventilada. No tenía un lugar definido dentro de la casa, aunque por lo común se ubicaba en zonas apartadas, lejos de las habitaciones privadas para evitar ruidos, humos y olores desagradables.
El fogón era un banco de obra con una superficie superior plana, cubierta de losas o tejas de barro, para extender las brasas, que se reforzaba con un reborde hecho con imbrices, tejas curvas, para proteger al cocinero de los rescoldos que podían saltar del fuego. 


Fogón, casa en Paestum, foto Samuel López

Algunas soleras se realizaban de opus signinum, formado con trozos de ladrillo o teja machacados y unidos con cal, al que se añadía aceite, creando una superficie impermeable y fácil de limpiar. Debajo unos huecos en forma de arco servían para almacenar leña y en caso de tener varios, guardar vasijas. La ausencia de fogones en muchas ciudades romanas lleva a pensar en el uso de cocinas móviles u hornillos de hierro o bronce. Ello permitiría su desplazamiento a los triclinios, para mantener los alimentos en perfecto estado hasta el momento de ser servidos. 

" ¿Por qué no hay en su comedor un montón de cocineros que traen sus propios hornillos con los alimentos? El lujo ha traído la moda de trasladar la cocina a la cena, para que la comida no se enfríe o no resulte lo bastante caliente para un paladar ya endurecido."
(Séneca, Epístola, 78)

Se han encontrado restos de chimeneas adosadas a la pared o de algún focus, sitio para una fogata que se prendía en el suelo de arcilla, cerámica o piedras, y delimitado por guijarros colocados de canto.
Precisamente los rudimentarios métodos empleados al cocinar y la precariedad en el uso del fuego pudo ser el origen de los numerosos incendios que asolaron las ciudades romanas:

"Nuestro solícito patrón casi se abrasa mientras asaba en el fuego unos magros tordos, pues, habíendose dispersado Vulcano, las llamas incontroladas amagaron con  lamer el techo. ¡ Podías ver entonces a unos hambrientos comensales y a unos temerosos esclavos poniendo a salvo la cena e intentando extinguir el fuego! (Horacio, sat. 1, 5)

Este peligro ya lo preveía Columela en el libro I de su obra "De Agricultura":

 "Y en la parte rústica, o servil, se pondrá una cocina grande y alta, para que la madera del techo esté libre del peligro de incendiarse y para que los esclavos de la casa puedan acomodarse en ella sin problemas en cualquier época del año.


Parrilla, Museo Segovia, foto Samuel López


Un pequeño fregadero de obra o un barreño de barro se empleaban para lavar los cacharros.
En la cocina romana los recipientes y utensilios usados eran semejantes a los actuales. En las cocinas de las clases altas se utilizaban frecuentemente las vasijas de bronce, pero las de cerámica, más baratas y variadas, fueron más populares. 


Cocina romana, Exposición DOMUS, 2013, foto Samuel López

Grandes ollas, cazos, sartenes, morteros, moldes, cuchillos, cucharas, etc, se han encontrado en los restos de las villas y ciudades; además de poyetes, baldas y argollas para colocarlos o colgarlos en la pared.
En algún rincón de la cocina o en un lugar próximo a ella solía disponerse la despensa, en la que se conservaban los alimentos en recipientes de vidrio o barro. Había conservas de frutas, cecinas y ánforas de vino y aceite.


Cocina, villa de Popea, Oplontis, Italia, foto Samuel López

En ocasiones, junto a la cocina, se situaba una letrina con lo que se aprovechaba la distribución del agua y se facilitaba la eliminación de residuos.
Los habitantes de casas sin fogón o, incluso, hornillo recurrían a las thermopolia, tabernas donde podían comer un plato caliente o comprar la comida para llevarla a casa.

"En aquellos días no había cocineros entre los esclavos, pero solían contratarlos para la ocasión en el mercado." (Plinio, 18, 28) 

Hasta que la captura de prisioneros en las guerras proporcionó un mayor número de esclavos, entre ellos, cocineros, éstos debían contratarse en los mercados para cuando había celebraciones con invitados y se traían sus propios enseres para cocinar.

Congrión: Yo quiero saber si nos dejas o no nos dejas que preparemos aquí la cena.
 Euclión: Y yo quiero saber, si van a quedar o no van a quedar a salvo mis cosas en mi casa.
 Congrión: ¡Ojalá me pueda llevar a salvo las cosas mías que traje! A mí no me falta de nada, no creas que voy a querer nada tuyo. (Plauto, Aulularia)

Culina romana, Museo Getty, Los Ángeles, USA

La culina romana además de ser el lugar en que se centra la distribución de los alimentos tuvo un carácter religioso, ya que allí se conservaba el fuego del hogar: y solía haber un altarcillo en el que adoraba a Vesta y los Penates.

A Vesta la diosa del hogar se le rendía culto que consistía en mantener el fuego encendido en su honor y procurar que no se apagase. Se la representaba como una llama o como una matrona sosteniendo una antorcha, una pátera, una victoria o también un venablo y un cuerno de la abundancia.

Pintura de Vesta, Pompeya, Foto de Mario Enzo Migliori

Los Penates son los espíritus tutelares de la despensa. Durante los ritos se hacían ofrendas y libaciones en el penus (despensa) y en el fuego del hogar para implorar prosperidad y conservación de los bienes. Al inicio de las comidas, el pater familias lanzaba una porción de los alimentos al fuego al tiempo que pedía a los dioses que fuesen propicios. Los Penates, a diferencia de los Lares, no eran concebidos como dioses masculinos, aunque, a menudo, se les representaba en forma de dos jóvenes sentados que sostienen una lanza.

"Que mis penates se impregnen alegres de su grasa y vapor y que mi cocina arda festiva con un montón de leña del monte." (Marcial, Epigramas,VII, 27)

Penates, detalle del Ara Pacis, Roma


miércoles, 9 de febrero de 2011

Atrio, centro activo del hogar romano


Esta foto tomada en el verano de 2008 corresponde al atrio de la todavía poco conocida Villa San Marco en Castellammare di Stabia, cerca de Pompeya. Es una espléndida villa romana que permite conocer cómo eran realmente las casas en las que los nobles romanos pasaban sus horas de ocio cuando no residían en Roma. A pesar de no estar totalmente excavada, se puede visitar varias habitaciones, la cocina, las termas, los jardines con piscina y ninfeo, además del atrio con el lararium.


Atrio Casa del poeta trágico, Pompeya

La domus romana tiene su origen en la casa itálica. Este tipo de residencia giraba en torno al atrio (atrium), lugar central de la casa donde la familia realizaba sus actividades domésticas. El atrio consistía en un espacio cuadrado cubierto con un tejado con una abertura en el centro (compluvium) que dejaba pasar la luz y al mismo tiempo permitía la entrada de la lluvia que caía en un depósito (impluvium) que servía para abastecimiento de agua para el hogar.


Impluvium en Paestum

Originalmente el fuego del hogar y la cocina se encontraban allí, por lo que el humo salía por el compluvium, de ahí que se considere que el nombre de atrium pueda derivar de ater (negro en latín), por el hollín y el humo que ennegrecía las paredes. El agua de lluvia se depositaba en una cisterna bajo el pavimento de la estancia y se sacaba por medio de un brocal de pozo, puteal. Cuando los acueductos hicieron posible la llegada de agua  a las casas y a las fuentes públicas, el impluvium pasó a ser meramente decorativo y  empezó a adornarse con fuentes y estatuas.

Junto al puteal y al borde del impluvium se hallaba el cartibulum, una mesa de mármol, donde según Varrón se solía exponer la vajilla para recordar los tiempos en que los romanos solían cocinar y comer en el atrium:

"Una segunda mesa para cacharros era de piedra, un rectángulo oblongo con un pedestal; se llamaba cartibulum. Cuando yo era niño solía situarse en las casas cerca del compluvium en el atrio, y se ponían las vajillas de bronce encima." (De lingua latina, 5, 125)


Arca,  Museo Zaragoza




En el atrio podía encontrarse el lararium, santuario doméstico de los dioses lares; el arca, caja donde se guardaban los objetos valiosos de la familia; las imágenes de los antepasados (imago maiori) en armarios.
El atrio tenía, además de la función de distribuir las estancias de las casa, la de servir de lugar de espera para los clientes que venían a cumplir con la obligación de la salutatio con el señor.
La decoración del atrio, pinturas murales y elegantes columnas permitían al propietario mostrar su riqueza y gusto artístico: 

"Se accedía a un magnífico atrio en cuyos ángulos se alzaban columnas que sustentaban estatuas representando a la Victoria....en el centro una estatua de Diana en mármol de Paros....Por detrás de la diosa se representaba una roca en forma de gruta... Por los bordes de las rocas pendían frutos y racimos finamente esculpidos... En medio del follaje se veía un encorvado Acteón acechando a la diosa" (Apuleyo, Metamorfosis, II, 4, 1-10)


Atrio corintio, Herculano

Para regular la luminosidad, la temperatura y la ventilación se utilizaba un toldo, velum, que protegía del calor y del frío, sin impedir la entrada de luz y aire. Podían ser toscos de pelo de cabra, aislante de corrientes e impermeable, o más elegante, confeccionado con telas más exquisitas, como el descrito por Ovidio en el libro X de las Metamorfosis: 

"... como cuando un toldo púrpura tiñe de sombras simuladas los albos atrios."

En el centro del antiguo atrio romano, el atrio toscano, no había columnas. Su aparición fue posterior debido a la  influencia helenística, y supuso, además de una evolución estética una mejora estructural. La introducción de las columnas pudo proporcionar una menor presión en los muros y la reducción del espacio abierto del compluvio. El aumento de la amplitud de los pórticos y la paulatina supresión del funcional impluvium dio como resultado la desaparición del atrio tradicional y la incorporación del peristilo como nuevo núcleo de la casa en la época imperial.